No es que tengamos mucho para contar. Lo que tenemos es mucho de qué quejarnos.
Año de mierda viene siendo el 2025.
Durante el verano nos la pasamos puteando a los veraneantes, y desde marzo que estamos puteando al universo.
Cronológicamente vendría a ser algo así. Marzo nos avisaron que se vendió el local en donde habíamos instalado el taller. ¿Cuánto tiempo tenemos?- preguntamos. Y...lo antes posible, -fue la respuesta.
Salimos de raje a buscar locales, es una ciudad con limitados espacios en alquiler. Los que estaban disponibles salían un ojo de la cara, y nosotras queríamos seguir siendo videntes.
Encontramos uno, enorme, al que había que hacerle muchos arreglos, pero en fin, dijimos, démosle para adelante.
La dueña resultó ser la Gata Flora, y nos tuvo veinte días, que sí que no, que bueno, que ahora quiero que me reasegures con tal cosa, y tal otra, que además me tenés que hacer de depósito porque no tengo donde meter todas esas mierdas que hay en el local, que ahora no sé si te lo quiero alquilar, que bueno te lo alquilo pero no te tengo confianza, hasta que nosotras dijimos, andá a cagar y se terminó la historia.
A todo esto ya estábamos en abril con el pescado sin vender. Salimos corriendo a buscar otros locales. Encontramos dos pero para pagar cualquiera de ellos, debíamos vender un órgano, y qué querés que te diga, nosotras pretendíamos seguir enteras.
Otra vez de raid por toda la Península y aledaños a conseguir un espacio donde meter nuestros petates.
Encontramos uno. Bueno, bonito y barato. Contratamos electricista para que nos diga si podíamos colocar el horno nuevo que venía de Alemania, y nos dijo: quédese tranquila doña, acá cero problema.
Ahí fuimos nosotras, a la inmobiliaria, a firmar el contrato. Mientras tanto seguíamos embalando esculturas, esmaltes y pelotudeces.
En qué parte del año estábamos? 20 de abril. 1 de mayo, teníamos que meter pies en polvorosa y sacar todo del local de Margarita.
Nos fuimos a Buenos Aires, a levantar lo que quedaba de nuestra vida anterior, y recibimos una oferta por nuestro departamento que estaba en venta.
Quiero tanto, no te quiero pagar, no me lo compres, pero yo lo quiero, entonces pagame lo que te pido, dejame pensarlo, te hago otra oferta, yo te digo que no, te subo cinco más, te vuelvo a decir que no, que quiero que me pagues lo que yo quiero o no te lo vendo.
28 de abril, cargo el auto, tomo Buquebús y vuelvo a Punta del Este.
1 de mayo con los de la mudadora, Alejandra en el local, yo en el viejo taller controlando que no me rompan nada. Armamos taller. Desembalar, acomodar, desembalar, acomodar, desembalar, acomodar.
En paralelo seguimos con las negociaciones de la venta de Buenos Aires. El de la inmobiliaria de BA llamando, ahora ofrecen tanto, te dije que no, que yo quiero tanto si no no me sirve, bueno pensalo, ya lo pensé y quiero lo que quiero y si no le gusta que no me lo compre, bueno al final dice que ok, que te paga lo que querés, estábamos ya a 15 de mayo, ok vendéselo entonces, pero escrituramos en julio cuando vuelvo del viaje.
Empieza el electricista a trabajar, si eso es trabajar, y comienza la telenovela. Dieciocho audios por día, de cuatro minutos cada uno, en el que lo único que se oía era: Señora Elizabeth, no sabe lo que pasó! Bla, bla, bla, bla. Y porque no le dije que bla, bla, bla, bla. Y ahora que me doy cuenta, en realidad su horno nuevo no es tan fácil de poner, porque bla, bla, bla.
Para hacer la historia corta, el puto electricista nos estafó y el horno, la Ferrari de los hornos, era imposible de conectar en el local. Nos tomó mayo y junio entender que el tipo era un garca. A estas alturas ya había cobrado la mitad de lo presupuestado. Sí, boludas nosotras.
Pará, pará, no terminamos ahí.
Nos enfermamos dos semanas antes de nuestro viaje a Europa. Covid de la concha de su madre con saturación 91, placa, médicos, antibióticos porque podía llegar a ser una neumonía, pero nos parece que no, aunque por las dudas, así que tomalo diez días, y entre tos y tos, fiebre y estrés, cancelando pasajes, hoteles, boletos de tren, llamando a medio mundo a disculparnos porque no podíamos ir al casamiento, sintiéndonos como el orto, culposas y sin poder respirar.
Mientras seguíamos con el tema escrituración Mendoza y puesta a punto del taller Maldonado.
Llegó julio y volvimos a Buenos Aires a firmar escritura. Bastante mejor de lo que pensábamos resultó el trámite. Pero dignas hijas de nuestros padres, dijimos, no cantemos victoria que el año no terminó.
Cuatro días en CABA y tomamos nuevamente Buquebús para volver a casa. Llegamos, nos enfermamos de nuevo.
Desensillamos y contratamos otro electricista, nos reunimos con los jefes de UTE, (Edenor uruguayo) y la administración del edificio.
Doña, nosotros le damos la trifásica pero sale 15 lucas verdes que lo tiene que pagar el consorcio. Consorcio nos mira y nos dice, ni en pedo, este es un edificio de trabajadores, que para juntar esa guita necesitan por lo menos tres años. ¿Tres años y nosotras sin laburar? No es viable.
Solucionamelo Mabel.
¿Qué hacemos? Nos mudamos de local? Compramos un terreno y construimos? Vendemos el departamento al que nos acabamos de mudar y compramos casa para vivienda y taller?
Bruuumm, brrruuummm, bruumm, nos hacían las neuronas. Bah, las que nos quedaban vivas a esta altura.
Internet, Google, hornos cerámicos, cuánto sale, cuándo me lo podés mandar? Listo, te hago una transferencia. Horno Simcic llegará a mediados de septiembre si los vientos acompañan, mientras Helmut Nabertherm se caga de risa desenchufado en el taller y nosotras lloramos lágrimas de sangre.
Esto es lo último y cerrame la ocho.
Anteayer nos transferimos dinero de Uruguay a Buenos Aires para pagar ganancias, y los dólares desaparecieron en el éter. Banco Galicia dice, acá no llegó nada, y nosotros no podemos ayudarla y hoy es viernes. Si tiene alguna otra duda nos consulta.
Nuestra respuesta fue: Te consulto, el Banco Galicia me afanó 1600 dólares y me lo decís tan suelto de cuerpo?
Ahora deberemos esperar hasta el lunes para ver cómo hacemos explotar el Banco Galicia y que nos devuelva la guita.
Llegamos a agosto con lo justo y necesario de vida. No sabemos si terminamos el año, firma Alberto Migré.
Bienvenida primavera.