lunes, 3 de abril de 2023

Abrazos fantasmas

Hay días en los que el cuerpo duele. Hay dolores a los que me acostumbro y otros a los que no.
Los días comunes me duele la espalda. A veces se junta con el dolor de cintura y piernas si hay humedad. 
Pero en los días como hoy, me duelen los abrazos. Los especialistas los llaman dolores fantasmas.
Son los abrazos que me amputaron cuando ustedes se fueron.
Hoy duelen más que el resto de los días. Nunca creíste, por tu historia de vida, que ibas a celebrar los 90, pero yo, conociendo tu fortaleza creí que hoy festejaríamos juntos tus 100, rodeado de tus nietas  amadas y bisnietas, a las que hubieras adorado con locura.
Prefiero creer, que en algún lugar tranquilo, sin mucha fanfarria, estás soplando las velitas con mamá, tus padres y tus hermanos.
Hoy me llora el alma y me duelen los abrazos.


 

sábado, 25 de febrero de 2023

Esos días...

Hay de esos días en los que no querés nada, y están esos otros en los que querés todo.
Nunca hay un intermedio, porque vos sos todo o nada. Siempre o nunca. Amás u odiás, es blanco o negro, porque aparentemente en tu gama de colores no hay grises, con lo bien que te quedarían...
Siempre es más o es menos, pero nunca mas o menos todo junto.
Querés una casa, un departamento, una chacra, un taller, un taller con casa, un sucucho en cualquier lugar del mundo. Madrid, cualquier zona de España, New York, Punta del Este, Roma, la Toscana o la campiña francesa. Podría también ser en algún pueblito de Suiza, ¿por qué no? , cerca de las montañas, y si es posible con una cascada cerca.
No descartemos Portugal, que la gente es tan amable...
Vos te definís como una insatisfecha serial, que vendría casi a darle en el clavo, porque en realidad no sabés bien qué querés. Porque lo que querés ya no podés tenerlo. Porque los años pasan y vos no te hacés más jóven. Porque la gente no va y viene. Últimamente la gente se va...y se va para siempre.
Y las cosas con las que soñaste ya no son posibles, porque todo cambia y vos también. Lo único que no te cambia es esa necesidad imperiosa de tener todo lo que de todas formas no te haría feliz.
Porque la felicidad siempre te fue esquiva. Y porque sabés muy bien, que ahí donde buscás, no reside la felicidad.
Alguien que te conoce muy bien, te dijo alguna vez: vos siempre estás queriendo porque en realidad no querés perderte de nada. Querés acá, querés allá, porque tenés miedo que si te quedás en algún lado, te vas a perder de algo mejor en otro...
Qué curioso...yo siempre me pensé a mí misma como muy sedentaria, pero si en realidad me animara, viviría acá, allá y más allá también. Un poquito en cada lado. Para no aburrirme. Y heme aquí, sin embargo, encerrada en mi mente queriendo.
Porque también alguna vez te quise a vos, pero creí que si me quedaba, el hombre con el que soñaba no me iba a encontrar. Y nunca me encontró porque quizás nunca me dejé buscar. O por ahí porque lo dejé pasar pensando que merecía a alguien mejor. Por esa misma insatisfacción serial de la que hablaba antes. Y en ese incesante dejar pasar, me quedé con lo peorcito que iba encontrando, creyendo que era lo que merecía porque vos no me encontrabas.
Quizás en algún momento me anime a salir del escondite de mi alma. Quién te dice...a lo mejor en ese instante de lucidez, o de inconsciencia, nos encontremos.
Mientras tanto, es muy factible, que todo siga siendo blanco o negro, siempre o nunca, amor u odio y todo o nada.


