miércoles, 18 de diciembre de 2013

La calor me pone loca

La ola de calor que se cierne en estos días en el país, ha logrado freír los cerebros de algunos habitantes de la nación. El alerta naranja, no sirvió de nada para que estos mal llamados seres pensantes, se protejan de los efectos nocivos del deterioro de la capa de ozono.
A saber en el día de la fecha, he oído y leído cosas como las que paso a comentar.
"Para el Gobierno, los cortes de luz son por el crecimiento económico. Según Capitanich, la demanda energética crece porque más argentinos han accedido al empleo y por ende, a bienes durables como los aires acondicionados"
No sé si reírme o pegarle. Creo que optaría por lo segundo si tuviese enfrente a este híbrido nacido de la cruza de Palito Ortega con Antonio Banderas.
"Proponen que la Argentina dé asilo a los gays de Rusia e India. El activista por la diversidad sexual, Alex Freyre, dijo que el país debería ser embajador de quienes son ilegales en sus lugares por su orientación sexual".
Ok, juro que no tengo problemas con los gays, que vengan todos los que quieran. Pero me pregunto ¿no estaría bueno empezar por casa? Digo, ¿no sería genial que los gays y trans que vienen del interior del país, no tengan que prostituírse por no conseguir laburo? Ponele.
Además imaginate, si ya tenemos problemas de energía porque todo el mundo se compra aires acondicionados, si vienen millones de rusos e indios, ¿qué hacemos? ¿Compramos abanicos? Y eso es algo que se vende en el Barrio Chino, así que seguiríamos aumentando el crecimiento laboral y por ende económico, con sus consecuentes cortes de luz por exceso de consumo de energía. Y entonces deberíamos construír otro Yacyretá, y así seguiríamos creciendo energéticamente nosotros y el consumo. Todo se concatena con todo en este bendito país. Y como diría Soledad Silveyra, ¡adelante mis valientes!
Después escuchás a Rial, a Fantino, a Chiche Gelblung, Wanda Nara y la Xipolitakis y el combo de la cajita feliz está completo. Sin olvidarnos de la noticia más relevante del día: la reconciliación de las filósofas pos-contemporáneas Moria Casan y Sofía Gala. ¡Menos mal, porque no sabés lo mal que me tenía eso! Estuve a punto de pedirle una sesión extra a mi psiquiatra porque no podía dormir pensando en esa tragedia griega.
¿Me puse muy seria? Bah, yo no, mi otro yo. A mí últimamente, me importa poco y nada todo. Con lo cuál todo se convierte en la nada misma. Y de nada sirve. Eso, según Moris, es escaparse de uno mismo. Y como ya sabemos, yo me escapo y mi otro yo me trae de vuelta. No entendimos muy bien para qué. Yo quiero estar en Europa o en el Caribe, y mi otro yo, insiste en que me tengo que quedar acá, cagándome de calor, y hacerle el aguante a los compañeros de Edenor, Edesur y los de Plumas Verdes, que vendría a quedar en la con#@a de la lora. Porque es ahí a donde vamos a ir a parar todos algún día.
Con lo dicho y como cierre, haremos el pedido del día.
Quiero un verano con 26 grados constantes. Una reposera en primera fila en La Bristol frente a los lobos marinos. Lo único es que a lo mejor, la gente se pararía a mi lado para sacarse la foto, confundiéndome con los bichos de cemento. Aunque a mí, todavía algo de cuello me queda.
Quiero ponerme un conchero y bajar las escaleras del Lido de París como Josephine Baker.
Tener cintura de avispa para volar por el mundo y esparcir el polen de mi sabiduría (prohibido reírse). El aguijón no lo quiero porque soy alérgica a las picaduras, y con mi suerte, es probable que me la clavara a mi misma.
Quiero ser la musa inspiradora de un Chagall, o de un Picasso, y no ser una musaraña en la casa de Marc o Pablo. Si tengo que elegir, elijo quedarme en la casa de George C., como musaraña, araña pollito, o babosa de jardín. Con cualquiera de estas opciones, mínimamente sabría quién soy, gracias al jardinero o al servicio de desinfección domiciliaria.
Quiero el Taj Mahal. Necesito hacer natación, por mi hiperlordósis, y nada mejor que unos cuántos largos en la pileta de entrada.
Quiero el País del No me Acuerdo, porque la memoria ya me falla, y ahí sería Reina aunque sea por un día, ya que al siguiente no me acordaría de nada.
A mi otro yo, la calor la pone pedigüeña. Sabrán comprender.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Feliz Año Nuevo?

