domingo, 31 de mayo de 2026

Marche una muzza china para la 2

 Acá seguimos, todavía en la ciudad más deprimente del mundo.
Hoy tuvimos dos experiencias culinarias únicas. La primera, casi lloramos de emoción, porque conseguimos algo así como una milanesa con ensalada. Ellos lo llaman pollo frito y a la ensalada sólo le dicen plato de verduras con quinoa, pero para nosotras era una milanga oriental, pero milanga al fin.
La segunda es en la que nos vamos a detener con más detalle.
Fuimos con Mariel al shopping porque pensábamos ir al supermercado, pero dijimos, ché, antes paseemos por el mall a ver qué hay y cenemos en Pizza Hut, que le veníamos teniendo ganas hacía rato. 
Además de locales, pocos, de ropa, mucho juego para niños, masajes y demás chucherías, hay dos pisos de restaurantes y especialmente uno pintaba potable. Nos miramos, y coincidimos: para la próxima. Hoy Pizza Hut.
Mal hecho.
Nos sentamos y no nos andaba la aplicación para abrir el menú, cosa que nos llevó como 15 minutos hasta que Mariel con su chino de Duolingo, logra que nos traigan una carta de papel y nos dejen pagar cash.
Los otros 40 minutos demoramos en traducir los platos. Vos te preguntarás para qué necesitás traducir las pizzas, si una pizza es una pizza, en Italia, en Argentina y en Kamchatka. Bueno, acá en China una pizza no es una pizza. Todas venían con carne de dudosa procedencia, o con picante, o con mariscos. Finalmente encontramos una que decía queso con no sé qué de leche, aclaremos que cuando usás el traductor siempre te dice que todos los productos tienen leche. Mucha mala leche.
¿Cuán asquerosa puede ser? nos preguntamos, es queso al final de cuentas.
Bueno. Muy asquerosa era. Para quienes comen pizza con ananá, quizás no les resulte desagradable, pero a nosotras nos pareció un asco la pizza que tenía gusto a almíbar, si es que no tenía almíbar de verdad, pero el hambre acá te hace comer cualquier cosa. Así que ahí encaramos, Mariel y yo la pizza con almíbar. Menos mal que habíamos pedido unas papas fritas también porque deglutir esa inmundicia nos llevó un tiempo. En este mismo instante estamos por tomarnos una hepatalgina.
Cabe decir que en este país, vaya una a saber porqué todo lo hacen con azúcar. El pan primero. Todos los panes son dulces. El otro día creímos que presenciábamos un milagro cuando encontramos pan integral. Lo reservamos para una de nuestras tantas cenas de lujo: pan con queso blanco y tomates cherry. El jueves pasado nos preparamos en el taller, plato, cuchillo, figurita difícil un cuchillo acá, servilletas, tupper con los tomatitos, queso blanco francés, y abrimos el pan. Si adivinás gusto a qué tenía, te regalamos lo que queda de nuestra residencia en China. Sí, bingo! Era dulce. Es el primer viaje en catorce años que no nos sube la presión. Eso sí, es más que probable que nuestra glucemia esté por las nubes.   
Vayamos lejos en el tiempo...lejos para nosotras es la semana pasada, aún nos quedan seis semanas más...
Mamerta nos consiguió un turno para hacernos los pies. Era en la ciudad. Recordá que nosotras estamos en el conurbano.
Por supuesto Mamer iría con nosotras porque ella también tenía que hacerse las manos. Tomamos un Didi, y en el camino pasamos a buscar a su amiga, que nos serviría de traductora, porque la otra estaba ocupada papando moscas.
Chochas de la vida nos dirigimos a lo que suponíamos la ciudad, para llegar tras 30 minutos de viaje, a la otra parte del conurbano. De González Catán a La Tablada, ponele. El shopping en el que estaba el local de manicuría, se llamaba Wanda. Igual de grasa que la autóctona. Enfilamos a nuestra cita, y cuando llegamos, rezamos para salir de ahí con los pies enteros. No la dejamos a la chica que nos tocara mucho, así que seguimos hoy no queriendo usar sandalias. Mientras Mamerta seguía haciéndose sus uñas de gel, bien largas, para seguir rascándose el tujes, nosotras nos pusimos a conversar con su amiga. Una piba muy inteligente, viajada, artista también, muy agradable para charlar. Charla va, charla viene, llegamos al tema política. No lo sacamos nosotras, estamos mal del bocho pero no para tanto. Hablar lo que se dice hablar no, más bien susurrábamos por las dudas. Y bien que hicimos en susurrar, porque de sopetón, nuestro internet murió y no hubo manera de resucitarlo hasta que llegamos a casa. Imaginate si hubiésemos hablado en voz alta... hoy estaríamos en casa deportadas...Ahora que lo pienso, no es tan mala idea. Por lo menos estaría comiendo pan salvado con sal.
Hemos avanzado en estos lares con nuestros vecinos. Los de al lado por lo pronto ya no gritan a las 6:45 sino a las 7:15. El hijo de una de las ancianas dulces, al que siempre saludamos con un ni hao y jamás contesta o nos tira un escupitajo al pasar, ahora nos dice Hmm. Todo lo que logramos arrancarle. Los días de mucho calor anda en cueros, o en camiseta, que se sube para rascarse la panza, como Don Salomón el vecino de mis abuelos.
La otra viejita divina, nos sigue saludando y diciendo alguna cosa que nosotras no entendemos. Estamos entre: te vas a trabajar tan temprano, hoy el día está más lindo, volviste tarde, o bien, qué carajos estás haciendo en este lugar.
Los del comité ya nos ignoran, los artesanos nos saludan, y el verdulero siempre contento de vernos. En cualquier momento lo divorciamos y lo llevamos a casa, por lo menos vamos a tener quién nos elija las manzanas.
La gente nos sigue mirando como si hubiésemos llegado de Saturno, pero al menos ya no nos piden poto poto y los niños y adolescentes, todos, indefectiblemente nos miran, se ríen y nos dicen hello.
En exactamente veintiséis días seremos liberadas de la catacumba, para ir a vivir a un hotel en el que al menos no tendremos que limpiar. O eso esperamos.
Ci vediamo la stessa que vaya a saber cómo se dice en chino.

