lunes, 17 de octubre de 2016

Insatisfacción garantizada

Once días son suficientes para darnos cuenta que nuestro propósito en la vida es viajar.
No queremos estar acá. Queremos estar allá. Donde allá sea. Sea más allá, un poco más acá, entre medio de allá y acá, pero definitivamente no acá acá.
Esta semana terminaríamos de ver a todos los que nos faltan , incluido nuestro psiquiatra, y ya podríamos irnos de nuevo.
Estando en modo cotidiano, queremos volver al modo viaje. Y como no tenemos nada mejor que hacer por ahora, queremos.
Hace mucho que no queremos porque teníamos lo que queríamos. Ahora que ya no lo tenemos más, queremos todo de nuevo.
Para quienes dicen que somos unas insatisfechas, sí, lo somos. Nacimos queriendo, vivimos de la misma manera, y moriremos igual. No hay nada más lindo que querer todo el tiempo, porque es un indicador del nivel de inconformidad. Y cuando nos conformamos, cagamos.
Ahora separemos a las otras de mí, así lo que quiero lo quiero para mí sola. Porque si hay algo que soy, es angurrienta.
Quiero bailar flamenco, con vestido a lunares y mantón de manila, para zapatearle la cabeza a más de uno.
Quiero ser andaluza, para tener el salero de las granadinas, antes que ser una hipertensa con cara de tujes.
Quiero ser la Maja Desnuda, la Venus de Botticelli y vivir en El Jardín de las Delicias, a ser Valeria Mazza adentro del country Harrods, Gath & Chaves.
Quiero las ruinas de Cesárea, antes que la cicatriz de la histerectomía.
Quiero los Alcázares de la Reina, antes que mi Juramento renovado.
Quiero surcar el cielo en bicicleta, a echar raíces en el campo y que me pase un tractor por encima.
Quiero la seguridad de no saber, a la pretensión de la sabiduría garantizada.
Quiero a Shorsh porque ya es costumbre, y sin caprichos no me reconozco.
Quiero así, cortito y al pie, porque para largo y tendido hacen falta más vidas.

sábado, 8 de octubre de 2016

La piedra de la discordia

Y llegó el fin del viaje, que como todo lo bueno, siempre termina.
Soysola había dejado a sus otros yos en Europa ya que se dió cuenta que no le servían ni de compañía. Pero las muy guachas vuelven siempre. Las tiene pegadas como sanguijuelas. Apenas un pie fuera del avión, y ahí estaban, paraditas al lado de la aduana, esperando, cagadas de risa viendo cómo Soysolita arrastraba tres valijas. Una por cada una de nosotras.
Volvamos a Madrid. Día de regresar a casa y nos dirigimos al aeropuerto, preocupadas que nos dijeran que teníamos exceso de equipaje. Una vez sorteado el escollo ya que nuestras valijas muy prolijamente pesaban 23, 23 y 23, relajamos, sin suponer lo que luego sucedería.
En Barcelona habíamos comprado una escultura de Joan Serra, bellísima a nuestro ojos, pero con un aspecto un tanto extraño a carbón quemado, o a una piedra rota, o al cubo Rubic pero en negro. La cuestión es que el señor policía sentado al escáner, pensó que adentro de tanto negro, debía haber polvo blanco. Racismo puro que le dicen...
Esta fue la siguiente conversación con dos policías españoles. A partir de ahora Policía 1 (P1), Policía 2 (P2), Soysola (S)
P1: A ver, usted, que adentro de su mochila hay una piedra.
S: No es una piedra, es una escultura
P1: Es una piedra.
S: No, es una escultura, si quiere se la mostramos.
P1: Si quiere no, nos la va a tener que mostrar. ¡González! Lleve a la(s) señora(s) al costado. (Los paréntesis son porque los tipos no se habían dado cuenta que éramos más de una)
P2: Ponga todo aquí y abra la cartera, la mochila, el bolso y el bolsito.
Abrimos todo.
P2: ¿A ver la piedra?
S: Que no es una piedra le digo, es una escultura! Está muy embalada, si fuera tan amable ¿nos daría algo con qué abrirla así se la mostramos?
P2: No tengo.
Buscamos entre nuestras cosas las llaves de casa y procedimos a destrozar el pluribol con la Trabex.
S: ¿Ve que es una escultura?
P2: Esto es una piedra. Funes! ¿Tú qué dices? Aquí está la piedra, mírala!
S: Escúcheme, esto es una escultura que salió mucho dinero, si la rompe, la paga.
P1: ¿Pero qué coño es esto? A ver González, proceda.
S: González, ni se le ocurra romperla!!
P2: ¿Que si esto no es una piedra, entonces qué es?
S: UNA ESCULTURA, respondimos ya un poco hartas y transpiradas.
P2 pasa unos papelitos por todo el contorno de nuestras pertenencias, incluída la piedra...perdón, digo la escultura. Luego los mete en una máquina lectora, que a los gritos dice "negativo".
S: ¿Ve? ¿No le dije que esto es una escultura?
P2: ¡Funes! Qué dió negativo! Esta cosa es una escultura! -Nos mira y pregunta: ¿de qué está hecho esto?
S: De arcilla, que se modela, después pasa por un horno a altas temperaturas, y el resultado es el que usted ve aquí....el de una cosa que parece una piedra, pero no lo es.
P2: Pues no la entiendo!
S: Es que no tiene nada que entender! Es arte!!
P2: Puede irse...
Nuestra conclusión de estos cuarenta y cinco días de viaje, es que las rubias no la pasan mejor, no se levantan más tipos, y también son confundidas con traficantes de drogas.
Que nuestro próximo viaje será a la estepa siberiana, donde no hay que subir y bajar montañas, colinas, castillos y alcázares.
Que España le corresponde a los judíos y a los musulmanes, y que a los que había que echar era a los Reyes Católicos.
Que el año que viene viajamos con lo puesto y vamos comprando valijas en el camino, o en su defecto contrataremos mayordomo como acompañante.
Que las escaleras mecánicas escupen gordas.
Que no hay zapato, zapatilla o chancleta que compense el no haber hecho ejercicio en cinco años.
Que no siempre ser buena es bueno. 
Y que las esperanzas con Shorsh no hay que perderlas mientras el divorcio de Angelina y Brad siga en pie.




