sábado, 6 de mayo de 2023

Petra La Linda

Salimos de Tel Aviv rumbo a Eilat, acompañadas por sobrina Petit, para ir hasta Petra, en Jordania. 

Otra vez arriba de un bondi por cinco largas horas, solo que esta vez pernoctaríamos dos noches en Eilat.

Antes de llegar, hicimos una escala en un kibbutz. Yotvata. En el medio del desierto. Ahí vive nuestro primo hermano, socialista de la vieja guardia, con toda su familia. 

Para quienes no saben lo que es un kibbutz, vendría a ser una comunidad en la que todos siempre tienen trabajo, ganan según las necesidades de cada familia, tienen casa, , ropa , salud , educación y un viaje asegurado cada tanto. Lo que se dice el ideal de vida, si el mundo no fuera este mundo.

Nos iríamos a vivir ahí si no se nos exigiera trabajar tanto y la temperatura fuera de 24º y no de 42º a la sombra. O sea, siempre nos creímos socialistas, hasta que llegamos acá y nos dimos cuenta que somos socialistas de Punta del Este.

Dejamos familia con abrazos y besos, y nos dirigimos a Eilat. Hotel all inclusive, pensamos, estamos hechas, este es nuestro kibbutz, más no fue tan así. Mucho niño. Y cuando decimos mucho, es mucho, mucho.

En TripAdvisor deberían avisar que es un hotel para religiosos con mucho crío que grita en hebreo y que los horarios de desayuno, almuerzo y cena son absolutamente incomprensibles. Desayuno a las 7:30, muy tarde para un hotel, y la cena termina a las 21 hs cuando te sacan el plato de la mesa y te echan.

Siete treinta de la madrugada, nos dirigimos al hotel en el que nos levantarían para llevarnos a la frontera con Jordania.

Hasta ahí todo bien porque los israelíes te son puntuales. Hete aquí que los jordanos no.

Israel nos depositó en la puerta de la reja, Jordania nos dejó una hora paraditos a los treinta y tres, en una especie de limbo entre fronteras, hasta que Razeem se dignó a venirnos a buscar para hacer los trámites de la visa.

Mientras tanto, nosotras nos hacíamos amigas de unos brasileño/canadienses, una colombiana y padre e hijo que suponemos alemanes o daneses, se lo mesmo. 

Finalmente partimos para Petra, y una vez dentro del bus, nuestro guía Nizar, mezcla de beduino y Pablo Echarri viejo, nos avisa que el viaje duraría tres horas. Nos ungimos de puteadas por no haber leído una guía de turismo. Otra vez cruzar medio desierto.

Qué decir de Petra? Maravillosa. Recomendable quedarse una noche para poder terminar de verla. 

Caminar por Petra, es entrar en una dimensión desconocida e Indiana Jones. Una ciudad tallada en la piedra, en la que cada dos pasos vas a escuchar : usted está cansada! La llevo en caballo/burro/ camello. Camello con wifi! Only 25! 

Lo que no te dicen es si son 25 dinares, shekels, euros o dólares. Pesos argentinos seguro que no.

Todos, absolutamente todos los bedules (beduinos de esa zona), están maquillados y vestidos como Johnny Deep en Piratas del Caribe. Parece que se confundieron de película.

Nosotras agradecimos con un no thank you y seguimos a pie.

Bien decimos a pie, porque estamos con un solo pie sano. El otro tiene fascitis plantar, y más que pisar se arrastra, y nos hace querer llorar varias veces al día.

Cuando ya nos quedaba un kilómetro aprox para regresar a la meta, nos paramos, miramos a Petit y le dijimos: vos seguí, que nosotras en algún momento del día llegaremos. Si ves que no es así, avisá en la frontera que nos quedamos a dormir adentro de una de estas cuevas.

Petit siguió y se ve que en el trayecto se apiadó de su tía y le pidió a un señor que manejaba un carro de golf que nos fuera a rescatar.

