sábado, 28 de febrero de 2026

A poca Lipsis

El mundo se viene pudriendo, si bien desde hace décadas, con mayor aceleramiento en estos últimos años.
La profecía decía que iba a haber un Papa que llegaría desde lejos, Francisco ponele, un Papa negro, algo que el racismo clerical resiste porque el catolicismo es exponencialmente blanco, luego el famoso Anticristo y al final el Apocalipsis.
Rusia-Ucrania, Israel-Hamás-Hezbollá, Siria, Sudán, Myanmar, Estados Unidos e Irán con el mundo entero, ahora Pakistán-Afganistán, y para cerrar la cinco Gobi ataca Kamchatka.
Las compuertas del infierno se están abriendo de par en par como mi uretra. Aunque quiero cerrarla, siempre se escapa algo.
Yo no compré esta novela bélica. Ni la del mundo en caos, ni tampoco la de mis sesenta años con sus consecuencias urinarias entre tantas otras.
Explicame qué nos salteamos, que ya casi estamos apocalipseando. A mí traeme el Papa negro, al Anticristo porque para eso pagamos tarifa premium. No me andes quemando etapas porque todos estén apurados por verle la cara a Dios. Para eso hay métodos menos cruentos y más placenteros.
Justo ahora, a vos, que se te dió por ir a China a hacer una residencia, viene el mundo y te caga el estofado.
En abril tenés que cruzar el cielo planetario para llegar a Shanghai, sobrevolando casi todos los conflictos bélicos porque tu avión sale de Ámsterdam.
Ya sé, hay un vuelo directo desde Buenos Aires a China, veinticinco horas con escala técnica, pero vos, para subirte al avión, tomás doscientos treinta y cinco miligramos de Rivotril más una  quetiapina y no podés estar treinta horas drogada dice tu psiquiatra. Así que hacemos escala en la casa de Máxima, que te está esperando con los brazos cerrados porque no te registra.
Quisiéramos decirle a quien se ocupa de estos menesteres de reventar al mundo, que la corte con las guerras, aunque sea hasta que volvamos de China en julio.
Después, hacé lo que quieras. O mejor no. Quiero seguir pisando el planeta Tierra hasta ser Mirtha Legrand.