miércoles, 19 de noviembre de 2014

Pedir no cuesta nada

El otro día quería uno, dos y tres, y hoy para no ser menos quiero cuatro, quiero cinco y quiero seis.
De pedigüeña nomás que soy. No es que me falte nada, más bien me sobra. Me sobra grasa, cansancio, dolor de cuello, de cintura, años, canas, y unas ganas tremendas de irme a la mismísima mierda.
Ah! Y me sobra mucho, pero mucho pesimismo.
Quiero ser una Chica Superpoderosa, Bellota o alguna otra fruta seca, menos una pasa de uva, porque me parecería a mi misma dentro de un par de añitos.
Quiero ser Jessica Rabbit en contraposición a la pasa rubia de la línea de arriba.
Quiero un rascador de espalda que tenga bien hecha la manicura, para rascarme de arriba abajo, o mejor dicho de dorso a dorso, que vendría a ser de punta a punta y a lo ancho de mi pectoral de atrás.
Quiero El Grito de Munch, porque mi garganta está un poco cansada a esta altura del año, de gritar boludeces a los cuatro vientos.
Quiero pavimento para todos y empedrado para Pedro y Wilma Picapiedras.
Quiero diez cabritos en una montaña. No sé para qué los quiero, ni siquiera me gusta el queso de cabra.
Quiero ser un pez, para tocar mi nariz en tu pecera, aunque dudo que las burbujas sean de amor, más me huele que son gases.
Quiero el mundo entero para recorrerlo despacio y con tiempo, de Ushuaia al lado de enfrente del Estrecho de Bering, en territorio ruso, y poder decir spasiva con un gorro de piel en la cabeza, como Illya Kuriaky sin los Valderrama.
Quiero ser más consistente y menos voladora, porque mis pensamientos pesan más que lo que el aire puede levar sin ponerle un motor.
Quiero mis ojos anteriores de vuelta, porque estos que tengo no ven más que la realidad que quieren ver.
Quiero un changuito cargado de frustraciones, para dejarlo en la casa de otro, y decirle: una vez que la mercadería traspasó su puerta no tiene devolución.
Quiero un pasaporte al más allá, con o sin fecha de caducidad, para ir y venir cuando se me da la gana, decirles los amo, darles muchos besos y un abrazo eterno.
Quiero a Shorsh porque ya es costumbre, aunque también quiero a Mr. Downey Jr. que me va a dar la misma bola que me dieron Paul Newman, Robert Redford y De Niro en su momento. O sea….como Shorsh.
Quiero las manos de Camille Claudel, el parque de la casa de Rodin en París, y el monolito de Óbelix a quién ya me parezco.
Quiero a mis tres neuronas en fila, porque van a tomarnos asistencia y pretendo pasar de grado.
Quiero vivir la vida día a día y no que un día venga algún vivo a querer vivir la mía.
Quiero ser un ser no pensante por un rato, o como diría mi amado viejo, decime dónde está el switch así lo apago.
Quiero reencontrarme conmigo misma, esa que perdí en algún lado de tanto encontrar otras dentro mío.
Quiero subir las escaleras, peldaño a peldaño, hasta que me canse de andar, quiera volver atrás y ya no pueda.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Pavimento sí, adoquines no

Hemos ganado premios, hemos perdido batallas, pero no todo está dicho en la senda del señor. Del señor juez, quiero decir, que deberá decidir si pavimentamos para todos y todas, la avenida Juramento. Así como el gobierno nacional no considera a los belgranenses ciudadanos, porque desde que nací he oído decir que Belgrano es un país, el señor Pro ha decidido incorporarlo al territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Somos lo que D´Elía llama: los blancos de mierda. Eso sí, tenemos que aclarar que de unos años a esta parte, en el país de Belgrano tenemos bastante inmigración china, dominicana, africana, española, francesa, anche mexicana y colombiana, sin desmerecer a los hermanos bolivianos y paraguayos. O sea vendríamos a ser unos eurosudakachinos de mierda. Así que yo, como habitante de la Nación de Barrancas de Belgrano, exijo elecciones poco democráticas urgentes, para echar a los confines de la Concha de la Lora, a los anarquistas herejes, opositores a la re-pavimentación de la Avenida Juramento, que vendría a ser algo así como las oficinas gubernamentales de mis otros yos. Un adoquín un voto.
Mientras redactamos la nueva Constitución, al fondo del pasillo, los vecinos de la nación belgraniana, están festejando con antelación, nuestro día de la Independencia. Ya nos independizamos de Oscar (alias el ex portero usurpador), ahora nos toca hacerlo de la ONG (Onanistas No Garchamos) o Conservacionistas de los Adoquines Usados por Su Excelencia Don Juan Manuel de Rosas en el año 1850.
Presidente: Yo
Vice-Presidente: Mi otro yo
Secretaria: El yo de mi otro yo
Vocales: Yo III, Yo IV y Yo V
Queda constituída la Nación por obra y gracias de las múltiples personalidades aquí presentes, y decretamos:
Art.1: Juramento se pavimenta como corresponde.
Art.2: A quién se oponga, se le inoculará vía anal un adoquín untado en brea, para permitir su mejor deslizamiento dentro de la zona genital. Mano dura sí, tortura no.
Art.3: Los habitantes del nuevo país, tienen el derecho a festejar y manifestarse en las calles, de 12 a 13 hs, y dentro de sus casas de 21 a 22 hs. Si se extienden en el horario, deberán invitar a toda la plana mayor del gobierno. Si no, no vale.
Art.4: Los adoquines retirados, podrán ser usados también, para construir refugios anti-flatulencias de la población mayor incontinente.
Art.5: Podrán utilizarse dichos adoquines también, para tirárselos por la cabeza a los escupidores profesionales.
Art.6: Todavía no lo pensamos. Somos nuevas en esto.
Por consiguiente, proclamo a viva voz (porque los pendejos del B gritan y no me escucho a mí misma) el día 8 de Noviembre de 2014, Día de la Independencia Adoquinal.
¡Ha muerto el Rey!¡Que viva el Rey!
O algo así….