jueves, 29 de septiembre de 2016

Andá a Andalucía, Lucía

Tras doce días en Andalucía, todo el resto del viaje, parece haber sido en otra vida.
Llegamos a Sevilla, portando un sillón por las dudas, y nos reencontramos con nuestras compañeras de congreso y joda, Mirtha y Viveca. Graciadió!! Ya no tendríamos que comer solas mirando al techo o jugando al Candy Crush (¿será por eso que no conseguimos novio?), y además podríamos pedir todas las tapas que nos estaban vedadas, por ser porciones para dos. Aunque nosotras seamos tres en una, pa comé se ve que tenemos una sola boca. Menos mal.
Si Córdoba nos había gustado, Sevilla, nos encantó. Al principio estábamos un poco temerosas, porque nuestro GPS apuntaba la flechita para cualquier lado, y a cada vuelta de esquina nos perdíamos. Al rato le tomamos la mano. Si nuestro instinto decía que había que doblar a la derecha, entonces lo hacíamos hacia la izquierda, y así nos asegurábamos de llegar a destino.
Entrenadas desde Israel y Portugal, supusimos que subir a La Giralda, iba a ser papita pa´l loro. Craso error. Si bien la subida es en rampa, son algo así como 35 pisos. Nota mental...esto es algo que nos llama la atención...en casa no te caminamos cuatro cuadras, en Europa sacamos los bofes subiendo y bajando y no te decimos ni mu...¿Será cuestión de vivir en el viejo continente o de dejarnos de joder en Argentina? Nos inclinamos por lo primero, aunque sabemos que nos toca lo segundo.
Los andaluces en general son muy simpáticos, pero se llevan las palmas los sevillanos. Los taxistas sevillanos para ser más precisas. Nos quedaríamos a vivir acá, sólo porque tienen los únicos taxistas buena onda del mundo. El último que tomamos, nos relató una pelea conyugal por un pulpo que había pescado y su señora arruinó. "Que le llevé un pulpo de un metro majomeno, y le dije, María, haz con esto un pulpito a la gallega. Que mire usté seora, que cuando llegué y lo ví, que casi me muero!!  Le digo, María ¿que tu has hecho con esto?, coño! E´incomible! Que te hice el pulpo a la gallega como la hace mi mare. Pue que tu mare que ni tu mare, joder y me cago en la puta mare coño! ¡¿"Pue dígame usté, seora, qué cuánto hay que sabé cociná pa´hacé un pulpo a la gallega?! "
Casi le respondemos a mal puerto fuiste a parar, que no te cocinamos bien ni un huevo frito, pero sólo reímos.
Así partimos de Sevilla, para llegar a Granada.
No entendemos todavía, de dónde sacamos fuerzas a esta altura, para cargar las valijas en el bondi. Charles Atlas al lado nuestro, un poroto. Esta vez tuvimos la suerte de conocer un jóven argentino, que con la promesa de acercarlo en taxi hasta el centro, nos hizo de changarín hasta el hotel.
Bienaventurados los que viajan de mochileros, porque de ellos será el reino de Soysola.  Lástima que lo conocimos en el último tramo del viaje, que si no, por unos euros lo contratábamos de mayordomo.
Granada...eso que canta Plácido Domingo, es cierto a medias. Lo de la tierra bañada de sangre y de sol, es verdad, pero lo de lindas mujeres...no sé dónde están. Se quedaron en Sevilla, que son hermosas.
Subimos a La Alhambra, la recorrimos enterita, y al bajar, le preguntamos a un policía qué camino tomar para ir caminando hasta el Albaycín. ¿Caminando? nos respondió con los ojos como el dos de oros de las barajas españolas..¡Pue que es lejísimo pa ir a pie!
Para hacerla corta, eran veinte minutos...ahí caímos en la cuenta que en cada lugar de España que preguntamos si algún sitio quedaba lejos y nos dijeron pffff, lejísimos, finalmente quedaba a tres o cuatro cuadras. Con lo que inferimos, que los españoles son más culo pesado que nosotras.
Hoy fuimos a Las Alpujarras. No nos pidan la definición exacta, porque a duras penas si pudimos pronunciarlo. Pero vienen a ser los pueblos blancos que hay en la Sierra Nevada de Granada.¿Querés irte a la punta de la montaña? Andate a las Alpujarras.
Nos compraríamos una quintita en alguno de esos pueblitos que se detuvieron en el tiempo pero tienen señal de internet. Lástima que quedan en el borde del precipicio, y nosotras te somos un poco cagonas y tenemos vértigo.
De este recorrido por la Madre Patria, sacamos una conclusión. El pueblo musulmán debe dejar de pedir los territorios de Gaza, y reclamar los de Andalucía, que al fin de cuentas esto era todo de los moros hasta que los rajó la Iglesia.
Ya en la recta final del viaje, andamos extrañando un poco. Queremos quejarnos de nuestra madre, de la casa, del país, del clima y porqué no, de los hombres...
Hace mucho que no queremos nada, y ya es hora. Con esto de que Brad y Angelina se separaron, se renovaron nuestras esperanzas de que Shorsh se pelee con Almohadina.
Eso pedimos. Nada más. Bah, una sola cosa más...
Que nuestro próximo destino sea una llanura.