 

martes, 3 de enero de 2023

El trono vacío

Quiero una anestesia para el alma, para que no duela tanto tu ausencia.
Quiero las cuatro y media de la tarde, para llamarte y oír tus quejas. Lo prefiero a este silencio que me está quebrando.
Quiero tu mano tomando la mía, desde El Globo Rojo hasta el otro día, cuando ya sin fuerzas, te la sostenía.
Quiero no pertenecer a la generación huérfana que está quedando. Todavía quiero seguir siendo hija y me lo niegan.
Quiero tu fuerza de cuando todo lo podías. 
Quiero tu capacidad para leer y tu inteligencia para callar cuando era necesario.
Quiero esa fuerza de voluntad para vivir a pesar de todo.
Quiero que vuelvas y que vuelvan todos, porque me resulta difícil un mundo en el que no puedo encontrarlos.
Quiero volver a Rosario y que los vecinos me digan Raquelita chiquita.
Quiero ir por un ratito al otro lado, a verlos, porque a pesar de mi ausencia de fe, creo fervientemente que hoy están todos juntos, jugando al rummy o al burako. Porque están todos, no falta ninguno.
Quiero a mi reina madre, cuidándome o cuidándote con lo bueno y con lo malo, pero te quiero conmigo.


sábado, 3 de diciembre de 2022

Llegó diciembre ho ho ho

 Diciembre. Mes ingrato para los que estamos solos.
Se vienen las fiestas y no es que vos festejes Navidad, no. Sos judía, y ver a todo el mundo en plan festivo te deprime.
Hacés el famoso balance de fin de año, y como en los últimos treinta, te da negativo. Rojo. Menos 400. Tocamos fondo. Sos el Grinch y todos los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura. Sos Ebenizer Scrooge en versión moishe. Para colmo de males, en estas zonas no nieva. Es verano y el calor del orto te pone de peor humor. 
Creíste que viniéndote a vivir a la playa, ibas a evitar todo contacto humano, por lo menos hasta el verano. Nos olvidamos de una cosita. Los locales y de zonas aledañas, con los primeros calores, todos los fines de semana, embondizan, agarran la toalla, el termo y un equipo de música tamaño Tony Manero y se vienen a mojar las patas en el mar. 
Mientras, vos te habías sentado con tu libro, a leer, muy tranquila, cuando una horda de niñes que nacieron con una pelota en vez de pie, se ponen a jugar a escasos metros tuyos gritando como si se acabara el mundo. 
Te corrés unos metros para el lado opuesto, y ni que la playa estuviera llena, se te sienta pegadito al lado, una familia de cuatro. Madre, padre, hija y parlante. Esos, que por obra y arte del universo, solo suenan con cumbia. Que vos odiás.
Cabe aclarar que Punta del Este tiene 60 km de playas. Por alguna extraña razón, todos terminan apiñados, en los mismos 50 mts pegados al muelle. 
Te preguntarás ¿por qué vas ahí también? Porque vos tenés el culo pesado y esa playa te queda enfrente de tu casa. Además desde que vivís acá, todos los días son iguales, y no recordás que es domingo.
Como verás, mi espíritu navideño está en su máximo esplendor…Y diciembre recién empieza. 
Ahora solo nos faltan los doce deseos de fin de año, si es que no nos atragantamos con las uvas.
 
 
 
 
 

sábado, 29 de octubre de 2022

Vallauris 2012, primer viaje . Perlita encontrada entre archivos


 

Soysola: Daniel, está muy nublado y es mi primer viaje en avión después de 20 años.

¿Se va a caer el avión? ¿Va a llover? ¿Me voy a morir? No me contestes, tengo náuseas. No voy a poder subir al avión.

Daniel: Arriba de las nubes está celeste. Y el avión va por arriba de las nubes. No te va a pasar nada.

S: ¿Estás seguro? ¿Se va a mover? ¿No me voy a morir? 

D: Mirá, seguro, seguro no estoy, pero te diría que si el avión no se mueve, es porque no anda, y ahí sí me preocuparía.

S: No voy a poder subir, me muero ahora. Por las dudas me tomo otro Rivortil.

Llegamos al aeropuerto de Ezeiza y por suerte, nos esperaba Pablo. 

Cualquiera diría que Pablo es mi marido, pero no, es mi psiquiatra, mucho más importante que un marido. Él sólo quería asegurarse de que subiera al avión y no perder su reputación en la Sociedad Argentina de Psiquiatría.

Haberme tratado durante años sin lograr que yo siquiera hablara de los aviones, para llegar a este momento, a un paso de viajar, no estaría bien visto entre los colegas, que a último momento  yo decidiera dar marcha atrás.

Por eso Pablo estaba ahí. Para asegurse de darme, literalmente, el último empujón.

Sentadas en el preembarco, agarradas a nuestro bolso de mano como si fuera un paracaídas, oímos la orden de embarque.