martes, 4 de noviembre de 2014

Cortito y al pie

Quiero uno, quiero dos y quiero tres.
Quiero la chancha, las veinte y la máquina de hacer chorizos.
Quiero darle margaritas a los chanchos, en retribución a los chori y los jamones.
Quiero el Enterprise y el Arca de Noé. La primera para irme a la Nebulosa de Orión, que está cerca de su cinturón y andamos necesitando contacto con la zona pelviana.
La segunda, para subir a los amigos , a la buena gente y dejar abajo a las cucarachas y todo bicho que camina y va a parar al asador.
Quiero un pasado que me condene, y un presente que me libere.
Quiero una foto en color sepia para guardarla en el fondo del corazón y mirarla cuando me sienta triste.
Quiero perderme en el olvido y olvidar lo que quería para poder arrancar de nuevo con todo lo que me había olvidado.
Quiero hacer borrón y cuenta nueva, para evitarme muchas malas decisiones. Quiero poder decidir sin la emoción a flor de piel, y deshojar un crisantemo para saber hacia dónde dirigir el amor.
Quiero el amor con manual de explicaciones y al hombre que lo sepa leer sin dificultades.
Quiero la complejidad de mi ser, y la simplicidad de la otra que llevo adentro y se niega a salir.
Quiero un país con menos hipócritas, empezando por los de arriba, y un pueblo más pensante que llegue a sus propias conclusiones sin aceptar a pie juntillas los discursos populistas y demagogos.
Quiero tener la aptitud de comunicar sin enredarme en mis propias palabras. Quiero tener la lengua más corta y los oídos más abiertos. Quiero saber escuchar sin decir lo sé todo.
Quiero aprender de mis errores para no seguir cometiéndolos. Pero antes debería querer. Sólo querer. Querer.Así de simple.



miércoles, 29 de octubre de 2014

Tras la tormenta vuelve Soysola

Después de toda tormenta viene la calma. Eso dicen. Llueve y truena sobre Buenos Aires, y esperemos que esto no sea el diluvio final, porque más hundidos de lo que estamos dudo que podamos estar.
Nosotras zafamos porque venimos con salvavidas incorporado.
Aryentain está bajo agua y cuando emerja flotará sobre un mar de mierda. ¡Sí que estamos positivas hoy! Y eso que en el Facebook nos nominaron para cinco días de posteos positivos con tres puntos sobre las íes. Pero ya avisamos que nosotras tenemos el positivismo prohibido por religión y sólo se nos permite pensar algo lindo una vez cada seis meses, así como pedimos perdón una sola vez al año.
Esta semana ya nos pasamos de rosca y adelantamos pensamientos hasta el 2056.
A saber: 1ro- nos alegramos y bailamos en el casamiento del hijo de nuestra amiga aún cuando no comulgamos con el apartheid jasídico. Cortina mediante, sombreros voladores y pelucas modernas, fuimos felices por ocho horas ocho, y hasta aceptamos bendiciones, deseándole a los recién casados una vida plena y muchos hijitos.
2do-Tras una semana de furia loca, amainamos los vientos y decidimos darnos una segunda oportunidad en el amor. Pasamos de Soysolaotravez a Soysolasemiacompañadaporahorayaveremossientendistealgo.
3ro- Vimos convertirse en Lic. a un ser amado, y nos emocionamos de saberla convertida en una mujer, profesional, capaz, con un futuro brillante y un ser humano bellísimo.
4to- y último decidimos llegar a los 50 en forma. O con forma mejor dicho. No redonda sino al menos cilíndrica.
Suficiente de buenos sentimientos para mí y mis otros yos. Tengan conmiseración por favor, que no sabemos si nuestro cerebro puede con semejante presión.
Nuestro psiquiatra no va a estar contento, le estamos quitando una fuente de trabajo. No importa. Mañana no tomamos la medicación y vamos a terapia sacadas, cuestión de conformar a todo el mundo.
Sigue soplando el viento en Belgrano, y no trae buenas nuevas. Más parece que se las va a llevar.
Para no perder una buena costumbre, vayamos a los pedidos del mes.
Quiero a George de nuevo, ahora que me ví linda en una foto. Quiero publicarla en internet y cuando GC se googlee a sí mismo, encuentre la foto con un epígrafe que rece: "Mirá boludo lo que te perdiste".
Quiero no convertirme en lo que no soy para seguir siendo una de las tantas que ya habita dentro mío. Van saliendo de a poco y cada una tiene su turno.
Quiero un palo borracho cargado de vino rosé y algodón de azúcar. ¿O quiero el borracho que está al palo? No sé. Sólo sé que no sé nada, en este momento y nunca.
Quiero ser la reencarnación de Tutankamón para ir a Titanes en el Ring y hacer de la Momia.
Quiero no volver a escuchar alguien (adulto) que me pregunte si en Budapest hay muchos templos budistas, y al responderle porqué se le ocurre semejante barrabasada, con toda seriedad me conteste: porque los que viven en Budapest se llaman budistas.
Quiero un cuadro de Renoir, el Palacio Real de Pekín, la Pirámide de Egipto y el pelo de Rapunzel.
Quiero ser locamente amada que amar a un demente.
Quiero participar en un capítulo del Crucero del Amor, y que Isaac Washington me prepare un daikiri de frutilla.
Quiero irme y volver. Volver e irme cientos de veces. Crear el diccionario de Soysola, y que la primera palabra con A sea Alplax, y la última con Z, Zoloft.
Quiero encarcelarme en la Atlántida, rodeada de guardianes delfines y compañeros orcas, para no sentirme la única ballena asesina.
Quiero seguir queriendo lo imposible, porque lo posible, posiblemente ya lo tenga y evidentemente es lo que me enloquece.
Quiero ser Soysola hasta la muerte, aún cuando la misma me encuentre acompañada.