jueves, 22 de septiembre de 2016

Feliz cumplemes

Hoy cumplimos un mes de viaje. No vamos a soplar las velitas porque estamos un poco cansadas. Además no hay vela que soplar...
Tras una semana intensa de congreso en Barcelona, en la que nos hemos empachado de cerámica, Miró y Gaudí, decidimos que la arcilla no es lo nuestro...Chiste!¡Qué susto eh!
Nuestros días transcurrieron escuchando más catalán que castellano, y mezclando el inglés con el italiano. Descubrimos que no somos políglotas como siempre nos empecinamos en hacerle creer a todo el mundo, incluídas nosotras mismas. 
Esto de tanto viajar por países de habla no hispana, ha terminado por anular la única neurona en donde se acumulaba nuestro saber. O nuestro creer saber. Porque si hay algo de lo que ahora no estamos seguras, es que somos capaces de hablar algún idioma más allá de un balbuceo incomprensible. Nunca entendimos eso del "idioma materno". ¿Es que el paterno no cuenta? ¿Acaso mamá y papá vivían en países diferentes cuando nos engendraron? 
Retomemos el congreso que nos fuimos por la alameda.
Los catalanes son un pueblo especial. Empezando por los nombres. Ninguno termina. Todos se quedan por la mitad. Claudi, Jordi,Adriá, Enric, Ferran y sigue la lista. Eso sí, con el congreso no se quedaron por la mitad. Nos lo hicieron completito. Organizado milimétricamente, hasta que llegaron los ceramistas. No te calcularon que la etnia "ceramic artist" somos un poco dispersos.
Entre que íbamos reconociendo amigos del Facebook, a los que veíamos cara a cara por primera vez, mirábamos las revistas, hacíamos sociales, mostrábamos nuestra obra, intercambiábamos tarjetas, y seguíamos charlando, les cagábamos toda la grilla.
Así fue como llegamos tarde a todos los eventos. Si no era porque alguien se equivocaba de micro, o llegaba fuera de hora, era porque teníamos que parar en la ruta (de ahí el nombre que nos pusieron de "Las meonas"). O porque a una señora mayor de 80, le faltaba potasio y andábamos a la búsqueda de bananas. En España te hay mucho pescau pero poca banana, diría Inodoro Pereyra...
Aprendimos muchas más cosas en esta semana en Barcelona. A saber: que los catalanes están podridos de Gaudí, sus mosáicos y los turistas, que no te hablan en español a menos que sea muy necesario, que hay una turronería Vinces a cada paso, lo mismo con Desigual y que amamos comer pulpo aunque nos impresionen los tentáculos. Bueno, esto último lo aprendimos en Portugal.
Adeu Catalunya y hola Andalucía!
Llegamos a Córdoba, aterrorizadas de caernos al bajar del tren, ya que cargábamos encima con 9348 kg de catálogos, libros, tarjetitas, folletos, y demás etcéteras acumulados en el congreso.
Tomamos taxi y para nuestra sorpresa, los taxistas cordobeses son simpáticos! Evidentemente, en la época de la conquista, todos los andaluces expulsados por la Inquisición fueron a parar a nuestra Córdoba, y en Buenos Aires nos quedamos con el humor de los gallegos.
Preciosa Córdoba. Como era de esperarse de nosotras, porque las tres somos judías, caímos en un hotel en la Judería. Sólo porque extrañamos como en Israel, estar rodeada de paisanos. Sospechamos que acá somos las únicas....
Esta maravilla que tienen los españoles de conservar su patrimonio histórico, no es bueno para nuestra salud. Mucho adoquín y piedra irregular. Ya nos tropezamos varias veces.
Un punto aparte, y más en serio, es pensar en la buena convivencia que había en el 1400 entre judíos y musulmanes, en estos lares, que vinieron a cagar los católicos con la puta inquisición. Como nos dijera un sabio español que conocimos en el camino "perdóneme, pero ya le digo yo a mi mujé, que con todo el dinero que tiene el Vaticano, podrían acabá con el hambre en el mundo. Pero que ellos quieren tener el poder y embrutecé a la gente! Me cago en la santa iglesia y la putísima ma(d)re que loh parió! Perdone usté!" No tenemos nada que perdonarle muy señor nuestro, pensamos lo mismo pero de todas las religiones.
Ya nos caen bien los andaluces...
Marchamos a Málaga a pasear por el día, no queriendo ver nada de cerámica, y sólo disfrutar del encanto malagueño y de una madre que le hablaba a su hijo: "Jesú, sar de ahí que te digo! Jesú, ven pa´quí que te digo! Jesú, sar de ahí, Jesú, ven pa´quí! " Y así sucesivamente, cosa que nos hizo concatenar con la conversación anterior y llegar a la conclusión que este pobre santo, también preferiría la crucifixión, antes que seguir escuchando a su madre.
Ahora a Sevilla, donde más que perder la silla, pretendemos apoyar el culo un rato.
Y olé!