Mientras iba acercándome al avión, me entraban mensajes de texto de toda mi familia y amigos.

¿Estás bien? ¿Ya te sentaste? ¿Podés respirar? ¿Viste que no pasa nada? ¿Te tomaste la medicación? Respirá. Respirá hondo. Pensá en que mañana vas a estar en Madrid.

Todas esas muestras de apoyo, no hacían más que ponerme nerviosa.  Sí, ya me senté. El asiento es muy chico. Acá adentro hay que turnarse para respirar. La azafata me mira mal. El cinturón del asiento no me alcanza. No hacen asientos para gordas. Y sí, pienso en que mañana voy a estar en Madrid, pero quisiera ser teletransportada en vez de estar acá, tenía ganas de responderles.

Apenas puse un pie adentro de la nave, les avisé a las azafatas que tenía terror a los aviones. Por las dudas. Si armaba un escándalo, que supieran con quién se estaban metiendo.

Durante el proceso del tratamiento para el pánico a volar, había aprendido algunas técnicas para asegurarme el no pasarla tan mal. Así que ahí empecé.

Saqué los tapones para los oídos y me los puse. Luego, abrochar el cinturón de seguridad por arriba de la manta, tras cartón ponerme la placa antibruxismo y el antifaz para dormir. Previo a todo esto, leer la oración del viajero, aunque te soy atea.

Los Rivotriles iban haciendo efecto, con lo cuál, a los tres minutos de haber despegado, ya estaba dormida.

Las azafatas, hicieron un intento por despertarme, y no es que no las haya escuchado, es que mi cábala de no abrir los ojos para que el avión no se cayera, era más fuerte que la pasta o poio que me ofrecían.

Gracias con que nos levantamos media hora antes de aterrizar para ir al baño. Total, que si el avión se caía, ya estábamos cerca del piso.

Aterrizamos en Madrid creyéndonos Colón cuando llegó a América.

No besamos el piso porque te somos un poco aprehensivas a los gérmenes, pero casi casi le pasamos un trapito con tal de agradecer la buenaventura. 

Mandamos mensajes a toda la familia y amigos, incluído psiquiatra, para avisar que no habíamos muerto en el vuelo, y tomamos un taxi para ir hasta el hotel.

Nos espera Madrid, Zaragoza, Barcelona, Vallauris, Roma, Florencia, Zurich y París.

Ya hemos dado el primer paso del resto de nuestras vidas.

Nace, Sosyola Viajera.

 

 

miércoles, 26 de octubre de 2022

Gloria, el reencuentro . (Segundas partes nunca fueron buenas)


De nuevo en Montevideo para festejar el cumpleaños de prima Eli, reservamos habitación en el hotel donde conocimos a Gloria.

Tan deseosas estábamos de verla, que lo primero que hicimos fue entrar al baño.

Gloria se abrió de par en par para darnos la bienvenida. Literalmente subió sola la tapa del inodoro y comenzó a auto limpiarse anunciándolo con un pitido.

Qué bueno! ,pensamos, en agosto no hacía estas cosas. Por ese entonces nos auto aseaba el tujes solamente.

Ya puestas al día, porque tuvimos una larga conversación, nos despedimos para ir a dar una vuelta. 

Al cabo de una hora volvimos a la habitación, entramos al baño, y nuevamente Gloria hizo todas sus gracias.

Nos tiramos en la cama a descansar, y nos dimos cuenta que habíamos dejado el celular sobre la mesada, así que abrimos nuevamente la puerta del sanitario y por tercera vez, levanta la tapa, se limpia, hace el pip, etc.

Oiga señora!- dijimos-, ¿qué onda? ¿Va a ser así todo el día?

Y…sí…porque la mina se acciona cada vez que uno abre la puerta del baño. 

Después de la cuarta vez, Gloria ya no nos parecía tan simpática.

Por momentos se activaba sola, sin siquiera nosotras acercarnos al pasillo.

Creemos que nos lee el pensamiento. Tenemos miedo de dormirnos, que venga al lado de nuestra cama y nos haga pfsss piiip al oído. 

Ahora cada vez que la miramos, no podemos dejar de pensar en la planta carnívora de The Little Shop of Horror cuando decía, “Seymour, feed me”

Gloria nos diría “Soysola, pish me”.