domingo, 19 de octubre de 2014

Tanto tiempo sin vernos

Hola, ¿que tal? ¿Puedo pasar? Soy yo, Soysola de nuevo.
¡Sí señores, he vuelto y somos millones!
Estamos yo, mi yo primario, el secundario, el terciario, el universitario y ahora también, señoras y señores y porqué no lactántricos, el geriátrico!
Tras un período de nosoysolez, aquí estamos todas nosotras como si el tiempo no hubiese pasado.
Hemos tenido fiestas en familia numerosa, con y sin peluca, pero siempre con knishes y lajmashin. Ahí notamos que el famoso paso de los años, es absolutamente real y tangible,por varios motivos. Ejemplos. Te sientan en la mesa con tu mamá, tus hermanas y los abuelos varios del plantel jóven de la otra sociedad familiar. Ya no bailás tanto como antes en virtud de que la pista está ocupada por los treintañeros y pequeños saltamontes. Además vos y tus otros yos, no están en condiciones de romperse ninguna cadera y menos un implante dental. Ni te cuento si en algún zarandeo jasídico te vuelan los multifocales que te costaron, literalmente, un ojo de la cara. Y por ultimo, en tu carterita de fiesta o "clutch"(que no sabremos nunca qué significa), en vez de tampones, llevás Omeprazol.
Pero volviendo a la situación que nos aqueja, la chotez se manifiesta en formato sentimental. 
Tenemos un Soysolo que te corteja, y a nosotras nada nos viene bien. Que si te quiere mucho, te asfixia, y si te da poca bola, ¿quién corno se cree que es que no se da cuenta la(s) mina(s) que tiene al lado? 
Se va y por un lado respiramos, pero por el otro, nos deprimimos al encontrarnos un sábado de madrugada, escuchando a Maria Martha Serra Lima cantando en Crónica.
No sólo nos deprime que cante"Como toda mujer" o "La tercera es la vencida", sino que nos asusta darnos cuenta que tenemos el mismo diámetro que la señora. Y esto, lo notamos, mientras masticamos una oblea rellena bañada en chocolate.
Entonces hoy, para hacerla breve, queremos: la capacidad de volver a ser una sola y no quinientas.
Quiero la locura que tengo, pero más quiero la que no tengo. 
Quiero saber decir no, en vez de asentir sin sentir de verdad.
Quiero la paciencia perdida, los años mozos, los mozos con pocos años y la mesa servida.
Quiero ser pasional sin morir en el intento, y quiero morir sin intentar morir en el intento.
Quiero tener la voz de Doña Serra Lima, y cantar a viva voz mis ganas de estar enamorada y encender el fuego de tu piel amada, como está cantando la señora.
Quiero que la gente me entienda sin tener que explicarme todo el tiempo, y encontrar mi Dr Spock que lea mi mente sin que yo abra la boca...ni la mente.
Quiero ser las bailarinas de Degas, y ponerme el tutú, ya que no sé manejar.
Quiero irme de viaje al infinito y decirle al mundo Ay amor, si yo pudiera abrazarte ahora, y que la vacuidad me responda al son del eco Ay amor, ay amor, ay amor, hay amor...
Quiero dejar de ver Crónica porque me está volviendo sociable, sensible y romántica, cosa que nos negamos rotundamente a ser.