jueves, 15 de septiembre de 2016

Escaleras al cielo

Dejamos Sintra, la ciudad de cuento de hadas y nos dirigimos a Oporto.
Desde el vamos arrancamos mal. Preguntamos cuatrocientas cuarenta y ocho veces, si el tren desde Sete Rios nos llevaba sin escalas a Porto. Cuatrocientas cuarenta y ocho veces nos dijeron que sí.
Bueno...no, no nos llevaba.  Cargadas con un bloque de cemento, que a esas alturas ya era nuestra valija, montamos y desmontamos tres veces más en los comboios. Puteamos mucho al simpatiquísimo chico de la recepción del hotel.
Llegamos a la estación de Porto Campanha, y cuál equecos, logramos bajar del tren. Pantallazo de la situación: valija mediana adentro de valija grande, mochila por detrás con 35kg, mochila por delante con 15 kgs , ya estábamos poco equilibradas, y bolsa eco, onda supermercado Disco, con todas las pelotudeces que nos olvidamos de guardar a último momento. Sep. No nos olvidamos la cabeza, porque la tenemos pegada al tujes.
Marchamos hacia las escaleras mecánicas para bajar a buscar un taxi, nosotras primero y la valija después, como corresponde. Pasamos las soysolas todas juntas, y hete aquí que la muy hija de puta de la valija, decide quedarse trabada ahí arriba en la entrada.
Como si un vaquero nos hubiese enlazado cuál ganado en el rodeo, nuestro brazo quedó agarrado de la maleta, y nuestro agraciado cuerpo, cayó de culo y codo en la Naranja Mecánica.
Mientras esa escalera endiablada nos arrastraba, una señora intentaba ayudar a levantarnos. Já! El Titanic ya estaba hundido.
Toda nuestra vida pasó delante de nuestros ojos en dos segundos, mientras pensábamos: "esta puta escalera nos va a amputar un pie... nos rompimos un brazo...nos reventamos la rodilla... seguro que si la máquina no nos traga nos vamos a morir de un ACV...¿se nos habrá visto la bombacha? ¿cuál nos habremos puesto?"
No muy delicadamente la escalera nos expulsó. Se ve que no come gordas. Logramos incorporarnos con la ayuda de dos personas, imágen patética si las hay, algo aturdidas y en estado de shock.
Arriba, un señor sostenía nuestra valija mientras la escalera seguía andando. Apenas nos levantamos, escuchamos gritos ,desde lo que parecían stairways to heaven, y vemos a nuestra valija salir eyectada cual saeta de Guillermo Tell, directo hacia nosotras, y ...¡Strike! nos voltea como palos de bowling. Vuelta a caer al piso y hacernos mierda lo poco que nos quedaba sano. Mientras todos nos hablaban en portugués, nosotras respondíamos en castellano: "estamos bien las treinta y tres en el refugio. No, no llamen a un médico, si nos rompimos algo ya nos vamos a enterar en un rato. No, moito obrigada, ya está, ahora llegamos al hotel nos tomamos un Rivotril y listo..."
Digamos que la sacamos barata. Un codo lastimado e inflamado, una rodilla ensangrentada, un culo estampado con las rayas de los escalones metálicos, un julepe de aquellos y el orgullo herido.
Ergo, el primer día en la bella Porto, lo pasamos con hielo en el codo y apenas si dimos una vuelta para reconocer el territorio enemigo.
Al día siguiente, ya más compuestas, salimos a pasear. Llegada la hora del almuerzo, nos sentamos a comer un pulpito recién muertito. Polvo le dicen al pulpo los portugueses...Deben ser devotos del antiguo testamento...del polvo venimos y al polvo vamos...porque así lo dejamos al pobre octópodo.
Seguimos paseando y viendo cerámicas, azulejos y más azulejos. Catamos oporto, compramos oporto, y finalmente nos encariñamos un poco con el bello río Duero y la ciudad que casi nos mata.
Contentas de irnos a Barcelona y poder hablar en castellano, nos tomamos un low cost de Vueling, rezando para que el piloto no hiciera lo mismo que el de GermanWings.
Ya empezamos a darnos cuenta cómo viajar sin tener que empastillarnos. Habíamos dicho primero, el  horario de madrugada saca el pánico, y ahora encontramos que estar hechas mierda físicamente, nos hace querer subirnos a un avión antes que tener que bajar por otra escalera mecánica de una estación.
Aterrizamos sanas y salvas en Catalunya, para descubrir, que en cuatro años se quintuplicó la cantidad de gente que habla en catalán. Para encontrar alguno que nos hable en castellano, tenemos que llamar a casa para hablar con nuestro contestador.
Así que aquí seguimos parlando un po d´italiano, english, francés, portugués, castellano cordobés y jeringozo, mientras intentamos aprender a hablar en catalán: No hem trobat cap paraula que coincideixi exactament de donar per cul.