Y llega otra vez, mi otro yo, esta vez para instalarse, por un trimestre por lo menos. Aparece cuando menos la necesito, o podría decirse, que no la necesito a menos que aparezca. Seamos honestas, viene cuando creo que no quiero, y se queda hasta que se le da la gana. Nunca la echo, porque soy muy educada. Si tengo visita, aunque inesperada, yo la recibo con cara de tujes, pero la recibo igual. Así me enseñaron generaciones y generaciones de madres, abuelas, tías y tías abuelas judías.
Le pongo una sonrisa impuesta, le doy una palmadita en la espalda, y por más sutilezas que tenga, no logro que se vaya hasta que se le cante. Le doy unos knishes, un tei mit limene, y si me sobró leicaj de miel, se lo ofrezco con la excusa de que endulza la vida.
Calculo que su inteligencia, la de mi otro yo, se entiende, debe estar un poco por encima de la mía, ya que intuyo, aparece en momentos cruciales de mi vida, como por ejemplo, fin de año.
¿Quién le dijo al mundo, que toda la humanidad es feliz con la llegada de la Navidad, Hannuka , Año Nuevo y mi cumpleaños?
No festejo el nacimiento de Jesús, porque sería una dicotomía, que si los judíos lo matamos, festejemos que nació. Soy retorcida pero no tanto. Podría, digamos, festejar la muerte de un ex cuñado, por ejemplo, pero no la de Jesús que no me hizo nada. Eso habla bien de mí y de mi otro yo, porque en algún punto de nuestra locura, tenemos cierta coherencia.
Todo muy lindo, todo muy bien, pero, ¿por qué debo festejar que tengo un año más de vida, cuando en realidad, cada año que pasa, tengo uno menos? No soy Benjamin Button que cumple al revés.
A mi no me cae bien estar por cumplir 48 años, y a mi otro yo, ni les cuento. La gente te llama y te saluda, como si te quisiera, cosa que si analizás detenidamente, no es verdad.
Decime vos, reverendo hdp, qué corno me llamás para desearme un feliz cumpleaños, si lo único que está pasando acá, es que cumplo más y vivo menos? ¿O desde cuándo cumplir años te hace más jóven? Ni que hablar, cuando te recuerdan que ya pasaste la "mitad de tu vida".¡Ah,sí! ¡Qué felicidad! ¡Ahora en vez de quedarme por delante treinta años, me quedan veintinueve! ¡Festejemos! Eaeapepe!!
La tasa de suicidios sube en cada festejo de fin de año. No voy a ponerme en Jim Jones, pero la verdad es que nadie se suicidó porque yo cumplo años, salvo mi anterior otro yo. Este que vino a visitarme, es nuevo.
Así que el quiero de hoy, vendría a ser una cosa por el estilo: Quiero quedarme en los cuarenta y ocho, ni uno más ni uno menos. El cuarenta y siete, será de ahora en más, mi número de la mala suerte.
Quiero un calendario juliano, azteca, maya, lunar o cualquiera que no sea el gregoriano.
Quiero un febrero con 32 días en vez de 28 o 29, porque eso te alarga la vida y trae suerte, según Mirta Legrand.
Quiero lo que siempre quiero y después no. Quiero un Judas que me niegue tres veces, y se venda por un puñado de dinares. Los dinares no se devaluaron como el peso, por ende, seguiré valiendo mi peso en oro, y es algo que le conviene mucho a quien vaya a venderme. Todos los días subo, como dicho metal.
Quiero un Mundo Marino que me acepte como soy, mitad sirena, mitad ballena. Ustedes armen el rompecabezas y decidan qué parte quieren arriba, y cuál abajo. Yo sugeriría que la de sirena me la dejen arriba, porque en la cabeza de la ballena, no sabemos bien dónde están los ojos, y mis ojos, dicen, son lo más lindo que tengo.
Quiero ser Penélope tejiendo y destejiendo, esperando a mi Ulises que tiene la cara de George Clooney.  No me importa que venga ciego, encadenado o medio muerto, mientras sea George.
Quiero que me retiren la orden de restricción para hablar, mencionar, o acercarme al señor Clooney, porque mi otro yo se está volviendo loca y no sé cómo controlarla. A lo mejor con un Nespresso la calmamos. Descafeinado s´il vous plait.
Quiero mi isla propia, con palmeras sin cocos, arenas blancas y mar azul, sin Christian Castro, y de paso sin Fidel ni su hermano.
Quiero llegar al fin del mundo, mirar un ratito, y volver caminando despacio, porque nadie me apura.
Quiero la felicidad en frasquitos con gotero, para ir dosificandola de a poco, y no tener que internarme después por una sobredosis, porque para eso todavía no encontraron la cura. Encontraron la lo-cura.
Quiero esta locura que tengo, que no la entiendo, pero que me acompaña como fiel seguidora, a todos lados, sin cuestionarme, sin juzgarme y fundamentalmente, dejándome ser.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Gualichos para el amor

