lunes, 10 de julio de 2017

Quiero de vuelta

Hoy 9 de julio de 2017, siendo el día de la Independencia, propongo, promuevo, declaro, promulgo y/o decreto la ley número cuatrocientos treinta y ocho mil treinta y seis de los Quereres.
Quiero ser una de las Trillizas de Oro, para tener una papa en la boca, ahora que estoy a dieta y tengo los hidratos prohibidos.
Quiero tirarme en culopatín por el Cerro Tronador para calmar los calores provocados por la bendita menopausia.
Quiero perder la capacidad del olvido, para acordarme todos los días, que olvidar es morir un poco, y recordar es divino.
Quiero viajar sin detenerme a mirar el presente, porque la ansiedad sólo me permite pensar en lo que quiero ver mañana.
Quiero saltar en garrocha por encima de mis prejuicios, y aterrizar suavemente en la incomodidad de mi presente.
Quiero la rapidez mental que tenía cuando no tenía esta lentitud pre-geriátrica.
Quiero una casa flotante, para navegar mis sueños de manera placentera, y no como vienen hasta el momento, anclados en una espesa niebla.
Quiero lo que no quería antes, porque no sabía que lo quería, a lo que quiero ahora, que no me estaría resultando querible.
Quiero detenerme en un instante de tu sonrisa, capturarla, grabarla en el chip de mi memoria, antes que la olvide para siempre.
Quiero una casa en todos lados, un barco en cada puerto y un cohete en el culo.
Quiero enamorarme de una vida, la tuya, porque la mía no andaría siendo muy interesante.
Quiero mirarte detenidamente, durante una hora sin pestañear, para incorporarte de una vez y para siempre, en el catálogo de mi corazón.
Quiero dar la vuelta al turrón, porque de manzanas diet ya estoy harta.
Quiero cerrar los ojos y ser flaca, como por arte de magia de Jean Cartier.
Quiero a George ahora que es padre, porque si no lo quisiera dirían que no me gustan los niños, y me encantan los ajenos.
Quiero la vida sin muerte, la paz sin guerra, el amor sin odio y la certeza de que algún día te encontraré.
Y por último quiero el abrazo que me falta, desde que me falta todo.


sábado, 20 de mayo de 2017

Recalculando

Ya nos andábamos extrañando. Digo...yo a ustedes, a mis otros yo no los extraño nada.
Estábamos un poco opacadas y apocadas. Para decirlo sin vueltas ni eufemismos, pajeras.
Andamos sin ideas, sin neuronas activas y sin equilibrio. Ni del emocional ni del otro.
Llevo, en lo que va del año, cuatro caídas con secuelas. Dos en la rodilla izquierda y dos en el orgullo. Empate dijo la partera.
Nos estamos cayendo a pedazos. Nos caemos en la calle, nos caemos de la cama, nos tropezamos con todo. Nos rompemos dedos, codos, rodillas y marotes. Lo que todavía no nos rompimos, fue el culo. Es demasiado esfuerzo. Y eso, ya sabemos, no es lo nuestro.
La vejez nos está llegando, como a todos. Lo que no les llega a todos, es la decrepitud, como a nosotras. Nosotras te somos de libro de medicina. A los 40 en punto, apareció la presbicia, cosa que al principio nos pareció simpática. Eso de usar lentes, nos daba un aire de intelectualidad que nos venía faltando. Ahora, a los 50, la menopausia. Eso no nos da justamente aire, sino todo lo contrario. Nos lo quita. Nos saca toda sensualidad que una podría creer que se tiene en la madurez. Cuando empezaste a disfrutar del sexo sin culpa ni tapujos, ya no te interesa, porque lo único que querés es un  abanico y una ducha helada. Añoras las épocas en las que usabas sweaters, frazadas, medias y todavía te gustaba que un caballero te abrazara para aplacar el frío. Hoy, si alguien te toca en plenos calores, le cortás la mano.
Así que vamos a pedir. Porque si creías que ya habíamos pedido todo, nop...nosotras siempre te encontramos algo más para querer.
Quiero un cuerpo que venga con refrigeración incorporada y sin glándulas sudoríparas.
Quiero un abanico gigante, para tener un ídem de posibilidades, cosa que ya no tengo.
Quiero un safari por el glaciar Perito Moreno, porque en la sabana africana hace demasiado calor.
Quiero un par de tacos aguja para coserme la boca.
Quiero un otoño sin humedad, un verano sin calor y volver a ser joven y fértil.
Quiero las calles sin pozos, las veredas acolchadas, y mi equilibrio en buen estado.
Quiero el sentido extraordinario, porque el común lo perdí hace rato.
Quiero un castillo de arena en Mónaco, un palacio de la Papa Frita, y una mansión de 2 x 4.
Quiero unas pantuflas árabes, unos zuecos holandeses, y unas alpargatas santafesinas. Perche mi piace.
Quiero unos anteojos culo de botella, un cuello de cisne y las piernas de un tero. Ando escasa de cuello y más parezco un pterodáctilo que un gracioso colibrí.
Quiero porque quiero, porque se me da la gana. Quiero lo imposible, porque lo posible no me interesa. Quiero porque a para eso vine a este mundo. A querer lo que tengo y lo que no. Quiero una vida insatisfecha porque si estuviese satisfecha estaría llegando al final, y no quiero.




