jueves, 15 de septiembre de 2016

Escaleras al cielo

Dejamos Sintra, la ciudad de cuento de hadas y nos dirigimos a Oporto.
Desde el vamos arrancamos mal. Preguntamos cuatrocientas cuarenta y ocho veces, si el tren desde Sete Rios nos llevaba sin escalas a Porto. Cuatrocientas cuarenta y ocho veces nos dijeron que sí.
Bueno...no, no nos llevaba.  Cargadas con un bloque de cemento, que a esas alturas ya era nuestra valija, montamos y desmontamos tres veces más en los comboios. Puteamos mucho al simpatiquísimo chico de la recepción del hotel.
Llegamos a la estación de Porto Campanha, y cuál equecos, logramos bajar del tren. Pantallazo de la situación: valija mediana adentro de valija grande, mochila por detrás con 35kg, mochila por delante con 15 kgs , ya estábamos poco equilibradas, y bolsa eco, onda supermercado Disco, con todas las pelotudeces que nos olvidamos de guardar a último momento. Sep. No nos olvidamos la cabeza, porque la tenemos pegada al tujes.
Marchamos hacia las escaleras mecánicas para bajar a buscar un taxi, nosotras primero y la valija después, como corresponde. Pasamos las soysolas todas juntas, y hete aquí que la muy hija de puta de la valija, decide quedarse trabada ahí arriba en la entrada.
Como si un vaquero nos hubiese enlazado cuál ganado en el rodeo, nuestro brazo quedó agarrado de la maleta, y nuestro agraciado cuerpo, cayó de culo y codo en la Naranja Mecánica.
Mientras esa escalera endiablada nos arrastraba, una señora intentaba ayudar a levantarnos. Já! El Titanic ya estaba hundido.
Toda nuestra vida pasó delante de nuestros ojos en dos segundos, mientras pensábamos: "esta puta escalera nos va a amputar un pie... nos rompimos un brazo...nos reventamos la rodilla... seguro que si la máquina no nos traga nos vamos a morir de un ACV...¿se nos habrá visto la bombacha? ¿cuál nos habremos puesto?"
No muy delicadamente la escalera nos expulsó. Se ve que no come gordas. Logramos incorporarnos con la ayuda de dos personas, imágen patética si las hay, algo aturdidas y en estado de shock.
Arriba, un señor sostenía nuestra valija mientras la escalera seguía andando. Apenas nos levantamos, escuchamos gritos ,desde lo que parecían stairways to heaven, y vemos a nuestra valija salir eyectada cual saeta de Guillermo Tell, directo hacia nosotras, y ...¡Strike! nos voltea como palos de bowling. Vuelta a caer al piso y hacernos mierda lo poco que nos quedaba sano. Mientras todos nos hablaban en portugués, nosotras respondíamos en castellano: "estamos bien las treinta y tres en el refugio. No, no llamen a un médico, si nos rompimos algo ya nos vamos a enterar en un rato. No, moito obrigada, ya está, ahora llegamos al hotel nos tomamos un Rivotril y listo..."
Digamos que la sacamos barata. Un codo lastimado e inflamado, una rodilla ensangrentada, un culo estampado con las rayas de los escalones metálicos, un julepe de aquellos y el orgullo herido.
Ergo, el primer día en la bella Porto, lo pasamos con hielo en el codo y apenas si dimos una vuelta para reconocer el territorio enemigo.
Al día siguiente, ya más compuestas, salimos a pasear. Llegada la hora del almuerzo, nos sentamos a comer un pulpito recién muertito. Polvo le dicen al pulpo los portugueses...Deben ser devotos del antiguo testamento...del polvo venimos y al polvo vamos...porque así lo dejamos al pobre octópodo.
Seguimos paseando y viendo cerámicas, azulejos y más azulejos. Catamos oporto, compramos oporto, y finalmente nos encariñamos un poco con el bello río Duero y la ciudad que casi nos mata.
Contentas de irnos a Barcelona y poder hablar en castellano, nos tomamos un low cost de Vueling, rezando para que el piloto no hiciera lo mismo que el de GermanWings.
Ya empezamos a darnos cuenta cómo viajar sin tener que empastillarnos. Habíamos dicho primero, el  horario de madrugada saca el pánico, y ahora encontramos que estar hechas mierda físicamente, nos hace querer subirnos a un avión antes que tener que bajar por otra escalera mecánica de una estación.
Aterrizamos sanas y salvas en Catalunya, para descubrir, que en cuatro años se quintuplicó la cantidad de gente que habla en catalán. Para encontrar alguno que nos hable en castellano, tenemos que llamar a casa para hablar con nuestro contestador.
Así que aquí seguimos parlando un po d´italiano, english, francés, portugués, castellano cordobés y jeringozo, mientras intentamos aprender a hablar en catalán: No hem trobat cap paraula que coincideixi exactament de donar per cul.