El rescate nos costó 22 dólares. Hubiéramos pagado 2200 dado nuestro calamitoso estado. Los demás turistas nos saludaban con envidia,o sorna, no sabemos distinguir, mientras sacaban los bofes caminando sobre tanta piedra.

Chivadas, rengas, agotadas pero contentas nos reencontramos con Nizar en el tenedor libre jordano, antes de regresar al bondi para cruzar la frontera nuevamente.

Ya descansadas, tomamos otro bus más para volver a Tel Aviv. 

Spoiler alert. Te conviene volver en avión.

Las cinco horas que dos días antes habíamos disfrutado mirando el desierto, se convirtieron en la peor pesadilla.

El micro lleno hasta el tope, asientos que no se reclinaban, las chicas de adelante pelando dos hamburguesas de Mc Donald’s, además de oler a chivo, la señora que se fastidiaba y se paraba cada dos minutos, la parejita hippie de al lado bastante molestos, los rusos de más atrás que estamos seguras nos criticaban en ruso y los 343 km de desierto que antes te parecieron divinos y ahora llegaste a odiarlos profundamente, hicieron de esas cinco horas, las más largas de nuestras vidas.

Arribamos a Constitución israelí y salimos rajando al hotel. Necesitábamos urgente una ducha para sacarnos el olor a hamburguesa. 

Dos días más tarde, subimos a un avión con destino a Grecia.

Así terminó nuestra estadía en Medio Oriente. 

Ya estamos extrañando a los medio orientales, aunque desde que vivimos en Uruguay, somos parte de la tribu.

Petra 10 = Fascitis plantar 0







sábado, 29 de abril de 2023

Delicias de Medio Oriente

 Llegamos al hotel, donde fuimos recibidas por una gran sonrisa y amabilidad, pero también por unas toallas tamaño XS. Son para un standard de 45 kg, cosa que es más que evidente que nosotras no entramos ni en el standard ni en las toallas.

Así que paso siguiente fue darle una propina a la housekeeper para que nos traiga veinte más.

Los primeros días fueron de tour gastronómico con sobrina Petit. Shawarma, falafel, hummus, babaganoush, pescados que jamás habíamos oído nombrar, mariscos, lo que quieras, ahí te lo ponen en la mesa con ochocientos platitos de acompañamiento. A cada cual más rico. Rico y salado.

Para bajar eso caminábamos 12 km diarios, aunque lo más probable es que volvamos a casa rodando.

Todo en Israel es muy caro. Muy caro. Pero muy caro. Lo que nos sobre en kgs se compensará con la delgadez extrema de nuestra billetera.

No solo comimos en Israel. También volvimos a nuestra infancia con la señorita Elena, nuestra maestra de primer grado, que fue como si hubiésemos estado en contacto durante estos últimos 51 años desde que egresamos de su aula. Un reencuentro feliz.

Decidimos con Petit, alquilar un auto e ir a Akko, al norte del país.

Levantamos el auto de la agencia y arrancamos. Arrancamos nosotras que manejábamos, sobrina hacía de copiloto.

Para alguien que aprendió a manejar a los 56, te diremos, que hemos aprobado con un excelente sobresaliente, felicitaciones tiene un 10.

Manejar en Israel, es como tratar de cruzar caminando, Libertador en hora pico con el semáforo roto.

Mucho auto, mucha impaciencia, mucha bocina, mucha velocidad y mucha puteada. O sea, como en casa pero en hebreo.

El israelí no te respeta las señales, las velocidades máximas, los radares de la misma, las reglas básicas de conducción. Te pasa por la derecha aunque vos estés en el carril de la derecha. Para resumir, el israelí no te respeta. Viven a mil y te apuran diciendo yalla, yalla, cuando vos te demorás un segundo.

Suponemos que tiene su lógica, si te ponés en su lugar y no sabés si mañana te cae un misil y te mata. Si vamos a ser honestas, creemos que del otro lado de la frontera debe ser igual…

En conclusión, la analogía sería New York. If I can make it there I’ll make it anywhere. Si manejamos acá, podemos manejar un bulldozer por la General Paz.

