sábado, 8 de abril de 2017

Se cambia Shorsh por Gay

Resumir 18 días de vacaciones, puede ser tedioso, o puede ser breve.
Vayamos por lo breve, porque no queremos aburrirnos de nosotras mismas.
Playa del Carmen. Paraíso dentro del paraíso de un all inclusive.
Casi nos casamos con un bello muchacho local, al que muy gentilmente rechazamos diciéndole : güey, estás muy padre, pero casi que podría ser tu madre. Más tarde nos fuimos todos a menear el bote a CocoBongo, bien chido, al saludo de ¡qué onda carnal!
Hemos nadado en el Río Secreto, al grito de síganme los buenos, y hasta nos animamos al Sea Trek, caminata por el fondo del mar, a la que llamamos, los treinta minutos que duró, Star Trek.
Vale decir que los buzos e instructores te dicen qué señas hacer por si querés que te suban a la superficie. Bueno, a los cinco minutos de sumergidas, comenzamos a hacer señas desesperadas para que nos subieran, pero se ve que los buzos no nos creyeron mucho, que a través de dichas señas, dijeron: seguí caminando y no rompas las bolas... O eso interpretamos...Continuamos con la caminata subacuática, en medio de un ataque de pánico, pensando: ahora nos sube la presión, y la cabeza nos explota llenando de sangre la escafandra...¿y si se me cortan los tubos de oxígeno? ¿saldremos en los diarios: una argentina murió practicando buceo en el parque Xcaret?...¿se darán cuenta si me agarra una embolia?...¿y si la raya que vienen nadando por ahí, siente mi pánico y me lanza el aguijón?
Así, disfrutamos la maravillosa experiencia del Sea Trek, sumergidas seis metros bajo el agua. De más está decir que cuando emergimos, juramos que lo volveríamos a hacer.
Mientras, mis amigos seguían buscándome un novio nativo. Pero los mayas nos quedan cortos. Por primera vez en nuestras vidas, nos sentimos Gulliver.
Pasada la mejor semana de vacaciones en la Riviera Maya, nos embarcamos a Meamee chico. ¿Y qué vas a hacer en Meamee? Tomamos sol, compramos, compramos, comimos ribs, compramos, cafeteamos, compramos, comimos cheescake, compramos. Vimos amigos, compramos. Cenamos, compramos. Paseamos, compramos, y finalmente tan aburridas de comprar estábamos, que seguimos comprando.
Ahí sí que no buscamos novio. Si no eran argentinos, eran rusos de Rusia misma, y los yanquis se parecían tanto a Homero, que preferimos seguir comprando.
Tras la reprogramación de nuestro vuelo, gracias a Moyano y todos los putísimos sindicatos del orto, partimos con un día de demora y unos cuántos morlacos menos hacia el aeropuerto de Miamichico.
Podrían suponer que después de tantos aviones y aeropuertos, viajaríamos sin medicación, pero la verdad es que a medida que pasa el tiempo, descubrimos cuánto nos gusta empastarnos, así que le damos al Rivotril sin asco.
Ya con 250 grs de droga en sangre, placa antibruxismo y tapones en los oídos, toda una pinturita, se nos apareció nuestro nuevo Shorsh. Alfonso Prat Gay.
Sí señores, hemos cambiado, luego de tantos años de esperarlo a Shorsh, por otro. Obviamente por otro que no nos dará bola, pero por lo menos está más cerca.
Este vive acá, y no me hace gastar guita sacando pasajes para ver si lo encontramos en algún recóndito lugar del planeta. Éste no nos mirará, ni sabrá de nuestra existencia, acá mismo y economizando.
Algo de bueno tiene esto de ir poniéndose mayor...te vas acercando a una realidad imposible, sin salir de tu casa.