jueves, 8 de septiembre de 2016

De Portugal al Everest

Nuestra primera impresión de Portugal fue: la amamos, el hotel tiene bidé. No podemos entender los países que no tienen ése accesorio en el baño. fundamental para la vida.
Empezamos bien.
Así como en Israel no parábamos de mirar a la gente y pensar, son todos judíos, en este país, no dejamos de decir cerámica, cerámica, cerámica. Hacia dónde miremos hay azulejos. Esos que acá observamos con admiración, y en casa de la abuela le decíamos, sacá esa porquería que ya está vieja.
Pero no por nada crecemos y aprendemos a amar las antigüedades. Bueno, por ahora, los objetos antiguos, porque las antigüedades de carne y hueso todavía no nos gustan. Nos hemos dado cuenta que cada vez miramos tipos más pendejos. Y los miramos con nostalgia pensando ¡quién tuviera edad! Porque si a una conclusión (temprana) hemos llegado en este viaje, es que los turistas están catalogados en dos tipos. Los Under Fifty y los Over Fifty. O sea, la generación 3.0 y la 6.0. La 5.0 anda escaseando, o vienen con una 2.0.
Ya volveremos al tema.
Retomemos Lisboa. Un hotel inmejorable desde todo punto de vista. Ubicación, atención, comodidad, detalles....Tantos detalles tenía el baño, jabones, cremas, gorras, necessaire, toallas para todas las partes del cuerpo, anche la que estás pensando, pantuflas, abanico de cortesía, que cuando encontramos la esponja, pensamos, ¡qué grosos los de este hotel!¡Te ponen esponja y todo!
Así que procedimos a bañarnos muy contentas, para salir de la bañera, ponernos los anteojos y darnos cuenta que nos habíamos enjabonado todo el cuerpo con la esponja para lustrar zapatos. ¿Pero quién nos quita lo bailado, eh?
Lisboa es bellísima. Un poco sucia, pero bella. Los portugueses son muy amables e hicimos un descubrimiento. Veníamos sabidas de que el portugués de Portugal no se parecía ni remotamente al portugués de Brasil. Pero, hete aquí que lo que descubrimos es porqué Portugal se llama así. Es la combinación de portugués y gallego. Portu-Gal. Si prestan atención, se darán cuenta que tenemos razón, que todos hablan un mejunje de gallego y portugués.
Nosotras notamos que nuestro lenguaje mutó. Ya no hablamos ni castellano ni portuñol. Nuestras frases se conforman de la siguiente manera: Bom día, ehhh, usted falha español?¿ inglés? Sta bom, ninguein. So, I need to sacar un billete para el comboio. ¿Cuándo sale? Y de dove? Merci ,gracias y moito brigada. Se dici obrigado u obrigada? Ahhh, según si son mujer u homen. Non capisco nada....
Estamos olvidando el castellano y nos preocupa. Somos como una especie de camaleón. Nos mimetizamos con el local y el extranjero.
Si pensábamos que Buenos Aires era la capital mundial de bares y restaurantes por cm2, no seores, en Lisboa, tenés uno al lado del otro y en dúplex. Y má que bife de chorizo ni bife de chorizo! Vivan las gambas al ajillo, el bacalao al forno y el pastel de belém! Después de haber visitado el oceanario y concientizarnos de la desicticolización de los mares, nos dio un poco de cosita morfarnos unos bichos de mar , pero el veganismo se nos pasó cuando nos trajeron los platos.
Si un consejo tenemos para darles a los que quieran visitar este hermoso país, es, vengan antes de cumplir 50. Acá todo es cuesta arriba literalmente. Y si ya los pasaron, traigan bastones.
Así como en casa, nos peleábamos con los vecinos conservacionistas del empedrado de Belgrano, acá no decimos ni mu.
Cargadas como mulas, llegamos a Sintra. Un lugar de ensueño. Es una mezcla de Colonia del Sacramento y Salzburgo, pero de acá. No debe tener más de 10 km2, con toda la furia. Pero esos 10 km son toditos para arriba. Si te gusta hacer step, este es tu lugar.  Subimos a la Quinta da Regaleira, al Castelho dos Mouros y al Palacio da Pena. Todos bellísimos. Unos jardines impresionantes, unas vistas de locura, pero se quedaron con nuestros pulmones.
Subimos a lo mas alto de la Quinta da Regaleira, nos trepamos a las murallas del castelho dos mouros, del que casi volamos al precipicio, por el viento que había, y por último, nos fuimos a visitar el Palacio da Pena, al que llegamos en bondi. Nos dejaron en la entrada y nos ofrecían subir en un pequeño tranvía. ¿Qué? dijimos nosotras. Ni en pedo. ¡Ya llegamos hasta acá entrenadas! Si la señora OF (over fifty) está subiendo, ¿cómo no vamos a subir nosotras? Son 525 metros nada más hasta la puerta del palacio...Lo que nadie te avisa, es que esos 525 mts son a lo que al Everest 2800 mts.
A medida que íbamos subiendo, veíamos a los UF (under fifty) resoplar, a los OF pedir que los maten, y nosotras llegamos apunadas y con tubo de oxígeno en mano. Eso es hasta la puerta. Todavía nos faltaba subir al castillo!! Resistimos estoicas y lo hicimos...pero hablar, recién pudimos hacerlo a los 20 minutos.
Suponíamos que en este viaje íbamos a bajar de peso...nop...subís, comés, bajás, comés, caminás, comés, y no comés minetras dormís, pero soñás con mariscos.
Ya mañana partimos para Porto, donde no sabemos si también tendremos que escalar montañas hasta para ir al baño, pero lo que sí sabemos es que no nos pondremos en pedo, porque el Oporto no nos gusta.