Otra cosa que tienen los israelíes es que los días empiezan cuando sale la primera estrella, por ende los festejos del día de la independencia comenzaron alrededor de las 8 de la noche cuando vos, después de haber pateado todo el día, ya no tenés fuerzas para dar un paso más y te perdés lo mejor.

Deberíamos proponerles que todo se abra desde las 20 hs y se duerma de día. Total, que si pudieron sacar agua del desierto, podrían hacer salir el sol de noche para aprovechar la playa.

Ayer tomamos excursión al Mar Muerto. Nos dijeron, 6:40 a.m es la recogida en el hotel. Por supuesto llegaron a las 7. En el camino, nos prometieron una parada para desayunar, pero en el medio cambiaron de opinión, dejándonos a todos famélicos hasta las 9, que arribamos al punto más bajo de la Tierra. Luego nos daríamos cuenta que es una práctica común entre los guías de turismo. Mentir.

Los que habíamos tomado la excursión día de relajación y spa en el Mar Muerto, éramos 4. 

¿Vos que suponés si te venden relajación y spa? Bueno, olvidate. Nos tiraron en un parador desértico del lado jordano, y solo nos dijeron, a las 15:20 los venimos a buscar. 

De spa no tenía nada, y de relajación menos. Lleno de jordanos aprovechando antes de que llegaran los turistas, y luego lleno de turistas mientras los jordanos hacían asado a la jordana. 

A las 9:30 am apareció el “dj “ y puso música al volumen de una rave.

Cuatro canciones que se repetían constantemente. Nosotros le pedíamos por favor que la bajara un toque, y venía un joven de la zona y le decía, algo así como : ehhhh! Subila!, pero en jordano.

Cabe aclarar, que los únicos jóvenes eran ese chico y las tres nenas que lo acompañaban, y luego seguíamos, en orden ascendente, los italianos, la polaca, nosotras, y el resto del turismo geriátrico.

Decidimos que ya que estábamos ahí, probaríamos las delicias de entrar al mar en el que sólo podés flotar por la cantidad de sal existente.

Si pensás que vas a ver un pez, no te olvides que por algo se llama el Mar Muerto. Sólo sal.

Entramos, flotamos cinco minutos, quisimos bajar las piernas para pararnos, y en ese instante comenzó nuestro calvario.

Imposible. Ahí no existe la gravedad, y no podíamos lograr que nuestras piernas siquiera, bajaran unos milímetros. Pensamos, quizás si nos giramos, lo logremos. Error. Empezamos a dar vueltas como pollo al spiedo de tamaño XL.

Comenzamos a desesperarnos, y por supuesto, muy digno pensamiento de vuestra servidora, nos dijimos: vamos a morir en este puto mar como ballena encallada. Al grito de free Willy logramos pararnos, para salir presurosas de esa trampa mortal. 

Spoiler alert! Si tenés hemorroides no entres al mar muerto porque el tujes te va a arder de lo lindo.

Nos sentamos con nuestros nuevos amigos a charlar y concluímos entre todos, que ese tour era una porquería. Y todavía nos faltaban 5 horas y media para la recogida. Bien dicho, la agencia nos había re-cogido.

Durante ese tiempo nos hicimos como hermanos, cosa que seguramente con el correr de los días nos olvidemos.

La polaca, después de cinco cervezas, quería que viajáramos juntas. Una divina total. 

Llegó nuestro guía a las 15:15 para decirnos, que en vez de a las y 20, saldríamos a las 15:40. ¡Dios por favor no nos tortures más que ninguno le hizo mal a nadie!, pensábamos los cuatro sufrientes.

