jueves, 23 de febrero de 2017

Bye bye Shorsh

Es oficial. Llegó el fin de una era. Shorsh va a ser padre, y de mellizos como para que no quede ninguna duda. Un potz nomás.
Ahora, en vez de disfrutar de la vida con nosotras, se la va a pasar, a la vejez, cambiando pañales y durmiendo tres horas por día. Que se joda por boludo. Él se la pierde.
¡Justo en nuestro mejor momento, que subimos a aviones, disponemos de ganas, guita y grasa (todo con G de Shorsh), el tipo quiere demostrarle al mundo que es fértil!
Toda una carrera de galán tirada a la basura, ya que ahora no vamos a poder evitar pensar en él como el depositario del regurgitar de dos críos, desparramados por su camiseta morley y pantalones de pijama rayados celestes y blancos. Una foto poco erótica si las hay.
No es que queramos tirarle mierda encima porque no nos dió bola, sino que somos realistas.
La vida no es una película. Ni siquiera la de él. ¡Che Shorsh, enterate! Los pibes cagan, mean, lloran, vomitan, duermen cuando vos no querés y cuando querés que se duerman están despiertos. Después crecen, piden cosas, tienen fiebre y mocos, van al colegio y se sacan malas notas, o en su defecto son nerds. Tienen varicela, te rompen tus cosas y tienen piojos. De adolescentes te dan muchos dolores de cabeza, tenés que ponerles límites, te pelean, pasás a ser el peor padre del mundo, fuman, toman, y a vos sólo te queda preocuparte. Y ya cuando son adultos...bueno...si es que llegás a verlos, porque no nos engañemos, sos un padre añoso, te meten en un geriátrico y se quedan con toda tu guita.
Pero bueno, ahora que vas a ser padre: ¡¡FELICIDADES!! Nosotras sabemos perder con dignidad.




martes, 31 de enero de 2017

In-finito

Tras un prolongado mutismo, volvió Soysola. Y te habla a vos que estás leyendo.
Volvimos, pero no seremos millones. No queremos poblar el mundo con millones de pelotudas creyentes de lo increíble, ateas de ilusiones, resistentes reblandecidas y estúpidas de corazón.
Ahhh, sí, sí, sí! Si te volvemos, lo hacemos reloaded. No nos andamos con chiquitas.
¿Para qué con chiquitas, si nosotras cuando te brindamos, lo hacemos a lo grande? No tenemos medida. Somos el símbolo del infinito...Infinitamente idiotas, infinitamente confiadas, infinitamente pacientes...en definitiva, somos una infinitud de bondades no aprovechables.
Somos tierra fértil para los abrojos, cardos y cactus. Todo lo que lastima.
Así que tras semejante sincericidio, hemos decidido barajar y dar de nuevo. Al mal trago darle apuro, dicen los que saben. Y a los tragos amargos conviene tomarlos con un cortado descafeínado, mitad y mitad, con leche descremada y en jarrito por favor.
No vayan a creer que saben mucho mejor...no...pero se disimula el amargor.
Y mientras tanto vamos planificando,  otra vez, nuestra vida en solitario.
Se vienen emociones fuertes. Amores de esos que son indestructibles. Felicidades ajenas que son nuestras, porque las vimos nacer, crecer y convertirse en seres increíbles. Y damos la vida por ellas, porque son lo único por lo que vale la pena vivir y morir.
Se aproximan viajes, trabajos, amaneceres y vida. Porque ante todo, Soysola será una eterna creyente de las utopías. Como decía Galeano :"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar".
Soysola avanza, lentamente, pero a paso firme. Y siempre queriendo...
Quiero ser la sangre fría que corre por tus venas, a la mía, que de tan caliente quema.
Quiero Capri en septiembre, Pompeya en octubre y más allá la inundación.
Quiero ser parte de un todo que no por todo deja de ser la nada misma.
Quiero sentir el viento entre mis dedos, a que se escurran las palabras en un mar de mentiras.
Quiero el verde esperanza, a la negrura de tus ojos impávidos.
Quiero una caja de pañuelos de papel, para ir secando una a una las lágrimas que no pienso derramar.
Quiero guardar sin llave el corazón que perdí.
Quiero, siempre quiero, porque si no quisiera más, estaría absolutamente perdida en la conformidad.



martes, 10 de enero de 2017

¿Bella o vello?