Alguien nos dijo alguna vez, segundas partes nunca fueron buenas. Es un hecho.

domingo, 28 de agosto de 2022

La Gloria de Dios y no soy Montaner

Acá estamos de vuelta, un mes más tarde del fin de nuestra visita a USA.
Un mes es lo que tardamos en aclimatarnos a la realidad, para tener que volver a Buenos Aires a padecer un poco más.
¿Queremos ir? No. ¿Debemos? Sí. ¿Soñamos con volver a Punta? Absolutamente.
Cuando estábamos empezando a disfrutar de nuestra nueva libertad, llámese auto, subimos a un bondi y enfilamos para Montevideo.
Llegamos al hotel, hermoso, y descubrimos la gloria en nuestra habitación. Un inodoro inteligente al que obviamente bautizamos con el nombre de pila de la Gaynor.
Gloria tiene un asiento calentito para estas temperaturas gélidas del invierno uruguayo, botones para lo que se te ocurra, y dos tipos de chorros para limpiarte el tujes.
Le falta cantar y tiene todo lo que un ser humano podría desear.
En el futuro, cuando Argentina se normalice, (esperá que se me pase el ataque de risa que me genera la boludez que acabo de escribir) y logre vender mi departamento en BA, me compro un Gloria y lo pongo en mi nuevo hogar yorugua. 
De ahora en más nuestro objetivo dejó de ser Shorsh, para ser Gloria el inodoro.
Con qué poco nos conformamos ¿no? Eso se llama adultez.
Hablando de eso…
El otro día fuimos a almorzar al muelle, que tanto nos gusta, y en menos de lo que canta un gallo nos llamaron viejas y gordas.
Pasamos a relatar la situación post plato principal.
Moza:¿Le gustaría ver la carta de postres?
Soysola: no, decinos qué hay.
M: hay peras al vino, algo que elige mucho la gente mayor… volcán de dulce de leche, key lime mousse, o una ensalada de frutas porque quizás quiere una opción light…
S:……… (perpleja). Traénos un cortado y a tu mamá para que la putiemos un rato.
Así y todo pensamos seguir yendo a almorzar ahí, a lo mejor tanto hablar con esa moza logremos bajar de peso.
Hasta la vista gordi!