No quiero superhéroes llamados Batman o Robin disfrazados de murciélagos, porque los murcis te pegan enfermedades como la rabia, y tenés ganas de matarlos. Ni un Superman de acero, porque la gente de acero será muy fuerte, pero el corazón debe ser del mismo material. Eso de que por fuera es indestructible y por dentro blando como un flan, no está probado por la Unión de Obreros Metalúrgicos, ni tiene el sello IRAM. Tampoco un Guasón que se nos cague de risa en la cara, ni un Hombre Araña que larga telarañas por todos lados. Las telarañas te atrapan, o sea Spiderman es un psicópata que necesita que la presa caiga en su trampa. Además no estamos andando con un plumero todo el día, para limpiar ese tipo de porquerías.
Menos que menos un Increíble Hulk que anda con un humor de perros , y te trae la ropa para  zurcir.
Quiero una Fundación de Lucha contra el mal de Amores, y encontrar la cura, para ganar el Premio Nobel de Química Orgánica aplicada al desasosiego amoroso.
Quiero un hombre de carne y hueso, con más carne que hueso, dada mi circunstancia extracorpórea llamada adiposidad sobrante.
Quiero un candado para mi boca, entre otras cosas, para no comer porquerías todo el día, y de paso si me sirve, para no hablar boludeces. Cumpliría con dos funciones fundamentales en la vida de cualquier ser humano que me rodee. No putearme cuando como lo que no corresponde, y no escuchar la cantidad de gansadas que digo por segundo cósmico.
Quiero ser más sofisticada que simple. Para simple ya soy bastante complicada.
Quiero alguien que me vea como Don Quijote a Dulcinea, y no siempre encontrarme con los Sancho Panzas montados en un burro, que siguen a un loco que lucha contra molinos de viento. Eso denota falta de seso o exceso de altruismo al pedo.
Quiero un romántico empedernido, no un meloso que empalague. Si llegaras a cruzarte con éste último, primero tomarse un Omeprazol y luego espantarlo, acercándole un panal de abejas. Eso debería hacerlo huir al menos por unos años.
Quiero derretirme con el pincel de Dalí, y no con la humedad de Buenos Aires. Se necesita un papel secante gigante en esta ciudad, para absorber los efluvios corporales de la gente y del asfalto.
Quiero vivir la muerte como se vive la vida, de manera inconsciente. La conciencia no te hace más feliz.
Quiero ir y volver, volver e ir, quedarme un rato, o ratearme para siempre. Quiero el libre albedrío de hacer con la vida lo que te plazca, sin joder al prójimo que no te hizo nada. Al que te hizo, jodámoslo. De jodida nomás que soy.
Quiero un rato para mí , apagar la luz de mi cerebro, y quedarme a oscuras dentro mío y pensar en cómo liberarme del ser extraño que vive en mi interior.
Quiero el gualicho para el amor, y enamorarme de mí misma, que parece es la receta adecuada, para lograr la felicidad.
En definitiva, todo se reduce siempre a lo mismo: quiero un George Clooney que me traiga un Nespresso vestido de Armani todo el día, para poder mirarlo, y decirle a las otras, miralo y no lo toques.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Estrellita mía