Milanesa = 1  Pizza = 0



jueves, 21 de mayo de 2026

Chuavechito chuavechito

Hace un año y diez días que llegamos a China. No, perdón, un mes y diez días, pero a nosotras nos está pareciendo que en cualquier momento festejamos año nuevo 2027.
Han pasado cosas en esta semana. Bueno... decir esta semana, es subestimar las semanas anteriores, pero esta se llevó todos los premios. Veníamos puteando por nuestra catacumba, aunque como con todo en la vida, una se acostumbra, hasta que colapsó el baño. Ese baño en el que las toallas sacadas del secarropas se humedecen, el piso queda mojado eternamente, y nuestras bombachas tardan al menos una semana en secarse, sí, ese dechado de virtudes se tapó. Y cuando te digo se tapó, ya no hablo de que no baja el agua en el inodoro, te hablo de lo que estás pensando. Tanto asco nos da, que ni siquiera podemos escribirlo porque vomitamos. Para orientarte, la canción bien podría llamarse "Bailando en un río de mierda".
Tras limpiar con desinfectante y muchas discusiones con el señor Fong de que si tirábamos papel higiénico húmedo bioegradable o no y eso tapaba las cañerías, nos fuimos a dormir convencidas de que al día siguiente nos mudaríamos a un hotel. No prometas cosas que no vas a cumplir Soysola, porque de sólo pensar en hacer las valijas, caminar una cuadra, subirte a un Didi, entrar a un hotel de dudosa categoría, y seguir puteando, decidiste revisar tus paquetes de papel higiénico húmedo y llegaste a la conclusión de que el señor Fong algo de razón tenía. Resulta que hace un mes que nos venimos limpiando el ogt con toallitas antibacteriales al 99,9%. O sea, el tujes ahora lo tenemos súper desinfectado y brillante, pero las cañerías tapadas. Spoiler alert, no confíes nunca en los traductores ni en los chinos que dicen hablar inglés.
Conclusión de tema escatológico, ahora todo se tira en una bolsa de basura y se lleva al tacho en el camino al taller, al lado del baño público, en donde el otro día había un viejo meando sin ningún pudor.
Ya nos parecía raro en Shanghai, que en el hotel, había un cartel en el baño que decía por favor tirar los papeles al cesto. Ahora entendemos cuando dicen que este es un país milenario.
Fin del tema, por el momento seguimos en la catacumba.
El otro día fuimos a hacernos unos sellos para cerámica con caracteres chinos, y terminamos con uno que dice Elisha-bet y el otro que es un Ave Fénix, en homenaje a mi viejo, en el que puse su nombre, que cuando lo traduje del chino al español, quedó Enlique. Perdoname pá, pero no saben lo que hacen.
La vida sigue siendo la misma, de casa al taller, del taller a casa, con alguna que otra actividad, como por ejemplo ir a museos y galerías que lo único que tienen son teteras. 
Vos querías venir a la ciudad de las teteras? Ahora jodete.
Fuimos, todas fuimos, a ver una colección privada, de un señor de alto poder adquisitivo, sí, los hay en esta ciudad también, y la amorosa guía, luego de decirnos que contaban con teteras de la dinastía Ming del siglo XIV, nos hizo el recorrido por los 10000 metros cuadrados de la galería.
La colección cuenta con más de 3200 teteras, que vimos una por una, con su explicación e historia, en el día más húmedo y caluroso desde que llegamos, sin aire acondicionado, y con fascitis plantar.
Divino. Eso sí, no queremos ver una tetera más en nuestra puta vida.
Eso pensabas hasta hoy, que te llevaron a un workshop para aprender la técnica local para hacer una, y antes te hicieron el recorrido por la colección. Sí, acá cada lugar tiene su propia colección de teteras.
O sea que a un mes y medio de haber llegado, vimos hasta el momento alrededor de 4200, sin contar con las que hay en cada local de cada calle de Yixing. Moco e pavo.
Gran Hermano nos sigue bloqueando internet, la computadora, el celular y el cerebro.
Estamos empezando a pensar que ya no tenemos que pensar porque debe haber en el aire un sensor de pensamientos, que hace que cada cosa que digamos o imaginemos, automáticamente bloquea nuestras apps.
Quizás es en represalia de que estamos medio odiando este país, pero queremos avisarle a GH que se nos va a pasar el 26 de junio, día que seremos liberadas de la catacumba y entremos a un hotel con un baño digno y nos paseen con aire acondicionado.
Mamerta sigue siendo Mamerta. Aurora/Alba nos considera su mejor amiga y nos quema el cerebro con Mamerta, y Manito Corta sigue morfando a las 11:30 en punto.
Nuestros vecinos siguen gritando a las 6:45 a.m. Los del sindicato de viejos ya nos ignoran, las viejitas dulces nos saludan, los escupidores siguen escupiendo  y las chusmas del barrio le avisan a Mariel, con gestos, que yo ya salí y estoy yendo al taller.
Nuestro inglés se está deteriorando día a día. La gente nos habla en chino como si tuviéramos la obligación de entender, y nosotras ya contestamos directamente en castellano, porque ¿para qué esforzarte si igual no entienden inglés? Duolingo nos sigue recomendando que volvamos a las clases, y lo único que sabemos decir es ni hao, bai bai, bu lá, zai jien, san qi, san er, xie xie, laopo y laogong, laoshi , nü´er y érzi (faltan los acentos). Y ninguna me entienden. Suficiente. Así que no, Duoligo, gracias pero será la próxima que no habrá.
Nos viene a la cabeza la famosa frase, cuánto más conozco otros países más quiero al mío.
República Oriental del Uruguay=365 - República Popular China= 0