Subimos al mini bus y tras una hora de viaje, explota un neumático. El chofer, terco como un israelí, decide seguir porque le quedaban cinco ruedas más. Bueno, a los dos minutos ya nos quedaban cuatro, tras el reventón de la segunda. Paramos al costado de la autopista, sin valiza, por lo que explicamos más arriba, de la falta de respeto a las leyes de tránsito y a la vida misma, mientras los bondis nos pasaban rozando a 150 km x hora. Nos encomendamos a Raquel y Enrique y nos pusimos a rezar.

Long story short, 9 de nosotros fuimos rescatados por otro minibus de otra excursión, con un chofer muy malhumorado por haber tenido que cambiar su itinerario inexistente.

No todo son quejas, Israel es un crisol de razas y costumbres únicas en el mundo y los atardeceres en el Mediterráneo son maravillosos.

El 1º de mayo, saldremos con sobrina hacia Eilat y Petra y esperemos tener la mejor experiencia de nuestras vidas.


Soysola = 10 Conductores israelíes = 0



jueves, 20 de abril de 2023

Holy Land…ing

 Alejandra ¿va a llover? Esta vez lo pensamos, no lo verbalizamos. 
Alejandra es nuestra nueva Daniel. Cambio de país, cambio de Daniel.
Si bien ya nos conoce bastante, no está preparada aún para nuestro ritual de preembarque.
Llegamos a Carrasco Airport y comenzó la dosificación de pasta. No la pasta de pasta o poio, ni la dental, si no la recetada por Pablo.
Estábamos mucho más ansiosas que de costumbre por varios motivos. El primero fue el cambio de aeropuerto y horario de vuelo, cosa que hizo que todas nuestras cábalas pre vuelo, se fueran al carajo. Por lo pronto el primer Rivo fue a las 6:30 am, absolutamente inusual, que descompaginó el ritmo habitual de la toma desde Belgrano a Ezeiza. Acá no te sabíamos calcular cuántos desde Punta del Este a Carrasco.
Segundo. ¿Cuántos rezos del viajero nos correspondían hasta las 13 hs? Es bien sabido por todo el mundo que nosotras para las matemáticas no servimos. Así que hicimos un estimativo a ojo y rezamos demás por las dudas.
Tercero y último, viajábamos por primera vez, huérfanas de toda orfandad. Muy raro viajar sin pensar en que te van a llamar para que te vuelvas a los pedos.
Ya sentadas en el vip de Iberia, totalmente desconcertadas, cómo ya dijimos anteriormente, sobre cuántos sublinguales correspondían, empezamos a darle, lo que podríamos concluir, como buen ritmo.
A las 12:10, hora del embarque, era de suponer que estaríamos bastante drogadas…pero no.
13 en punto, nos encomendamos a Dios, a Rujele y Enrique y despegamos. Y nosotras con el insomnio del siglo.
Llegó la comida y seguíamos despiertas. Tomamos un poquito de vino para ayudar a los 8  Rivotriles de 0,25  más el de 0,50  y la quetiapina, y nada ché.
Miramos una película bastante mala con Tom Hanks, Rivotril fílmico,  y finalmente nos dormimos. Por un rato nomás…porque el señor que estaba detrás nuestro, tenía el baile San Vito. Que me levanto, que me siento, que camino hacia adelante, que vuelvo para atrás, que le hablo a la azafata, que le hablo a mi mujer, que me vuelvo a sentar y me vuelvo a parar. Así las 13 horas 5 minutos que duró el vuelo. 
Durante los lapsos que el señor lograba estar quieto, el que no estaba quieto era el avión. Es de público conocimiento que Brasil tiene algún problema con nosotras, y hasta que no terminamos de recorrerlo desde Florianópolis hasta Fortaleza, no dejó que voláramos confortablemente. Ahora nos damos cuenta que el señor se quedaba quieto porque estaba el cartel de abrocharse el cinturón…
Ya aterrizadas en Madrid los putos Rivotriles empezaron a hacer efecto. ¿Ahora la p que los parió? ¿Ahora que no podemos dormirnos porque no podemos perder la conexión a Tel Aviv?
Cual La Naranja Mecánica, hicimos cualquier cosa para mantenernos despiertas.
Algo que definitivamente surtió efecto, fue pasar, previo al embarque, por la seguridad israelí. 
¿A qué va a Tel Aviv? Diga los nombres de todas las personas que conoce allá .Y vos empezás a tartamudear y te olvidás hasta del apellido de tu sobrina.
¿A qué se dedica? ¿Visitó algún país limítrofe a Israel? Y te cagás en las patas cuando tenés que decirle que vas a cruzar a Petra. ¿Para qué va a Jordania? Porque somos cultas, tenés ganas de responder, pero reculás, porque la seguridad israelí no está para chistes. ¿Tiene relación con alguna persona de los países lindantes? Y de repente estás rezando para que no miren Facebook y vean que tenemos miles de contactos cerámicos de los países del Medio Oriente.
¿Quien hizo su valija? ¿Y su carry on viajó con usted? ¿Lo perdió de vista en algún momento? 
No quisimos explicarle que no habíamos llevado el carry on al baño, porque nos parecía too much.
Por 10 o 15 minutos nos sentimos Bin Laden, pero eso sí, que viajamos seguras, viajamos seguras.
Al fin, tras 22 horas de viaje, llegamos al aeropuerto Tel Aviv, no besamos el suelo por el Covid, y enfilamos hacia el hotel con las toallas más chicas del mundo (récord Guinness).
Pero eso, es historia para otro día.
Soysola 1 - Rivotril 0