Quiero una pared infinita donde colgar los recuerdos, ya que en mi cabeza no caben. Son tantos y tan lindos, que debería empapelar la Muralla China y todavía me quedaría corta.
Quiero cinco minutos al día para apagar el switch de mi cerebro y desconectarme del mundo, o que el mundo se desconecte de mí.
Quiero un regalo de Navidad sin Navidad, de cumpleaños sin cumpleaños, porque odio las fiestas recordatorias de que el Mundo es Mundo y que se ha hecho para joder a media humanidad. El Mundo, digo. Las fiestas también.
Quiero un submarino amarillo, no sé muy bien para qué, pero supongo que será para sumergirme en el fondo de mi alma y encontrar si la tengo todavía, o la perdí allá lejos y hace tiempo.
Quiero una casita en Siena, porque el color siena es el de la nostalgia, y quiero ser nostalgiosa porque eso me da un aire de misterio onda Mona Lisa.
Cada vez queremos más a George, yo y mi otro yo. Ella más que yo, porque todavía tiene cierta ingenuidad infantil, que la sigue haciendo un poco más especial que a mí. Yo ya perdí las esperanzas con Clooney, el día que me convertí en traficante de toallas sucias. ¿Qué le digo cuando me ofrezca un Nespresso? Hello, my name is Elizabeth and I only drink decaf cause I need to be awake when my dirty towels arrive because I´m a smuggler?
Quiero ser un retrato de Modigliani para parecer flaca y alta. No importa que tenga una expresión de tristeza constante, porque entre la cara que tengo y esa, saldría favorecida.
Quiero un Planetario para mí sola, con la flecha Jacinta que me vaya mostrando las constelaciones. A lo mejor encuentro entre tanta estrella, la que dicen que corresponde por ser capricorniana, extraterreste, interplanetaria, incomprendida, insoportable e inmensamente hincha pelotas. Creo que se llama: Piquito de Oro, bautizada así por el portero de la calle Ayacucho y Guido en el año 1969.
Quiero ser el Dalai Lama, para no tener problemas conmigo misma, ya que sólo lo tendría con los chinos, que me superan en cantidad. No en masa, porque en eso les gano a todos.
Quiero ser introspectiva, y menos pedigüeña. Aprender a callarme la boca cuando es necesario, y cuando no lo es, también.
Quiero un verano templado, no caluroso, porque el calor es sólo para aquellos que lo disfrutan, y para las que estamos cerca de la menopausia es una tortura.
Quiero el Glaciar Perito Moreno, el Himalaya, los Apeninos, los Pirineos y los Alpes. No quiero los Andes, para no ser comparada con el Libertador General San Martín, porque perdería por no saber andar a caballo.
Quiero un barco con 55 metros de eslora, no sé para qué, porque no sé cuál es la eslora y para qué sirve. Sólo lo quiero porque estoy acostumbrada a querer todo. O a lo mejor para poder decirle a alguien: andáte a la c#@a de la eslora.
Quiero el trabajo de turista, que aún cuando es duro, es más placentero que ser local. Quiero vivir en un eterno viaje de ida, sin vuelta, perderme en el más allá, recorrerlo todo, y si algún día me canso de viajar, saber que en el más acá, no me espera nada más que mi locura.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Bagayera vieja nomás!