lunes, 25 de julio de 2022

Lo que mata es la calor

 Welcome back a New York Soysola, nos dijo Raj al vernos de nuevo en el aeropuerto.  Sin discutirle esta vez los honorarios, nos dejamos conducir desde Queens hasta Manhattan.
En el hotel estaba esperándonos una valija que habíamos abandonado antes de ir al casamiento. Mala madre! nos dijo al vernos, pero como nosotras no somos muy culposas no nos dimos por aludidas.
La city nos recibió con una ola de calor agobiante, no vaya a ser que pudiéramos disfrutar de algo. Promedio 35ºC a la sombra, con una humedad del 200% . En otras latitudes se lo conocería como sauna húmedo y seguramente sería muy bienvenido, cosa que no estaría sucediendo con nosotras.
Desde la menopausia que detestamos todo clima que supere los 21º C.
Pero vayamos a lo importante. New York, Nueva York, o Ñuiorc para los negados en otras lenguas.
¿Viviríamos acá? Sí. ¿Podríamos mantenernos acá? No. Ni aunque no trasladásemos los dólares a pesos argentinos o uruguayos, esta ciudad es imposible de cara.
Suponemos que si decidiéramos mudarnos, nos convendría venir a vivir solo los inviernos, porque no saldríamos del ofri y la nieve, cosa que para la economía soysolística sería un golazo. Con este calor insoportable, no nos queda mas remedio que meternos en un negocio por cuadra, si no dos, para aprovechar el aire acondicionado, con la consecuente compra al pedo de cosas que seguramente no usaremos en todo el año. Llámese por ejemplo, cosméticos.
Volvamos al hotel. Encontramos nuestra casa en NY. Todos son copados. La mucama que nos tocó en suerte es una latina llamada Gloria, que se la pasa hablando o por teléfono o bien sola.
Y discute todo el tiempo. Es una versión nuestra en portorriqueña. Será por eso que la queremos tanto.
¡El inodoro está despejado! No tiene paredes a los costados, solo las necesarias, buena cosa, porque si no el vecino nos estaría mirando ir de cuerpo, como decían las abuelas.
¿Qué vendría a ser “ir de cuerpo”? ¿El cuerpo se va por el inodoro? ¿Entonces en qué camino? ¿En intestinos? No sé, algún día alguien nos desasnará. Son esas cosas que pensamos cuando estamos muy al pedo. O muy en pedo.
El hotel no solo viene con desayuno, tiene a las 6 de la tarde un bufete con comida y vinos, cosa en la que andamos ahora mismo, por eso nuestras preguntas existenciales con una copa de rosé en nuestra mano.
En este viaje, número no nos acordamos cuánto a New York, nos tomamos, además del vino, la vida como viene. Sin planes. Bajamos, subteamos y en el trayecto decidimos en qué estación bajaremos. Fue así que el otro día terminamos yendo a Ellis Island y a la Estatua de la Libertad, en uno de los días más calurosos del verano. La estatua no se derrite pero ganas de manguerearse no le faltaban, lo firmo.
Otra de las cosas que hacemos y en este caso bienvenido sea el calor, es meternos en los museos. En el MET habremos estado unas cinco horas, parte por los 35ºC, y parte porque nos perdíamos en cada sala, que terminamos viendo no solo una vez, sino hasta dos y tres, porque no encontrábamos la salida. Al que encontramos fue a Agustín Aristarán, alias Rada(gast), del que somos fans en Instagram, y al que cuál cholulas pero idiotas, le dijimos: Hola! Ehhhh, hola!! Ehhhh, te hacíamos acá, jejeje, mientras señalábamos la pantalla del celular con cara de estúpidas.
¡Pero estamos acá! nos responde con toda la lógica del mundo y absolutamente resignado.
Fuimos a Chinatown donde las chinas, tipo arbolito del microcentro están paradas en una esquina, susurrando al paso de los peatones: bags, bags, you want to see bags? 
Las bags, son carteras truchas de grandes marcas, Louis Vuitton, Chanel, Gucci, etc, que en vez de costarte miles de dólares, por unos módicos 50  (ahora no tan módicos) le hacés creer al mundo entero que sos millonaria. Si me ven con una, ya saben…Nosotras no somos Ofelia en Los Ángeles…
Hablando del tema…¿Cuánto tiempo le damos a Batakis hasta verla con una LV?
Sigamos con Yanquiland para no distraer del tema…
En fin, esta es nuestra última semana en EEUU y queremos aprovecharla a pesar del calor.
Mañana por la mañana no sabemos dónde iremos, pero a la nochecita vamos con sobrina Juli al teatro y a cenar.
Miércoles pasearemos antes de terapia, lo mismo que jueves previo a ver Aladdin en Broadway.
Y ya entre el viernes y el domingo, estaremos llorando y empastillándonos, antes de retornar a nuestro país de tránsito, cómo nos recalca migraciones cada vez que vamos a Buenos Aires.
Hasta la próxima que nos veamos cuando nos veamos.
Cheers!