Cinco míseros días de vacaciones y te tenés que depilar.
Vas confiadísima al mismo lugar de siempre y le decís: sacame todos los pelos que encuentres.
Y la torturadora, perdón, la depiladora, se lo toma al pie de la letra.
¿Qué se va a hacer? te pregunta.
Cavado, axilas, media pierna y tira de cola, deslizás tímidamente. Desvestite, te dice, tomando confianza, ya que te va a ver el upite.
Y ahí nomás arremete. Te abre como a un pollo que van a adobar, y te empieza a pasar la cera. 40 grados a la sombra y la mina no prende el ventilador. Tu piel sobrepasa los 36.6 de temperatura, y al contacto con la cera, te sentís como un lechón al asador.
Está un poquito caliente, te animás a decirle. Enciende el aire, y rezás para que no te agarre una pulmonía.
Y como todas las torturadoras del método español, que seguramente fueron adiestradas por Franco (perdón otra vez, depiladoras), ataca varias de tus partes al mismo tiempo. Y ahí estás vos, tendida en una camilla , con ambos brazos hacia arriba, una pierna flexionada y la otra extendida. Y te unta. Te unta por dentro y por fuera. Y sin mediar palabra, vos, que esperás el tirón de una sola vez, no, la muy hija de puta, va tironeando despacito, despacito, como si se deleitara con tu sufrimiento.
De golpe sentís que algo hirviendo y espeso te tapa la uretra, y gritás: ojo! No me depiles tanto!
¿Pero no me dijiste cavado profundo? te espeta cuál serpiente venenosa.
Noooo, te espantás vos, yo quería cavado común, no el de vedette. Pero ya es tarde. Para cuando te mirás, sos Silvia Süller en sus peores épocas.
Humillada y pelada, te das vuelta porque te toca la parte de atrás. Te arrepentís de haber pedido tira de cola, porque como viene la mano, seguramente la yegua, te va a sacar las hemorroides para afuera.
Pasa una, pasa dos, pasa tres veces, y tu piel, deja de ser un terso culo de cincuentona, para ser uno al rojo vivo como el del mandril.
Una vez listo el chicken, te alegrás de haberte llevado puesto un vestido, y no tener que calzarte un jean, porque te arde hasta el colon. Lo peor es después, que tras la tortura, viene la dolorosa. Tenés que pagar seiscientos mangos.
La pregunta del millón, es, para qué cornos te sacás hasta el último vello de tu cuerpo, si la malla enteriza que te llevás, no sólo te tapa todo el OGT sino, que llega más o menos a media pierna, como las de principio de siglo pasado.
Todo sea por la salud visual de los veraneantes.




viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Papá Noel se fue, y con él se va otro año. Uno en el que el segundo semestre parece no haber llegado jamás, ¿o es que hemos vivido el primer semestre más largo de todos los tiempos?
Mauri parece no saber cuántos meses tiene un semestre y quizás sus promesas de mejoría vengan en en el segundo semestre del próximo año bisiesto. Pero bueno, no vamos a hablar de política, porque ésa nunca fue la preocupación de Soysola.
Nuestra preocupación, como todos saben, es ver cómo carajo hacemos para encontrar a Shorsh. No perdemos las esperanzas de convertirnos en los Brangelina del subdesarrollo, o sea los Shorshabeth.
Ya sabemos, suena a jabón en polvo. ¡Una medida de Shorshabeth rinde veinte lavados de tujes! ¡Compre ya o calle para siempre!
No importa cuánto intenten nuestras amigas en convencernos de que el tipo es gay, que el matrimonio es sólo una pantalla, que el pibe no nos merece, que se parece a Pocho la Pantera (Z`L), etc, nosotras lo seguimos amando como el primer día. Y sí...te somos persistentes para los imposibles y las boludeces.
Seguiremos yirando por el mundo a ver si lo encontramos. Por lo pronto, ya estamos planificando un nuevo tour por el Lago di Como, con la excusa de comprar pañuelos de seda.
Entonces, aprovechando que estamos a la vera del 2017, procederemos a los pedidos que habitualmente se hacen en estas fechas. A estas alturas nos parece redundante decir, que al momento de pedir, nos unificamos y lo hacemos a título personal.
Quiero El Beso de Klimt, La Maja desnuda, Las Tres Gracias de Rubens, a ser el cadáver inerte de la Lección de Anatomía.
Quiero un tren delantero, un cuarto trasero, y una quinta de cambio en el principado de Mónaco.
Quiero un refractómetro, si supiera para qué sirve, a uno más rápido que la luz, si no me sirve de nada.
Quiero un petit hotel en el culo del mundo, para aposentar mi ídem, y escaparme por un rato de tanta soledad.
Quiero la vuelta al mundo en 564 días, porque ya comprobé que en 80 me canso mucho.
Quiero ser Maggie Simpson para ser eternamente niña, y no ser Oaky, que era un viejo con pañales.
Quiero un no te aseguro de por vida, a una vida asegurada en la mentira.
Quiero un pasaje en el furgón de cola, para escaparme a verte sin que nadie se entere.
Quiero que quieras, como nunca antes quisiste, aferrarte a esta vida, sólo por el hecho de que yo estoy en ella.
Quiero un lamento boliviano, un rojaijú guaraní, un sapucay correntino, al grito desgarrador de mi corazón herido.
Quiero un año nuevo, mi vida vieja y un montón de días en blanco para llenarlos de sueños.
Feliz 2017.