jueves, 8 de septiembre de 2016

De Portugal al Everest

Nuestra primera impresión de Portugal fue: la amamos, el hotel tiene bidé. No podemos entender los países que no tienen ése accesorio en el baño. fundamental para la vida.
Empezamos bien.
Así como en Israel no parábamos de mirar a la gente y pensar, son todos judíos, en este país, no dejamos de decir cerámica, cerámica, cerámica. Hacia dónde miremos hay azulejos. Esos que acá observamos con admiración, y en casa de la abuela le decíamos, sacá esa porquería que ya está vieja.
Pero no por nada crecemos y aprendemos a amar las antigüedades. Bueno, por ahora, los objetos antiguos, porque las antigüedades de carne y hueso todavía no nos gustan. Nos hemos dado cuenta que cada vez miramos tipos más pendejos. Y los miramos con nostalgia pensando ¡quién tuviera edad! Porque si a una conclusión (temprana) hemos llegado en este viaje, es que los turistas están catalogados en dos tipos. Los Under Fifty y los Over Fifty. O sea, la generación 3.0 y la 6.0. La 5.0 anda escaseando, o vienen con una 2.0.
Ya volveremos al tema.
Retomemos Lisboa. Un hotel inmejorable desde todo punto de vista. Ubicación, atención, comodidad, detalles....Tantos detalles tenía el baño, jabones, cremas, gorras, necessaire, toallas para todas las partes del cuerpo, anche la que estás pensando, pantuflas, abanico de cortesía, que cuando encontramos la esponja, pensamos, ¡qué grosos los de este hotel!¡Te ponen esponja y todo!
Así que procedimos a bañarnos muy contentas, para salir de la bañera, ponernos los anteojos y darnos cuenta que nos habíamos enjabonado todo el cuerpo con la esponja para lustrar zapatos. ¿Pero quién nos quita lo bailado, eh?
Lisboa es bellísima. Un poco sucia, pero bella. Los portugueses son muy amables e hicimos un descubrimiento. Veníamos sabidas de que el portugués de Portugal no se parecía ni remotamente al portugués de Brasil. Pero, hete aquí que lo que descubrimos es porqué Portugal se llama así. Es la combinación de portugués y gallego. Portu-Gal. Si prestan atención, se darán cuenta que tenemos razón, que todos hablan un mejunje de gallego y portugués.
Nosotras notamos que nuestro lenguaje mutó. Ya no hablamos ni castellano ni portuñol. Nuestras frases se conforman de la siguiente manera: Bom día, ehhh, usted falha español?¿ inglés? Sta bom, ninguein. So, I need to sacar un billete para el comboio. ¿Cuándo sale? Y de dove? Merci ,gracias y moito brigada. Se dici obrigado u obrigada? Ahhh, según si son mujer u homen. Non capisco nada....
Estamos olvidando el castellano y nos preocupa. Somos como una especie de camaleón. Nos mimetizamos con el local y el extranjero.
Si pensábamos que Buenos Aires era la capital mundial de bares y restaurantes por cm2, no seores, en Lisboa, tenés uno al lado del otro y en dúplex. Y má que bife de chorizo ni bife de chorizo! Vivan las gambas al ajillo, el bacalao al forno y el pastel de belém! Después de haber visitado el oceanario y concientizarnos de la desicticolización de los mares, nos dio un poco de cosita morfarnos unos bichos de mar , pero el veganismo se nos pasó cuando nos trajeron los platos.
Si un consejo tenemos para darles a los que quieran visitar este hermoso país, es, vengan antes de cumplir 50. Acá todo es cuesta arriba literalmente. Y si ya los pasaron, traigan bastones.
Así como en casa, nos peleábamos con los vecinos conservacionistas del empedrado de Belgrano, acá no decimos ni mu.
Cargadas como mulas, llegamos a Sintra. Un lugar de ensueño. Es una mezcla de Colonia del Sacramento y Salzburgo, pero de acá. No debe tener más de 10 km2, con toda la furia. Pero esos 10 km son toditos para arriba. Si te gusta hacer step, este es tu lugar.  Subimos a la Quinta da Regaleira, al Castelho dos Mouros y al Palacio da Pena. Todos bellísimos. Unos jardines impresionantes, unas vistas de locura, pero se quedaron con nuestros pulmones.
Subimos a lo mas alto de la Quinta da Regaleira, nos trepamos a las murallas del castelho dos mouros, del que casi volamos al precipicio, por el viento que había, y por último, nos fuimos a visitar el Palacio da Pena, al que llegamos en bondi. Nos dejaron en la entrada y nos ofrecían subir en un pequeño tranvía. ¿Qué? dijimos nosotras. Ni en pedo. ¡Ya llegamos hasta acá entrenadas! Si la señora OF (over fifty) está subiendo, ¿cómo no vamos a subir nosotras? Son 525 metros nada más hasta la puerta del palacio...Lo que nadie te avisa, es que esos 525 mts son a lo que al Everest 2800 mts.
A medida que íbamos subiendo, veíamos a los UF (under fifty) resoplar, a los OF pedir que los maten, y nosotras llegamos apunadas y con tubo de oxígeno en mano. Eso es hasta la puerta. Todavía nos faltaba subir al castillo!! Resistimos estoicas y lo hicimos...pero hablar, recién pudimos hacerlo a los 20 minutos.
Suponíamos que en este viaje íbamos a bajar de peso...nop...subís, comés, bajás, comés, caminás, comés, y no comés minetras dormís, pero soñás con mariscos.
Ya mañana partimos para Porto, donde no sabemos si también tendremos que escalar montañas hasta para ir al baño, pero lo que sí sabemos es que no nos pondremos en pedo, porque el Oporto no nos gusta.