Érase una vez, una mujer un tanto colapsada por la situación, que dejó sobre su cama italiana, una bolsa con toallas y sábanas sucias, prontas para el lavadero. Pero hete aquí, que no las pudo llevar al lavatutti italiano, ni meter en la valija, antes que el avión partiera, porque si no, no vería a su padre aún con vida.
La señora entonces, llamó por teléfono a una fémina ítaloamericana, suplicándole le enviara sus cosas a su país natal, cosa que esta buona donna hizo.
Tras un mes de llamados, rastreos, e-mails y unos cuántos euromorlacos, el envío llegó casi a destino.
Casi, bien decimos, ya que la ingenua mujercilla, confió en que un señor llamado Guillermo Moreno, al que ahora han mandado a molestar al Papa, no la trataría de traficante de armas.
Y una destemplada mañana de noviembre, doña ignota Elizabeth Andrea, recibe un correo, notificándole que sus toallas mojadas, sus sábanas sucias, su edredón de plumas y sus preciadas herramientas , vienen a ser algo así como "una importación textil" retenida en la aduana de Ezeiza.
Sí señores, de ahora en más, esta pelotuda dama, se ha convertido en la traficante N'1 de mercancías textiles importadas. He pasado a ser  BUSCADA por los agentes de C.I.P.O.L, la C.I.A, el F.B.I, Scotland Yard y Los Gansos de Viena, la Batucada Carioca, y la Policía Montada.
Todo esto, por tres toallas de mano, una bata, un toallón, una juego de sábanas, un piumino y una bolsita con herramientas de trabajo. Raro que no me hayan pedido la captura internacional por terrorista, cuando en dicha bolsita, venían armas mortales, tales como lancetas, devastadores, lama de goma y de acero inoxidable, lápices para porcelana, y algún que otro sello de metal, madera y cerámica. Extraño también, que no hayan solicitado, mi extradición, cárcel y horca, por tráfico de metales preciosos, dado que portaba entre mis "textiles" dos frasquitos que contenían oro y platino líquido, para tercer fuego (término cerámico, a no confundirme con piromaníaca).
Quizás por esta importación de productos textiles adquiridos a través de la mafia siciliana, me pidan que exporte por el mismo monto, misiles aire-tierra cargados con ojivas de plutonio, o soretes del Ganges.
Aleluya damas y caballeros! He logrado convertirme gracias al poco criterio de un grupete de cerebros de mosquito en una bagayera vieja nomás!
Digan que rompí tanto las pelotas con mi piumino (edredón) que si no les diría que se lo metan por el culo y se lo saquen por las orejas.
No daremos el brazo a torcer! Ahora desde la clandestinidad del blog que tiene mi nombe y apellido, dirección, teléfono y C.U.I.T, voy a convertirme en el F.L.E.E.S.Y.T o Frente de Liberación Elizabethista de Edredones, Sábanas y Toallas.
Citando al héroe de la Revolución Setentista Mexicana, el Chapulín Colorado: Síganme los buenos!




domingo, 24 de noviembre de 2013

De refranes está hecho el camino del infierno

Quiero un Armando Manzanero, apenitas más alto y más joven, que me componga temas de amor, y no un amor que me descomponga.
Los amores que descomponen abundan en el Universo Elizabeth, y es hora de erradicarlos, o de radicarme en otro lado.
Quiero todo lo imposible, porque de ser posible, quisiera estar imposibilitada para el sufrimiento. Ser la aguja en el pajar del ojo ajeno, la calavera que chilla porque por quedarme callada mucho tiempo, dieron por sentado que otorgaba. Ya que estamos, quiero poder hablar un poco menos que cuando no hablaba nada, porque en The world of Liz, parece, no hay grises, y el blanco es demasiado blanco, y el negro cada vez me oscurece más.
Quiero devanarme los sesos, a ver si se me ordenan las neuronas que perdí cuando comencé a destejer mis pensamientos. De paso si alguien encuentra mis ideas, por favor llamar al 0-800-inteligenciaperdida-666, que con gusto serán puestas en un frasco con formol.
Quiero encontrar el control remoto del aire acondicionado, que desapareció en el caos de mi hogar dulce hogar. Los controles remotos deberían venir con un dispositivo, que cuando uno los busca al grito de: ¿¿ande te metiste?? ellos respondan mientras recorrés tu casa levantando almohadones, sacos y libros: frío, frío, tibio, caliente, caliente…¡¡te quemaste!!
Quiero un amor secreto, que no salga nunca a la luz. La luz es mala, distorsiona y amplifica los defectos. No porque yo tenga defectos…que no los tengo. Los defectos me tienen a mí.
Quiero la imperfección hecha puré y no carne, porque la carne me sube el colesterol y los triglicéridos, y para subidas están las del Trastevere, que quedó allá lejos y hace tiempo.
Quiero Las Meninas de Velázquez por Picasso, que hacen juego con la onda decontracté de mi casa. Quiero cambiar todas mis esculturas por el David de Miguel Ángel, y ponerlo en lugar de la mesita de luz. A decir verdad, quiero casarme con el David, o ser Miguel Ángel. No sé, a lo mejor sería ideal que quisiera ser yo misma con el talento ajeno o el poco propio.
Quiero creer en algo que no creo, para creer que algo cree en mí. Quiero amigarme con la fe, no con la que mueve montañas, simplemente con la que me quitaron hace tantos años, que apenas movía mi mundo.
Quiero ser Mamá Noel para dar la vuelta al mundo entero en 24 hs. La panza la tengo y la barba empieza a crecer.
Sigo queriendo un pasaje de ida al Monte Everest, sentarme en la punta a meditar, mientras me congelo el tujes, intentando descubrir, en qué me equivoqué en esta vida, que no deba repetir en la próxima.