martes, 2 de mayo de 2017

Antidepresivos para roedores, se solicitan

Tras el episodio del suicidio de una rata en el inodoro de mi taller, se me han planteado varias dudas existenciales.
A saber:
¿Son las ratas seres inmundos, o tienen sentimientos?
¿Era necesario que se suicidara en mi baño?
¿Cómo hago de ahora en más para sentarme en el inodoro, sin sentir pánico de encontrar otro bicho con depresión?
¿Es el Pollo Sobrero un animal? ¿Y quién le dijo que el brushing le queda bien?
¿Me lo encontraré sumergido en el trono de porcelana blanca?
¿Vendrán los deudos de Ratatouille a hacer el duelo en mi lugar de trabajo?
¿Adopto una rata? La gata Coca no me estaría siendo de mucha utilidad.
¿Llamo a Hamelin o al de la desinfección?
¿Debería poner aviso en el diario comunicando la muerte del ratón Pérez? Ya le avisé a Rodriguez Larreta por Instagram, pero no acusó recibo.
Y como estas, me surgen miles de preguntas que ahora no me acuerdo.
Ante semejante incertidumbre, no me queda más que empezar a pedir cosas que jamás me serán concedidas.
Quiero un tigre de bengala para ahuyentar a otros posibles animales suicidas.
Quiero una copa de vino tinto, en donde ahogar las ratas...perdón, penas...ahogar las penas.
Quiero una casa a prueba de bichos múltiples, incluidos los que tienen forma humana.
Quiero un humano, que no sea rata en el amplio sentido de la palabra.
Quiero un sueño más y una pesadilla menos.
Quiero llegar al final del arco iris, encontrar el trébol de cuatro hojas, y volverme caminando con una mano atrás y otra adelante.
Quiero sentar cabeza en una hamaquita de oro, antes que el tujes en un sillón de medio pelo.
Quiero una trampa para cazar Shorshes, porque roedores me andarían sobrando.
Quiero ir serpenteando por el camino de la vida, antes que dormir enroscada.
Quiero volver a ser, sentir, imaginar y desear, a continuar en este letargo ciego e indoloro que tiñe de un gris arratonado estos días de otoño.