sábado, 3 de septiembre de 2016

Quetren quetren

Se nos terminó la estadía en Oyveylandia, en dónde no pudimos caminar por la calle sin pensar: este es judío...este es judío... este es judío... todos son judíos y ninguno nos mira! Maldito karma...
Tenemos que volver, sólo para no dar el brazo a torcer.
Dos y media de la madrugada nos pasa a buscar un taxista judío para llevarnos al aeropuerto en donde el 99% son judíos. Estamos en la gloria...no nos habla...y tampoco nos grita.
Cinco treina y cinco en punto, subimos al avión de matrimonio mixto, Iberia/El-Al, y debemos haber despegado en algún momento, pero no nos acordamos.
Encontramos la cura milagrosa para nuestro pánico a volar. Tenemos que viajar en horarios exóticos tipo cinco de la mañana, con 2 mg de Rivotril, y ¡santo remedio! Fue subir, sentarnos, y quedarnos totalmente dormidas, sin placa anti-bruxismo, tapones en los oídos ni antifaz para no ver. ¡Y tampoco rezamos la oración del viajero! Sacrilegio, pero llegamos vivas.
Aterrizamos en Barajas y teníamos boleto de tren/hotel para ir a Lisboa. Nos fuimos hasta la estación de Chamartín, a dejar las valijas en el locker y salir a pasear.  Bueno, pasear...lo que se dice pasear, no llegamos...dimos unas vueltas por la zona, ya que la pasta todavía hacía efecto sobre nuestro intelecto, así que decidimos hacer la gran Tom Hanks, y quedarnos en la terminal hasta la salida del tren.
Las dos primeras horas pasaron rápido, o más o menos. Estábamos entretenidas entrando a todos los negocios de la estación. Las subsiguientes dos horas y media, ya entramos a ponernos de mal humor, pensando cómo carajo hizo Tom para vivir en el aeropuerto. Nosotras no te apoyamos el culo en un baño público ni con Ayudín en la mano. Menos te íbamos a dormir, con el señor que estaba sentado enfrente mirándonos onda buitre carroñero, a la espera de que cerráramos los ojos para adueñarse de nuestros Sugus.
Finalmente abordamos el tren, carroza 23, camarote 55...o eso creíamos. Llegamos a la puerta y vemos: 55/51. Abrimos la puerta y ¡oh surprise! eran camas cuchetas. La cuestión es que la nuestra era la 55, y la 51 supuestamente de alguien más. Obviamente, y como no podía ser de otra manera, la 55 era la de arriba. Imaginate nuestra cara...Alguien que nos explique cómo hacemos para subir toda nuestra humanidad hasta ahí arriba. Por suerte los vecinos de camarote nos explicaron que no podían poner a nadie que no fuese familiar para compartirlo. ¡Menos mal! Estábamos yo, mi otro yo y el otro yo de mi otro yo...uno más no cabía, y como estaba la familia completa, nos acostamos abajo.
Buscamos el baño, y nos damos cuenta que non hay. ¿Dónde querés que pishemos? ¿Por la ventanilla? Eso sí, teníamos pileta para lavarnos el tujes, pero el baño estaba al final del vagón.
Si alguien vio Orange is the new black, digamos que el cubículo en donde teníamos que dormir, era lo más parecido a una cárcel de máxima seguridad. Éramos propiamente Piper Chapman.
La mal llamada cama, tenía una frazada que parecía un trapo de piso Media Naranja, de los grises. Por ende, pusimos prolijamente sobre la cama un pañuelo, y nos acostamos vestidas. Ni en pedo en camisón.
A las 2.30 a.m ya estábamos un tanto entumecidas de dormir casi sin movernos, no vaya a ser cosa que sin querer toquemos esa frazada de estopa. Nos levantamos para ir al baño, y encontramos a nuestros vecinos haciendo cola para mear. La madre en camisón, el muchacho en piyama y medias. ¿Adentro del baño todo meado por el tren entero, en medias??? Se ve que nosotras no tenemos mucho campamento.
Tras nueve horas de un traqueteo intolerable, en el que el tren directo, paró en cuarenta y ocho estaciones, no sabemos para qué, llegamos a Lisboa.
Nota mental para el gobierno portugués: ni un mísero control aduanero. Podríamos haber pasado con treinta y ocho misiles que nadie se enteraba.
Y aquí estamos, en Lishboa, en donde no existe el portuñol, pero te saben el resto de los idiomas.