sábado, 3 de septiembre de 2016

Quetren quetren

Se nos terminó la estadía en Oyveylandia, en dónde no pudimos caminar por la calle sin pensar: este es judío...este es judío... este es judío... todos son judíos y ninguno nos mira! Maldito karma...
Tenemos que volver, sólo para no dar el brazo a torcer.
Dos y media de la madrugada nos pasa a buscar un taxista judío para llevarnos al aeropuerto en donde el 99% son judíos. Estamos en la gloria...no nos habla...y tampoco nos grita.
Cinco treina y cinco en punto, subimos al avión de matrimonio mixto, Iberia/El-Al, y debemos haber despegado en algún momento, pero no nos acordamos.
Encontramos la cura milagrosa para nuestro pánico a volar. Tenemos que viajar en horarios exóticos tipo cinco de la mañana, con 2 mg de Rivotril, y ¡santo remedio! Fue subir, sentarnos, y quedarnos totalmente dormidas, sin placa anti-bruxismo, tapones en los oídos ni antifaz para no ver. ¡Y tampoco rezamos la oración del viajero! Sacrilegio, pero llegamos vivas.
Aterrizamos en Barajas y teníamos boleto de tren/hotel para ir a Lisboa. Nos fuimos hasta la estación de Chamartín, a dejar las valijas en el locker y salir a pasear.  Bueno, pasear...lo que se dice pasear, no llegamos...dimos unas vueltas por la zona, ya que la pasta todavía hacía efecto sobre nuestro intelecto, así que decidimos hacer la gran Tom Hanks, y quedarnos en la terminal hasta la salida del tren.
Las dos primeras horas pasaron rápido, o más o menos. Estábamos entretenidas entrando a todos los negocios de la estación. Las subsiguientes dos horas y media, ya entramos a ponernos de mal humor, pensando cómo carajo hizo Tom para vivir en el aeropuerto. Nosotras no te apoyamos el culo en un baño público ni con Ayudín en la mano. Menos te íbamos a dormir, con el señor que estaba sentado enfrente mirándonos onda buitre carroñero, a la espera de que cerráramos los ojos para adueñarse de nuestros Sugus.
Finalmente abordamos el tren, carroza 23, camarote 55...o eso creíamos. Llegamos a la puerta y vemos: 55/51. Abrimos la puerta y ¡oh surprise! eran camas cuchetas. La cuestión es que la nuestra era la 55, y la 51 supuestamente de alguien más. Obviamente, y como no podía ser de otra manera, la 55 era la de arriba. Imaginate nuestra cara...Alguien que nos explique cómo hacemos para subir toda nuestra humanidad hasta ahí arriba. Por suerte los vecinos de camarote nos explicaron que no podían poner a nadie que no fuese familiar para compartirlo. ¡Menos mal! Estábamos yo, mi otro yo y el otro yo de mi otro yo...uno más no cabía, y como estaba la familia completa, nos acostamos abajo.
Buscamos el baño, y nos damos cuenta que non hay. ¿Dónde querés que pishemos? ¿Por la ventanilla? Eso sí, teníamos pileta para lavarnos el tujes, pero el baño estaba al final del vagón.
Si alguien vio Orange is the new black, digamos que el cubículo en donde teníamos que dormir, era lo más parecido a una cárcel de máxima seguridad. Éramos propiamente Piper Chapman.
La mal llamada cama, tenía una frazada que parecía un trapo de piso Media Naranja, de los grises. Por ende, pusimos prolijamente sobre la cama un pañuelo, y nos acostamos vestidas. Ni en pedo en camisón.
A las 2.30 a.m ya estábamos un tanto entumecidas de dormir casi sin movernos, no vaya a ser cosa que sin querer toquemos esa frazada de estopa. Nos levantamos para ir al baño, y encontramos a nuestros vecinos haciendo cola para mear. La madre en camisón, el muchacho en piyama y medias. ¿Adentro del baño todo meado por el tren entero, en medias??? Se ve que nosotras no tenemos mucho campamento.
Tras nueve horas de un traqueteo intolerable, en el que el tren directo, paró en cuarenta y ocho estaciones, no sabemos para qué, llegamos a Lisboa.
Nota mental para el gobierno portugués: ni un mísero control aduanero. Podríamos haber pasado con treinta y ocho misiles que nadie se enteraba.
Y aquí estamos, en Lishboa, en donde no existe el portuñol, pero te saben el resto de los idiomas.