sábado, 16 de noviembre de 2013

París y más allá la inundación

Quiero ser la que todos creen que no soy y que tampoco pienso ser. Porque si pensara que siendo así voy a conseguir algo, seguramente no conseguiría nada.
Quiero un álbum de figuritas de terciopelo y brillantina, que me recuerden que alguna vez fui una niña sin preocupaciones que esperaba el jueguito de té para ser feliz.
Quiero un pasaje ida y vuelta al más allá, para ver, abrazar y volver. Quiero vivir en el Infierno del Dante, que es más emocionante que el cotidiano.
Sigo queriendo a George, aunque agregamos a Blake. Total, ninguno de los dos me va a dar bola, y yo les hago un promedio entre edad y peso:  \rho = \frac{m}{V}\,, por más que jamás develaré la incógnita.
¿Cuál sería la gracia si alguien descubriese la ecuación y diése con la solución? Solamente me clavaría una daga en el corazón y no lograríamos ningún buen resultado, salvo un suicido de mi masa.
Quiero ser una conejita de Playboy (por favor evitar imaginarme para no sufrir una crisis nerviosa) y terminar colgada en una gomería, antes de que mis gomas terminen colgadas gracias a la puta Naturaleza.
Quiero un músculo plano abdominal, sin hacer ejercicio. Éste último fue inventado con el único propósito de torturar a la clase humana sobresaliente en grasas saturadas.
Quiero recuperar la memoria que perdí y no sabía para qué la quería. A lo mejor la quiero para volver a perderla. Quizás si la encontrara no sabría con qué llenarla. Ultimamente todo lo que leo o veo es una mierda, con lo cuál, seguramente, mi memoria está bien donde está y es mejor que se quede ahí con el unicornio de Silvio Rodríguez.
Quiero una isla del Caribe para mí sola. Como Robinson Crusoe pero sin Viernes. Sólo con Jueves, porque los jueves voy al taller y la paso bien.
Quiero la casita de Rodin en París, con los campos de Van Gogh y las redondeces de Botticelli. Quiero los Jardines de Luxemburgo para hacer un asadito con amigos, y jugar al tejo en medio del césped brillante. Y quiero la Torre Eiffel para hacer bungee jumping y estrolarme contra los hierros.
Quiero las rosas de Queen´s Garden, sin las abejas y menos la reina, porque para reinas estoy yo, y me la banco sin ningún cortejo de súbditos. Son molestos, no me gustan los tábanos obsecuentes.
Quiero bañarme en el Amazonas, sin pirañas y sin cocodrilos. A lo mejor con una boa constrictor, pero tampoco es seguro que quiera bañarse conmigo.
Por último, quiero detener el tiempo, volver a donde estaba, pegar la vuelta y no aparecer más.




jueves, 7 de noviembre de 2013

Des-variaciones varias.

