Sí señoras y señores, hemos llegado a China. Si nos preguntás, todavía no entendemos cuándo decidimos venir.
Salimos de Ámsterdam más bien cagadas en las patas del viaje que teníamos por delante, porque Weather Channel pronosticaba unas tormentas espantosas. Spoiler alert, no le creas a Weather Channel.
Sí, hemos estado antes arriba de un avión por muchas horas, pero nunca habíamos cruzado esa parte del continente. Dormimos, nos despertamos, dormimos nos despertamos, y entre tanto mirábamos el mapita con la ruta de vuelo. Entre Rivotril y Rivotril, llegamos a la conclusión de que Rusia es grande. De las casi 12 horas de vuelo le calculamos que por lo menos 10 tardamos en cruzar la ex URSS en diagonal. Bah, diagonal es una manera de decirle a la mamúa del piloto. Era tal el zigzag que que hacía el avión, que en un momento nos preocupamos, y mucho, al ver en la pantalla que el tipo iba directo hacia Irán. ¿Qué pensamos nosotras? Obvio. ¿¡Qué pregunta!? El piloto está secuestrando el avión y nos lleva al centro de Teherán como rehenes. Qué otra cosa podría haber maquinado nuestra cabeza? ¿Eh? ¿A estas alturas no nos conocés?
Dormimos un rato más, y cuando abrimos los ojos, notamos que el avión estaba enfilando a Pekín. ¿Cómo que a Pekin? ¿Nos equivocamos de vuelo y recién nos dimos cuenta? Dicho esto doblamos hacia la derecha y nos tranquilizamos.
Aterrizamos en Shanghai mientras los del Artemis II volvían de la Luna y vos creías que habías tenido un vuelo largo.
Ahora el problema consistía en que tu VPN y tu e sim card funcionaran para poder encontrarnos con nuestra colega y amiga, Mariel que llegaba quince minutos después que nosotras a otra terminal.
Hablar por WeChat logramos hablar, ahora, la novedad era que nuestros aviones habían aterrizado en diferentes terminales.
Si estuvieras en Europa, ok decís, ya lograremos reunirnos, pero vos estás en China sin saber hablar o leer chino. Duolingo te sirve para aprender a decir ni hao.
Las gotas de sudor nos caían por la sien, y comenzamos a preguntar a cada uno que veíamos: ¿cómo llegamos a la terminal 2? De las diez personas que consultamos, las diez nos dieron indicaciones totalmente diferentes. Que andá derecho, que no, doblá a la izquierda, que tenés que subir al segundo piso, aclaración, para los chinos la planta baja es el primer piso, pero eso te enteraste dos horas después, que no, tenés que bajar y doblar a la izquierda, etc. Long story short, tras aproximadamente una hora encontramos a Mariel, previo ataque de pánico, alucinando que nos íbamos a quedar a vivir en el aeropuerto como Tom Hanks.
Hete aquí que esto no termina así nomás. Debíamos salir de Pudong International Airport e ir hasta el otro aeropuerto de Shanghai, Hongqiao, que tiene una estación de trenes, para encontrarnos con nuestro contacto en China quien nos iba a acompañar hasta Yixing.
A ninguna le andaba la aplicación Didi, el Uber de acá, así que decidimos tomar el metro...¿Es para allá? No, me parece que es para el otro lado. Mirá que ahí dice Línea 2, pero la flecha está para el lado opuesto. ¿Línea 2 para la derecha y Línea 2 para la izquierda, es arriba o es abajo? Excuse me, ¿do you speak english? Dui, te responden en chino. El inglés del tipo era como mi chino.
Finalmente entendimos, saltamos al tren en el que graciadió te iban avisando en inglés cada parada.
Debemos aclarar, que para cada avión, tren, subte o medio de locomoción que tomes, menos Didi, tenés que presentar el pasaporte a la entrada y a la salida. Así que meta sacar y guardar el pasaporte a cada rato.
Nos habían dicho que la estación quedaba a cinco minutos a pie del aeropuerto de Hongqiao, pero la verdad es que bajás y estás adentro apenas subiendo una escalera mecánica.
Ahora nos restaba esperar a Colleen tres horas. Muertas de hambre y sed, empezó nuestra búsqueda de comida ahí adentro. Para quienes ya vieron la foto que subimos a Instagram, era todo muy parecido a Retiro pero con negocios de lujo. Ningún restaurante a la vista. Miramos hacia arriba y vemos un Mc Donlad´s. Estamos salvadas pensamos. Era un Mc Donald´s solo de, ponele, hamburguesas de pollo. Sabiendo que acá la comida es muy picante, le dijimos por las dudas: bù là qǐng. Dui,dui nos contesta. Nosotras confiadas, hincamos el diente. Mariel se lo comió porque es una mujer muy educada. Yo casi me muero. La boca me quemaba y ni siquiera con la pseudo Schwepps pomelo que me dieron lograba calmar el ardor.
Ya se acercaba la hora de tomar el tren y nos dirigimos a la puerta de embarque que nos correspondía a esperar sentaditas, la hora y media que nos faltaba. Sí, hora y media en China, en una estación de trenes, es ya se te acerca la hora. Vas a ver cuando vengas.
Recuerden que ambas veníamos cargadas como mulas, una de un vuelo de 30 horas, la otra de 12.
¿Asientos? Llegamos a la conclusión de que los chinos están argentinizados, porque ocupaban los asientos con bolsos para espantarte. Logramos sentarnos, y ya más relajadas notamos que estabamos siendo racializadas a la inversa.
Todos, pero todos nos miraban. Hombres, mujeres, niños, adultos, todos.
En mi vida he sido discriminada por judía, pero por blanca, nunca. Siempre hay una primera vez, lo que te hace recapacitar que en Argentina los chinos se deben sentir igual que nosotras acá.
Viéndole el lado positivo, por primera vez en años, los hombres nos miran.
Para otro día quedará la llegada a Yixing, entrar a lo que será nuestro hogar por tres meses, conocer a Mr. Fong y las compras del supermercado.
Por hoy nos vamos despidiendo, uno porque estamos cansadas, y dos, porque sabemos que la mitad de nuestros lectores, no terminan de leer porque les parece largo.
Agarren un libro que no muerde!!