lunes, 29 de agosto de 2016

Shalom, shekel, shlemazl


Tras nuestro breve paso por Jerusalém, donde aprendimos de religión, política y falafel, llegamos a la conclusión de que no es nuestro lugar en el mundo, por más posibilidades de enganchar un judío que haya.
Hermosa ciudad, de un calor seco intolerable, todo olivos y arena, pura piedra beige monocromática pero llena de misticismo. Tanto nos impactó el aire de religiosidad que se respira, que llegamos hasta el Muro de los Lamentos, apoyamos nuestra frente y le rezamos a Dios: "Baruj atá Adonai, no te pedimos mucho, sólo hacé que Shorsh deje a la mujer y nos encuentre".
Para ser honestas, no creemos que nos haya dado mucha bola, porque había otras mujeres pidiendo cosas un poco más relevantes que la nuestra. Pero, perdido por perdido, quién te dice...¿eh?
Luego subimos al Monte de los Olivos, en donde Jesús fue traicionado por Judas. El famoso beso de Judas...y nos imaginamos la última cena, la de Pesaj, en la que mucho más que aceitunas no debía haber, ya que en esas épocas el monte era una especie de bosque de Sherwood, pero lleno de olivos.
Fuimos bajando, con nuestro guía Allan, judío escocés (cosa rara si las hay) bajo el sol del desierto, por todas las iglesias que no eran iglesias, sino templos y mezquitas, porque A.C, nadie sabía lo que era una iglesia. Nos imaginamos todo el relato bíblico y hasta lo creímos. Luego seguimos bajando por el costado del cementerio judío, que está todito puesto frente a la ciudad vieja, para que cuando llegue el Mesías, todos los muertos se levanten y entren a la Tierra Prometida...O algo así.
Igual nos dio un poquito de miedito imaginarnos la escena de los esqueletos caminando hacia Jerusalém. Aunque nos quedamos pensando...nosotros, los judíos de la diáspora, ¿cómo vamos a llegar ahí? ¿En Iberia o El-Al?
Como notarán, nos imbuye el espíritu religioso. Más allá de cualquier chascarrillo que podamos hacer, Jerusalém vale la pena y volveríamos.
Viernes y debíamos partir hacia Ashdod a ver a nuestra querida amiga Keitty. Encargamos a la recepcionista que nos pida un taxi que nos lleve al Retiro israelí. A los diez minutos nos dice: "su taxi las está esperando afuera". Salimos. Primera mala señal, el taxista ni se acerca a ayudarnos con las valijas. Segunda mala señal, nos empieza a gritar: "dónde estaban? Hace quince minutos que las estoy esperando? Están locas? No tengo dónde parar tanto tiempo...fifteen minutes, fifteen minutes! Oy vey, oy vey!!"
Nuestra primera reacción fue de estupor seguido de pánico. Empezamos a balbucear sin saber muy bien qué decir. Pero reaccionamos rápidamente porque tres días en Israel, son tres días en los que aprendés mucho. Y ahí nomás, y sin subtítulos le empezamos a decir: "¿nos estás jodiendo? ¿Qué carajo nos importa que nos hayas tenido que esperar? ¿Acaso no te vamos a pagar?" Obviamente, todo esto en español, porque nosotras de hebreo, nada.
Finalmente nos tira en la estación, sin decirnos chau. Comprobamos una vez más, que los taxistas del mundo se han unido en contra nuestra.Debe haber un identikit con nuestra cara en todas las paradas de taxis del planeta.
Bueno. Intentamos entrar a la Tajanat Mercazit y nos frenan dos pibes y una mina, que como si intuyeran que no entendemos un carajo el idioma, nos empiezan a hablar en hebreo. Sospechamos que creían que éramos terroristas porque nos señalaban nuestra mochila. Finalmente nos dimos cuenta que debíamos entrar por otra puerta para escanear el equipaje.
Llegamos a Ashdod, pensando que al tener playa, el clima iba a mejorar. Hete aquí que no. Es el Sahara con playa. Hermosa playa, pero una calor que casi nos desmayamos.
Bello reencuentro con nuestra amiga a la que no veíamos hacía dieciséis años y salimos a caminar por la costanera a la noche. Menos mal que era shabat y sólo había tres personas en la calle. Dos de ellas éramos nosotras, las que tuvieron que vernos meter un pie en un pozo macrista, para aterrizar casi de cara al piso. ¡Traumatólogo a la derecha! diría el Dr. Raúl Alfonsín. Estamos casi seguras que nos reventamos los meniscos, pero no es hora de anda quejándose que todavía nos falta el 90% del viaje.
Próxima estación Tel Aviv. Ciudad!! Mucha gente joven, mucha joda, mucha comida, mucho todo.
Dicen que Tel Aviv es una ciudad gay-friendly, pero descubrimos que en realidad es hetero-friendly porque son los que menos abundan. Si creímos que acá íbamos a conseguir novio, nos equivocamos de lugar. 
Next stop Lisboa. Nos vamos acercando a un idioma un poco más conocido...