jueves, 9 de octubre de 2014

Gataflorismo al por mayor

Soysolanotansola necesita aire fresco, pero para eso tiene que hacer cambios drásticos en su monoambiente cerebral.
Quiere ser soysola y sus otros yos no la dejan. Tampoco la deja él, que es él con sus otros eles.
Igual nadie supera a mis otros yos, que están mucho peor que yo y el primer otro yo que apareció allá lejos y hace tiempo.
Soysola no está acostumbrada a compartir cama, porque no entra en la suya tanta gente. Y esto no significa que sea polígama o amante de las orgías. Simplemente ya somos demasiadas nosotras mismas, como para andar regalando el poco espacio que nos queda. Además ellos roncan. Y si hay algo que no nos gustan son los ronquidos que traspasan los tapones de siliconas.
 Acostumbrarnos al quilombo de los bondis nos llevó veinte años (que es mentira que no es nada) y ahora pretenden que en veinte días nos banquemos ronquidos, codazos, piernas que te buscan a la noche, brazos que te despiertan en la madrugada y no para lo que estás pensando, sino para nada. Tenemos varios moretones a la altura de la cintura y antebrazo gracias a los movimientos incontinentes del ser humano que habita en la otra punta de la cama.
Todo tiene su precio, si querés pagarlo. He ahí la question diría el amigo Shakespeare.
Por ende queremos: estar acompañadas pero no pagar caro. Queremos libertad de movimiento nocturno y diurno también. Queremos un acariciador con mango de madera, motor y mano de silicona suave para no ser reclamadas a cada rato cuando nos pudrimos de sobar una mano por cuarenta y cinco minutos seguidos. Ya que estamos también pedimos a la sociedad de inventores físico químicos u odontológicos, que se salgan con algún aparato que te mantenga la sonrisa intacta ante cada chiste incomprensible.
Soysola no está segura de nada. Quiero la libertad absoluta de hacer lo que se me venga en ganas, y quien quiera seguirme, me siga sin hacer demasiadas preguntas.
No quiero ser desagradecida a la vida, pero soysola lo es, que vendrían a ser mis otros yos y otros más que me aparecieron en estos días, las que están como locas sin saber qué hacer. Quiero que se invente el amor a control remoto, personal e impersonal a la vez. Quiero una casa para cada uno y dos planetas de distancia. Quiero un mucho de paz y un poco de amor. Quiero ser siempre soysolapuntocom paseando por el mundo, y que el mundo se adapte a mí. Quiero a mis otros yos siempre conmigo, porque asumí que la vida así es mucho más divertida.
Quiero que deje de llover, porque se vuelven cataratas de amor incontenibles.
Quiero y no quiero, como la Gata Flora, que cuando se la ponen chilla y cuando se la sacan llora.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Feliz primavera y Shaná Tová

Mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver…Tras quince días de aclimatamiento visual, sonoro, emocional y supermercaderil, aquí estamos nuevamente yo y mis otros yos.
Sí, volvieron. Duró poco el idilio conmigo misma, y decidí de inmediato que necesitaba con urgencia la contención de mis compañeras de viaje. Allá no me ayudaron con las valijas, acá esperemos que ayuden con cualquier cosa. Todo soporte emocional será bienvenido.
La primera semana de nuestro retorno, defendimos a rajatabla el suelo que nos vió nacer. Una semana más tarde, ya estábamos extrañando Francia, los marselleses escupidores, el Chivo Eau de Toilette y los paros de trenes sorpresivos, que por ser franceses tienen más glamour que los argentinos.