miércoles, 12 de abril de 2023

Gris

Hay días, como hoy, grises, en los que te falta el sonido.
Hay otros, en los que el silencio es ensordecedor.
Después están esos, que te desesperan por el sinnúmero de pequeñas ausencias sonoras.
Pero todos los días, sin falta, se oye el murmullo de la luz. 
Salís; porque descubriste que lo que más te gusta en la vida, es manejar. 
Y en un día como hoy, donde los ruidos cotidianos gritan de dolor, te subís al auto y manejás sin rumbo.
No tenés a dónde ir. Sólo dejás que la inercia te lleve.
Tomás la avenida, girás en la rotonda.  Seguís derecho como si supieras a donde vas, pero no. 
Luego doblás a la derecha para volver a doblar una vez más. 
Das una vuelta, no reconocés nada. 
Seguís. Ahora girás a la izquierda. No sabés muy bien porqué, porque estás yendo sin mirar.
Tus ojos están fijos en la calzada. Podés hacerlo porque la ciudad está desierta. 
Estás sólo vos.
Ponés el guiño izquierdo, aún cuando no viene nadie detrás tuyo, ni adelante y girás.
De pronto, a lo lejos, ves la que fuera tu casa por cuarenta años. Parás. La mirás. Llorás.
Hay días como hoy, grises, en los que me faltan sus voces.

lunes, 3 de abril de 2023

Abrazos fantasmas

Hay días en los que el cuerpo duele. Hay dolores a los que me acostumbro y otros a los que no.
Los días comunes me duele la espalda. A veces se junta con el dolor de cintura y piernas si hay humedad. 
Pero en los días como hoy, me duelen los abrazos. Los especialistas los llaman dolores fantasmas.
Son los abrazos que me amputaron cuando ustedes se fueron.
Hoy duelen más que el resto de los días. Nunca creíste, por tu historia de vida, que ibas a celebrar los 90, pero yo, conociendo tu fortaleza creí que hoy festejaríamos juntos tus 100, rodeado de tus nietas  amadas y bisnietas, a las que hubieras adorado con locura.
Prefiero creer, que en algún lugar tranquilo, sin mucha fanfarria, estás soplando las velitas con mamá, tus padres y tus hermanos.
Hoy me llora el alma y me duelen los abrazos.


 

sábado, 25 de febrero de 2023

Esos días...