sábado, 8 de abril de 2017

Se cambia Shorsh por Gay

Resumir 18 días de vacaciones, puede ser tedioso, o puede ser breve.
Vayamos por lo breve, porque no queremos aburrirnos de nosotras mismas.
Playa del Carmen. Paraíso dentro del paraíso de un all inclusive.
Casi nos casamos con un bello muchacho local, al que muy gentilmente rechazamos diciéndole : güey, estás muy padre, pero casi que podría ser tu madre. Más tarde nos fuimos todos a menear el bote a CocoBongo, bien chido, al saludo de ¡qué onda carnal!
Hemos nadado en el Río Secreto, al grito de síganme los buenos, y hasta nos animamos al Sea Trek, caminata por el fondo del mar, a la que llamamos, los treinta minutos que duró, Star Trek.
Vale decir que los buzos e instructores te dicen qué señas hacer por si querés que te suban a la superficie. Bueno, a los cinco minutos de sumergidas, comenzamos a hacer señas desesperadas para que nos subieran, pero se ve que los buzos no nos creyeron mucho, que a través de dichas señas, dijeron: seguí caminando y no rompas las bolas... O eso interpretamos...Continuamos con la caminata subacuática, en medio de un ataque de pánico, pensando: ahora nos sube la presión, y la cabeza nos explota llenando de sangre la escafandra...¿y si se me cortan los tubos de oxígeno? ¿saldremos en los diarios: una argentina murió practicando buceo en el parque Xcaret?...¿se darán cuenta si me agarra una embolia?...¿y si la raya que vienen nadando por ahí, siente mi pánico y me lanza el aguijón?
Así, disfrutamos la maravillosa experiencia del Sea Trek, sumergidas seis metros bajo el agua. De más está decir que cuando emergimos, juramos que lo volveríamos a hacer.
Mientras, mis amigos seguían buscándome un novio nativo. Pero los mayas nos quedan cortos. Por primera vez en nuestras vidas, nos sentimos Gulliver.
Pasada la mejor semana de vacaciones en la Riviera Maya, nos embarcamos a Meamee chico. ¿Y qué vas a hacer en Meamee? Tomamos sol, compramos, compramos, comimos ribs, compramos, cafeteamos, compramos, comimos cheescake, compramos. Vimos amigos, compramos. Cenamos, compramos. Paseamos, compramos, y finalmente tan aburridas de comprar estábamos, que seguimos comprando.
Ahí sí que no buscamos novio. Si no eran argentinos, eran rusos de Rusia misma, y los yanquis se parecían tanto a Homero, que preferimos seguir comprando.
Tras la reprogramación de nuestro vuelo, gracias a Moyano y todos los putísimos sindicatos del orto, partimos con un día de demora y unos cuántos morlacos menos hacia el aeropuerto de Miamichico.
Podrían suponer que después de tantos aviones y aeropuertos, viajaríamos sin medicación, pero la verdad es que a medida que pasa el tiempo, descubrimos cuánto nos gusta empastarnos, así que le damos al Rivotril sin asco.
Ya con 250 grs de droga en sangre, placa antibruxismo y tapones en los oídos, toda una pinturita, se nos apareció nuestro nuevo Shorsh. Alfonso Prat Gay.
Sí señores, hemos cambiado, luego de tantos años de esperarlo a Shorsh, por otro. Obviamente por otro que no nos dará bola, pero por lo menos está más cerca.
Este vive acá, y no me hace gastar guita sacando pasajes para ver si lo encontramos en algún recóndito lugar del planeta. Éste no nos mirará, ni sabrá de nuestra existencia, acá mismo y economizando.
Algo de bueno tiene esto de ir poniéndose mayor...te vas acercando a una realidad imposible, sin salir de tu casa.