Ahora los taxistas europeos nos parecen una delicia de silencio ante la catarata abrumadora de quejas y reclamos que vierten los nuestros ante cualquier cosa. Allá lo único que teníamos que oír era: cazzo, mascalzone, putain, merde, y acá la cosa es así: inflación, Cristina, Macri, dólar, elecciones, paros, asaltos, asesinatos y Rial y la Niña Loly.
Hoy preferimos quedarnos con la merde y los gargajos ajenos, antes que volver a oír hablar de Luciana Salazar y Redrado, cosa que nos importa absolutamente tres carajos menos que las aventuras de Hollande.
Ahora nos damos cuenta que además de la familia y amigos, lo único que extrañábamos era el bidet.
A pesar de los cuarenta y cinco perros por habitante en la Galia de Ásterix, los dos por familia bien constituída en Argentina, cagan más que el Regimiento de Granaderos a Caballo. O estamos teniendo un problema con Manliba, Cliba o como cuernos se llame ahora.
Dos meses y medio de viaje para volver como cuando te fuiste. Chota.
Sí, ya sabemos. Nos quejamos como las viejas. ¿Y qué? Para eso hemos trabajado toda la vida. Además para qué mentirnos, somos lo que se llama la mediana edad, la puta que lo parió.
Sin ir más lejos, el fin de semana tuvimos una fiesta divina, en la que notamos el paso de los años.
Nos hicimos un vestido para la ocasión, y la diseñadora, que es nuestra sobrina, nos dice, con toda la onda y tratando de que no suene mal: las de tu edad ya no usan los brazos al descubiertos y el ruedo por arriba de la rodilla. Mi amor, te amamos de acá al infinito, te bancamos a muerte, pero la próxima vez que insinúes que estamos gordas y viejas, te desheredamos.
Llegás a la fiesta. Con todo el cariño te arrimás a la pista para acompañar a los padres de la criatura en los bailes rituales y quedás relegada al borde de la misma, porque los adolescentes ocupan el centro, saltando y empujándose, y vos que todavía no tenés osteoporósis, pero pronto, no vas a arriesgarte a una fractura doble.
Otro tema es ir al baño después de media hora de bailar como Silvana di Lorenzo en Música en Libertad. Entrás, las niñas están sacándose selfies y mirándose al espejo. Para tus adentros pensás, nena, mirate ahora todo lo que quieras porque dentro de treinta años no vas a querer hacerlo.
Pasás al toilette. Bajarte la faja, las medias y la bombacha para pishar, no es un inconveniente. El problema viene cuando te las querés subir y vos estás toda transpirada. Empezás a pujar entre la necesidad de subirte las medias y la incertidumbre de romperlas. ¡Ahí te quiero ver! Te convertís en la contorsionista del circo, y ni que hablar una vez que lo lograste, subirte la faja!
Por suerte, tus amigos, son gente piola, y en el momento donde los pibes ya están cansados, te ponen música de los ochenta y vos revivís para volver a sentirte de quince.
Pero basta de cháchara como decía Don Saadi, y pasemos a querer, que hace un rato que no queremos nada.
Queremos la madurez que tenemos, pero con veinte años menos. Queremos un camino de espinas lleno de rosas. Un atardecer en Solanas con el clericó de Oasis. Queremos volver a los diecisiete, después de vivir un siglo, y no un siglo teniendo diecisiete de presión. Una faja que te esculpa el cuerpo sin necesidad de ahogarte. Queremos un barco a vapor, para navegar tiempos lejanos. Un cuadro de Cezanne, y una casa llena de lirios. Queremos ser más románticas y menos pragmáticas. A George ya no lo queremos porque demostró ser un tarado y de viejo va a ser feo. Ahora queremos a cualquiera de los modelos de Armani Homme, en talle 42, modelo 75 y no de 75.
Por último queremos que nuestro cuerpo vuelva a tener elasticidad, aquella perdida durante el viaje, y un masajista con cama adentro, que nos descontracture cada vez que lo necesitamos, por no decir todos los días.
Feliz primavera y Shaná Tová para todos y todas.