lunes, 11 de mayo de 2026

Infeliz cumplemes

Cumplimos un mes en China cuando en realidad quisiéramos estar cumpliendo un mes en las Bahamas o en un pueblito de la Toscana, pero esto es lo que hay y hay que acostumbrarse.
Ya decidimos, no ahora, el segundo día, y lo ratificamos diariamente, que el lejano oriente no estaría siendo para nosotras. El único oriente que queremos es la República Oriental del Uruguay y eso sería lo más oriental que iríamos en un futuro lejano y cercano. Ponele que podríamos tranzar con ir al Chinatown de New York.
No es nuestra intención derribar mitos urbanos sobre el país que nos acoge, pero podríamos tranquilamente hacerlo sin ningún remordimiento.
Acoge es una palabra muy ostentosa para el caso. Digamos más bien que nos coge. Punto.
No te vamos a decir que no vengas, si esa fue siempre tu fantasía, pero lo que te sugerimos en que vengas en tour privado, con alguien que hable español, o bien, inglés. Y cuando decimos o bien inglés, en realidad queremos decirte que te busques alguien que hable bien inglés. Acá la mayoría de los que hablan la lengua de Shakespeare, lo hablan como hablaba Zeilig, el socio de mi papá, el castellano. Como no conociste a Zeilig, imaginanos a nosotras hablando en swahili. 
El trabajo sigue siendo de lunes a lunes y de sol a sol. Mejor dicho de lluvia a lluvia y de humedad en humedad.
A las tres que estábamos en residencia, se sumaron dos más. Así que ya somos cinco las que puteamos a la papanatas. Son tres con las que tratamos. A saber: Manitos Cortas, así apodada por Mariel, que de inglés ni una palabra, o sí, una que repite dos veces, hello-hello, y nos hace con la mano como los gatos de las vidrieras del barrio chino, y creemos que su única actividad es a las 11:20 de la mañana cuando baja al microondas a calentarse la comida. Aurora/Alba según su estado anímico, porque según Mariel, Alba es cuando está más chota y Aurora cuando se levantó con el pie derecho, que es la única a la que le funcionan las neuronas y pone toda la voluntad en ayudarnos, aún cuando se convierte en Dr. Jekyll y Mr. Hyde y no le conecta el frenillo con el inglés. Y por último está la estrella del circo, la famosa Mamerta. No hace falta decir más nada. Se da todo por sobreentendido.
Pasemos a los vecinos. En este mismo instante no sabemos si los gritos son de un niño o de un gato en celo. Los de la casa de al lado, ponen comida en nuestra puerta para que morfen y caguen en el hall de entrada. Una pinturita de vecinos. 
Después tenemos a los escupidores profesionales que luego de decirnos ni hao, nos lanzan un escupitajo a los pies. Las únicas a las que queremos son dos ancianas muy dulces que nos esperan todos los días en la puerta de sus casas para saludarnos. Nos dicen ni hao y algo más que no entendemos aún. Hoy quisimos suponer que nos decían qué pasó que hace dos días que no las vemos. Pero vaya a saber. A lo mejor nos estaban diciendo mirá cómo se compuso el tiempo.
