domingo, 24 de diciembre de 2017

De Navidades y otras yerbas

Y otra vez llegó la Navidad. No la estábamos esperando, pero vino igual. 
Es que nosotras nunca te esperamos estas fechas. Siempre andamos con la ilusión de que pasen de largo. Pero el Niño se empeña en nacer y nacer año tras año. Un cabrón el pibe, que viene a recordarles a los solos y solas del mundo entero, que es hora de festejar con nadie.
Como si esto fuese poco, a nosotras, que además de solas somos judías, nos echa en cara que lo mandamos a la cruz. Y no contento con eso, resucita. Como las madres...te psicopatea hasta que hagas lo que quiere y termines adorándolo y odiándolo por igual.
Un jodido el pibe al final...
Y en el medio de todo este quilombo, aparece Papá Noel. Ése, que con su nombre, te recuerda, que otro año más no te va a traer lo que tanto pedís. No, Él, no. 
Si nosotras nos portamos bien!, le escribimos. Pero no. Sigue sin traérnos a Shorsh envuelto para regalo. 
Un gordo resentido, por llamarlo de una manera amable.
Así que ahora, decidimos pasar a cuarto intermedio, hasta después de nuestro cumpleaños. No es que estemos esperando que alguna amiga se apiade, y nos regale al chongo. No tienen tantos contactos como para eso y tampoco creen en los Reyes Magos.
En definitiva, esta vez no vamos a pedir nada. Por una vez en la vida, no pedimos. A ver si de esta manera se cumplen nuestros deseos...


Felices fiestas para todos!!! De Soysola y sus otros yo.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Tribulaciones de fin de año

Soysola se toma un descanso hasta nuevo aviso, o sea, hasta nuevo viaje. Entre tanto he vuelto yo, que no sabemos si soy esta o alguna de las otras.
He vuelto para querer, porque entre tanta paella y mariscos, no hubo tiempo de sentir necesidad y urgencia. Digamos, que los quereres estaban más que satisfechos.
Aclaración; no es lo mismo desear que querer. Lo primer es de soñadores, y lo segundo, de insatisfechos y demandantes. Bueno, la que suscribe es del segundo grupo.
Sin más preámbulos comencemos a pedir lo que nunca me será concedido.
Quiero un poeta que me escriba las canciones de amor no correspondido más tristes del mundo.
Quiero una melodía que transmita mi soledad en dos corcheas, a mil notas para Elisa.
Quiero un pájaro campana suelto por el aire, a las campanas atadas al campanario de la Iglesia.
Quiero la mano extendida del que la ofrece sin condiciones, a quien la entrega llena de promesas incumplidas.
Quiero mi isla desierta, un mar turquesa y cuatro palmeras que me den la vida.
Quiero la intranquilidad del corazón partido, a la garantía de por vida que ofrecen los fabricantes de ilusiones.
Quiero un caballero andante, un ladero izquierdo y una gran bola de espejos colgando del piso.
Quiero siete semanas en el cielo, catorce días en infierno y toda la vida al lado tuyo.
Quiero el otoño de mi vida repleto de hojas verdes, a una vida de veranos pasajeros.
Quiero todo lo que siempre me fue negado y mucho más.
Quiero ser la que era en cuerpo y alma, pero no la que era en espíritu. Esa está muerta y enterrada en la tierra del olvido.
Quiero no querer tanto y algún día conformarme, aunque si no quisiera todo lo que quiero, es posible que me desintegre.
Quiero una vida, y no la mía ni la tuya, sino una que cumpla con todos los requisitos de la sociedad moderna.