miércoles, 10 de septiembre de 2014

Air France anuncia el arribo de Soysola

Setenta días diciendo que me quería volver a casa, para llegar a la última semana en París, y querer quedarme a vivir. No soy una nueva Gata Flora, sigo teniendo el síndrome del gataflorismo de toda la vida.
Sí, no están leyendo mal. Hablo en primera persona. Sin las otras. A las otras las dejé en la ciudad luz el primer día. Las perdí de vista en el Metro y me dije: ¡que se arreglen como puedan ahora! ¡No me levantaron una valija en todo el viaje, ahora que aprendan a descifrar las líneas de subte solitas!
Y ahí deben de andar yirando todavía, entre la línea cuatro y la tres, porque la siete está cerrada.
Mis otros yo me acompañaron durante un par de años en estos viajes, ayudando a no sentirme tan desamparada. Pero en París, acompañada por amigas con quienes las pasé bárbaro, ¿para qué corno cargar con exceso de equipaje? Así que adiós (por ahora...nunca se sabe) a mis otros yo.
Llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle…sí, llegamos bien digo, yo, mis dos valijas, bolso de mano, y cartera al hombro cargada cuál yak en la tundra. Check in listo en la máquina que te escupe los tickets  del equipaje, porque así es Europa, todo te escupe. Ya lo vivimos en Vallauris y en Marsella, y también en el Palacio de Versailles donde la competencia Medio Oriente-Lejano Oriente, por ver quién ganaba la Copa Mundial al Escupitajo, llegó a su máximo exponente con un anciano chino, que se la pasó regando los jardines de María Antonieta ante mi incontrolable sensación de náusea.
Volvamos al aeropuerto. Me presento al mostrador de despacho de equipaje y una empleada Airfrancesa me dice: usted tiene derecho a dos valijas de 23 kilos cada una, y a dos bolsos que no superen los 18 kg entre ambos.
Papita p´al loro dije. Subo, sacando los bofes, las maletas a la cinta y ahí mismo me dí cuenta que los cálculos no me daban. Menos mal que le habíamos apostado al rojo. ¡Colorado el 27!¡Colorado 32! Gané! dije saltando de alegría. No, me dice la señorita en un perfecto castellano, va a tener que pagar €320 de exceso de equipaje. ¿Lo qué? digo yo. ¿Qué hago ahora?
Hagamos una cosa, me responde la francolatinoamericana, redistribuyamos el peso de las valijas. Saque algunos objetos y póngalos en el otro bolso que tiene.
Ahí nomás, me arremangué las calzas francesas, el pañuelo de Galerías Lafayette pasó a ser una bandana, y empezamos la ardua lucha de rehacer dos valijas dos, en menos de cinco minutos. Abrimos primero la violeta. Sacamos UN libro de cerámica, dos pantalones, y con eso sólo la Samsonite pasó de 27 a 19.5 kgs. La roja, mientras, esperaba su turno. La abrimos, sacamos otros dos libros de cerámica, tres pares de zapatos, un toallón, y otros dos jeans, y cuando sube a la balanza, seguíamos teniendo un superávit de prendas al pedo.
Desesperada, chorreando sudor como si estuviese en el sauna de los orientales de más arriba, le digo: ¿sabés qué? Cobrame algo de exceso de equipaje, porque no me dan más los brazos ni la cabeza para resolver esto.
La mina, con súper buena onda, agarra mi nuevo bolso que sobrepasaba el "equipaje de cabina", saca cosas de adentro, y lo mete dentro de la valija violeta que era la menos pesada a esa altura. Desparramados por el piso de Don de Gaulle, quedaban varios libros, el toallón, dos pantalones y un par de zapatos. La miro a la señorita y le digo: ¿qué hago? ¿Me llevo esto en la mano arriba del avión?
Muy gauchita la chica, que ya debe estar acostumbrada a los compradores compulsivos que pasan por París, me entrega una bolsa blanca de plástico, y mete todas mis cosas ahí adentro. Esta bolsa está permitida arriba del avión, me dice. Listo. Solucionado el problema, pensamos ambas. Pero no.
Vuelve a pesar todo, y seguíamos teniendo 9 mil kilos de exceso. Ante mi estado de desesperación y menopausia, me mira compasiva y me dice: ¿sabe qué? Para mí, está bien así. ¿Qué son unos kilos extra? Vaya, vaya tranquila, yo le doy el ok, y listo. Y ahí marché, con dos bolsas en la mano que me pesaban 48 kilos, y me cortajeaban los dedos. Cuando ustedes se preguntan qué carajo hago viajando sola, acá tienen la respuesta. Para poder comprar y que la gente diga: pobre mujer! Tan mayor, cargada como un camello y encima es soysola!!
Para el próximo viaje me dejo las canas sin teñir y quizás me asciendan a primera clase, sólo de lástima.
Medicación sublingual donde corresponde, y a duras penas llegamos a sentarnos en el cómodo asiento de Air France antes de quedarnos dormidas. Ni nos enteramos del carreteo del avión, hasta que en el despegue nos despertamos, sintiéndo un mini pre-infartito. ¿Ataque de pánico a esta altura del empastillamiento? Imposible.¡Marche otro sublingual para el asiento 12 K pasillo de la izquierda!
Al rato, con 400 mg de droga en sangre, me despierto al clamor de ¿pasta o poio? como diría mi amiga Paula. Y por primera y única vez, marchó una pasta a 12 mil pies de altura, cosa que no volverá a ocurrir mientras siga subiendo a aviones y la quetiapina no haga efecto. Prefiero esperar al desayuno asqueroso pero medianamente comible.
Y llegamos a EZE, mis valijas, bolsos y yo, para encontrarnos con el caos aduanero argentino, y 18 puntitos de presión arterial cotizando en alza.
Así que quiero: seguir siendo soysola por el mundo pero en compañía, más no sea para levantar valijas.
Quiero tener mucha guita o millas acumuladas para viajar en primera y que me den algo de comer como la gente.
Quiero un jumbo privado con cama doble, baño completo con hidromasaje, catering del Palacio de la Papa Frita, y azafatos vestidos de Gucci.
Quiero acercar los continentes para no tener trece horas de viaje. Quiero una París para mí sola y el resto que se lo dividan entre los que quieran.
Quiero ser argentina con acento francés, y que Louis Vuitton venda carteras truchas para poder adquirirlas y que sean trucho-verdaderas o verdaderamente truchas.
Quiero una Francia sin patisserie, para no engordar tanto. Y de paso con quesos sin sal, porque los hipertensos enloquecemos cuando pasamos por una fiambrerie.
Quiero un id y vuelta de la vuelta al perro,  menos perros con collares de brillantes y más niños con comida en la mesa.
Quiero una sociedad otorrinolaringológica que le enseñe a los escupidores a no contaminar las calles con gérmenes.
Quiero un viaje corto al Planeta de los Simios y uno eterno al Paraíso Perdido.
Quería estar en mi casa, y lo logré. Ahora quiero una nueva aventura de soysolaporelmundo, pero soysoleando en compañía. Masculina si se puede.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Placer Amor Romance Idilio Siempre, París