lunes, 27 de marzo de 2017

Tristeza não tein fim

Podría empezar por relatar mi maravillosa semana en Playa del Carmen, pero dadas las circunstancias, lo voy a dejar para el fin de mi viaje.
¿Qué circunstancias se preguntarán? Apenas aterrizada en Miami, recibo la triste noticia que la madre de mi hermana del alma, falleció. Rosita, Reizale, Rosi, madre postiza. Ella mi segunda madre, yo, su séptima hija. Así nos llamábamos siempre.
Orgullosa madre de seis, amante abuela de catorce y bisabuela de cuatro y medio.
Aguantadora de amigos de hijos permanentemente aposentados en su casa, Rosita siempre tenía lugar para uno más.
Tengo un millón y medio de anécdotas de estos últimos cuarenta y dos años.
Pero vamos a resumirlas en las dos que la caracterizaban como el personaje que era. En el primer viaje fuera del país con toda su familia, se animó a llevarme a mí, que tenía trece años. Fuimos a Brasil. Éramos alrededor de doce personas. El avión salió con demora y perdimos la reserva del hotel.   Llegamos y nos encontramos que el batallón no tenía dónde dormir. Rosi, ni lerda ni perezosa, se paró en la punta de la escalinata del hotel, y cuál Dama de las Camelias, apoyó su mano en la frente y comenzó a gritar :" agárrenme que me desmayo! Ahora qué hacemos? A donde nos vamos? Yo me desmayo! Me desmayo!" Raudamente, la merecedora del Oscar a la mejor actriz, consiguió que nos dieran la suite presidencial. Si ya la amaba, ése día se convirtió en mi heroína.
Y la segunda, y que no habla bien de mí, pero sí de ella, es que en la adolescencia, mi deporte favorito, era ratearme del colegio. Como mi madre no me dejaba faltar a menos que estuviera con un pie en el cajón, yo llamaba el día anterior a Rosita y le decía: " Rosi, mañana déjame la puerta entreabierta a las 7 de la mañana, que me rateo". Cualquiera podría pensar que mi segunda madre era una irresponsable, pero no. Ella prefería que yo me quedara durmiendo en su casa, antes que estuviera yirando por la calle toda la mañana, a riesgo de que me agarrara la policía, ya que estábamos en épocas de dictadura.
Ésa era Rosita. Mi segunda madre. La que me dió la mejor hermana de la vida que una pueda tener.
Gracias Reizale por tanto. Te voy a extrañar mucho.