sábado, 7 de octubre de 2017

Güelcome home

Madrid nos recibió, como siempre, dispuesta a vernos partir.
Cuatro hermosos días cuatro, en el que nos dedicamos a pasear, comer, comprar, comer, ir al teatro, comer y armar las valijas con un nudo en el estómago que por primera vez, nos impidió comer. 
De haber sabido que el efecto “exceso de equipaje” nos dejaría sin hambre, hubiésemos empezado a armar las valijas desde el día uno.
Logramos meter 23 prolijos kilos en cada maleta, y 438 en el bolso de mano.
Enfilamos hacia el aeropuerto de Barajas, siete horas antes del decolaje, advertidas por otros viajeros, que para la devolución del tax de las compras, había colas de dos y hasta tres horas. Así llegamos a un aeropuerto desierto, en el que logramos cobrar en dos minutos por reloj, porque éramos las únicas personas en los 940.000 mts2, que albergan a los 50 millones de pasajeros que pasan anualmente por allí, que casualmente no estaban.
Con seis horas y cincuenta y cinco minutos por delante, nos dedicamos a la ardua tarea de dosificar nuestra medicación anti pánico. Cual caramelos Sugus, iban uno atrás del otro, de aburridas nomás que estábamos. (Advertencia: no imitar a la estúpida que escribe)
Así pasamos por el Duty Free Shop y arrasamos con los turrones y turronas para todos y todas. Tambaléandonos, logramos entrar en la sala VIP en la que no nos quedamos dormidas a fuerza del terror que nos daba perder el avión.
Subimos al boing de Iberia, y nos desplomamos en el asiento. Sabemos, o sospechamos, que entramos en estado de inconsciencia inmediatamente. También creemos recordar que nos despertaron para la cena, pero ni idea qué comimos.
Una horita antes de aterrizar, nos despiertan para el desayuno, y ahí sí ya recordamos algo. La azafata cortésmente nos pregunta “¿durmió bien?” Y se auto responde “Sí, no sé para qué le pregunto”.
Pisamos el bendito suelo argentino para encontrar, en migraciones, a los 50 millones de viajeros que no estaban en Barajas. 
Y hoy, a dos días de nuestra llegada, prendemos la tele, para ver una manifestación en pleno Madrid, suplicando por nuestra vuelta. Ah, no, perdón! Era por la unificación de España. 
Catalanes a ustedes les digo: déjense de joder con la independencia que el pasaje Buenos Aires- Barcelona directo es más caro.

Adeu y benvinguda a la República Argentina.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Pa ella y pa mi (chiste fácil)

Si creíste que era imposible empacharse con arroz, es más que posible. 
Al tercer día de comer paella, ya no queríamos saber nada más. De sólo oír la palabra, se nos empezaba a revolver el estómago. 
¿Qué vas a comer en Valencia si no es una paella valenciana? Y nosotras, que de chicas no te comíamos más que bife con papas fritas, ahora se nos dió por el tour gastronómico. Salvo en Andorra, que no nos animamos al buey, hasta el momento te probamos todo. Bueno, tampoco le hicimos honor a la horchata. Por impresión nomás. Por el famoso dicho ése, ¿qué tenés? ¿Sangre de horchata?
Por las dudas, no vaya a ser que después de tomarla ya no corriera sangre por nuestras venas.
Valencia es hermosa. Todo es lindo. Calatrava y su ciudad de las Artes y Ciencias, el Palacio del Marqués de Dos Aguas, la Catedral con su brazo disecado y su bebé de Rosemary, la playa, el mercado central, y la fideua.
Los y las valencianas son elegantísimos. Hasta los turistas son elegantes.
Ahí tenemos que hacer un punto y aparte.
Explíquenos ¿cómo carajo hacen esos turistas para mantenerse impecables todo el día? Si nosotras ya salimos del hotel que parecemos homeless, imagínense al final del día. Chivadas, cansadas, con los pelos erizados de la humedad, la ropa que pareciera recién salida del tacho de basura y esta gente, de punta en blanco. Hasta andan con cartera y zapatos. Nosotras no pudimos despegarnos las zapatillas de los pies ni la mochila de la espalda desde que llegamos.
Los odiamos. Es nuestra declaración de guerra. No son dignos turistas. El turista  según el reglamento, debe ser un ser desaliñado, andar con zapatillas o Birckenstork, mochila colgando, botellita de agua , los pelos desordenados y la cara roja de andar reventando todo el día. Así no va a haber Shorsh que nos mire...
Pero a pesar de los antituristas, Valencia es un buen lugar para vivir. Además hemos conocido a una ceramista, María, que nos hizo de guía por Manises. Eternamente agradecidas.
Y llegamos al final de nuestra breve pero fructífera estancia en Valencia partiendo para Madrid, que será nuestro último destino antes de partir a casa.
Prometemos en algún momento, sentarnos a escribir nuestra teoría de porqué los argentinos tenemos el país que tenemos, y los demás tienen uno mejor.
Faltando sólo cuatro días para que termine el partido España-Francia, podríamos decir que el primero ganó por goleada.
España 8- Francia 1


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Adeu y benvinguda la República