lunes, 29 de agosto de 2016

Shalom, shekel, shlemazl


Tras nuestro breve paso por Jerusalém, donde aprendimos de religión, política y falafel, llegamos a la conclusión de que no es nuestro lugar en el mundo, por más posibilidades de enganchar un judío que haya.
Hermosa ciudad, de un calor seco intolerable, todo olivos y arena, pura piedra beige monocromática pero llena de misticismo. Tanto nos impactó el aire de religiosidad que se respira, que llegamos hasta el Muro de los Lamentos, apoyamos nuestra frente y le rezamos a Dios: "Baruj atá Adonai, no te pedimos mucho, sólo hacé que Shorsh deje a la mujer y nos encuentre".
Para ser honestas, no creemos que nos haya dado mucha bola, porque había otras mujeres pidiendo cosas un poco más relevantes que la nuestra. Pero, perdido por perdido, quién te dice...¿eh?
Luego subimos al Monte de los Olivos, en donde Jesús fue traicionado por Judas. El famoso beso de Judas...y nos imaginamos la última cena, la de Pesaj, en la que mucho más que aceitunas no debía haber, ya que en esas épocas el monte era una especie de bosque de Sherwood, pero lleno de olivos.
Fuimos bajando, con nuestro guía Allan, judío escocés (cosa rara si las hay) bajo el sol del desierto, por todas las iglesias que no eran iglesias, sino templos y mezquitas, porque A.C, nadie sabía lo que era una iglesia. Nos imaginamos todo el relato bíblico y hasta lo creímos. Luego seguimos bajando por el costado del cementerio judío, que está todito puesto frente a la ciudad vieja, para que cuando llegue el Mesías, todos los muertos se levanten y entren a la Tierra Prometida...O algo así.
Igual nos dio un poquito de miedito imaginarnos la escena de los esqueletos caminando hacia Jerusalém. Aunque nos quedamos pensando...nosotros, los judíos de la diáspora, ¿cómo vamos a llegar ahí? ¿En Iberia o El-Al?
Como notarán, nos imbuye el espíritu religioso. Más allá de cualquier chascarrillo que podamos hacer, Jerusalém vale la pena y volveríamos.
Viernes y debíamos partir hacia Ashdod a ver a nuestra querida amiga Keitty. Encargamos a la recepcionista que nos pida un taxi que nos lleve al Retiro israelí. A los diez minutos nos dice: "su taxi las está esperando afuera". Salimos. Primera mala señal, el taxista ni se acerca a ayudarnos con las valijas. Segunda mala señal, nos empieza a gritar: "dónde estaban? Hace quince minutos que las estoy esperando? Están locas? No tengo dónde parar tanto tiempo...fifteen minutes, fifteen minutes! Oy vey, oy vey!!"
Nuestra primera reacción fue de estupor seguido de pánico. Empezamos a balbucear sin saber muy bien qué decir. Pero reaccionamos rápidamente porque tres días en Israel, son tres días en los que aprendés mucho. Y ahí nomás, y sin subtítulos le empezamos a decir: "¿nos estás jodiendo? ¿Qué carajo nos importa que nos hayas tenido que esperar? ¿Acaso no te vamos a pagar?" Obviamente, todo esto en español, porque nosotras de hebreo, nada.
Finalmente nos tira en la estación, sin decirnos chau. Comprobamos una vez más, que los taxistas del mundo se han unido en contra nuestra.Debe haber un identikit con nuestra cara en todas las paradas de taxis del planeta.
Bueno. Intentamos entrar a la Tajanat Mercazit y nos frenan dos pibes y una mina, que como si intuyeran que no entendemos un carajo el idioma, nos empiezan a hablar en hebreo. Sospechamos que creían que éramos terroristas porque nos señalaban nuestra mochila. Finalmente nos dimos cuenta que debíamos entrar por otra puerta para escanear el equipaje.
Llegamos a Ashdod, pensando que al tener playa, el clima iba a mejorar. Hete aquí que no. Es el Sahara con playa. Hermosa playa, pero una calor que casi nos desmayamos.
Bello reencuentro con nuestra amiga a la que no veíamos hacía dieciséis años y salimos a caminar por la costanera a la noche. Menos mal que era shabat y sólo había tres personas en la calle. Dos de ellas éramos nosotras, las que tuvieron que vernos meter un pie en un pozo macrista, para aterrizar casi de cara al piso. ¡Traumatólogo a la derecha! diría el Dr. Raúl Alfonsín. Estamos casi seguras que nos reventamos los meniscos, pero no es hora de anda quejándose que todavía nos falta el 90% del viaje.
Próxima estación Tel Aviv. Ciudad!! Mucha gente joven, mucha joda, mucha comida, mucho todo.
Dicen que Tel Aviv es una ciudad gay-friendly, pero descubrimos que en realidad es hetero-friendly porque son los que menos abundan. Si creímos que acá íbamos a conseguir novio, nos equivocamos de lugar. 
Next stop Lisboa. Nos vamos acercando a un idioma un poco más conocido...



