domingo, 20 de agosto de 2017

Pulmotor a la derecha,por favor

Daniel, ¿va a llover?
No, nena, hay un sol que raja la tierra, no va a llover (léase con tono de fastidio).
Así que tras el mantra anual, o rito satánico, como prefieran llamarlo, bajamos en Ezeiza, decididas a tomar el vuelo a Madrid.
Gracias a la tarjeta platinum accedimos al VIP lounge. Diez minutos antes que llamaran a embarcar, decidimos pasar por el toilette, ya que suponíamos que el pastillaje no nos permitiría levanta el culo del siento por un largo rato.
¿Alguien conoce esos inodoros que bajan el agua automáticamente y salpican? Bueno, no los usen cuando tengan 40 mg de Rivotril en sangre. Dicho esto, sobra explicar que viajamos 12 horas con la bombacha y el pantalón mojados. 
A la ruta Buenos Aires-Madrid le andaría faltando un poco de arreglo. Pero como es aérea no sabemos muy bien a quién le correspondería arreglarla.
Arriba en el aire, joya. Se movió las doce horas de vuelo, pero otro año más, comprobamos la eficacia de los laboratorios argentinos. Esta vez no tuvimos marido temporario en el vuelo, pero sí nos asqueamos con el vecino de atrás, al que bautizamos el berpeador, cuando al despertarse para el desayuno, se mandó tres erutos al hilo sin respirar.
Abajo, en las calles de Madrid, el infierno mismo. Treinta y siete grados a la sombra, y nosotras como cuando llegamos de América...en jean, medias y zapatos cerrados.
Feliz encuentro con nuestra sobrina y compañera de habitación por los siguientes  diez días y arrancamos.
Día uno caminamos he hicimos tour gastronómico anche de compras. Día dos, ídem, más un cacho de cultura, como para que la madre no diga que la embrutecemos.
La niña en cuestión, conózcase como "amada sobrina", cree que nosotras tenemos algo así como su edad, 25 años, y nos hace patear Madrid de punta a punta. Por ende llevamos caminados en dos días lo que no caminamos en 51 años. A este ritmo, el año que viene, en vez de venir a Europa en avión, podríamos tranquilamente hacerlo a pie, atravesando el océano Atlántico, como Jesús en el agua.
Algo bueno va a resultar de esto, por ejemplo, al momento, descubrimos que tenemos gemelos en las piernas...bah, descubrimos que tenemos piernas.
Eso sí, nos sentimos al borde del infarto, y cuando se lo hacemos notar a la amada sobrina, se nos caga de risa en la cara. Sospechamos que nos quiere heredar prontamente. Eso nos pasa por hacer mucho chiste con nuestro deceso.
Mañana, antes de partir a Bilbao, calculamos que al estilo Pepinucho Coliflor, la niña nos hará caminar hasta encontrar los mejores churros de toda España y nosotras, en devolución de favores, le haremos conocer el Guernica.
Estamos empezando a sospechar que siempre va a ser ella la que salga beneficiada...
Hasta la próxima y olé!