lunes, 27 de marzo de 2017

Tristeza não tein fim

Podría empezar por relatar mi maravillosa semana en Playa del Carmen, pero dadas las circunstancias, lo voy a dejar para el fin de mi viaje.
¿Qué circunstancias se preguntarán? Apenas aterrizada en Miami, recibo la triste noticia que la madre de mi hermana del alma, falleció. Rosita, Reizale, Rosi, madre postiza. Ella mi segunda madre, yo, su séptima hija. Así nos llamábamos siempre.
Orgullosa madre de seis, amante abuela de catorce y bisabuela de cuatro y medio.
Aguantadora de amigos de hijos permanentemente aposentados en su casa, Rosita siempre tenía lugar para uno más.
Tengo un millón y medio de anécdotas de estos últimos cuarenta y dos años.
Pero vamos a resumirlas en las dos que la caracterizaban como el personaje que era. En el primer viaje fuera del país con toda su familia, se animó a llevarme a mí, que tenía trece años. Fuimos a Brasil. Éramos alrededor de doce personas. El avión salió con demora y perdimos la reserva del hotel.   Llegamos y nos encontramos que el batallón no tenía dónde dormir. Rosi, ni lerda ni perezosa, se paró en la punta de la escalinata del hotel, y cuál Dama de las Camelias, apoyó su mano en la frente y comenzó a gritar :" agárrenme que me desmayo! Ahora qué hacemos? A donde nos vamos? Yo me desmayo! Me desmayo!" Raudamente, la merecedora del Oscar a la mejor actriz, consiguió que nos dieran la suite presidencial. Si ya la amaba, ése día se convirtió en mi heroína.
Y la segunda, y que no habla bien de mí, pero sí de ella, es que en la adolescencia, mi deporte favorito, era ratearme del colegio. Como mi madre no me dejaba faltar a menos que estuviera con un pie en el cajón, yo llamaba el día anterior a Rosita y le decía: " Rosi, mañana déjame la puerta entreabierta a las 7 de la mañana, que me rateo". Cualquiera podría pensar que mi segunda madre era una irresponsable, pero no. Ella prefería que yo me quedara durmiendo en su casa, antes que estuviera yirando por la calle toda la mañana, a riesgo de que me agarrara la policía, ya que estábamos en épocas de dictadura.
Ésa era Rosita. Mi segunda madre. La que me dió la mejor hermana de la vida que una pueda tener.
Gracias Reizale por tanto. Te voy a extrañar mucho.