Sentadas en el cómodo asiento de TGV con destino a París, ya medio adormecidas antes de partir, porque el tren es nuestro nuevo Alplax, nos enteramos que debíamos bajarnos porque el bendito aparato no salía. Paro de controladores de trenes. Parece que hicieron un curso acelerado en pocos meses, con Aerolíneas Argentinas y Metrovías, para que cuando llegáramos a Francia nos sintiéramos como en casa. Así que vuelta al levantamiento de pesas, cargamos nuestras valijas y salimos corriendo cuál Jugos Olímpicos para el andén F. Aclaramos, nuestras valijas con cuatro rueditas cuatro, ya no ruedan. No por rotas, sino por llenas, al igual que nuestra silueta desdibujada.
Nuestros compañeros de la primera formación, eran unos cuántos franceses, una familia colombiana y nosotras. Si no nos gustaban los brasileños en marzo, ni los marselleses árabes en agosto, no les puedo contar, lo que detestamos a los colombianos en septiembre. En cualquier momento empezamos a odiar al resto del mundo y completamos el mapamundi.
Nos tocó un adolescente  caribeño, con tono monocorde insoportable. Insoportable su tono y el pibe.Sus estupideces eran a saber: mama, mama, mama, ponte el sombrero para la foto. Mama, mama, mama, ponte el sombrero para la foto. Mama, mama, mama, y no hace falta que diga el final porque durante cinco minutos escuché lo mismo. Tras eso, saca un papel y se pone a leer un rezo.¡Cagamos! pensamos nosotras.¡Hare krishna no son, deben ser infiltrados de EI, y van a volar el tren! No, si para exageradas no nos andamos con chiquitas…Y ni les cuento cuando nos sentamos en el segundo ferrocarril y el Reverendo Alegría, dice: Mama, seguro que nos cambiaron de tren porque había una amenaza de bomba en el otro.¡Bomba, bomba, bomba! Cantaba el imbécil. No lo ahorcamos porque estamos en contra del maltrato animal. Pero se ve que la cosa venía de familia, porque la tía, o abuela, no entendimos quién era en la foto, le dice: (sic) eh tú!, pareces un "mongólico", no se te entiende cuando hablas por estar todo el tiempo delante de los jueguitos esos de la internet!
No sabemos el número de teléfono del Inadi colombiano, porque correspondería hacerle una doble denuncia por discriminar a los que padecen síndrome de down y a los nativos de Mongolia. Ninguno merece ser comprado con semejante energúmeno de Barranquilla.
Y por fin llegamos a destino. París reivindica a los franceses. Retiramos lo dicho sobre ellos hasta el día de la fecha. Amamos la ciudad luz y sus habitantes. Como diría nuestra estimada CFK, a los habitantos. A las habitantas las envidiamos. Para quienes gustan de la moda masculina, les cuento que el azul es el nuevo negro. Toddddos trajeaditos de azul marino, con pantalones tipo chupín. Dato al pedo que damos, pero que describe a la sociedad francesa al fin, y delata el hecho de que ya conocemos todos los museos y estamos disfrutando de mirar nomás. Acá hay menos olor a chivo también. Algo cambió desde nuestro último viaje. O cambiaron las cañerías y funciona mejor Eau Français, o descubrieron para qué inventaron los perfumes... vaya a saber!
Ya tenemos un enamorado gastronómico como todos los años. Llámese esta vez Ahmed o Sanjay, porque no le sacamos todavía el origen, que todas las mañanas cuando vamos a desayunar nos dice: Bonjour Argentine! Petit déjeneur pour madame! No sabemos cómo puede estar tan contento a las ocho de la mañana…NADIE en este mundo puede estar contento a esa hora. A esa hora se duerme, carajo!
Seguimos sosteniendo y ahora más que nunca, que el ser turista es un trabajo que debería ser remunerado y con vacaciones y aguinaldo pagos. Levantamos peso (valijas, bolsos, bolsas de shopping, libros que llevamos, souvenirs y etcs), dormimos poco, nos arruinamos la salud porque comemos en exceso cosas que no deberíamos, sea por ahorrar o sea porque pasamos por una patisserie. Estudiamos un poco de cartografía para descifrar el mapa de los metros y buses. Hacemos colas de horas para entrar a ver antigüedades y cosas rotas, y como si todo esto fuera poco, nos empobrecemos económicamente porque todo cuesta en euros. ¡Exigimos sindicato ya!
Este año, decidimos tomarnos París con calma y recorrerla sin mapa, porque ya no nos perdemos tanto. La tercera es la vencida. Así que caminamos, y caminamos como nuestro famoso y bienamado Pepinucho Coliflor (N. de la R. ver posteos anteriores para saber la historia de Pepinucho). Aprendimos también a tomarnos los subtes fganceses, que al principio nos parecían chinos, hasta que los entendimos.
Y, nos fuimos a Versailles. Ahí entendés la Revolución Francesa. Dicho lo cuál, pasamos a los quiero.
Quiero el Château ídem, con todos los châteaucitos circundantes. Quiero los jardines para hacer raku, y el lago para bañarme en bolas, total, es tan grande que nadie te ve.
Quiero el salón de los espejos para bailar el minué o lo que se bailara en ésa época, y colgarme de las arañas como Tarzán de las lianas.
Quiero la cintura de María Antonieta, aunque no quiero al Delfín porque parece una Mojarrita. Tampoco quiero la cabeza de María Antonieta.
Quiero un señor que mantenga mi château de Versailles, en la provincia de Buenos Aires aunque sea.
Quiero encontrarme a mí misma en los laberintos del Grand Trianon, y dejar perdidos por ahí a mis otros yos.
Y quiero en un día como hoy en el que perdimos creativos, que deje de morirse gente talentosa, que hay poca, y que partan al limbo desconocido, todos aquellos que sólo hacen de este mundo, un lugar peor.