viernes, 23 de diciembre de 2016

Quereres de fin de año

Y como todos los años, llega Papá Noel, y con él, el putísimo mes de diciembre acaba.
A nosotras no nos trae nada. Más bien nos lleva. Se nos lleva un año más...como si nos sobraran...
No nos gusta hacer el balance anual, pero lo haremos porque es lo que el contador nos pide.
Hemos padecido, hemos disfrutado, hemos bailado, hemos viajado, nos hemos caído, nos hemos levantado. Volvimos a viajar, hemos vuelto a caer y casi casi que no repuntamos más, pero aquí estamos, erguidas, estoicas, mirando de frente hacia un futuro incierto.
Lo único cierto de lo que vendrá, es que cumpliremos cincuenta y un años. ¡Qué lo tiró de las patas! Medio siglo más uno. O sea, vendríamos a ser como el peronismo o Boca Juniors, la mitad más uno.
Acercándonos a la Navidá, Añonuevo, Reyes y nuestro cumpleaños, nos ataca la compulsión por pedir. Como dice doña Raquel, para pedir, pedí en grande; el no, ya lo tenés asegurado. Así que a sabiendas de que Papánuel no nos dejará regalitos, acá va la lista de deseos para el 2017.
Quiero la edad de piedra a un camino de ripio. Mis suelas ya están gastadas y no soportarían otro agujero.
Quiero una casa en Andalucía, un patio portugués, un balcón italiano y un ascensor parisino que me lleve hasta la cúpula de tu cabeza, para poder ver un panorama completo de tus pensamientos.
Quiero la satisfacción del deber cumplido, a la desazón del no me acuerdo.
Quiero un portaligas negro con moño rojo, a una liga completa de nudos apretados.
Quiero merecer el cielo, porque el infierno ya me lo he ganado.
Quiero escalar el Kilimanjaro, estremecerme ante el silencio del volcán inactivo a ensordecer por el grito de tu corazón herido.
Quiero ser un pollito a la parrilla, a un renacuajo dentro de un charco de agua sucia.
Quiero mis años veinte, treinta y cincuenta. Los cuarenta son para el olvido y los sesenta, seguramente, no los querré.
Quiero lo que nunca quise, porque queriendo lo que quería, he perdido media vida.
Quiero perderme en el laberinto de Creta, tener las alas de Ícaro, y volar cerca de la Luna, que es donde habitualmente moran mis deseos.
Quiero las historias de mi niñez, relatadas por mi padre, a encontrarlo en una lápida que no me dice nada.
Quiero lo que quiero y lo que no, porque así siempre he querido. Unas veces mucho, y otras poco. Quiero porque quiero, porque no me queda otra, porque soy así, quieriente de alma.
Y para no perder la costumbre que había perdido, quiero a Shorsh, porque sin él no sería Soysola, aunque sospecho que con él sería lo mismo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sin turbulencia a la vista