martes, 23 de agosto de 2016

La vuelta al mundo en 24 horas

Lunes 9 a.m pasa a buscarnos Daniel, como cada vez que nos vamos de viaje.
N: Daniel, el día está demasiado lindo ¿no será de mal augurio? Siempre viajamos con lluvia...
Daniel mira, y ya no responde...está acostumbrado a nuestras pelotudeces.
Check in y se acerca un chekinero y nos dice ¿le podré cambiar de asiento para que esa pareja se siente junta? ¿Nos van a cambiar de asiento?¿Qué tiene? ¿Está roto? ¿Nos van a dar un asiento roto y vamos a salir eyectadas del avión? ¿Están poniendo en riesgo nuestras vidas para que ése matrimonio de 200 años se siente junto? No, no, no, no, mirá si nos cambian de asiento y el avión se cae, pero la parejita se salva porque estaban en nuestro lugar? Nos están cambiando la cábala!! Y ahora qué hacemos? Nosotras tenemos pánico!
Ante la atónita mirada del personal de Iberia, y con temor a que el resto de la tripulación se negara a despegar con nosotras arriba, nos mandaron directo a business para compensar la angustia.
Así vale la pena angustiarse, y para reforzar la idea, nos clavamos el cuarto Rivotril del día.
Subimos.
En business los asientos son un sofá-cama de plaza y media. Comimos, bebimos, dormidos despatarradas, y escuchamos roncar a nuestro marido de turno, un señor español que vió películas toda la noche y diez minutos antes de aterrizar se durmió como un sapo.
Pero no todas son rosas en la clase superior. Nos dieron un bellísimo necessaire con tutti li fiocchi, pero vaya a saber quién fue el turro que mientras babeábamos dormidas, nos lo afanó, con la funda para la placa antibruxismo y dos tiras de rivotril sublingual adentro. ¡Con lo caro que está el Rivotril!! El avión se movió bastante, pero acostadas en una king size, ¿a quién le importa?
La hacemos corta. Bajamos en Madrid, más dormidas que otra cosa, esperamos cuatro horas y nos volvimos a montar en otro Iberia con destino a la Tierra Prometida.
Llegamos a Tel Aviv sin raya en el tujes, tras 17 horas de vuelo desde que salimos de casa.
Debíamos conseguir traslado hasta Jerusalém y ahí nos dirigimos a la parada de shuttles. Si nosotras nos quejábamos de los tacheros de B.A, aquí encontramos a los peores.
Estos te gritan, pero en hebreo. Y nosotras que te estudiamos doce años, al pedo, no entendemos más que dos palabras de mierda.
Pero descubrimos otra cosa. En Israel todos gritan. Aparentemente tienen un problema crónico de sordera, posiblemente heredado de cuando Moisés nos sacó de Egipto, y al cruzar el Mar Rojo, a más de uno le debe haber entrado agua en los oídos.
Y henos aquí en Jerusalém, con la misma sensación que cuando vinimos a los 17 años...que no somos profetas en nuestra tierra...Más bien, nos sentimos bastante goy.
Fuimos a dar una vuelta para conocer los alrededores, y mientras anochecía, de paso cenamos.
No pregunten qué. No tenemos idea. El plato se llamaba Jerusalem Mix. Lo único que distinguimos fue el pepino. Lo demás nos lo comimos sin preguntar, porque acá la comida coista cara. Creemos que era pollo, con cebolla y algo más que no supimos distinguir, pero que los gatos callejeros supieron devorar agradecidos. Con lo cuál calculamos que era hígado o testículos de algún animal diminuto y kosher.
Mañana empezamos la dieta y la caminata ...y a llorar al Muro de los Lamentos!