sábado, 4 de marzo de 2017

Boda 1 - Sosyola 0

Febrero pasó como un suspiro, y con él el casamiento de nuestra sobrina.
El casamiento. Un tema que ya hemos desarrollado en otras ocasiones, pero no por eso, menos conflictivo.
Estos chicos no te son como los de antes. Hoy se casan en días rarísimos como un lunes 27 de febrero, en la loma del tujes y al atardecer. Eso es ser jóvenes... No tienen en cuenta los mosquitos, ni que vos estás entrada en kilos y años y que ponerte un vestido largo con 40 grados a la sombra, no es la situación ideal a los 51 años. Pero sos la tía de la novia, y ajo y agua....a joderse y a aguantarse.
Ya desde que nos terminaron de maquillar y peinar, empezamos a transpirar como chanchos. Bueno, eso si los chanchos están menopáusicos como una.
Para que los chicos no se nos ofendan, vamos a aclarar, que estaban hermosos, que el lugar era un sueño, que la fiesta fue maravillosa, que exultaban felicidad, y nosotras por ende, estábamos igual de felices. Cuando no tenés hijos, entregar a una sobrina, es lo mismo que si fueras la madre. Te cuesta. Pensás ¿este pibe se merecerá a nuestra nena? ¿La va a tratar bien? ¿La va a hacer feliz? Y toda duda se disipa, cuando lo ves darse vuelta en el altar para recibirla, y la emoción y el amor le brotan por los poros. Ahí, mission accomplished,  respirás tranquila.
Volvamos a lo que nos atañe. La edad...
Apretujadas en un bellísimo vestido largo, emballenado, para quienes no son doctos en el tema, las ballenas no son mamíferos, son lo que te ponen en el corsé para que te mantenga las carnes en su lugar, nos dirigimos al salón.
Cabe decir, que si una vale su peso en oro, yo debería ser, para estas fechas, multimillonaria.
Mientras seguíamos chorreando agua como si estuviésemos en un sauna húmedo, no dejábamos de notar que al sentarnos, nuestra pechuga subía al nivel de la pera. ¡Putas ballenas! ¡Se suponía que nos tenían que adelgazar, y no empujar lo que sobraba hacia arriba!
Comodísimas estábamos....
Los jóvenes bailaban en el medio de la pista, dejándonos a los que pasábamos los 50, apenas un costadito en la alfombra, o sea, fuera del ring.
Ni que hablar que nosotras no estábamos ya para ser aplastadas en medio del frenesí jasídico. Así que el sueño que acuñábamos desde que las nenas eran chicas, de bailar una ronda judáica abrazada a nuestros pollitos, se esfumó en dos Hava Naguilas.
Volvamos a la indumentaria. Repasemos: vestido largo con mangas porque ya no estamos para mostrar los puentes colgantes de Babilonia que tenemos en lugar de músculos. Zapatos con taco de 12 centímetros, para disimular la baja estatura,faja reductora, carterita de fiesta y abanico en mano. Una pinturita. O una acuarela...porque seguíamos transpirando y empezábamos a derretirnos cuál maquillaje de muñeca de porcelana en una película de terror.
La pauta de que te estás convirtiendo en una vieja chota, es que en este tipo de eventos, te la pasás diciéndole a la gente jóven: "mi amor ¿no te parece que ya tomaste suficiente? " O, "soy la tía de la novia" mientras ponés cara de babosa recordando cuando le cambiabas los pañales.
Y por último, el mayor síntoma de ancianidad, es cuando se te cae el celular al piso, te agachás para  levantarlo, se acerca corriendo un muchacho, y te dice "señora, yo la ayudo a levantarse" y vos, orgullosa le respondés "no te preocupes que puedo sola", para, a los dos segundos mirarlo y decirle "¿sabés qué? Mejor ayudame".
Conclusión, para el próximo casorio, en vez de faja envolvete en papel higiénico como La Momia de Titanes en el Ring, usá una túnica a lo María Martha SL, maquillate con productos Acme y hacé mutis por el foro, total, que para pasar desapercibida, ya vamos por la vida.

jueves, 23 de febrero de 2017

Bye bye Shorsh

Es oficial. Llegó el fin de una era. Shorsh va a ser padre, y de mellizos como para que no quede ninguna duda. Un potz nomás.
Ahora, en vez de disfrutar de la vida con nosotras, se la va a pasar, a la vejez, cambiando pañales y durmiendo tres horas por día. Que se joda por boludo. Él se la pierde.
¡Justo en nuestro mejor momento, que subimos a aviones, disponemos de ganas, guita y grasa (todo con G de Shorsh), el tipo quiere demostrarle al mundo que es fértil!
Toda una carrera de galán tirada a la basura, ya que ahora no vamos a poder evitar pensar en él como el depositario del regurgitar de dos críos, desparramados por su camiseta morley y pantalones de pijama rayados celestes y blancos. Una foto poco erótica si las hay.
No es que queramos tirarle mierda encima porque no nos dió bola, sino que somos realistas.
La vida no es una película. Ni siquiera la de él. ¡Che Shorsh, enterate! Los pibes cagan, mean, lloran, vomitan, duermen cuando vos no querés y cuando querés que se duerman están despiertos. Después crecen, piden cosas, tienen fiebre y mocos, van al colegio y se sacan malas notas, o en su defecto son nerds. Tienen varicela, te rompen tus cosas y tienen piojos. De adolescentes te dan muchos dolores de cabeza, tenés que ponerles límites, te pelean, pasás a ser el peor padre del mundo, fuman, toman, y a vos sólo te queda preocuparte. Y ya cuando son adultos...bueno...si es que llegás a verlos, porque no nos engañemos, sos un padre añoso, te meten en un geriátrico y se quedan con toda tu guita.
Pero bueno, ahora que vas a ser padre: ¡¡FELICIDADES!! Nosotras sabemos perder con dignidad.