Hay de esos días en los que no querés nada, y están esos otros en los que querés todo.
Nunca hay un intermedio, porque vos sos todo o nada. Siempre o nunca. Amás u odiás, es blanco o negro, porque aparentemente en tu gama de colores no hay grises, con lo bien que te quedarían...
Siempre es más o es menos, pero nunca mas o menos todo junto.
Querés una casa, un departamento, una chacra, un taller, un taller con casa, un sucucho en cualquier lugar del mundo. Madrid, cualquier zona de España, New York, Punta del Este, Roma, la Toscana o la campiña francesa. Podría también ser en algún pueblito de Suiza, ¿por qué no? , cerca de las montañas, y si es posible con una cascada cerca.
No descartemos Portugal, que la gente es tan amable...
Vos te definís como una insatisfecha serial, que vendría casi a darle en el clavo, porque en realidad no sabés bien qué querés. Porque lo que querés ya no podés tenerlo. Porque los años pasan y vos no te hacés más jóven. Porque la gente no va y viene. Últimamente la gente se va...y se va para siempre.
Y las cosas con las que soñaste ya no son posibles, porque todo cambia y vos también. Lo único que no te cambia es esa necesidad imperiosa de tener todo lo que de todas formas no te haría feliz.
Porque la felicidad siempre te fue esquiva. Y porque sabés muy bien, que ahí donde buscás, no reside la felicidad.
Alguien que te conoce muy bien, te dijo alguna vez: vos siempre estás queriendo porque en realidad no querés perderte de nada. Querés acá, querés allá, porque tenés miedo que si te quedás en algún lado, te vas a perder de algo mejor en otro...
Qué curioso...yo siempre me pensé a mí misma como muy sedentaria, pero si en realidad me animara, viviría acá, allá y más allá también. Un poquito en cada lado. Para no aburrirme. Y heme aquí, sin embargo, encerrada en mi mente queriendo.
Porque también alguna vez te quise a vos, pero creí que si me quedaba, el hombre con el que soñaba no me iba a encontrar. Y nunca me encontró porque quizás nunca me dejé buscar. O por ahí porque lo dejé pasar pensando que merecía a alguien mejor. Por esa misma insatisfacción serial de la que hablaba antes. Y en ese incesante dejar pasar, me quedé con lo peorcito que iba encontrando, creyendo que era lo que merecía porque vos no me encontrabas.
Quizás en algún momento me anime a salir del escondite de mi alma. Quién te dice...a lo mejor en ese instante de lucidez, o de inconsciencia, nos encontremos.
Mientras tanto, es muy factible, que todo siga siendo blanco o negro, siempre o nunca, amor u odio y todo o nada.


 

martes, 3 de enero de 2023

El trono vacío

Quiero una anestesia para el alma, para que no duela tanto tu ausencia.
Quiero las cuatro y media de la tarde, para llamarte y oír tus quejas. Lo prefiero a este silencio que me está quebrando.
Quiero tu mano tomando la mía, desde El Globo Rojo hasta el otro día, cuando ya sin fuerzas, te la sostenía.
Quiero no pertenecer a la generación huérfana que está quedando. Todavía quiero seguir siendo hija y me lo niegan.
Quiero tu fuerza de cuando todo lo podías. 
Quiero tu capacidad para leer y tu inteligencia para callar cuando era necesario.
Quiero esa fuerza de voluntad para vivir a pesar de todo.
Quiero que vuelvas y que vuelvan todos, porque me resulta difícil un mundo en el que no puedo encontrarlos.
Quiero volver a Rosario y que los vecinos me digan Raquelita chiquita.
Quiero ir por un ratito al otro lado, a verlos, porque a pesar de mi ausencia de fe, creo fervientemente que hoy están todos juntos, jugando al rummy o al burako. Porque están todos, no falta ninguno.
Quiero a mi reina madre, cuidándome o cuidándote con lo bueno y con lo malo, pero te quiero conmigo.