lunes, 15 de agosto de 2016

Soysola y los diez mandamientos

Y se viene una nueva aventura en solitario. Soysola se va a la Tierra Prometida.
No sabemos mucho qué es lo que nos promete , pero ahí vamos. Cargadas con bizcochitos de grasa, caramelos Sugus y alfajores para nuestra expatriada amiga Patricia, amén de toda la pasta prescrita por nuestro psiquiatra.
Entramos en la etapa pre viaje, en la cuál todas las fantasías habidas y por haber, ya han cruzado por nuestras cabezas. Yo y mis otros yo, no te paramos de pensar boludeces, a saber: seremos acuchilladas por un terrorista en el Muro de los Lamentos mientras le pedimos a dios que nos mande un novio. Nos perderemos en la ciudad vieja, y seremos confundidas con un fósil en las excavaciones. Bajaremos al Santo Sepulcro y quedaremos atrapadas con un judío convertido en goy. Iremos al Mar Muerto y nos subirá la presión por la cantidad de sal que contiene el agua. Sufriremos un infarto en el avión y de sobrevivir, cómo viviremos el resto de nuestras vidas siendo enfermas cardíacas...etc.
Todo esto, ya le fue expresado a nuestro terapeuta, que nos pidió permiso para citarnos en su próximo libro "Pensamientos intrusivos, anticipación al pedo y los efectos nocivos en los lectores de Soysola". Los ejemplares se venderán con una caja de Rivotril sublingual.
Así que henos aquí, mientras miramos los juegos olímpicos, vamos preparando las valijas. Una con ropa, la otra con medicación psiquiátrica.
Como es costumbre, pasaremos a los pedidos del día, y volveremos a unificar nuestras personalidades en una, porque ya sabemos que te somos egoístas y no compartimos.
He aquí los diez mandamientos.
Quiero ser campeona de salto en largo y con una sola zancada llegar de Buenos Aires a Madrid.
Quiero a la Torre de Tandil, para treparme a su cabeza y decirle, sos el mejor, no dejes que nadie te diga lo contrario.
Quiero un falafel sin sal, un shawarma calentito y un Soysolo israelí picante.
Quiero los cuarenta años en el  desierto de Moisés antes que el paraíso prometido por Donald Trump.
Quiero sacarme una foto montada en un burro blanco en el Monte de los Olivos y decirte soy la Mesías que vino a salvarte de tu soledad.
Quiero creer en lo que no creo, porque creyendo lo que ya creo, creo que no voy a ninguna parte.
Quiero recorrer el mundo con mis pies, antes que tener el mundo en mis manos.
Quiero ser una siempreviva antes que una hiedra venenosa y llenarte de ronchas cuando te me acerques.
Quiero un asado con la costilla de Adán, antes que otra vez sopa.
Y por último después de una sobredosis de olimpíadas, quiero un Usain Bolt, que todavía puede correr hasta alcanzarme antes que a Shorsh que por más que lo busque, sigue sin encontrarme.

lunes, 8 de agosto de 2016

Domingo de Resurrección o I see dead people (la saga)

Esto de ir a almorzar con nuestra madre se estaba tornando algo monótono. No por nuestra señora mamá , sino porque estábamos empezando a sentirnos como esas hijas de antaño, que se quedaban para vestir santos.
Todos los domingos lo mismo. Previa reserva telefónica, a las 13.15 en punto, cita con mother en Covadonga. Sí, porque si nos resultaba un tanto deprimente el fin de semana, el nombre del comedero no es un dechado de alegría. No es como para decir, uyy, qué onda tiene Covadonga! No. Pero se come bien. Bien caro.
Es el típico restaurante de barrio cheto, con ancianos por doquier. Lo que se dice, un programón. Como si con ser Soysola no bastara!
Aparcamos nuestros tujes en la zona del mozo Ricardo, pedimos la comanda, clavamos el primer bocado de lomo y escuchamos un: "ayuda por favor! se me cae! Papi quedate conmigo, mirame, no te vayas!"
Era el pedido desesperado de una señora a la que el marido se le estaba descomponiendo.
Salimos eyectadas, cual saeta, y corrimos a poner una silla detrás del señor para que no se estrolara contra el piso. Acto seguido, gritamos ¡médico por favor! y nos sentimos como Alfonsín en el 83.
Descubrimos que la famosa solidaridad argentina no es tal. En un salón con 40 comensales, sólo nos levantamos dos personas a asistir al cuasi muerto.
Mientras el cajero llamaba al Same, nosotras hacíamos lo propio al 911 y la futura casi viuda, llamaba a su hija. Demás está decir, que el resto de los covadonguenses no movieron el upite del asiento.
No vaya a ser que las papas fritas no esperen...
Entre tanto, nuestro bife de 226 pesos se enfriaba en el plato, y nosotras nos debatíamos entre convertirnos en Florence Nightingale y la voz de papá diciéndonos: pidieron el lomo, sale caro, ahora se lo comen aunque esté frío.
Allá en la puerta seguía sentado, al borde del abismo, el pobre señor, blanco como un papel debatiéndose entre el más allá y el más acá.
Nuestra madre, no paraba de decirnos, me parece que se muere, está muy pálido, ¡qué cosa con el Same que no llega!¡Te podés morir antes que llegue la ambulancia!
Ante semejante panorama, nosotras nos levantábamos cada dos segundos a ver si el hombre respiraba o no. Bueno, nos acercábamos un poco, porque sabido es, que te somos un poco aprensivas, por más solidarias que seamos. Volvimos a la mesa en cuanto vimos que el susodicho abría los ojos. Sin occisos la cosa ya no tenía gracia.
Miramos a doña Rujele, y con la delicadeza que nos caracteriza le dijimos: mamá, ¿ves por qué tenés que estar contenta? Porque todavía estás viva!
Acto seguido cortamos un cacho de carne y lo manducamos...
Quiero un sistema de salud presente y no un presente para el sistema.
Quiero la solidaridad bien entendida empieza por casa, y no el sálvese quien pueda.
Quiero una línea directa al corazón, y no un 0800-FUNERARIA.
Quiero un kilo y dos pancitos, y no una panera llena de bolas de fraile inútiles.
Quiero el sexto sentido alerta y no el séptimo cielo.
Quiero tocar la mandolina, pero no quiero tocar el arpa.
Quiero una sinfonía de Beethoven, la primavera de Vivaldi, y el Danubio Azul, antes que la Cumbia de un solo dedo.
Quiero dormir en paz, pero no quiero el sueño eterno.
Quiero que seas lo que yo quiero, para que cuando te encuentre, te diga, ahora sos mi Shorsh.