martes, 31 de enero de 2017

In-finito

Tras un prolongado mutismo, volvió Soysola. Y te habla a vos que estás leyendo.
Volvimos, pero no seremos millones. No queremos poblar el mundo con millones de pelotudas creyentes de lo increíble, ateas de ilusiones, resistentes reblandecidas y estúpidas de corazón.
Ahhh, sí, sí, sí! Si te volvemos, lo hacemos reloaded. No nos andamos con chiquitas.
¿Para qué con chiquitas, si nosotras cuando te brindamos, lo hacemos a lo grande? No tenemos medida. Somos el símbolo del infinito...Infinitamente idiotas, infinitamente confiadas, infinitamente pacientes...en definitiva, somos una infinitud de bondades no aprovechables.
Somos tierra fértil para los abrojos, cardos y cactus. Todo lo que lastima.
Así que tras semejante sincericidio, hemos decidido barajar y dar de nuevo. Al mal trago darle apuro, dicen los que saben. Y a los tragos amargos conviene tomarlos con un cortado descafeínado, mitad y mitad, con leche descremada y en jarrito por favor.
No vayan a creer que saben mucho mejor...no...pero se disimula el amargor.
Y mientras tanto vamos planificando,  otra vez, nuestra vida en solitario.
Se vienen emociones fuertes. Amores de esos que son indestructibles. Felicidades ajenas que son nuestras, porque las vimos nacer, crecer y convertirse en seres increíbles. Y damos la vida por ellas, porque son lo único por lo que vale la pena vivir y morir.
Se aproximan viajes, trabajos, amaneceres y vida. Porque ante todo, Soysola será una eterna creyente de las utopías. Como decía Galeano :"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar".
Soysola avanza, lentamente, pero a paso firme. Y siempre queriendo...
Quiero ser la sangre fría que corre por tus venas, a la mía, que de tan caliente quema.
Quiero Capri en septiembre, Pompeya en octubre y más allá la inundación.
Quiero ser parte de un todo que no por todo deja de ser la nada misma.
Quiero sentir el viento entre mis dedos, a que se escurran las palabras en un mar de mentiras.
Quiero el verde esperanza, a la negrura de tus ojos impávidos.
Quiero una caja de pañuelos de papel, para ir secando una a una las lágrimas que no pienso derramar.
Quiero guardar sin llave el corazón que perdí.
Quiero, siempre quiero, porque si no quisiera más, estaría absolutamente perdida en la conformidad.



martes, 10 de enero de 2017

¿Bella o vello?

Cinco míseros días de vacaciones y te tenés que depilar.
Vas confiadísima al mismo lugar de siempre y le decís: sacame todos los pelos que encuentres.
Y la torturadora, perdón, la depiladora, se lo toma al pie de la letra.
¿Qué se va a hacer? te pregunta.
Cavado, axilas, media pierna y tira de cola, deslizás tímidamente. Desvestite, te dice, tomando confianza, ya que te va a ver el upite.
Y ahí nomás arremete. Te abre como a un pollo que van a adobar, y te empieza a pasar la cera. 40 grados a la sombra y la mina no prende el ventilador. Tu piel sobrepasa los 36.6 de temperatura, y al contacto con la cera, te sentís como un lechón al asador.
Está un poquito caliente, te animás a decirle. Enciende el aire, y rezás para que no te agarre una pulmonía.
Y como todas las torturadoras del método español, que seguramente fueron adiestradas por Franco (perdón otra vez, depiladoras), ataca varias de tus partes al mismo tiempo. Y ahí estás vos, tendida en una camilla , con ambos brazos hacia arriba, una pierna flexionada y la otra extendida. Y te unta. Te unta por dentro y por fuera. Y sin mediar palabra, vos, que esperás el tirón de una sola vez, no, la muy hija de puta, va tironeando despacito, despacito, como si se deleitara con tu sufrimiento.
De golpe sentís que algo hirviendo y espeso te tapa la uretra, y gritás: ojo! No me depiles tanto!
¿Pero no me dijiste cavado profundo? te espeta cuál serpiente venenosa.
Noooo, te espantás vos, yo quería cavado común, no el de vedette. Pero ya es tarde. Para cuando te mirás, sos Silvia Süller en sus peores épocas.
Humillada y pelada, te das vuelta porque te toca la parte de atrás. Te arrepentís de haber pedido tira de cola, porque como viene la mano, seguramente la yegua, te va a sacar las hemorroides para afuera.
Pasa una, pasa dos, pasa tres veces, y tu piel, deja de ser un terso culo de cincuentona, para ser uno al rojo vivo como el del mandril.
Una vez listo el chicken, te alegrás de haberte llevado puesto un vestido, y no tener que calzarte un jean, porque te arde hasta el colon. Lo peor es después, que tras la tortura, viene la dolorosa. Tenés que pagar seiscientos mangos.
La pregunta del millón, es, para qué cornos te sacás hasta el último vello de tu cuerpo, si la malla enteriza que te llevás, no sólo te tapa todo el OGT sino, que llega más o menos a media pierna, como las de principio de siglo pasado.
Todo sea por la salud visual de los veraneantes.




viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz 2017

Papá Noel se fue, y con él se va otro año. Uno en el que el segundo semestre parece no haber llegado jamás, ¿o es que hemos vivido el primer semestre más largo de todos los tiempos?
Mauri parece no saber cuántos meses tiene un semestre y quizás sus promesas de mejoría vengan en en el segundo semestre del próximo año bisiesto. Pero bueno, no vamos a hablar de política, porque ésa nunca fue la preocupación de Soysola.
Nuestra preocupación, como todos saben, es ver cómo carajo hacemos para encontrar a Shorsh. No perdemos las esperanzas de convertirnos en los Brangelina del subdesarrollo, o sea los Shorshabeth.
Ya sabemos, suena a jabón en polvo. ¡Una medida de Shorshabeth rinde veinte lavados de tujes! ¡Compre ya o calle para siempre!
No importa cuánto intenten nuestras amigas en convencernos de que el tipo es gay, que el matrimonio es sólo una pantalla, que el pibe no nos merece, que se parece a Pocho la Pantera (Z`L), etc, nosotras lo seguimos amando como el primer día. Y sí...te somos persistentes para los imposibles y las boludeces.
Seguiremos yirando por el mundo a ver si lo encontramos. Por lo pronto, ya estamos planificando un nuevo tour por el Lago di Como, con la excusa de comprar pañuelos de seda.
Entonces, aprovechando que estamos a la vera del 2017, procederemos a los pedidos que habitualmente se hacen en estas fechas. A estas alturas nos parece redundante decir, que al momento de pedir, nos unificamos y lo hacemos a título personal.
Quiero El Beso de Klimt, La Maja desnuda, Las Tres Gracias de Rubens, a ser el cadáver inerte de la Lección de Anatomía.
Quiero un tren delantero, un cuarto trasero, y una quinta de cambio en el principado de Mónaco.
Quiero un refractómetro, si supiera para qué sirve, a uno más rápido que la luz, si no me sirve de nada.
Quiero un petit hotel en el culo del mundo, para aposentar mi ídem, y escaparme por un rato de tanta soledad.
Quiero la vuelta al mundo en 564 días, porque ya comprobé que en 80 me canso mucho.
Quiero ser Maggie Simpson para ser eternamente niña, y no ser Oaky, que era un viejo con pañales.
Quiero un no te aseguro de por vida, a una vida asegurada en la mentira.
Quiero un pasaje en el furgón de cola, para escaparme a verte sin que nadie se entere.
Quiero que quieras, como nunca antes quisiste, aferrarte a esta vida, sólo por el hecho de que yo estoy en ella.
Quiero un lamento boliviano, un rojaijú guaraní, un sapucay correntino, al grito desgarrador de mi corazón herido.
Quiero un año nuevo, mi vida vieja y un montón de días en blanco para llenarlos de sueños.
Feliz 2017.