sábado, 4 de marzo de 2017

Boda 1 - Sosyola 0

Febrero pasó como un suspiro, y con él el casamiento de nuestra sobrina.
El casamiento. Un tema que ya hemos desarrollado en otras ocasiones, pero no por eso, menos conflictivo.
Estos chicos no te son como los de antes. Hoy se casan en días rarísimos como un lunes 27 de febrero, en la loma del tujes y al atardecer. Eso es ser jóvenes... No tienen en cuenta los mosquitos, ni que vos estás entrada en kilos y años y que ponerte un vestido largo con 40 grados a la sombra, no es la situación ideal a los 51 años. Pero sos la tía de la novia, y ajo y agua....a joderse y a aguantarse.
Ya desde que nos terminaron de maquillar y peinar, empezamos a transpirar como chanchos. Bueno, eso si los chanchos están menopáusicos como una.
Para que los chicos no se nos ofendan, vamos a aclarar, que estaban hermosos, que el lugar era un sueño, que la fiesta fue maravillosa, que exultaban felicidad, y nosotras por ende, estábamos igual de felices. Cuando no tenés hijos, entregar a una sobrina, es lo mismo que si fueras la madre. Te cuesta. Pensás ¿este pibe se merecerá a nuestra nena? ¿La va a tratar bien? ¿La va a hacer feliz? Y toda duda se disipa, cuando lo ves darse vuelta en el altar para recibirla, y la emoción y el amor le brotan por los poros. Ahí, mission accomplished,  respirás tranquila.
Volvamos a lo que nos atañe. La edad...
Apretujadas en un bellísimo vestido largo, emballenado, para quienes no son doctos en el tema, las ballenas no son mamíferos, son lo que te ponen en el corsé para que te mantenga las carnes en su lugar, nos dirigimos al salón.
Cabe decir, que si una vale su peso en oro, yo debería ser, para estas fechas, multimillonaria.
Mientras seguíamos chorreando agua como si estuviésemos en un sauna húmedo, no dejábamos de notar que al sentarnos, nuestra pechuga subía al nivel de la pera. ¡Putas ballenas! ¡Se suponía que nos tenían que adelgazar, y no empujar lo que sobraba hacia arriba!
Comodísimas estábamos....
Los jóvenes bailaban en el medio de la pista, dejándonos a los que pasábamos los 50, apenas un costadito en la alfombra, o sea, fuera del ring.
Ni que hablar que nosotras no estábamos ya para ser aplastadas en medio del frenesí jasídico. Así que el sueño que acuñábamos desde que las nenas eran chicas, de bailar una ronda judáica abrazada a nuestros pollitos, se esfumó en dos Hava Naguilas.
Volvamos a la indumentaria. Repasemos: vestido largo con mangas porque ya no estamos para mostrar los puentes colgantes de Babilonia que tenemos en lugar de músculos. Zapatos con taco de 12 centímetros, para disimular la baja estatura,faja reductora, carterita de fiesta y abanico en mano. Una pinturita. O una acuarela...porque seguíamos transpirando y empezábamos a derretirnos cuál maquillaje de muñeca de porcelana en una película de terror.
La pauta de que te estás convirtiendo en una vieja chota, es que en este tipo de eventos, te la pasás diciéndole a la gente jóven: "mi amor ¿no te parece que ya tomaste suficiente? " O, "soy la tía de la novia" mientras ponés cara de babosa recordando cuando le cambiabas los pañales.
Y por último, el mayor síntoma de ancianidad, es cuando se te cae el celular al piso, te agachás para  levantarlo, se acerca corriendo un muchacho, y te dice "señora, yo la ayudo a levantarse" y vos, orgullosa le respondés "no te preocupes que puedo sola", para, a los dos segundos mirarlo y decirle "¿sabés qué? Mejor ayudame".
Conclusión, para el próximo casorio, en vez de faja envolvete en papel higiénico como La Momia de Titanes en el Ring, usá una túnica a lo María Martha SL, maquillate con productos Acme y hacé mutis por el foro, total, que para pasar desapercibida, ya vamos por la vida.

jueves, 23 de febrero de 2017

Bye bye Shorsh

Es oficial. Llegó el fin de una era. Shorsh va a ser padre, y de mellizos como para que no quede ninguna duda. Un potz nomás.
Ahora, en vez de disfrutar de la vida con nosotras, se la va a pasar, a la vejez, cambiando pañales y durmiendo tres horas por día. Que se joda por boludo. Él se la pierde.
¡Justo en nuestro mejor momento, que subimos a aviones, disponemos de ganas, guita y grasa (todo con G de Shorsh), el tipo quiere demostrarle al mundo que es fértil!
Toda una carrera de galán tirada a la basura, ya que ahora no vamos a poder evitar pensar en él como el depositario del regurgitar de dos críos, desparramados por su camiseta morley y pantalones de pijama rayados celestes y blancos. Una foto poco erótica si las hay.
No es que queramos tirarle mierda encima porque no nos dió bola, sino que somos realistas.
La vida no es una película. Ni siquiera la de él. ¡Che Shorsh, enterate! Los pibes cagan, mean, lloran, vomitan, duermen cuando vos no querés y cuando querés que se duerman están despiertos. Después crecen, piden cosas, tienen fiebre y mocos, van al colegio y se sacan malas notas, o en su defecto son nerds. Tienen varicela, te rompen tus cosas y tienen piojos. De adolescentes te dan muchos dolores de cabeza, tenés que ponerles límites, te pelean, pasás a ser el peor padre del mundo, fuman, toman, y a vos sólo te queda preocuparte. Y ya cuando son adultos...bueno...si es que llegás a verlos, porque no nos engañemos, sos un padre añoso, te meten en un geriátrico y se quedan con toda tu guita.
Pero bueno, ahora que vas a ser padre: ¡¡FELICIDADES!! Nosotras sabemos perder con dignidad.