Sábado 3 de diciembre y el cielo encapotado.
Pasa Daniel a buscarnos.
Soysola: Daniel, hay pronóstico de tormenta eléctrica en San Pablo.
Daniel: .....
Ante la negativa de nuestro remisero a respondernos, va whatsapp a psiquiatra.
Sosyola: Pablo, van a caer soretes de punta sobre el avión cuando yo esté arriba...¿se va a estrellar?¿Me voy a morir?¿Qué hago?
Pablo: No va a pasar nada. Yo viajé mil veces a Brasil con tormenta y acá estoy.
Soysola: Vos tenés la obligación de no morirte porque sos mi terapeuta.
Pablo: Y vos también porque sos mi paciente.
Ante tan contundente afirmación, no nos quedó más remedio que quedarnos en el molde y encomendarnos a la Santísima Trinidad: San Rivotril, San Alplax y San Quetiazic.
Finalmente el servicio meteorológico brasileño, es igual de malo e impreciso que el nuestro. No hubo rayos ni centellas y llegamos todos sanos y salvos.
 Soysola se fue y volvió, volvió y se fue, y entre medio estuvo acompañada.
Mucha cachaça, mucho petisco, amigos entrañables, arte, joda, diversión y samba.
Hemos pasado por la Bienal, por una chácara bellísima, con anfitriones maravilhosos llenos de encantos mil, garroneado frutas exóticas en el Mercado Municipal, y shopeado boludeces varias sin que se nos caiga la cara de vergüenza.
Ubereamos de aquí para allá, y decidimos que de ahora en más, en vez de tomar taxis comunes con tacheros del orto, llamaremos meninos de Uber, a riesgo de ser interceptadas por las bestias locales. Soysola sigue sosteniendo la teoría de que el turismo debería ser un trabajo rentado, o por lo menos debería buscar sponsors que me garpen todo.
Llegamos a Buenos Aires cansadas pero felices, planificando ya nuestro próximo viaje. ¿Perú? ¿Colombia? ¿El Caribe? ¿Las Toninas?...por ahora Juramento nomás.
Pasemos a querer, porque si antes quería, después de este viaje, ni te imaginás todo lo que quiero.
Quiero un Airbus 320 para mí sola, que me lleve y me traiga a gusto y piacere, sin tener que compartir asiento con niños que lloran dos horas cuarenta y cinco minutos seguidos.
Quiero una quinta en Ibiúna, rodeada de paulistas amables, o en su defecto, un terrenito en La Tablada, con vecinos calladitos.
Quiero un ganso salvaje, a un salvaje que sea un ganso.
Quiero entrar y salir, salir y entrar mil veces y quedarme eternamente grabada en tus pupilas.
Quiero una peluca rosada, un par de zapatos rojos, unas medias de red y pavonearme con el culo al aire por las páginas de Memorias de mis putas tristes.
Quiero una voz angelical, un sinfín de palabras de amor, cien escalones y una nota musical para llegar al cielo.
Quiero un bisturí sin filo, para dejarte marcadas mis iniciales en tu alma.
Ya no quiero a Shorsh, porque él no me quiere a mí. Y no sabe lo que se pierde.