viernes, 23 de diciembre de 2016

Quereres de fin de año

Y como todos los años, llega Papá Noel, y con él, el putísimo mes de diciembre acaba.
A nosotras no nos trae nada. Más bien nos lleva. Se nos lleva un año más...como si nos sobraran...
No nos gusta hacer el balance anual, pero lo haremos porque es lo que el contador nos pide.
Hemos padecido, hemos disfrutado, hemos bailado, hemos viajado, nos hemos caído, nos hemos levantado. Volvimos a viajar, hemos vuelto a caer y casi casi que no repuntamos más, pero aquí estamos, erguidas, estoicas, mirando de frente hacia un futuro incierto.
Lo único cierto de lo que vendrá, es que cumpliremos cincuenta y un años. ¡Qué lo tiró de las patas! Medio siglo más uno. O sea, vendríamos a ser como el peronismo o Boca Juniors, la mitad más uno.
Acercándonos a la Navidá, Añonuevo, Reyes y nuestro cumpleaños, nos ataca la compulsión por pedir. Como dice doña Raquel, para pedir, pedí en grande; el no, ya lo tenés asegurado. Así que a sabiendas de que Papánuel no nos dejará regalitos, acá va la lista de deseos para el 2017.
Quiero la edad de piedra a un camino de ripio. Mis suelas ya están gastadas y no soportarían otro agujero.
Quiero una casa en Andalucía, un patio portugués, un balcón italiano y un ascensor parisino que me lleve hasta la cúpula de tu cabeza, para poder ver un panorama completo de tus pensamientos.
Quiero la satisfacción del deber cumplido, a la desazón del no me acuerdo.
Quiero un portaligas negro con moño rojo, a una liga completa de nudos apretados.
Quiero merecer el cielo, porque el infierno ya me lo he ganado.
Quiero escalar el Kilimanjaro, estremecerme ante el silencio del volcán inactivo a ensordecer por el grito de tu corazón herido.
Quiero ser un pollito a la parrilla, a un renacuajo dentro de un charco de agua sucia.
Quiero mis años veinte, treinta y cincuenta. Los cuarenta son para el olvido y los sesenta, seguramente, no los querré.
Quiero lo que nunca quise, porque queriendo lo que quería, he perdido media vida.
Quiero perderme en el laberinto de Creta, tener las alas de Ícaro, y volar cerca de la Luna, que es donde habitualmente moran mis deseos.
Quiero las historias de mi niñez, relatadas por mi padre, a encontrarlo en una lápida que no me dice nada.
Quiero lo que quiero y lo que no, porque así siempre he querido. Unas veces mucho, y otras poco. Quiero porque quiero, porque no me queda otra, porque soy así, quieriente de alma.
Y para no perder la costumbre que había perdido, quiero a Shorsh, porque sin él no sería Soysola, aunque sospecho que con él sería lo mismo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sin turbulencia a la vista