Después, dos cuadras más adelante están los jubilados de la esquina. Esos nos saludan con sonrisa socarrona, y nos llaman "las extranjeras que viven el la otra cuadra" y nos critican cada vez que pasamos por delante de su carpa. Creemos. La verdad es que no entendemos un choto lo que dicen. Tienen una carpa en la que se sientan a la sombra y es como una especie de sindicato/club. No pudimos sacarles la ficha aún.
Y por último y el de mejor onda, es el verdulero. Ése no sólo se pone contento de vernos, sino que le dice a la mujer "ahí vienen las que me compran siempre tres". Tres mandarinas, tres manzanas, tres peras o tres bananas. Lo que pinte. Pero siempre tres.
Pasemos al tránsito. Ya manejamos la app de Didi como expertas, aunque está en chino.
Lo que no manejamos es el nivel de ansiedad que nos agarra cada vez que subimos a un auto conducido por un local. Y por un local, nos referimos a todos los chinos de toda China.
Para los cuaternarials como nosotras, no somos centenial, no somos millenial, no somos la generación X, somos de la era cuaternaria, la referencia al trafico en este país, serían Los Autos Locos. Todos son los hermanos Macana. Acá no se choca más porque Buda es grande y en realidad son muchos Budas así como Vírgenes Marías hay en el imaginario cristiano.
Es en el primer país del mundo en el que vemos que los conductores se putean con los policías y se cagan en ellos. Hasta el momento ya nos han cruzado con semáforo en rojo unas 4 veces, nos han hecho bajar en el medio de una avenida, dos, tirado el auto encima de una moto o de un peatón o a nosotras mismas, trescientas diecinueve para ser exactas, y tocado bocina a razón de cinco autos por minuto.
Este fin de semana pasado nos fuimos con Mariel a Shanghai, no sólo a conocer, sino a ir a dormir en una habitación limpia con un baño como la gente. A sentirnos personas aunque sea por dos días. El hotel nos recibió con un cálido inodoro inteligente, que tenía un asiento templado a unos 30 grados, que te tiraba un chorrito para limpiarte el tujes y como si fuera poco, tenía un sensor a los pies, que bajaba el agua sin que tengas que decir agua va. Eso sí, puede fallar, como decía Tu Sam, cosa que pasó cuando fuimos al baño el lobby y nos cerró la tapa mientras estaba meando. Obviamente tuvinos que limpiar el piso.
Dos cosas nos gustaron de Shanghai. El Templo del Buda de Jade y la visión nocturna de los rascacielos a la vera del río. Lo que no nos gustó fueron los doscientos millones de chinos turistas sacándose fotos. Si se sacan fotos en Europa ¿por qué no lo harían en casa? Lo llamativo son las poses y lo que demoran para cada captura. Ahí fue cuando perdimos  la educación que traíamos de casa y empezamos a putear en castellano a cuanta aspirante a modelo de calendario de garage nos cruzamos,
Ya de vuelta en la Mansión del Sr. Fong, nuestra catacumba puede llegar a ser algo de lo que alegrarse ahora que comenzó a hacer calor. Quizás ni necesitemos prender el aire acondicionado...
En fin, no nos entra todo lo que tenemos para contar, pero no faltarán dos meses más de oportunidades.
R.O.U: 1 = RPC:  0