domingo, 20 de noviembre de 2016

Quereres

Hace mucho que no quiero, y esto de no querer nada se nos está haciendo costumbre. Una buena costumbre seguramente, porque no hay nada más lindo que no querer nada, necesitando de todo, a querer de todo, no necesitando nada.
Pero como yo no te soy de no querer, así que cuando quiero, quiero de verdad. Quiero esto y aquello, y también quiero a éste y al otro.
Quiero con el corazón en la mano, y un nudo en la garganta.
Quiero aunque no me quieras, porque me nace,  de papanatas que soy, y sé que queriéndome a tu manera, no merecés ni una lágrima mía.
Quiero desandar este camino, para recorrer uno nuevo. Hasta aquí he llegado viva, pero desgarrada.
Quiero un hospital que cure heridas de amor, de locura y de muerte y resucite pasiones olvidadas.
Quiero la fiebre de un sábado por la noche, a la angina de un do de pecho por la mañana.
Quiero un sujeto con predicado, a un predicador sujeto con alfiler de gancho a su fe infinita.
Quiero el humor que perdí hace unos días en alguna parte de Belgrano, y que me lo devuelvan limpito, fresco y desodorizado.
Quiero cien cartuchos de tinta de calamar, a mil balas de goma de borrar.
Quiero el mundo en un pañuelo, a llorar a moco tendido. Quiero la verdad verdadera, a la mentira que es tu vida.
Quiero mi niñez, mi adolescencia y mi juventud atrapadas en una burbuja, a esta madurez que me pincha el globo.
Quiero cantar si su amor fue flor de un día, porque causa es siempre mía esta cruel preocupación.
Quiero enamorarme de mi sombra, y ser el fiel reflejo de Narciso en la laguna, para morir ahogada en tus mentiras, porque de tus verdades ya me desenamoré hace tiempo.
Quiero ser tu fruta prohibida, una hiedra venenosa, una yarará cuzú, un sapo de otro pozo, y hacer de tu vida una aventura, a una tierna y pacífica paloma blanca, que en cualquier momento te caga en la cabeza.
Quiero lo que quiero, como siempre. Quiero sin sentido, y sin razón aparente. Quiero con locura y descaradamente. Porque esto soy yo, un día así y el otro asá, clara y oscura, pero definitivamente esta.

lunes, 17 de octubre de 2016

Insatisfacción garantizada

Once días son suficientes para darnos cuenta que nuestro propósito en la vida es viajar.
No queremos estar acá. Queremos estar allá. Donde allá sea. Sea más allá, un poco más acá, entre medio de allá y acá, pero definitivamente no acá acá.
Esta semana terminaríamos de ver a todos los que nos faltan , incluido nuestro psiquiatra, y ya podríamos irnos de nuevo.
Estando en modo cotidiano, queremos volver al modo viaje. Y como no tenemos nada mejor que hacer por ahora, queremos.
Hace mucho que no queremos porque teníamos lo que queríamos. Ahora que ya no lo tenemos más, queremos todo de nuevo.
Para quienes dicen que somos unas insatisfechas, sí, lo somos. Nacimos queriendo, vivimos de la misma manera, y moriremos igual. No hay nada más lindo que querer todo el tiempo, porque es un indicador del nivel de inconformidad. Y cuando nos conformamos, cagamos.
Ahora separemos a las otras de mí, así lo que quiero lo quiero para mí sola. Porque si hay algo que soy, es angurrienta.
Quiero bailar flamenco, con vestido a lunares y mantón de manila, para zapatearle la cabeza a más de uno.
Quiero ser andaluza, para tener el salero de las granadinas, antes que ser una hipertensa con cara de tujes.
Quiero ser la Maja Desnuda, la Venus de Botticelli y vivir en El Jardín de las Delicias, a ser Valeria Mazza adentro del country Harrods, Gath & Chaves.
Quiero las ruinas de Cesárea, antes que la cicatriz de la histerectomía.
Quiero los Alcázares de la Reina, antes que mi Juramento renovado.
Quiero surcar el cielo en bicicleta, a echar raíces en el campo y que me pase un tractor por encima.
Quiero la seguridad de no saber, a la pretensión de la sabiduría garantizada.
Quiero a Shorsh porque ya es costumbre, y sin caprichos no me reconozco.
Quiero así, cortito y al pie, porque para largo y tendido hacen falta más vidas.

