domingo, 9 de marzo de 2014

Bitácora II

Parte II
Día cuatro.
5:30 a.m me despierto. No sabemos aún si por el fuerte movimiento del barco, o porque los del camarote de al lado le están dando a la matraca sin parar. Los puteo, de envidia nomás.
7 a.m ya estoy desayunando en el Windjammer, que vendría a ser el comedor popular. Para llegar ahí tengo que atravesar todo el barco por la cubierta, donde no me vuelo porque mis anclas son pesadas.
El sólo aroma de las salchichas a tan temprana hora, me descompone. Ahora entendemos porqué los yanquis son gordos. Le dan al embutido todo el día. Yo, gracias a los mareos producto del puto viento que hay que no hace zozobrar el barco de milagro, me como una tostada con queso blanco y un poco de fruta, agradeciendo a Poseidón que no me deje vomitar.
Hoy nos toca St. Thomas. Playa y shopping.
11 hs desembarcamos. Hasta el momento la temperatura más alta del Caribe ,25 grados. Bajamos. No quiero sonar a desagradecida a la vida, pero la verdad es que la isla se parece más a San Clemente del Tuyú que a las Islas Vírgenes que esperaba. Reservé un tour hablado en español, con lo cuál por primera vez en varios días tengo con quién hablar como Dios manda. Los tortolitos dominicanos me clavaron la segunda noche y no los vi más, por eso, argentinos, mexicanos, venezolanos y colombianos fueron más que bienvenidos, anque algún que otro amigo brasileiro.
St Thomas es conocida como la calle Libertad del Caribe Sur. Una joyería al lado de la otra.
Viene Ramón a buscarnos. Habla castellano de no sabemos dónde. Nos subimos al "micro" que era una catramina del año 12. Mil ochocientos doce. Ramón nos va haciendo de guía turística. A su derecha lo que ven es el agua. A su izquierda donde dice Post Office es el correo, y al lado hay un colegio. Bueno, allá arriba era el castillo del Capitán Drake, y lo que ven abajo, es una muralla. Como las islas son americanas, todos los que nacen acá son norteamericanos. Y ya llegamos a las joyerías, ahora bajen a comprar y en dos horas los vuelvo a ver.
A mi me gustó un anillito de 8600 u$s que me lo dejaban a 6800. Una bicoca. Le digo a la vendedora que intentaba convencerme de que vendiera mi departamento para comprarlo, esperá que consulto y vuelvo. ¿Consulto con quién? ¿Con mi otro yo? Dijo que no, obviously.,
Me voy sintiéndome una zaparrastrosa que no tiene 6800 dólares para gastarse en un anillo.
Volvemos al punto de encuentro donde nos enteramos que Ramón nos había abandonado. Nos subimos a otro "micro", con lugareño que no habla. Los pasajeros dudábamos de sí terminaríamos como en la isla de Lost. Pero el buen señor, nos llevó sanos y salvos hasta la playa de al lado. Bueno, playa, lo que se dice playa, no era. Era una playita. Muy pintoresca, agua transparente y calentita ahora sí, y recontra pobre. ¡Pero puedo decir que estuve en una playa del Caribe!
Lo interesante de la jornada fue descubrir que somos 8 argentinos en todo el barco. Y 2000 brasileros. Ya sé, ya lo conté, pero ¡vení y conviví 7 días con 2000 o mais grande do mundo, y después decime si no lo vas a repetir todos los días! Gracias al cielo los otros 7 compatriotas piensan como yo. Y confirmo mi teoría de que el atraso de 6 horas no fue por el bendito escáner de pasajeros sino por nuestros amados vecinos de la scola do samba.
Son las 5 p.m y ya tenemos que retornar a casa (casa=barco). Esta vez viene Ramón a buscarnos. De golpe para y pensamos ¡zas se rompió el micro! No. El hombre quería que apreciáramos la vista desde el basural arriba de la colina. Aroma a Cloaca eau de parfum by St.Thomas. ¡¡Pero no importa, lo banco a muerte a Ramón!!
Subimos al barco nuevamente y ¿a quién veo? A don egipcio con la jermu, o ex jermu, no sé, con una cara de embole total. Ni me saluda, obviously de nuevo.
Definitivamente, soy transparente, no existo.
Milagrosamente hablo con gente durante la noche y después participo en la fiesta de los 70's, bailando sola, como corresponde a un espectro.
Llega a su fin día cuatro, con un tono bordeaux en la parte trasera del cuerpo, y bronceado por delante. Soy lo que se llama la famosa Bic-Color. Me duele de sólo mirarme.
Mañana a St. Maarten.

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