Por dónde empezar?
Luego de la travesía que duró todo el día hasta llegar a Yixing, conocimos a Mr. Fong. El dueño del hospedaje. Un encanto él, no sabemos si tanto nuestra residencia.
Fuimos todas a comer a su restaurante donde nos prepararon con todo el amor del mundo los manjares más incomibles a nuestro paladar. La miramos a Mariel, que con un gesto nos dijo, comé y no preguntes. Ella como una lady que es, se terminó todo. Nosotras íbamos separando en el plato como cuando teníamos anorexia.
Intenté masticar algo que se asemejaba a carne, pero tenía unos huesos durísimos y medio extraños, con lo cuál argumentamos que María Martha, nuestra dentista, nos prohibía los huesos.El arroz lo comimos todo. Lo demás era casi como ají putaparió.
Volvimos al hogar y fuimos directo a la ducha. Cabe aclarar que hogar no tiene cocina ni limpieza. Nuestros estándares nunca fueron muy altos, pero este nos excede.
Entramos a ducharnos, y al empezar a lavar la ropa interior, notamos que nuestras medias estaban negras. ¿Si hasta hace cinco minutos teníamos zapatillas puestas?, pensamos. Hasta que nos avivamos. Sí, lo que estás pensando. El piso.
El piso, la ducha, la bacha del baño, el inodoro (no la tapa por suerte), el living, la cocina, todo, todo cubierto de algo color basalto. Hablamos críptico porque Gran Bro te huele todo, como en las pelis, y los demás también porque tienen unos traductores fabulosos.
Hoy por ejemplo nos duchamos y no sabemos si eran aguas servidas o nuestra imaginación, pero estábamos tan cansadas que dijimos má sí.
Nos dormimos a cualquier hora, y a las 5 am estábamos con los ojos abiertos. Desde el sábado, y hoy es miércoles, que estamos con los ojos abiertos.
Uno el jet lag. Dos tenemos fascitis plantar, trocanteritis y el ciático hecho mierda. Cartón lleno. Mariel y la coreana están hartas de escucharnos quejar.
Así que a eso de las 3 am todos los días, cuando nos damos vuelta en la cama, el dolor del ciático nos despierta. Remoloneamos hasta las 6 ponele.
El domingo estábamos ya las dos en la calle a las 7.30 am paseando por el pueblo. Muy pintoresco, muy China profunda, no sé si te diría hermoso, pero cómo decía una amiga cuando algo no le gustaba, interesante.
Nuestra amiga coreana que ya estaba de antes, nos llevó a recorrer un poco los alrededores. Con ella hacer diez mil pasos al día es lo habitual. Nos mostró el camino largo para que conozcamos la zona, y creo que debemos haber cruzado medio China. Nuestro pie y cintura no muy agradecidos.
Llegamos al chino, nunca mejor dicho, que se suponía era "el chico". Imaginate Devoto, Jumbo, o el súper más grande de tu país. Bueno, el triple. Y ese era el chico.
Gracias a dios existen los traductores de Google, porque ya estábamos comprando crema de enjuague para lavarnos el pelo y los dientes. Te cuento que Ariel para el lavarropas, acá se llama Ariel. Así que eso fue papita p´al loro. Lo que no fue papita p´al loro, fue conseguir papel higiénico húmedo (sí usamos eso y qué?).
Nos acercamos a unas empleadas, que con sólo vernos se empezaron a reír. Cazamos el traductor y le escribimos: papel higiénico húmedo que se puede tirar al inodoro. Algo así como ¡este, este! nos decían en el más amable mandarín. Confiadas lo llevamos, para darnos cuenta en casa que era papel higiénico del más berreta y nada húmedo. Es como cuando allá, en Buenos Aires, vos pedís lomo y te dan paleta. Además el paquete que llevamos era como para una familia de 50 personas. Porque todo es así acá. Como son miles de millones, todo es envase familiar. Ahora usamos el papel higiénico como servilletas, porque no te conté que vienen en paquetes así, no en rollo como vos conocés. O sea, que cuando vayas a un restaurante acá, no sabrás nunca si te estás limpiando la boca con servilleta, kleenex o papel higiénico.
Mañana deberíamos ir de nuevo a comprar con qué limpiar los pisos, y esperemos no estar llevando destapacañerías.
Pasemos por último al tema social. Ya dijimos que eramos racializadas a la inversa, y seguimos siéndolo aún con el transcurso de los días. Las únicas amigas que nos hicimos son las que, imaginamos, dos hermanas, que tienen un pequeño restaurancito dentro del complejo donde trabajamos, que le decimos bu lá y nos traen sin picante. Nos hacen descuento pero eso sí, vos hoy pediste el mismo plato de comida que ayer, y jamás de los jamáses será igual ni tendrá el mismo sabor que el del día anterior. Se ve que es costumbre en China, ordenar un plato y que te traigan lo que se les canta. Por supuesto seguimos sin saber qué estamos comiendo y tampoco preguntamos.
Otra curiosidad es el tema escatológico. Hoy venía una parejita hermosa caminando hacia donde estábamos nosotras, y el muchacho sin ningún pudor y de la nada misma, se despachó con un eructo, nivel do mayor sostenido, que nos dejó boquiabiertas. Bueno, no boquiabiertas porque estaba muy cerca y más bien atinamos a cerrar la boca y mirar para otro lado.
Y por último, pero no por eso menos importante y asqueroso, son los escupitajos a cada paso. Ya lo habíamos vivido por la zona de nuestro ex taller allá en BA, pero los de acá les ganaron el campeonato.
Nos faltan dos meses y tres semanas en este bendito país, y es muy factible que nos acostumbremos a casi todo menos a cruzar guanacos cada segundo.
Seguimos preguntándonos qué hacemos en China, cómo llegamos, a qué vinimos y cuándo fue que lo decidimos que no nos dimos cuenta.
Para que no crean que todo es crítica, porque ya saldrán algunos detractores a decirnos cómo decís eso, aclaramos que es una crítica al modo Soysola, con humor y amor, debemos decir que el lugar donde están los talleres es espectacular. Ya quisiéramos en Sudamérica tener un espacio como ese con la tecnología que tienen a pesar de que el inglés te lo debo.
Las entradas de este blog, perdón, pero van a ser largas como grande es este país.
Hòu huì yǒu qī, bǎo bèi, o hasta la vista baby!