sábado, 8 de octubre de 2016

La piedra de la discordia

Y llegó el fin del viaje, que como todo lo bueno, siempre termina.
Soysola había dejado a sus otros yos en Europa ya que se dió cuenta que no le servían ni de compañía. Pero las muy guachas vuelven siempre. Las tiene pegadas como sanguijuelas. Apenas un pie fuera del avión, y ahí estaban, paraditas al lado de la aduana, esperando, cagadas de risa viendo cómo Soysolita arrastraba tres valijas. Una por cada una de nosotras.
Volvamos a Madrid. Día de regresar a casa y nos dirigimos al aeropuerto, preocupadas que nos dijeran que teníamos exceso de equipaje. Una vez sorteado el escollo ya que nuestras valijas muy prolijamente pesaban 23, 23 y 23, relajamos, sin suponer lo que luego sucedería.
En Barcelona habíamos comprado una escultura de Joan Serra, bellísima a nuestro ojos, pero con un aspecto un tanto extraño a carbón quemado, o a una piedra rota, o al cubo Rubic pero en negro. La cuestión es que el señor policía sentado al escáner, pensó que adentro de tanto negro, debía haber polvo blanco. Racismo puro que le dicen...
Esta fue la siguiente conversación con dos policías españoles. A partir de ahora Policía 1 (P1), Policía 2 (P2), Soysola (S)
P1: A ver, usted, que adentro de su mochila hay una piedra.
S: No es una piedra, es una escultura
P1: Es una piedra.
S: No, es una escultura, si quiere se la mostramos.
P1: Si quiere no, nos la va a tener que mostrar. ¡González! Lleve a la(s) señora(s) al costado. (Los paréntesis son porque los tipos no se habían dado cuenta que éramos más de una)
P2: Ponga todo aquí y abra la cartera, la mochila, el bolso y el bolsito.
Abrimos todo.
P2: ¿A ver la piedra?
S: Que no es una piedra le digo, es una escultura! Está muy embalada, si fuera tan amable ¿nos daría algo con qué abrirla así se la mostramos?
P2: No tengo.
Buscamos entre nuestras cosas las llaves de casa y procedimos a destrozar el pluribol con la Trabex.
S: ¿Ve que es una escultura?
P2: Esto es una piedra. Funes! ¿Tú qué dices? Aquí está la piedra, mírala!
S: Escúcheme, esto es una escultura que salió mucho dinero, si la rompe, la paga.
P1: ¿Pero qué coño es esto? A ver González, proceda.
S: González, ni se le ocurra romperla!!
P2: ¿Que si esto no es una piedra, entonces qué es?
S: UNA ESCULTURA, respondimos ya un poco hartas y transpiradas.
P2 pasa unos papelitos por todo el contorno de nuestras pertenencias, incluída la piedra...perdón, digo la escultura. Luego los mete en una máquina lectora, que a los gritos dice "negativo".
S: ¿Ve? ¿No le dije que esto es una escultura?
P2: ¡Funes! Qué dió negativo! Esta cosa es una escultura! -Nos mira y pregunta: ¿de qué está hecho esto?
S: De arcilla, que se modela, después pasa por un horno a altas temperaturas, y el resultado es el que usted ve aquí....el de una cosa que parece una piedra, pero no lo es.
P2: Pues no la entiendo!
S: Es que no tiene nada que entender! Es arte!!
P2: Puede irse...
Nuestra conclusión de estos cuarenta y cinco días de viaje, es que las rubias no la pasan mejor, no se levantan más tipos, y también son confundidas con traficantes de drogas.
Que nuestro próximo viaje será a la estepa siberiana, donde no hay que subir y bajar montañas, colinas, castillos y alcázares.
Que España le corresponde a los judíos y a los musulmanes, y que a los que había que echar era a los Reyes Católicos.
Que el año que viene viajamos con lo puesto y vamos comprando valijas en el camino, o en su defecto contrataremos mayordomo como acompañante.
Que las escaleras mecánicas escupen gordas.
Que no hay zapato, zapatilla o chancleta que compense el no haber hecho ejercicio en cinco años.
Que no siempre ser buena es bueno. 
Y que las esperanzas con Shorsh no hay que perderlas mientras el divorcio de Angelina y Brad siga en pie.




