Cumplimos un mes en China cuando en realidad quisiéramos estar cumpliendo un mes en las Bahamas o en un pueblito de la Toscana, pero esto es lo que hay y hay que acostumbrarse.
Ya decidimos, no ahora, el segundo día, y lo ratificamos diariamente, que el lejano oriente no estaría siendo para nosotras. El único oriente que queremos es la República Oriental del Uruguay y eso sería lo más oriental que iríamos en un futuro lejano y cercano. Ponele que podríamos tranzar con ir al Chinatown de New York.
No es nuestra intención derribar mitos urbanos sobre el país que nos acoge, pero podríamos tranquilamente hacerlo sin ningún remordimiento.
Acoge es una palabra muy ostentosa para el caso. Digamos más bien que nos coge. Punto.
No te vamos a decir que no vengas, si esa fue siempre tu fantasía, pero lo que te sugerimos en que vengas en tour privado, con alguien que hable español, o bien, inglés. Y cuando decimos o bien inglés, en realidad queremos decirte que te busques alguien que hable bien inglés. Acá la mayoría de los que hablan la lengua de Shakespeare, lo hablan como hablaba Zeilig, el socio de mi papá, el castellano. Como no conociste a Zeilig, imaginanos a nosotras hablando en swahili.
El trabajo sigue siendo de lunes a lunes y de sol a sol. Mejor dicho de lluvia a lluvia y de humedad en humedad.
A las tres que estábamos en residencia, se sumaron dos más. Así que ya somos cinco las que puteamos a la papanatas. Son tres con las que tratamos. A saber: Manitos Cortas, así apodada por Mariel, que de inglés ni una palabra, o sí, una que repite dos veces, hello-hello, y nos hace con la mano como los gatos de las vidrieras del barrio chino, y creemos que su única actividad es a las 11:20 de la mañana cuando baja al microondas a calentarse la comida. Aurora/Alba según su estado anímico, porque según Mariel, Alba es cuando está más chota y Aurora cuando se levantó con el pie derecho, que es la única a la que le funcionan las neuronas y pone toda la voluntad en ayudarnos, aún cuando se convierte en Dr. Jekyll y Mr. Hyde y no le conecta el frenillo con el inglés. Y por último está la estrella del circo, la famosa Mamerta. No hace falta decir más nada. Se da todo por sobreentendido.
Pasemos a los vecinos. En este mismo instante no sabemos si los gritos son de un niño o de un gato en celo. Los de la casa de al lado, ponen comida en nuestra puerta para que morfen y caguen en el hall de entrada. Una pinturita de vecinos.
Después tenemos a los escupidores profesionales que luego de decirnos ni hao, nos lanzan un escupitajo a los pies. Las únicas a las que queremos son dos ancianas muy dulces que nos esperan todos los días en la puerta de sus casas para saludarnos. Nos dicen ni hao y algo más que no entendemos aún. Hoy quisimos suponer que nos decían qué pasó que hace dos días que no las vemos. Pero vaya a saber. A lo mejor nos estaban diciendo mirá cómo se compuso el tiempo.
Después, dos cuadras más adelante están los jubilados de la esquina. Esos nos saludan con sonrisa socarrona, y nos llaman "las extranjeras que viven el la otra cuadra" y nos critican cada vez que pasamos por delante de su carpa. Creemos. La verdad es que no entendemos un choto lo que dicen. Tienen una carpa en la que se sientan a la sombra y es como una especie de sindicato/club. No pudimos sacarles la ficha aún.
Y por último y el de mejor onda, es el verdulero. Ése no sólo se pone contento de vernos, sino que le dice a la mujer "ahí vienen las que me compran siempre tres". Tres mandarinas, tres manzanas, tres peras o tres bananas. Lo que pinte. Pero siempre tres.
Pasemos al tránsito. Ya manejamos la app de Didi como expertas, aunque está en chino.
Lo que no manejamos es el nivel de ansiedad que nos agarra cada vez que subimos a un auto conducido por un local. Y por un local, nos referimos a todos los chinos de toda China.
Para los cuaternarials como nosotras, no somos centenial, no somos millenial, no somos la generación X, somos de la era cuaternaria, la referencia al trafico en este país, serían Los Autos Locos. Todos son los hermanos Macana. Acá no se choca más porque Buda es grande y en realidad son muchos Budas así como Vírgenes Marías hay en el imaginario cristiano.
Es en el primer país del mundo en el que vemos que los conductores se putean con los policías y se cagan en ellos. Hasta el momento ya nos han cruzado con semáforo en rojo unas 4 veces, nos han hecho bajar en el medio de una avenida, dos, tirado el auto encima de una moto o de un peatón o a nosotras mismas, trescientas diecinueve para ser exactas, y tocado bocina a razón de cinco autos por minuto.
Este fin de semana pasado nos fuimos con Mariel a Shanghai, no sólo a conocer, sino a ir a dormir en una habitación limpia con un baño como la gente. A sentirnos personas aunque sea por dos días. El hotel nos recibió con un cálido inodoro inteligente, que tenía un asiento templado a unos 30 grados, que te tiraba un chorrito para limpiarte el tujes y como si fuera poco, tenía un sensor a los pies, que bajaba el agua sin que tengas que decir agua va. Eso sí, puede fallar, como decía Tu Sam, cosa que pasó cuando fuimos al baño el lobby y nos cerró la tapa mientras estaba meando. Obviamente tuvinos que limpiar el piso.
Dos cosas nos gustaron de Shanghai. El Templo del Buda de Jade y la visión nocturna de los rascacielos a la vera del río. Lo que no nos gustó fueron los doscientos millones de chinos turistas sacándose fotos. Si se sacan fotos en Europa ¿por qué no lo harían en casa? Lo llamativo son las poses y lo que demoran para cada captura. Ahí fue cuando perdimos la educación que traíamos de casa y empezamos a putear en castellano a cuanta aspirante a modelo de calendario de garage nos cruzamos,
Ya de vuelta en la Mansión del Sr. Fong, nuestra catacumba puede llegar a ser algo de lo que alegrarse ahora que comenzó a hacer calor. Quizás ni necesitemos prender el aire acondicionado...
En fin, no nos entra todo lo que tenemos para contar, pero no faltarán dos meses más de oportunidades.
R.O.U: 1 = RPC: 0
No hay comentarios:
Publicar un comentario