sábado, 3 de diciembre de 2022

Llegó diciembre ho ho ho

 Diciembre. Mes ingrato para los que estamos solos.
Se vienen las fiestas y no es que vos festejes Navidad, no. Sos judía, y ver a todo el mundo en plan festivo te deprime.
Hacés el famoso balance de fin de año, y como en los últimos treinta, te da negativo. Rojo. Menos 400. Tocamos fondo. Sos el Grinch y todos los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura. Sos Ebenizer Scrooge en versión moishe. Para colmo de males, en estas zonas no nieva. Es verano y el calor del orto te pone de peor humor. 
Creíste que viniéndote a vivir a la playa, ibas a evitar todo contacto humano, por lo menos hasta el verano. Nos olvidamos de una cosita. Los locales y de zonas aledañas, con los primeros calores, todos los fines de semana, embondizan, agarran la toalla, el termo y un equipo de música tamaño Tony Manero y se vienen a mojar las patas en el mar. 
Mientras, vos te habías sentado con tu libro, a leer, muy tranquila, cuando una horda de niñes que nacieron con una pelota en vez de pie, se ponen a jugar a escasos metros tuyos gritando como si se acabara el mundo. 
Te corrés unos metros para el lado opuesto, y ni que la playa estuviera llena, se te sienta pegadito al lado, una familia de cuatro. Madre, padre, hija y parlante. Esos, que por obra y arte del universo, solo suenan con cumbia. Que vos odiás.
Cabe aclarar que Punta del Este tiene 60 km de playas. Por alguna extraña razón, todos terminan apiñados, en los mismos 50 mts pegados al muelle. 
Te preguntarás ¿por qué vas ahí también? Porque vos tenés el culo pesado y esa playa te queda enfrente de tu casa. Además desde que vivís acá, todos los días son iguales, y no recordás que es domingo.
Como verás, mi espíritu navideño está en su máximo esplendor…Y diciembre recién empieza. 
Ahora solo nos faltan los doce deseos de fin de año, si es que no nos atragantamos con las uvas.
 
 
 
 
 

sábado, 29 de octubre de 2022

Vallauris 2012, primer viaje . Perlita encontrada entre archivos


 

Soysola: Daniel, está muy nublado y es mi primer viaje en avión después de 20 años.

¿Se va a caer el avión? ¿Va a llover? ¿Me voy a morir? No me contestes, tengo náuseas. No voy a poder subir al avión.

Daniel: Arriba de las nubes está celeste. Y el avión va por arriba de las nubes. No te va a pasar nada.

S: ¿Estás seguro? ¿Se va a mover? ¿No me voy a morir? 

D: Mirá, seguro, seguro no estoy, pero te diría que si el avión no se mueve, es porque no anda, y ahí sí me preocuparía.

S: No voy a poder subir, me muero ahora. Por las dudas me tomo otro Rivortil.

Llegamos al aeropuerto de Ezeiza y por suerte, nos esperaba Pablo. 

Cualquiera diría que Pablo es mi marido, pero no, es mi psiquiatra, mucho más importante que un marido. Él sólo quería asegurarse de que subiera al avión y no perder su reputación en la Sociedad Argentina de Psiquiatría.

Haberme tratado durante años sin lograr que yo siquiera hablara de los aviones, para llegar a este momento, a un paso de viajar, no estaría bien visto entre los colegas, que a último momento  yo decidiera dar marcha atrás.

Por eso Pablo estaba ahí. Para asegurse de darme, literalmente, el último empujón.

Sentadas en el preembarco, agarradas a nuestro bolso de mano como si fuera un paracaídas, oímos la orden de embarque.

Mientras iba acercándome al avión, me entraban mensajes de texto de toda mi familia y amigos.

¿Estás bien? ¿Ya te sentaste? ¿Podés respirar? ¿Viste que no pasa nada? ¿Te tomaste la medicación? Respirá. Respirá hondo. Pensá en que mañana vas a estar en Madrid.