sábado, 30 de agosto de 2014

Salen unas fritas a la Provenzal

Como Marsella nos recuerda a La Boca, el Riachuelo y el Once todo junto, decidimos recorrer la Provence, de punta a punta. Nos fuimos a Avignon a bailar y cantar en el puente, pero no a coser ni a lavar como las lavanderas, porque no te lavamos en casa, menos te vamos a lavar en el Ródano. Nos fuimos a visitar el Palacio de los Papas, y puteamos un poco al Benedicto XII y al Clemente VI, que mandaron a construir un palacio lleno de escaleras. Igual, te digo, que al lado del Vaticano, esta es la casa del mayordomo. Se ve que los Papas siguientes prefirieron estar un poco más cómodos y cerca de Via Condotti, donde podían acceder más fácilmente a los baúles Louis Vuitton.
Queríamos ir a ver los famosos campos de lavandas, pero ya los habían decapitado en julio, ahora que está de moda la decapitación.
Después pasamos por Aix en Provence, lindo, muy lindo, pero tiene una onda Palermo Soho. De toda casa antigua hicieron un local comercial. Nos perdimos un poco, porque a esta altura del viaje, largamos los mapas. Ocupan lugar al pedo.
Como queríamos un poco de cultura, decidimos tomarnos el bondi número cinco e ir hasta el tallercito que tenía Paul Cezanne. Los franceses no sólo tienen un problema con el olfato, sino también con los cálculos matemáticos. Cuando preguntás si queda muy lejos, te dicen, no, es acá nomás, tendrá unos diez minutos de autobús y después dos minutos más a pie. Cosa que se traduce en : subirnos al bus, y resulta que nuestra parada era la última, o sea unos veinte minutos en bondi, y tres segundos a pie, con el consecuente: ¡me moiro, a dónde fuimos a parar, nos pasamos y ahora no vamos a poder volver NUNCA más a casa! O en su defecto pueden decirte, es acá nomás, a doscientos metros, y ponernos a caminar lo más campantes, pensando que en cinco minutos a pata llegamos, con la resultante de caminar por media hora, para llegar a la puerta del museo y que encima sea arriba de una colina.
Nos imbuímos en el espíritu de Cezanne y respiramos el mismo aire que él, que murió de pulmonía, para darnos cuenta que nosotras, de artistas, no tenemos nada.
Así que para reforzar la idea, al día siguiente nos fuimos a Arles, a ver a nuestro ídolo Van Gogh. La oreja no la encontramos porque el tipo en realidad pintaba en las afueras de la ciudad. Y con la experiencia previa, no quisimos arriesgarnos al acá nomás de los francesesasí que tuvimos que conformarnos con ver una fundación medio trucha, con un par de cuadritos de Vincent, que no por cuadritos dejaban de ser Vangoghcitos.
Ya que estábamos en el lugar, marchamos hacia las Arenas, donde luchaban los gladiadores. Otra vez mucha escalera, mucho escalón alto de piedra, mucho piso desnivelado, y nos dijimos: todo muy lindo, pero de ahora en más, antes de pagar, preguntamos: ¿hay que subir para ver lo bueno? Si la respuesta es sí, entonces preferimos ser brutas antes que seguir perdiendo salud.
Hoy, partimos hacia Cassis, lugar recomendado por las amigas María y Victoria. Previo, ya que nos andaban criticando por nuestra falta de femineidad, y salir en todas las fotos a cara lavada, por consejo de la amiga Corita, nos dijimos: estamos en La Francia ché, a ver si nos compramos algo digno de fotografiar. Y ahí fue que adquirimos un bellísimo par de anteojos de sol y un sombrerete, y nos pusimos un poco de rouge, para parecer al menos una mujer con sus otros yos. Divinos los Burberry´s, pero no vemos un carajo sin aumento.
Ya casi al final de este larguísimo e interminable viaje, empezamos a entender algunas palabras en francés, que no utilizaremos jamás, y que olvidaremos la próxima vez que vengamos para estos lares.
Por ejemplo: calanques, son acantilados, o eso creemos, por lo que vimos. Jusque es hasta, palabra que estuvimos usando mal durante todo el viaje. A todo le ponemos un voudrai por las dudas, y aprendimos que los encornetes no son cuernos que te ponen sino que son calamares tipo rabas. Boir no es ver, sino beber. Antes nos los quedábamos mirando unos minutos cuando nos preguntaban :¿Pour boire? casi al borde de contestarles, ¿qué querés que mire?¿No ves que ya te estoy mirando? Plat no es plato, sino sin gas, y cuillère no tiene nada que ver con culear, sino que es una cuchara. ¿Cuántas veces a lo largo de estos dos meses y medio necesitamos una cucharita y sólo podíamos hacer el gesto de revolver para que nos entendieran? Y un sac es una bolsa y no un saco. ¿Voulez vous un sac? Y nuestra reacción automática era mirarnos a ver si teníamos puesto un saquito, ante la mirada desconcertada de la señora cajera del supermercado.
Pero nos vamos aprendiendo otras cosas más fundamentales: cómo cagarnos en los demás, y empezar a comportarnos como europeos (justamente es cagarse en los demás).
Ahora partiremos a París, como la boluda de Manuelita, que finalmente y como todos saben, se vino sólo a hacer unas cirugías estéticas, para volver arrugadísima a Pehuajó porque el botox dura poco.
Vamos dejando atrás a Musulmania/Marsella, con sus mujeres tapadas de pies a cabeza, hombres que sólo juegan a la raspadita, y la música árabe en el Vieux Port todos los santos días que ya nos taladra el cerebro.
Si el nuevo grupo islámico EI, pretende conquistar Europa de los infieles, buen trabajo han hecho en Francia ya.
Queremos no oír hablar en francés por un buen tiempo. Al que dijo que era el idioma del amor, lo invitamos a que venga al sur de Francia, y después nos cuente si no le gritaron por lo menos una vez al día en la calle.
Queremos un nuevo viaje a una planicie donde no haya que subir ni siquiera un montículo de tierra.
Queremos nuestra cama, nuestros toallones y más que nada, nuestro amado jabón que lava.
Queremos más a los que siempre quisimos, y también nos queremos un poco más a nosotras mismas. A los que no quisimos nunca, seguimos sin quererlos.
Este es el último viaje de mis otras yos, que se están enterando en este momento que fueron despedidas.
Queremos un mundo libre de fanatismos y la evolución a la involución.
Queremos el color turquesa del Mediterráneo y ser Joan Manuel Serrat para decir: ay, si un día para mi mal, viene a buscarme la parca, empujad al mar mi barca, con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas, y a mi enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo(…) cerca del mar, porque yo, nací en el Río de la Plata.