jueves, 29 de septiembre de 2016

Andá a Andalucía, Lucía

Tras doce días en Andalucía, todo el resto del viaje, parece haber sido en otra vida.
Llegamos a Sevilla, portando un sillón por las dudas, y nos reencontramos con nuestras compañeras de congreso y joda, Mirtha y Viveca. Graciadió!! Ya no tendríamos que comer solas mirando al techo o jugando al Candy Crush (¿será por eso que no conseguimos novio?), y además podríamos pedir todas las tapas que nos estaban vedadas, por ser porciones para dos. Aunque nosotras seamos tres en una, pa comé se ve que tenemos una sola boca. Menos mal.
Si Córdoba nos había gustado, Sevilla, nos encantó. Al principio estábamos un poco temerosas, porque nuestro GPS apuntaba la flechita para cualquier lado, y a cada vuelta de esquina nos perdíamos. Al rato le tomamos la mano. Si nuestro instinto decía que había que doblar a la derecha, entonces lo hacíamos hacia la izquierda, y así nos asegurábamos de llegar a destino.
Entrenadas desde Israel y Portugal, supusimos que subir a La Giralda, iba a ser papita pa´l loro. Craso error. Si bien la subida es en rampa, son algo así como 35 pisos. Nota mental...esto es algo que nos llama la atención...en casa no te caminamos cuatro cuadras, en Europa sacamos los bofes subiendo y bajando y no te decimos ni mu...¿Será cuestión de vivir en el viejo continente o de dejarnos de joder en Argentina? Nos inclinamos por lo primero, aunque sabemos que nos toca lo segundo.
Los andaluces en general son muy simpáticos, pero se llevan las palmas los sevillanos. Los taxistas sevillanos para ser más precisas. Nos quedaríamos a vivir acá, sólo porque tienen los únicos taxistas buena onda del mundo. El último que tomamos, nos relató una pelea conyugal por un pulpo que había pescado y su señora arruinó. "Que le llevé un pulpo de un metro majomeno, y le dije, María, haz con esto un pulpito a la gallega. Que mire usté seora, que cuando llegué y lo ví, que casi me muero!!  Le digo, María ¿que tu has hecho con esto?, coño! E´incomible! Que te hice el pulpo a la gallega como la hace mi mare. Pue que tu mare que ni tu mare, joder y me cago en la puta mare coño! ¡¿"Pue dígame usté, seora, qué cuánto hay que sabé cociná pa´hacé un pulpo a la gallega?! "
Casi le respondemos a mal puerto fuiste a parar, que no te cocinamos bien ni un huevo frito, pero sólo reímos.
Así partimos de Sevilla, para llegar a Granada.
No entendemos todavía, de dónde sacamos fuerzas a esta altura, para cargar las valijas en el bondi. Charles Atlas al lado nuestro, un poroto. Esta vez tuvimos la suerte de conocer un jóven argentino, que con la promesa de acercarlo en taxi hasta el centro, nos hizo de changarín hasta el hotel.
Bienaventurados los que viajan de mochileros, porque de ellos será el reino de Soysola.  Lástima que lo conocimos en el último tramo del viaje, que si no, por unos euros lo contratábamos de mayordomo.
Granada...eso que canta Plácido Domingo, es cierto a medias. Lo de la tierra bañada de sangre y de sol, es verdad, pero lo de lindas mujeres...no sé dónde están. Se quedaron en Sevilla, que son hermosas.
Subimos a La Alhambra, la recorrimos enterita, y al bajar, le preguntamos a un policía qué camino tomar para ir caminando hasta el Albaycín. ¿Caminando? nos respondió con los ojos como el dos de oros de las barajas españolas..¡Pue que es lejísimo pa ir a pie!
Para hacerla corta, eran veinte minutos...ahí caímos en la cuenta que en cada lugar de España que preguntamos si algún sitio quedaba lejos y nos dijeron pffff, lejísimos, finalmente quedaba a tres o cuatro cuadras. Con lo que inferimos, que los españoles son más culo pesado que nosotras.
Hoy fuimos a Las Alpujarras. No nos pidan la definición exacta, porque a duras penas si pudimos pronunciarlo. Pero vienen a ser los pueblos blancos que hay en la Sierra Nevada de Granada.¿Querés irte a la punta de la montaña? Andate a las Alpujarras.
Nos compraríamos una quintita en alguno de esos pueblitos que se detuvieron en el tiempo pero tienen señal de internet. Lástima que quedan en el borde del precipicio, y nosotras te somos un poco cagonas y tenemos vértigo.
De este recorrido por la Madre Patria, sacamos una conclusión. El pueblo musulmán debe dejar de pedir los territorios de Gaza, y reclamar los de Andalucía, que al fin de cuentas esto era todo de los moros hasta que los rajó la Iglesia.
Ya en la recta final del viaje, andamos extrañando un poco. Queremos quejarnos de nuestra madre, de la casa, del país, del clima y porqué no, de los hombres...
Hace mucho que no queremos nada, y ya es hora. Con esto de que Brad y Angelina se separaron, se renovaron nuestras esperanzas de que Shorsh se pelee con Almohadina.
Eso pedimos. Nada más. Bah, una sola cosa más...
Que nuestro próximo destino sea una llanura.