martes, 31 de enero de 2017

In-finito

Tras un prolongado mutismo, volvió Soysola. Y te habla a vos que estás leyendo.
Volvimos, pero no seremos millones. No queremos poblar el mundo con millones de pelotudas creyentes de lo increíble, ateas de ilusiones, resistentes reblandecidas y estúpidas de corazón.
Ahhh, sí, sí, sí! Si te volvemos, lo hacemos reloaded. No nos andamos con chiquitas.
¿Para qué con chiquitas, si nosotras cuando te brindamos, lo hacemos a lo grande? No tenemos medida. Somos el símbolo del infinito...Infinitamente idiotas, infinitamente confiadas, infinitamente pacientes...en definitiva, somos una infinitud de bondades no aprovechables.
Somos tierra fértil para los abrojos, cardos y cactus. Todo lo que lastima.
Así que tras semejante sincericidio, hemos decidido barajar y dar de nuevo. Al mal trago darle apuro, dicen los que saben. Y a los tragos amargos conviene tomarlos con un cortado descafeínado, mitad y mitad, con leche descremada y en jarrito por favor.
No vayan a creer que saben mucho mejor...no...pero se disimula el amargor.
Y mientras tanto vamos planificando,  otra vez, nuestra vida en solitario.
Se vienen emociones fuertes. Amores de esos que son indestructibles. Felicidades ajenas que son nuestras, porque las vimos nacer, crecer y convertirse en seres increíbles. Y damos la vida por ellas, porque son lo único por lo que vale la pena vivir y morir.
Se aproximan viajes, trabajos, amaneceres y vida. Porque ante todo, Soysola será una eterna creyente de las utopías. Como decía Galeano :"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar".
Soysola avanza, lentamente, pero a paso firme. Y siempre queriendo...
Quiero ser la sangre fría que corre por tus venas, a la mía, que de tan caliente quema.
Quiero Capri en septiembre, Pompeya en octubre y más allá la inundación.
Quiero ser parte de un todo que no por todo deja de ser la nada misma.
Quiero sentir el viento entre mis dedos, a que se escurran las palabras en un mar de mentiras.
Quiero el verde esperanza, a la negrura de tus ojos impávidos.
Quiero una caja de pañuelos de papel, para ir secando una a una las lágrimas que no pienso derramar.
Quiero guardar sin llave el corazón que perdí.
Quiero, siempre quiero, porque si no quisiera más, estaría absolutamente perdida en la conformidad.



martes, 10 de enero de 2017

¿Bella o vello?

Cinco míseros días de vacaciones y te tenés que depilar.
Vas confiadísima al mismo lugar de siempre y le decís: sacame todos los pelos que encuentres.
Y la torturadora, perdón, la depiladora, se lo toma al pie de la letra.
¿Qué se va a hacer? te pregunta.
Cavado, axilas, media pierna y tira de cola, deslizás tímidamente. Desvestite, te dice, tomando confianza, ya que te va a ver el upite.
Y ahí nomás arremete. Te abre como a un pollo que van a adobar, y te empieza a pasar la cera. 40 grados a la sombra y la mina no prende el ventilador. Tu piel sobrepasa los 36.6 de temperatura, y al contacto con la cera, te sentís como un lechón al asador.
Está un poquito caliente, te animás a decirle. Enciende el aire, y rezás para que no te agarre una pulmonía.
Y como todas las torturadoras del método español, que seguramente fueron adiestradas por Franco (perdón otra vez, depiladoras), ataca varias de tus partes al mismo tiempo. Y ahí estás vos, tendida en una camilla , con ambos brazos hacia arriba, una pierna flexionada y la otra extendida. Y te unta. Te unta por dentro y por fuera. Y sin mediar palabra, vos, que esperás el tirón de una sola vez, no, la muy hija de puta, va tironeando despacito, despacito, como si se deleitara con tu sufrimiento.
De golpe sentís que algo hirviendo y espeso te tapa la uretra, y gritás: ojo! No me depiles tanto!
¿Pero no me dijiste cavado profundo? te espeta cuál serpiente venenosa.
Noooo, te espantás vos, yo quería cavado común, no el de vedette. Pero ya es tarde. Para cuando te mirás, sos Silvia Süller en sus peores épocas.
Humillada y pelada, te das vuelta porque te toca la parte de atrás. Te arrepentís de haber pedido tira de cola, porque como viene la mano, seguramente la yegua, te va a sacar las hemorroides para afuera.
Pasa una, pasa dos, pasa tres veces, y tu piel, deja de ser un terso culo de cincuentona, para ser uno al rojo vivo como el del mandril.
Una vez listo el chicken, te alegrás de haberte llevado puesto un vestido, y no tener que calzarte un jean, porque te arde hasta el colon. Lo peor es después, que tras la tortura, viene la dolorosa. Tenés que pagar seiscientos mangos.
La pregunta del millón, es, para qué cornos te sacás hasta el último vello de tu cuerpo, si la malla enteriza que te llevás, no sólo te tapa todo el OGT sino, que llega más o menos a media pierna, como las de principio de siglo pasado.
Todo sea por la salud visual de los veraneantes.




viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Papá Noel se fue, y con él se va otro año. Uno en el que el segundo semestre parece no haber llegado jamás, ¿o es que hemos vivido el primer semestre más largo de todos los tiempos?
Mauri parece no saber cuántos meses tiene un semestre y quizás sus promesas de mejoría vengan en en el segundo semestre del próximo año bisiesto. Pero bueno, no vamos a hablar de política, porque ésa nunca fue la preocupación de Soysola.
Nuestra preocupación, como todos saben, es ver cómo carajo hacemos para encontrar a Shorsh. No perdemos las esperanzas de convertirnos en los Brangelina del subdesarrollo, o sea los Shorshabeth.
Ya sabemos, suena a jabón en polvo. ¡Una medida de Shorshabeth rinde veinte lavados de tujes! ¡Compre ya o calle para siempre!
No importa cuánto intenten nuestras amigas en convencernos de que el tipo es gay, que el matrimonio es sólo una pantalla, que el pibe no nos merece, que se parece a Pocho la Pantera (Z`L), etc, nosotras lo seguimos amando como el primer día. Y sí...te somos persistentes para los imposibles y las boludeces.
Seguiremos yirando por el mundo a ver si lo encontramos. Por lo pronto, ya estamos planificando un nuevo tour por el Lago di Como, con la excusa de comprar pañuelos de seda.
Entonces, aprovechando que estamos a la vera del 2017, procederemos a los pedidos que habitualmente se hacen en estas fechas. A estas alturas nos parece redundante decir, que al momento de pedir, nos unificamos y lo hacemos a título personal.
Quiero El Beso de Klimt, La Maja desnuda, Las Tres Gracias de Rubens, a ser el cadáver inerte de la Lección de Anatomía.
Quiero un tren delantero, un cuarto trasero, y una quinta de cambio en el principado de Mónaco.
Quiero un refractómetro, si supiera para qué sirve, a uno más rápido que la luz, si no me sirve de nada.
Quiero un petit hotel en el culo del mundo, para aposentar mi ídem, y escaparme por un rato de tanta soledad.
Quiero la vuelta al mundo en 564 días, porque ya comprobé que en 80 me canso mucho.
Quiero ser Maggie Simpson para ser eternamente niña, y no ser Oaky, que era un viejo con pañales.
Quiero un no te aseguro de por vida, a una vida asegurada en la mentira.
Quiero un pasaje en el furgón de cola, para escaparme a verte sin que nadie se entere.
Quiero que quieras, como nunca antes quisiste, aferrarte a esta vida, sólo por el hecho de que yo estoy en ella.
Quiero un lamento boliviano, un rojaijú guaraní, un sapucay correntino, al grito desgarrador de mi corazón herido.
Quiero un año nuevo, mi vida vieja y un montón de días en blanco para llenarlos de sueños.
Feliz 2017.