martes, 23 de agosto de 2016

La vuelta al mundo en 24 horas

Lunes 9 a.m pasa a buscarnos Daniel, como cada vez que nos vamos de viaje.
N: Daniel, el día está demasiado lindo ¿no será de mal augurio? Siempre viajamos con lluvia...
Daniel mira, y ya no responde...está acostumbrado a nuestras pelotudeces.
Check in y se acerca un chekinero y nos dice ¿le podré cambiar de asiento para que esa pareja se siente junta? ¿Nos van a cambiar de asiento?¿Qué tiene? ¿Está roto? ¿Nos van a dar un asiento roto y vamos a salir eyectadas del avión? ¿Están poniendo en riesgo nuestras vidas para que ése matrimonio de 200 años se siente junto? No, no, no, no, mirá si nos cambian de asiento y el avión se cae, pero la parejita se salva porque estaban en nuestro lugar? Nos están cambiando la cábala!! Y ahora qué hacemos? Nosotras tenemos pánico!
Ante la atónita mirada del personal de Iberia, y con temor a que el resto de la tripulación se negara a despegar con nosotras arriba, nos mandaron directo a business para compensar la angustia.
Así vale la pena angustiarse, y para reforzar la idea, nos clavamos el cuarto Rivotril del día.
Subimos.
En business los asientos son un sofá-cama de plaza y media. Comimos, bebimos, dormidos despatarradas, y escuchamos roncar a nuestro marido de turno, un señor español que vió películas toda la noche y diez minutos antes de aterrizar se durmió como un sapo.
Pero no todas son rosas en la clase superior. Nos dieron un bellísimo necessaire con tutti li fiocchi, pero vaya a saber quién fue el turro que mientras babeábamos dormidas, nos lo afanó, con la funda para la placa antibruxismo y dos tiras de rivotril sublingual adentro. ¡Con lo caro que está el Rivotril!! El avión se movió bastante, pero acostadas en una king size, ¿a quién le importa?
La hacemos corta. Bajamos en Madrid, más dormidas que otra cosa, esperamos cuatro horas y nos volvimos a montar en otro Iberia con destino a la Tierra Prometida.
Llegamos a Tel Aviv sin raya en el tujes, tras 17 horas de vuelo desde que salimos de casa.
Debíamos conseguir traslado hasta Jerusalém y ahí nos dirigimos a la parada de shuttles. Si nosotras nos quejábamos de los tacheros de B.A, aquí encontramos a los peores.
Estos te gritan, pero en hebreo. Y nosotras que te estudiamos doce años, al pedo, no entendemos más que dos palabras de mierda.
Pero descubrimos otra cosa. En Israel todos gritan. Aparentemente tienen un problema crónico de sordera, posiblemente heredado de cuando Moisés nos sacó de Egipto, y al cruzar el Mar Rojo, a más de uno le debe haber entrado agua en los oídos.
Y henos aquí en Jerusalém, con la misma sensación que cuando vinimos a los 17 años...que no somos profetas en nuestra tierra...Más bien, nos sentimos bastante goy.
Fuimos a dar una vuelta para conocer los alrededores, y mientras anochecía, de paso cenamos.
No pregunten qué. No tenemos idea. El plato se llamaba Jerusalem Mix. Lo único que distinguimos fue el pepino. Lo demás nos lo comimos sin preguntar, porque acá la comida coista cara. Creemos que era pollo, con cebolla y algo más que no supimos distinguir, pero que los gatos callejeros supieron devorar agradecidos. Con lo cuál calculamos que era hígado o testículos de algún animal diminuto y kosher.
Mañana empezamos la dieta y la caminata ...y a llorar al Muro de los Lamentos!

lunes, 15 de agosto de 2016

Soysola y los diez mandamientos

Y se viene una nueva aventura en solitario. Soysola se va a la Tierra Prometida.
No sabemos mucho qué es lo que nos promete , pero ahí vamos. Cargadas con bizcochitos de grasa, caramelos Sugus y alfajores para nuestra expatriada amiga Patricia, amén de toda la pasta prescrita por nuestro psiquiatra.
Entramos en la etapa pre viaje, en la cuál todas las fantasías habidas y por haber, ya han cruzado por nuestras cabezas. Yo y mis otros yo, no te paramos de pensar boludeces, a saber: seremos acuchilladas por un terrorista en el Muro de los Lamentos mientras le pedimos a dios que nos mande un novio. Nos perderemos en la ciudad vieja, y seremos confundidas con un fósil en las excavaciones. Bajaremos al Santo Sepulcro y quedaremos atrapadas con un judío convertido en goy. Iremos al Mar Muerto y nos subirá la presión por la cantidad de sal que contiene el agua. Sufriremos un infarto en el avión y de sobrevivir, cómo viviremos el resto de nuestras vidas siendo enfermas cardíacas...etc.
Todo esto, ya le fue expresado a nuestro terapeuta, que nos pidió permiso para citarnos en su próximo libro "Pensamientos intrusivos, anticipación al pedo y los efectos nocivos en los lectores de Soysola". Los ejemplares se venderán con una caja de Rivotril sublingual.
Así que henos aquí, mientras miramos los juegos olímpicos, vamos preparando las valijas. Una con ropa, la otra con medicación psiquiátrica.
Como es costumbre, pasaremos a los pedidos del día, y volveremos a unificar nuestras personalidades en una, porque ya sabemos que te somos egoístas y no compartimos.
He aquí los diez mandamientos.
Quiero ser campeona de salto en largo y con una sola zancada llegar de Buenos Aires a Madrid.
Quiero a la Torre de Tandil, para treparme a su cabeza y decirle, sos el mejor, no dejes que nadie te diga lo contrario.
Quiero un falafel sin sal, un shawarma calentito y un Soysolo israelí picante.
Quiero los cuarenta años en el  desierto de Moisés antes que el paraíso prometido por Donald Trump.
Quiero sacarme una foto montada en un burro blanco en el Monte de los Olivos y decirte soy la Mesías que vino a salvarte de tu soledad.
Quiero creer en lo que no creo, porque creyendo lo que ya creo, creo que no voy a ninguna parte.
Quiero recorrer el mundo con mis pies, antes que tener el mundo en mis manos.
Quiero ser una siempreviva antes que una hiedra venenosa y llenarte de ronchas cuando te me acerques.
Quiero un asado con la costilla de Adán, antes que otra vez sopa.
Y por último después de una sobredosis de olimpíadas, quiero un Usain Bolt, que todavía puede correr hasta alcanzarme antes que a Shorsh que por más que lo busque, sigue sin encontrarme.