domingo, 17 de julio de 2022

Uber mi buen amigo

 Y llegamos a Chicago tras un vuelo de dos horitas en el que dormimos mejor que en los últimos veinticinco días. Estamos empezando a descubrir la dosis exacta para drogarnos sin que migraciones la detecte.
La ciudad de los vientos, nos recibió con calor y humedad. De viento, nada. Hermosa arquitectura, un río Michigan verde esmeralda, que nada tiene que envidiarle a nuestro amarronado Río de la Plata. El caso sería a la inversa. Que es directamente proporcional, cómo nos enseñaron en el colegio.
El hotel era del estilo del de Boston. Grande. Muy grande. Con gente. Mucha gente.
A diferencia del inodoro de Northampton, acá teníamos un baño gigante, en el que para ir hasta el trono, debíamos caminar media cuadra.
Alguien que nos explique esto. Teniendo un baño de ese tamaño ¿por qué mierda no ponen un bidet? De jodidos nomás…
Seguimos con el conflicto de toallones. En cualquier momento ponemos una fábrica y nos llenamos de guita…o no…qué se yo…
Los porteros tampoco te abrían una puerta ni a palos, con lo cual dedujimos que tienen un SUTHER yanqui con un Víctor Saint Mary. Se rascan el orto pero cobran como presidentes.
Más allá de ellos, la atención del resto era buena.
Sigamos con Chicago…
Para apreciar la ciudad, te recomendamos llevar un antiinflamatorio en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Mucho mirar para arriba. Los edificios son todos alucinantes y no querés perderte ninguno. O como nosotras, que igual nos perdimos para ser coherentes con el resto de nuestros viajes.
Hicimos el tour arquitectónico en un barco por el río y aunque no le entendimos una goma al guía, valió la pena. 
Nos animamos a la ex Torre Sears, hoy Willis Tower, que no tiene nada que ver con Arnold y su -¿de qué estás hablando Willis?- y subimos hasta el piso 103. 
El ascensor habrá tardado alrededor de un minuto y medio en llegar mientras te iba hablando la misma señora del GPS: en este momento estamos llegando al piso 40; ahora estamos a 250 metros de altura, en pocos segundos llegaremos a los 350 metros, y luego a los 400, mientras nosotras le rezábamos a todos los dioses, a Jehová, Buda Mahoma , Zeus, Eros y a Hermès que le pedíamos una cartera, para que el ascensor dejara de bambolearse y se detuviera suavemente en el piso 103.
Llegamos, recorrimos, y nos tocó el turno de salir al balcón vidriado, con cerramiento reforzados, obvio.
Decinos en qué momento tuvimos la brillante idea de ir ahí? ¿Con qué necesidad?
La encargada de hacernos pasar nos decía: un poco más atrás misis, y nosotras, más atrás las pelotas nena, vení vos acá! Un poquito más misis que la cámara de fotos está allá arriba y así la puede tomar bien. ¿Qué nos va a tomar?¿Las medidas para el cajón por el infarto que estamos teniendo? 
En esos treinta segundos que duró nuestra valentía, nos pasó toda nuestra vida delante de los ojos, mientras nos preguntábamos ¿qué hacemos acá? ¿Y si viene otro avión como el 9/11? ¿Cómo salimos? ¿Dónde está el Rivotril? Pablo!!!!
Acto seguido nos fuimos.
Honestamente ese no fue nuestro único acto de arrojo del día .
Al salir de Willis Tower, decidimos ir a conocer la casa/estudio de famoso arquitecto Franklin Lloyd Wright. Como no nos animamos al tren, bondi y subte, llamamos un Uber.
Viene Terrence, y nos dice ¿usted está segura de que quiere ir ahí? Channn.
¿Si, por qué? respondimos.
Porque quizás está cerrado, sugiere Terry. A esta altura más valía que lo llamáramos así, porque nuestro siguiente pensamiento fue: estamos yendo por la ruta a vaya a saber dónde, con un tipo que no conocemos, en una ciudad extraña, lejos de casa y creemos que corremos el riesgo de ser violadas, asesinadas y tiradas a un costado de un descampado.
No, porque nosotras para pensamientos positivos no nos andamos con chiquitas.
Más aún cuando el señor se ofreció gentilmente a hacernos un mini tour por el barrio a ver las otras casas construídas por Wright. Bah, en realidad, después del tour descubrimos que era eso lo que nos había ofrecido de onda, y no que nos quería asesinar. 
Nos despedimos de Terrence ¿muy agradecidas?, no sabemos, pero vivas y con el himen intacto.
Recorrimos la casa de Wright, aprendimos algunas cosas y también nos enteramos de sus maradoneadas. A veces es mejor no saber el lado oscuro de los genios.
Decididas a volver a la ciudad como habíamos venido, llamamos otro Uber. No, porque a nosotras nadie nos gana de tozudas.
Esta vez vino Darwin. Un mastodonte afroamericano, que así como subimos a su auto, nos empezó a contar vida y obra. Comenzó diciendo que esa noche se iba a Israel, porque hacía scouting para un equipo de básquet de la NBA. Los Chicago Bulls. Ok, pensamos nosotras, nos está contando la última película de Adam Sandler. Lo dejamos seguir hablando. Prosiguió su relato, contando que además hacía ocho años que estaba rehabilitado de su adicción al juego y que había decidido que esa plata la iba a destinar a hacer el bien. Así que erigió un hogar para chicos del barrio donde el había nacido, a quienes les falta una figura paterna/materna. 
Que Shaquille O’Neal y Michael Jordan le habían dado un palo verde cada uno, Apple le había donado no sé cuántas computadoras y el municipio de Chicago le había vendido el terreno por un dólar. Hasta ahí nosotras pensamos, ah reee, con quien te creés que estás hablando? Somos argentinas hermano, venimos del país del chamuyo!
Hete aquí que Darwin peló fotos con los niños, con Jordan y O’Neal y las noticias en los diarios que su hija había entrado en la liga profesional de básquet femenino.
-¿Está sola en Chicago? ¿Tiene amigos acá?-pregunta.
-Estamos solas, no conocemos a nadie.- respondimos.
-Desde ahora usted es mi amiga! dice ese oso gigante con el que ya nos habíamos encariñado.
- De ahora en más cuando vuelva a Chicago, me avisa y mi señora y yo la vamos a sacar a pasear!
Casi nos abalanzamos al asiento de adelante para abrazarlo, pero nos contuvimos.
Llegamos al hotel con un nuevo amigo al que seguramente no veremos nunca más porque así es la vida del turista.
Tras una semana en Chicago, volamos a NY para nuestro último tramo del viaje.
Chicago= 1, Uber=1 , Toallones= 0