miércoles, 20 de julio de 2016

Soysola, la mejor amiga del hombre.

Así como dios nos ha desprovisto de novios, nos ha llenado de amigos.
Somos las mejores amigas del hombre. Como los perros. Vendríamos a ser unas perras salchichas poilishes. O sea un wurscht.(embutido, fiambre)
A nosotras nos gusta más compararnos con unos galgos afganos, estilizados, elegantes, pero para ser honestas, nos parecemos más a un San Bernardo.
Somos leales, confiables, cariñosas y rescatamos almas perdidas. Es por eso que en el universo de los soysolos, somos de lo más requerido.
Como Roberto Carlos, tenemos un millón de amigos. Amigos de toda la vida, de media vida y de corta vida. Están aquellos que nos acompañaron en los malos momentos, en los buenos, en los más o menos y en esos tiempos que es mejor olvidar.
Hay amigos inolvidables, y de los olvidables también. Pero como mencionábamos anteriormente, como los canes, ante la caricia del amo, perdonamos todo.
En pocas palabras, somos fáciles.
Somos amigueras. Tenemos facilidad de oratoria, en tanto y en cuanto el Rivotril nos lo permita.
Hemos heredado el gruñido de madre doberman, y el ladrido de padre ovejero alemán. La lealtad de un pitbull, la delicadeza de un perro callejero, y el sarcasmo del zeide Salomón, que no era un animal pero merecería serlo. (zeide z´l te amo).
Y todo esto venía a cuento de que comienza hoy, otro nuevo Día del Amigo.
A los amigos de la vida, saben que los amamos, que los guardamos en el corazón y que siempre cuentan con nosotras.
Y a los señores que hoy se acercan en plan amistoso, les estamos eternamente agradecidas. Pero pasamos. El cupo de amistades masculinas está cubierto. Y muy bien cubierto. Lo que buscamos es otra cosa. ¿Capisce?
Así, que hoy los quieros se los dedicamos a las/os perros atorrantes que nos acompañan en el vagabundeo de la vida.
Como ya sabemos, a la hora de querer, nuestras múltiples personalidades vuelven a reunirse en una sola,  por una simple cuestión sintáctica.
Quiero recorrer el arcoiris y que al final del mismo, en vez de la olla de oro, los encuentre a ustedes.
Quiero ser el león de la Metro Goldwyn Mayer, en vez de Humpty Dumpty sentada en al borde del precipicio.
Quiero legarles lo único que no me han sacado las sanguijuelas. Mi amor.
Quiero una parcela en el paraíso, el monumento a la paciencia, y un sinfín de perlas cultivadas, para enhebrarlas en la horca.
Quiero la inestabilidad de mi vida, a la vida ordenada de los que creen en la verdad absoluta.
Quiero escuchar alguna vez, hello from the other side, I must have called about a thousand times, to tell you I´m sorry.
Quiero pescar un Clooney en los lagos de Como, y devolverlo al agua, porque sí. De resentida nomás.
Y por último, no quiero menos que decirles a todos los que quiero, cuánto los quiero no sin querer, sino queriendo.