Hay días en el que el dolor no te deja respirar, otros en los que te arranca una sonrisa a regañadientes.
El humor va y viene...generalmente va, y de vez en cuando viene. Siempre del mismo color: negro.
Ni que el mío alguna vez hubiese tenido otro tinte...
Te preguntás qué diría. Abrazás el aire por las dudas que el espíritu te ande rondando. Te das cuenta de las veces que se pelearon, quisite acogotarlo y seguramente él quiso darte un tortazo, y se contuvo porque ya eras adulta. Y te preguntás porqué no aprovechaste más el tiempo. Cuarenta y siete años no es toda una vida. Los padres deberían vivir hasta que los hijos los alcancen en edad. Ahora que estoy leyendo Inferno de Dan Brown, la teoría de la tecnología genética no me parece tan descabellada. Deberíamos conseguir que a partir de los ochenta años, el tiempo biológico se detenga para ellos, y nos esperen como Walt Diseny, hasta que nosotros lleguemos a la misma edad. Entonces nos vamos juntos, y nadie sufre la pérdida.
Nadie dijo que estoy cuerda. Sólo mi psiquiatra podría afirmarlo, y no creo que lo haga en estos días, ni en un futuro cercano.
Mi papá no era de ningún cuadro. Cuando le preguntabas de qué equipo era, te decía: a mi me gusta el fútbol. Mientras sea un buen partido, me gusta el fútbol.
Yo, por otro lado, no soy amante del fútbol ni de ningún deporte en particular, ni en general. Se podría decir que mi deporte favorito es el pensar boludeces. Como cuando le propuse a mi segundo ex, cambiar el reglamento de arbitraje del fútbol. Me parecía cruel, dos amarillas, una roja y estás fuera del juego. ¿Por qué, si no hiciste un foul a propósito, quedás a disposición del humor cambiante de un tipo que está corriendo por toda la cancha y no tiene ojos multidireccionales? ¿Y si se equivocó? ¿Por qué no darle un changüí al jugador, eh? En ése entonces mi propuesta era: ante la primera falta, una amarillo patito, para ir anticipándole que te está haciendo enojar. Con la segunda, una amarillo huevo duro. A la tercera, amarillo huevo rabioso. Antes de echarlo, luego de la tercera advertencia, sacarle una tarjeta rosa, en aviso que ya te estás calentando. Y por último recién, la roja. El arco debería medir como el del hockey. Me dan no sé qué esos equipos que pierden 6-0, 5-1, o con una diferencia vergonzante. Para ahorrarles esos disgustos, o el arco es más chico, o por cada gol del contrincante, al equipo contrario se le computa medio gol a favor. Así nos vamos todos más o menos contentos a casa.
Las camisetas deberían tener todas el número 10, cosa de que nadie se sienta más que el otro, y la autoestima ayude a ambos equipos y a los hinchas, porque todos tendrían al mejor jugador.
Como dije anteriormente, nunca fui amante del fútbol. Es más, me parecen veintidós tarados corriendo detrás de una pelota, o sea, no sé porqué me preocupo por cambiar algo. No entiendo el sentido del juego, ni las copas Libertadores, Playmóvil, Verano, Invierno, Sudemaricana, Intercontinental ni la Comebol, que ya de por sí suena rara.
Otra cosa, el Fútbol, no es el deporte nacional. Es el Pato. Quiero Pato para todos y todas!! Canal Siete transmite, "Pato para todos", "A las 6, a las 7 y a las 8, al agua Pato!"y "El romance del Moreno y la Patovica"protagonizada por Pito Fáez y Andrea del Boca.
De a poco la vida se va normalizando…la de los otros…la mía sigue patas para arriba.


sábado, 26 de octubre de 2013

Cerrado por duelo

Una semana infinita y el desenlace final, que te sorprende y te clava el puñal en lo más profundo de tu alma, aún cuando lo esperabas.
La muerte no se digiere. La muerte no te deja respirar. La muerte es una mierda que no debería existir. Adhiero a la superpoblación mundial por falta de muertes.
La muerte es un negocio para pocos. Los especuladores del dolor, se regodean ante la pérdida y uno siente que estalla, pero se rinde ante la desesperación de que el ser amado no descanse en paz.
Quiero una ley que dictamine que los hijos de puta sean enterrados en el Ceamse entre la basura, y los hombres de bien en el Jardín del Edén.
Quiero la vida eterna para mis seres queridos, y para mí, la agonía y el éxtasis.
Quiero verle la cara a La Parca y reclamarle que me devuelva a los míos.
Quiero no tener corazón para que no me duela tanto y para no sentir remordimiento.
Quiero no responder a los requerimientos de consuelo de los demás, cuando a la que se le parte el alma es a mí.
Quiero pensar que me escucha para decirle mil veces te quiero.
Quiero seguir siendo la nena y no esta adulta en la que me convertí sin quererlo.
Hoy me doy cuenta que quiero lo único que no puedo tener. Quiero a mi papá de vuelta.