Sábado 3 de diciembre y el cielo encapotado.
Pasa Daniel a buscarnos.
Soysola: Daniel, hay pronóstico de tormenta eléctrica en San Pablo.
Daniel: .....
Ante la negativa de nuestro remisero a respondernos, va whatsapp a psiquiatra.
Sosyola: Pablo, van a caer soretes de punta sobre el avión cuando yo esté arriba...¿se va a estrellar?¿Me voy a morir?¿Qué hago?
Pablo: No va a pasar nada. Yo viajé mil veces a Brasil con tormenta y acá estoy.
Soysola: Vos tenés la obligación de no morirte porque sos mi terapeuta.
Pablo: Y vos también porque sos mi paciente.
Ante tan contundente afirmación, no nos quedó más remedio que quedarnos en el molde y encomendarnos a la Santísima Trinidad: San Rivotril, San Alplax y San Quetiazic.
Finalmente el servicio meteorológico brasileño, es igual de malo e impreciso que el nuestro. No hubo rayos ni centellas y llegamos todos sanos y salvos.
 Soysola se fue y volvió, volvió y se fue, y entre medio estuvo acompañada.
Mucha cachaça, mucho petisco, amigos entrañables, arte, joda, diversión y samba.
Hemos pasado por la Bienal, por una chácara bellísima, con anfitriones maravilhosos llenos de encantos mil, garroneado frutas exóticas en el Mercado Municipal, y shopeado boludeces varias sin que se nos caiga la cara de vergüenza.
Ubereamos de aquí para allá, y decidimos que de ahora en más, en vez de tomar taxis comunes con tacheros del orto, llamaremos meninos de Uber, a riesgo de ser interceptadas por las bestias locales. Soysola sigue sosteniendo la teoría de que el turismo debería ser un trabajo rentado, o por lo menos debería buscar sponsors que me garpen todo.
Llegamos a Buenos Aires cansadas pero felices, planificando ya nuestro próximo viaje. ¿Perú? ¿Colombia? ¿El Caribe? ¿Las Toninas?...por ahora Juramento nomás.
Pasemos a querer, porque si antes quería, después de este viaje, ni te imaginás todo lo que quiero.
Quiero un Airbus 320 para mí sola, que me lleve y me traiga a gusto y piacere, sin tener que compartir asiento con niños que lloran dos horas cuarenta y cinco minutos seguidos.
Quiero una quinta en Ibiúna, rodeada de paulistas amables, o en su defecto, un terrenito en La Tablada, con vecinos calladitos.
Quiero un ganso salvaje, a un salvaje que sea un ganso.
Quiero entrar y salir, salir y entrar mil veces y quedarme eternamente grabada en tus pupilas.
Quiero una peluca rosada, un par de zapatos rojos, unas medias de red y pavonearme con el culo al aire por las páginas de Memorias de mis putas tristes.
Quiero una voz angelical, un sinfín de palabras de amor, cien escalones y una nota musical para llegar al cielo.
Quiero un bisturí sin filo, para dejarte marcadas mis iniciales en tu alma.
Ya no quiero a Shorsh, porque él no me quiere a mí. Y no sabe lo que se pierde.





domingo, 20 de noviembre de 2016

Quereres

Hace mucho que no quiero, y esto de no querer nada se nos está haciendo costumbre. Una buena costumbre seguramente, porque no hay nada más lindo que no querer nada, necesitando de todo, a querer de todo, no necesitando nada.
Pero como yo no te soy de no querer, así que cuando quiero, quiero de verdad. Quiero esto y aquello, y también quiero a éste y al otro.
Quiero con el corazón en la mano, y un nudo en la garganta.
Quiero aunque no me quieras, porque me nace,  de papanatas que soy, y sé que queriéndome a tu manera, no merecés ni una lágrima mía.
Quiero desandar este camino, para recorrer uno nuevo. Hasta aquí he llegado viva, pero desgarrada.
Quiero un hospital que cure heridas de amor, de locura y de muerte y resucite pasiones olvidadas.
Quiero la fiebre de un sábado por la noche, a la angina de un do de pecho por la mañana.
Quiero un sujeto con predicado, a un predicador sujeto con alfiler de gancho a su fe infinita.
Quiero el humor que perdí hace unos días en alguna parte de Belgrano, y que me lo devuelvan limpito, fresco y desodorizado.
Quiero cien cartuchos de tinta de calamar, a mil balas de goma de borrar.
Quiero el mundo en un pañuelo, a llorar a moco tendido. Quiero la verdad verdadera, a la mentira que es tu vida.
Quiero mi niñez, mi adolescencia y mi juventud atrapadas en una burbuja, a esta madurez que me pincha el globo.
Quiero cantar si su amor fue flor de un día, porque causa es siempre mía esta cruel preocupación.
Quiero enamorarme de mi sombra, y ser el fiel reflejo de Narciso en la laguna, para morir ahogada en tus mentiras, porque de tus verdades ya me desenamoré hace tiempo.
Quiero ser tu fruta prohibida, una hiedra venenosa, una yarará cuzú, un sapo de otro pozo, y hacer de tu vida una aventura, a una tierna y pacífica paloma blanca, que en cualquier momento te caga en la cabeza.
Quiero lo que quiero, como siempre. Quiero sin sentido, y sin razón aparente. Quiero con locura y descaradamente. Porque esto soy yo, un día así y el otro asá, clara y oscura, pero definitivamente esta.