Acá seguimos, todavía en la ciudad más deprimente del mundo.
Hoy tuvimos dos experiencias culinarias únicas. La primera, casi lloramos de emoción, porque conseguimos algo así como una milanesa con ensalada. Ellos lo llaman pollo frito y a la ensalada sólo le dicen plato de verduras con quinoa, pero para nosotras era una milanga oriental, pero milanga al fin.
La segunda es en la que nos vamos a detener con más detalle.
Fuimos con Mariel al shopping porque pensábamos ir al supermercado, pero dijimos, ché, antes paseemos por el mall a ver qué hay y cenemos en Pizza Hut, que le veníamos teniendo ganas hacía rato.
Además de locales, pocos, de ropa, mucho juego para niños, masajes y demás chucherías, hay dos pisos de restaurantes y especialmente uno pintaba potable. Nos miramos, y coincidimos: para la próxima. Hoy Pizza Hut.
Mal hecho.
Nos sentamos y no nos andaba la aplicación para abrir el menú, cosa que nos llevó como 15 minutos hasta que Mariel con su chino de Duolingo, logra que nos traigan una carta de papel y nos dejen pagar cash.
Los otros 40 minutos demoramos en traducir los platos. Vos te preguntarás para qué necesitás traducir las pizzas, si una pizza es una pizza, en Italia, en Argentina y en Kamchatka. Bueno, acá en China una pizza no es una pizza. Todas venían con carne de dudosa procedencia, o con picante, o con mariscos. Finalmente encontramos una que decía queso con no sé qué de leche, aclaremos que cuando usás el traductor siempre te dice que todos los productos tienen leche. Mucha mala leche.
¿Cuán asquerosa puede ser? nos preguntamos, es queso al final de cuentas.
Bueno. Muy asquerosa era. Para quienes comen pizza con ananá, quizás no les resulte desagradable, pero a nosotras nos pareció un asco la pizza que tenía gusto a almíbar, si es que no tenía almíbar de verdad, pero el hambre acá te hace comer cualquier cosa. Así que ahí encaramos, Mariel y yo la pizza con almíbar. Menos mal que habíamos pedido unas papas fritas también porque deglutir esa inmundicia nos llevó un tiempo. En este mismo instante estamos por tomarnos una hepatalgina.
Cabe decir que en este país, vaya una a saber porqué todo lo hacen con azúcar. El pan primero. Todos los panes son dulces. El otro día creímos que presenciábamos un milagro cuando encontramos pan integral. Lo reservamos para una de nuestras tantas cenas de lujo: pan con queso blanco y tomates cherry. El jueves pasado nos preparamos en el taller, plato, cuchillo, figurita difícil un cuchillo acá, servilletas, tupper con los tomatitos, queso blanco francés, y abrimos el pan. Si adivinás gusto a qué tenía, te regalamos lo que queda de nuestra residencia en China. Sí, bingo! Era dulce. Es el primer viaje en catorce años que no nos sube la presión. Eso sí, es más que probable que nuestra glucemia esté por las nubes.
Vayamos lejos en el tiempo...lejos para nosotras es la semana pasada, aún nos quedan seis semanas más...
Mamerta nos consiguió un turno para hacernos los pies. Era en la ciudad. Recordá que nosotras estamos en el conurbano.
Por supuesto Mamer iría con nosotras porque ella también tenía que hacerse las manos. Tomamos un Didi, y en el camino pasamos a buscar a su amiga, que nos serviría de traductora, porque la otra estaba ocupada papando moscas.
Chochas de la vida nos dirigimos a lo que suponíamos la ciudad, para llegar tras 30 minutos de viaje, a la otra parte del conurbano. De González Catán a La Tablada, ponele. El shopping en el que estaba el local de manicuría, se llamaba Wanda. Igual de grasa que la autóctona. Enfilamos a nuestra cita, y cuando llegamos, rezamos para salir de ahí con los pies enteros. No la dejamos a la chica que nos tocara mucho, así que seguimos hoy no queriendo usar sandalias. Mientras Mamerta seguía haciéndose sus uñas de gel, bien largas, para seguir rascándose el tujes, nosotras nos pusimos a conversar con su amiga. Una piba muy inteligente, viajada, artista también, muy agradable para charlar. Charla va, charla viene, llegamos al tema política. No lo sacamos nosotras, estamos mal del bocho pero no para tanto. Hablar lo que se dice hablar no, más bien susurrábamos por las dudas. Y bien que hicimos en susurrar, porque de sopetón, nuestro internet murió y no hubo manera de resucitarlo hasta que llegamos a casa. Imaginate si hubiésemos hablado en voz alta... hoy estaríamos en casa deportadas...Ahora que lo pienso, no es tan mala idea. Por lo menos estaría comiendo pan salvado con sal.
Hemos avanzado en estos lares con nuestros vecinos. Los de al lado por lo pronto ya no gritan a las 6:45 sino a las 7:15. El hijo de una de las ancianas dulces, al que siempre saludamos con un ni hao y jamás contesta o nos tira un escupitajo al pasar, ahora nos dice Hmm. Todo lo que logramos arrancarle. Los días de mucho calor anda en cueros, o en camiseta, que se sube para rascarse la panza, como Don Salomón el vecino de mis abuelos.
La otra viejita divina, nos sigue saludando y diciendo alguna cosa que nosotras no entendemos. Estamos entre: te vas a trabajar tan temprano, hoy el día está más lindo, volviste tarde, o bien, qué carajos estás haciendo en este lugar.
Los del comité ya nos ignoran, los artesanos nos saludan, y el verdulero siempre contento de vernos. En cualquier momento lo divorciamos y lo llevamos a casa, por lo menos vamos a tener quién nos elija las manzanas.
La gente nos sigue mirando como si hubiésemos llegado de Saturno, pero al menos ya no nos piden poto poto y los niños y adolescentes, todos, indefectiblemente nos miran, se ríen y nos dicen hello.
En exactamente veintiséis días seremos liberadas de la catacumba, para ir a vivir a un hotel en el que al menos no tendremos que limpiar. O eso esperamos.
Ci vediamo la stessa que vaya a saber cómo se dice en chino.
Milanesa = 1 Pizza = 0
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