sábado, 2 de julio de 2016

El segundo semestre

Acá andamos, empezando el famoso segundo semestre, esperando, como el gobierno, que las cosas mejoren.
Ya vamos por la segunda mitad de nuestros cincuenta, y el pescado sigue sin vender.
No es que estemos desesperadas, es simplemente que si seguimos a la espera, los sesenta nos encontrarán mucho antes que el Príncipe Azul ya tirando a Verdoso.
Les diría a los candidatos que se apuren, no vaya a ser cosa que cuando nos encuentren, estemos momificadas.
Anoche, en nuestro habitual desvelo, empezamos a pensar en años venideros. Pse...se nota que no tenemos bolsa de agua caliente ...
Ya hemos considerado todas las opciones habidas y por haber para el futuro.
A saber:
1) Chongo rentado. Descartado. Nos da miedo meter en casa a cualquiera. Bueno, a cualquiera...A cualquiera es un decir, porque por Juramento han pasado muchos cualquiera. Sabido es, que nosotras no te sabemos decir que no.
2) Adoptar un perro o un gato. No te sabemos cuidar un potus, imaginate a un perro paseándose solito por las Barrancas de Belgrano, con su doggy-bag porque nos olvidamos de darle de comer.
Fuera de la cuestión antes que alguien nos denuncie a M.A.P.A.
3) Lesbianismo. No es la opción que más nos entusiasme, porque nos siguen gustando los hombres. Aún cuando estemos pensando que Shorsh hizo bien en casarse con Aladina, y la estemos mirando con buenos ojos. ¿Cómo era? A falta de pan, ¿buenas son las tortas?. Pero no. Gracias. Pasamos. Estamos a dieta.
4) Visitar el cementerio de La Tablada más seguido a ver si enganchamos algún viudo.
Nos queda lejos. Una hora y pico de bondi, llegaríamos con el tujes más aplastado de lo que ya lo tenemos. Además quién te dice que el viudo no llegue al arpa demasiado rápido. MmmmNop. Paso. Queremos uno que nos dure unos añitos.
5) Convertirnos en monjas de clausura, que en apariencia hoy, es la única manera de conseguir que un tipo te garpe algo. Quién te dice, aparece un Joséi Lopesky, con nueve palos y a la bolsa.
No. Después tendríamos que andar dando explicaciones a Comodoro Py, con lo que detestamos dar explicaciones. Descartado.
6) Último, y la mejor opción, es la que venimos barajando hace años. Un buen geriátrico en Miami.  Con eso, nos aseguraríamos que nuestras sobrinas nos vayan a visitar una vez al año.
Yo y mis otros yo estaríamos chochas de chochera absoluta, rodeadas de otros ellos, que no sólo tendrán múltiples personalidades, sino que es muy probable además, no nos recuerden a ninguna de nosotras, ni nosotras a ellos. Con lo cuál, siempre sería como conocer alguien nuevo.
Así que a ustedes, hombres, les decimos: vayan viniendo de a muchos, porque de a pocos tampoco están viniendo.


lunes, 13 de junio de 2016

Soysola reloaded

Luego de un viernes en donde nos comportamos nuevamente como viejas locas, puteando al vecino de al lado por su segundo cumpleaños del mes, decidimos perder toda compostura y responderle (sic) : nos chupa un huevo la ley, la próxima te hacemos una enema de cd´s ".
Con total honestidad, debemos decir, que el muchacho en cuestión no se amedrentó en lo más mínimo, o sí, no lo sabemos, porque tras la feliz frase, dimos un portazo y nos clavamos un Rivotril.
Esta vez, no salimos a la puerta con el camisón de Betty Boop y medias, sino con uno tipo enagua con puntillas, con lo cuál suponemos que el que tuvo que empastarse para borrar esa imagen de su cabeza, fue el muchacho en cuestión.
El resto del fin de semana, transcurrió en la más absoluta serenidad. Sospechamos que ahora tiene miedo de salir del departamento, no sea cosa que se vuelva a cruzar con nosotras en alguno de nuestros otros camisones en decadencia. 
Dicho esto, llegamos a tres conclusiones. Una, deberíamos ser un poco más tolerantes y recordar nuestra adolescencia antes de putear a un púber. Dos, los cincuenta nos pegaron duro y parejo, despojándonos de toda hormona de la empatía y simpatía. Tres, definitivamente debemos comprarnos camisones un poco más sensuales.
Lo de los camisones bien podríamos tomarlo como una inversión si es que aún pretendemos que Shorsh pose sus ojos sobre nosotras...bah...Shorsh o cualquiera a estas alturas.
Hemos decidido por otra parte, en un acto de total madurez, que dejaremos que los demás elijan por nosotras al candidato, postulante, aspirante u/o solicitante, al puesto vacante de "novio para Soysola", ya que nosotras donde ponemos el ojo, nos volvemos ciegas. Somos las lamentables poseedoras del talento de la equivocación sin retorno.
Por lo tanto, es hora de pedir.
Quiero un homo sapiens, un homo erectus, o sencillamente un homo.
Quiero una película romántica que no termine con un "te lo dije".
Quiero un globo aerostático que sobrevuele la imaginación, a una bombita de carnaval pinchada.
Quiero la grasa de un salame de milán, a un milanés grasa y salame.
Quiero un amante de Paganini, a uno que me deje de garpe.
Quiero un tesoro perdido, una paraíso encontrado, y un eterno deseo de seguir queriendo.
Quiero el pasado pisado, el presente feliz y el futuro digno de admiración y no de lástima. 
Quiero las mañanitas que cantaba el Rey David, pero no quiero ser un santa y que me las canten a mí.