domingo, 13 de octubre de 2013

Benvenuto a San Francesco a Ripa

Parece que mi vecino de arriba tiene algún problema gástrico. De otra manera no entendería el porqué del hedor que de la nada apareció en el baño(o toda la casa, porque el depto tiene el tamaño del mismo) y de su constante caminata por sobre mi crujiente techo.
Es eso, o me extrañó tanto este fin de semana ,que estuve en Faenza y Bologna, que me recibió con las tres flores de la costa (mier, sore y bos) a modo de bienvenida.
En fin... Son las cosas de la vida, son las cosas del querer, dirían Ángela Molina y  Manuel Banderas.
Viernes y partimos hacia la estación de trenes de Ostiense. Previa espera de Jordan y mía a Ali, que jamás apareció a la hora pactada. Por supuesto, mis primeros pensamientos al ver que no llegaba y se nos iba el bondi, fueron, la asaltaron en el camino y le afanaron el celular, la violaron y la mataron tirándola al Tiber, entraron ladrones a la casa y la asesinaron...no pude pensar que se quedó dormida o que quizás no nos entendimos sobre en qué esquina nos encontrábamos. No. Yo sólo puedo imaginar nimiedades como estas. ¿Cuál sería el sentido de mi judaísmo si no? ¿De qué me serviría ser una idishe mame frustrada?¿Debo cambiar de psiquiatra?
Por suerte Alison llegó sana y salva a Faenza.
Muy lindo todo y todos. El hotel genial, sin quejas, salvo que sigo preguntándome qué problema tienen los europeos con el tema ducha. Todas miden 30cm x 40 cm, cosa que me obliga a hacer dieta o a entrar de chanfle por la mampara. Como se habrán dado cuenta por las fotos, opto por lo segundo.
La resultante de mi decisión es que todos caminan a los pedos, y yo quedo rezagada 30 km detrás. Pero a mi no me importa mientras sigan existiendo los gelattos y los zapatos italianos.
Faenza es muy linda, chiquita, barata en comparación a Roma, y no entendí aún porqué teniendo, ponele, 20 manzanas x 20 manzanas, la gente tiene autos de lujo que conduce cuál circuito de Monza.
Mientras el entusiasmo de Chris, Ali, Lori-Ann y Paolo, crecía por la capital de la cerámica italiana, Jordan y yo, poníamos el mismo entusiasmo en ver las vidrieras.
Entramos en un negocio, y vemos que los dueños nos miran raro y hablan entre ellos en italiano. Cuando ya nos íbamos, nos dicen algo que ninguno entendió, así que le dije: scuzzi ma non capisco italiano. Entonces me dicen en inglés: usted tiene colgada en el cuello la estrella de David (sí agárrense de los pelos, me compré una por primera vez en mi vida, luego de un brote de misticismo que me surgió el día que operaron a mi mamá). Le digo, ah, si! ¿Por? Me responde, es que nosotros somos judíos. La única familia judía en todo Faenza, y nos sentimos un poco solos.
Dios existe! Alguien que se siente más solo que yo! El milagro se hizo.
Así que, ya me conocen, aproveché y les dije que vengan a Roma para la inauguración. Estoy invitando a medio mundo. No conozco a ése medio mundo, pero ustedes saben cómo soy, capaz de hablar hasta con las piedras.
Io sonno una artiste de la ceramiche aryentini, e voy a fare una exposizione en decembre, io te aspetto allá. Así nomás, a lo tana-argento.
Domingo vuelta a Roma, previo paso por Bologna, solita con mi alma, hasta que saliera el tren. Tres horitas para pasear. O shopear. Porque ambas se combinan perfectamente. Bellísimo lo poco que pude ver, amén de una manifestación de 6 personas, protestando en frente de Mac Donalds, en contra de la matanza de animales. Ahora, putean a los yanquis, pero de la salchicha que le ponen a todo y el prosciuto di Parma, no se habla.
Lo que amo de Italia, es que los negocios abren los domingos, por lo menos hasta la 1 y media. Foto va, compra viene, llegué a la stazione pensando que el tren salía de ahí nomás. Cargada como un camello, porque encontré Zara Home y unas bellas zapaterías, más mi bolso que pesaba alrededor de 15 kilos de libros, caminé, sacando los bofes, 38 kms hasta llegar al terraplén 18. Salimos puntuales, y torré cuál marmota, babeando con la boca abierta, las dos horas y media de viaje. Esto de viajar, repito, es un trabajo pesado, que debería estar regulado por un sindicato, con sueldo, aguinaldo y vacaciones. Sin contar las horas extras, como por ejemplo, los 45 minutos que estuve esperando un taxi, en la Stazione Ostiense.
Y finalmente llegué a home sweet home,que sigue teniendo termitas, y tres pisos interminables.
La intención de la que suscribe al pie, es seguir viajando por la península itálica lo que quede de su estadía, para continuar con esta lucha sindical.
Elizabeth presidente, Dolce e Gabbana al poder!
École quá!


Elizabeth Dychter
www.elizabethdychter.com