Todas esas muestras de apoyo, no hacían más que ponerme nerviosa.  Sí, ya me senté. El asiento es muy chico. Acá adentro hay que turnarse para respirar. La azafata me mira mal. El cinturón del asiento no me alcanza. No hacen asientos para gordas. Y sí, pienso en que mañana voy a estar en Madrid, pero quisiera ser teletransportada en vez de estar acá, tenía ganas de responderles.

Apenas puse un pie adentro de la nave, les avisé a las azafatas que tenía terror a los aviones. Por las dudas. Si armaba un escándalo, que supieran con quién se estaban metiendo.

Durante el proceso del tratamiento para el pánico a volar, había aprendido algunas técnicas para asegurarme el no pasarla tan mal. Así que ahí empecé.

Saqué los tapones para los oídos y me los puse. Luego, abrochar el cinturón de seguridad por arriba de la manta, tras cartón ponerme la placa antibruxismo y el antifaz para dormir. Previo a todo esto, leer la oración del viajero, aunque te soy atea.

Los Rivotriles iban haciendo efecto, con lo cuál, a los tres minutos de haber despegado, ya estaba dormida.

Las azafatas, hicieron un intento por despertarme, y no es que no las haya escuchado, es que mi cábala de no abrir los ojos para que el avión no se cayera, era más fuerte que la pasta o poio que me ofrecían.

Gracias con que nos levantamos media hora antes de aterrizar para ir al baño. Total, que si el avión se caía, ya estábamos cerca del piso.

Aterrizamos en Madrid creyéndonos Colón cuando llegó a América.

No besamos el piso porque te somos un poco aprehensivas a los gérmenes, pero casi casi le pasamos un trapito con tal de agradecer la buenaventura. 

Mandamos mensajes a toda la familia y amigos, incluído psiquiatra, para avisar que no habíamos muerto en el vuelo, y tomamos un taxi para ir hasta el hotel.

Nos espera Madrid, Zaragoza, Barcelona, Vallauris, Roma, Florencia, Zurich y París.

Ya hemos dado el primer paso del resto de nuestras vidas.

Nace, Sosyola Viajera.

 

 

miércoles, 26 de octubre de 2022

Gloria, el reencuentro . (Segundas partes nunca fueron buenas)


De nuevo en Montevideo para festejar el cumpleaños de prima Eli, reservamos habitación en el hotel donde conocimos a Gloria.

Tan deseosas estábamos de verla, que lo primero que hicimos fue entrar al baño.

Gloria se abrió de par en par para darnos la bienvenida. Literalmente subió sola la tapa del inodoro y comenzó a auto limpiarse anunciándolo con un pitido.

Qué bueno! ,pensamos, en agosto no hacía estas cosas. Por ese entonces nos auto aseaba el tujes solamente.

Ya puestas al día, porque tuvimos una larga conversación, nos despedimos para ir a dar una vuelta. 

Al cabo de una hora volvimos a la habitación, entramos al baño, y nuevamente Gloria hizo todas sus gracias.

Nos tiramos en la cama a descansar, y nos dimos cuenta que habíamos dejado el celular sobre la mesada, así que abrimos nuevamente la puerta del sanitario y por tercera vez, levanta la tapa, se limpia, hace el pip, etc.

Oiga señora!- dijimos-, ¿qué onda? ¿Va a ser así todo el día?

Y…sí…porque la mina se acciona cada vez que uno abre la puerta del baño. 

Después de la cuarta vez, Gloria ya no nos parecía tan simpática.

Por momentos se activaba sola, sin siquiera nosotras acercarnos al pasillo.

Creemos que nos lee el pensamiento. Tenemos miedo de dormirnos, que venga al lado de nuestra cama y nos haga pfsss piiip al oído. 

Ahora cada vez que la miramos, no podemos dejar de pensar en la planta carnívora de The Little Shop of Horror cuando decía, “Seymour, feed me”

Gloria nos diría “Soysola, pish me”.

Alguien nos dijo alguna vez, segundas partes nunca fueron buenas. Es un hecho.