domingo, 10 de julio de 2022

Quejate de algo Soysola

 Boston nos recibió con los brazos abiertos, tan abiertos como para abarcar la cantidad de gente que había en el hotel que habíamos reservado.
Súper bien ubicado, eso sí, pero el hotel era un incesante ir, venir y estar de gente. Una especie de 9 de Julio en pleno piquete. Bien vale la comparación porque la mayoría de los huéspedes se concentraban en el lobby y en la puerta de nuestra habitación en el piso 14, que no era 14 sino 13 por la bendita superstición de los yanquis.
Vamos todos a joder a la argentina para que se sienta como en casa!, no se cansaban de decir los mexicanos, indios, italianos anche yanquis. Y ahí estaban, todos paraditos y a los gritos, frente a nuestra puerta, casi como esperando el chori y la Coca. 
Otro detalle, es que a pesar de tener decenas de porteros en la entrada, a ninguno jamás se le ocurría abrirte una puerta, ni aún viéndote arrastrar una valija y media. Llegó el feminismo Soysola, o no te enteraste querida?, decían con una semi sonrisa socarrona.
La propina te la va a dar Magoya, respondíamos nosotras, pero con una sonrisa ampliamente chota.
Boston es una ciudad hermosa. Recorríble a pie. Todo es lindo. Ciudad asociada a la democracia norteamericana, y a la alta alcurnia, gracias a la familia Kennedy, que eran de la zona.
La pandemia y la inflación, porque los eeuuenses, creen que un 8% anual es inflación, esperá que termino de reírme y sigo escribiendo, han hecho estragos también acá. Muchos locales cerrados, mucho homeless como en NY.
A donde no llegó la pandemia bostoniana es a los gimnasios. Tres gym por cuadra llegamos a contar. No es una ciudad par nosotras, decretamos.
Paseamos mucho, vimos mucho arte, y enfilamos para Cambridge, a la famosa Universidad de Harvard. Ahí, con solo verla de afuera, nos arrepentimos de habernos llevado seis materias todos los años, y malograr nuestra inexistente posibilidad de venirnos a estudiar acá. Inexistente, bien decimos, porque ni a Rujele ni a Ioine, se les ocurrió jamás esa posibilidad. Nosotras queríamos que nos mandarán a un internado en Suiza, pero nunca logramos que nos tomaran en serio.
En fin, Boston nos encantó a pesar del hotel, del que olvidamos mencionar que el inodoro estaba en un ataúd apenas más grande y los toallones solo nos cubrían una nalga. 
Alguien que nos explique porqué en el país de los obesos, las toallas son para liliputienses.
Llegó la hora de enfilar para Chicago, avión y Rivotril mediante, confesando que no eran necesarios 0,75 de rivo, pero no pudimos evitar las ganas de tomarlo. ¿Para qué sufrir si podemos pasarla bien en el avión?'.Gracias Pablo por habernos introducido en las drogas legales! 
Boston=1, Hotel =0.