Hace un año y diez días que llegamos a China. No, perdón, un mes y diez días, pero a nosotras nos está pareciendo que en cualquier momento festejamos año nuevo 2027.
Han pasado cosas en esta semana. Bueno... decir esta semana, es subestimar las semanas anteriores, pero esta se llevó todos los premios. Veníamos puteando por nuestra catacumba, aunque como con todo en la vida, una se acostumbra, hasta que colapsó el baño. Ese baño en el que las toallas sacadas del secarropas se humedecen, el piso queda mojado eternamente, y nuestras bombachas tardan al menos una semana en secarse, sí, ese dechado de virtudes se tapó. Y cuando te digo se tapó, ya no hablo de que no baja el agua en el inodoro, te hablo de lo que estás pensando. Tanto asco nos da, que ni siquiera podemos escribirlo porque vomitamos. Para orientarte, la canción bien podría llamarse "Bailando en un río de mierda".
Tras limpiar con desinfectante y muchas discusiones con el señor Fong de que si tirábamos papel higiénico húmedo bioegradable o no y eso tapaba las cañerías, nos fuimos a dormir convencidas de que al día siguiente nos mudaríamos a un hotel. No prometas cosas que no vas a cumplir Soysola, porque de sólo pensar en hacer las valijas, caminar una cuadra, subirte a un Didi, entrar a un hotel de dudosa categoría, y seguir puteando, decidiste revisar tus paquetes de papel higiénico húmedo y llegaste a la conclusión de que el señor Fong algo de razón tenía. Resulta que hace un mes que nos venimos limpiando el ogt con toallitas antibacteriales al 99,9%. O sea, el tujes ahora lo tenemos súper desinfectado y brillante, pero las cañerías tapadas. Spoiler alert, no confíes nunca en los traductores ni en los chinos que dicen hablar inglés.
Conclusión de tema escatológico, ahora todo se tira en una bolsa de basura y se lleva al tacho en el camino al taller, al lado del baño público, en donde el otro día había un viejo meando sin ningún pudor.
Ya nos parecía raro en Shanghai, que en el hotel, había un cartel en el baño que decía por favor tirar los papeles al cesto. Ahora entendemos cuando dicen que este es un país milenario.
Fin del tema, por el momento seguimos en la catacumba.
El otro día fuimos a hacernos unos sellos para cerámica con caracteres chinos, y terminamos con uno que dice Elisha-bet y el otro que es un Ave Fénix, en homenaje a mi viejo, en el que puse su nombre, que cuando lo traduje del chino al español, quedó Enlique. Perdoname pá, pero no saben lo que hacen.
La vida sigue siendo la misma, de casa al taller, del taller a casa, con alguna que otra actividad, como por ejemplo ir a museos y galerías que lo único que tienen son teteras.
Vos querías venir a la ciudad de las teteras? Ahora jodete.
Fuimos, todas fuimos, a ver una colección privada, de un señor de alto poder adquisitivo, sí, los hay en esta ciudad también, y la amorosa guía, luego de decirnos que contaban con teteras de la dinastía Ming del siglo XIV, nos hizo el recorrido por los 10000 metros cuadrados de la galería.
La colección cuenta con más de 3200 teteras, que vimos una por una, con su explicación e historia, en el día más húmedo y caluroso desde que llegamos, sin aire acondicionado, y con fascitis plantar.
Divino. Eso sí, no queremos ver una tetera más en nuestra puta vida.
Eso pensabas hasta hoy, que te llevaron a un workshop para aprender la técnica local para hacer una, y antes te hicieron el recorrido por la colección. Sí, acá cada lugar tiene su propia colección de teteras.
O sea que a un mes y medio de haber llegado, vimos hasta el momento alrededor de 4200, sin contar con las que hay en cada local de cada calle de Yixing. Moco e pavo.
Gran Hermano nos sigue bloqueando internet, la computadora, el celular y el cerebro.
Estamos empezando a pensar que ya no tenemos que pensar porque debe haber en el aire un sensor de pensamientos, que hace que cada cosa que digamos o imaginemos, automáticamente bloquea nuestras apps.
Quizás es en represalia de que estamos medio odiando este país, pero queremos avisarle a GH que se nos va a pasar el 26 de junio, día que seremos liberadas de la catacumba y entremos a un hotel con un baño digno y nos paseen con aire acondicionado.
Mamerta sigue siendo Mamerta. Aurora/Alba nos considera su mejor amiga y nos quema el cerebro con Mamerta, y Manito Corta sigue morfando a las 11:30 en punto.
Nuestros vecinos siguen gritando a las 6:45 a.m. Los del sindicato de viejos ya nos ignoran, las viejitas dulces nos saludan, los escupidores siguen escupiendo y las chusmas del barrio le avisan a Mariel, con gestos, que yo ya salí y estoy yendo al taller.
Nuestro inglés se está deteriorando día a día. La gente nos habla en chino como si tuviéramos la obligación de entender, y nosotras ya contestamos directamente en castellano, porque ¿para qué esforzarte si igual no entienden inglés? Duolingo nos sigue recomendando que volvamos a las clases, y lo único que sabemos decir es ni hao, bai bai, bu lá, zai jien, san qi, san er, xie xie, laopo y laogong, laoshi , nü´er y érzi (faltan los acentos). Y ninguna me entienden. Suficiente. Así que no, Duoligo, gracias pero será la próxima que no habrá.
Nos viene a la cabeza la famosa frase, cuánto más conozco otros países más quiero al mío.
República Oriental del Uruguay=365 - República Popular China= 0
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