Barcelona anda un poco agrietada. Entre los independentistas y los españolistas,  nos daba la sensación de estar en casa con los k y los pro.
Así encontramos a Barcelona, tras un año de ausencia. Mucha marcha por el sí, mucha discusión callejera y mucha muchedumbre muchedumbreando, o sea, mucho turista dando vuelta.
Los catalanes quieren la independencia tanto de España como del turismo. Están hartos de vernos, de responder nuestras preguntas geográficas y existenciales. Se quieren separar del Rey y del mundo entero. Calculamos que dentro de no mucho, terminarán pidiéndole a Trump las piedras que le sobren del muro de México. Eso sí, nosotras no te sabemos si volveremos o no. Dependerá de si nos piden visa para entrar a la República de Cataluña. Algo del idioma ya cazamos. Aprendimos a decir: carrer, benvinguda, avinguda, Ferrán, Adriá y patatas. Al principio nos costaba eso de la butifarra, pero finalmente dejamos de reírnos al pensar en ella.
Nuestra semana transcurrió muy tranquila, entre paseos, comida, amigos, comida, compras, comida.
Dos cosas se han modificado notablemente en este último viaje. Una, las papilas gustativas y dos, nuestros gemelos. La primera porque hemos llevado a nuestra boca, cosas que jamás creímos que llevaríamos. No pregunten qué...menos eso, todo.
Y la otra, menos mundana y sibarita, son nuestras pantorrillas. Llegamos con piernas más o menos femeninas, y nos vamos con las pantorrillas de Schwarzenegger.
Hemos descubierto que las zapatillas no muerden. Hasta nos hemos hecho amigas. No vamos a ningún lados sin ellas.
Despidiéndonos de la  Barcelona que amamos, nos dirigimos a una Valencia desconocida aún. 
Tras un plácido viaje de tres horas, en las que nos tocó un marido de cien años, que dormía y no nos dejaba pasar para ir a mear, logramos bajarnos del tren con las veinte toneladas de adoquines que tienen nuestras maletas, sin caernos.
Taxi hasta el hotel, y como era de esperarse, nos tocó un conductor verborrágico. Que porqué habíamos elegido el hotel en esa zona, que había prostitutas, que a menos que quiera que le paguen no se siente en esa plaza, que no tomemos taxis con paquistaníes, que siempre, siempre, recuerde la dirección de su hotel, pero eso sí, que Valencia es muy segura.
Tras la diatriba taximetril, encaramos la ciudad.
Encontramos nuestro quincuagésimo sexto lugar en el mundo donde podríamos vivir. Mezcla lo antiguo con lo moderno de una manera impecable.
Nos encaminamos hacia el Museo de la Cerámica, para descubrir que hubiésemos querido ser la Marquesa de Dos Aguas para vivir en ese palacio, que hoy alberga el museo.
Después de recorrerlo de punta a punta, nos fuimos a calmar nuestros pensamientos pecaminosos a la Catedral. Allí descubrimos que los valencianos veneran un brazo disecado de un mártir, cosa escalofriante, con perdón de los creyentes.
Mientras dábamos vueltas observando los frescos y las tallas de alabastro, no pudimos dejar de escuchar el llanto de un niño. El bebé en cuestión, lloró desde que entró hasta que se fue, por lo que dedujimos que era el anticristo, reencarnado en un bello crío de pecho. Huímos lo más rápido que pudimos, no fuera a ser que al pibe le empezara a girar la cabeza, y como ya se sabe, nosotras somos impresionables.
Dejando a Demian atrás, seguimos pateando callejuelas hasta el anochecer. Probamos la famosa paella valenciana, y nos quedamos con la fideua de Javier.
Ya agotadas, y con las advertencias de nuestro taxista amigo, nos desplomamos en una cama de dos por dos. Solas. Mañana será otro día.

España =6 , Francia= 1

lunes, 18 de septiembre de 2017

La cornisa (y no la de Majul)

Partimos de Andorra con la certeza de no habernos equivocado con la elección del destino sino con el tiempo de estadía. Esta vez nos quedamos cortas, teniendo en cuenta que La Vella vendría a ser nuestro quincuagésimo cuarto lugar en el mundo donde nos quedaríamos a vivir.
De seguir encontrando lugares para nuestra vejez temprana, no quedará sitio en el mundo donde Shorsh pueda evitarnos. Esa es la idea.
Arribamos a Girona atravesando Barcelona en la Diada, entre cientos de miles de catalanes pidiendo por la independencia de Cataluña. Los entendemos. Si nosotras fuésemos cataláns, también querríamos dejar de pertenecer al Reino de España y pasar al Principado de Andorra...Ah, perdón, no era así! Aunque debería...que total hablan el mismo idioma...
Girona.
Apenas llegadas notamos que nuestro hotel estaba ubicado como el orto. Lejos de los lugares turísticos y demasiado cerca de Zara. Como habíamos quedado con nuestra petit sobrina, de vernos en Figueres, hacia allí partimos en un tren lechero a la mañana siguiente. Nos adentramos en la locura de Dalí y nos lamentamos una vez más, no tener el talento de estos tipos, y su prolificidad. 
Vuelta a Girona con lo que los calambres y la fascitis plantar nos permitieron, caminamos ida y vuelta, de arriba abajo, las juderías. No te subimos a la catedral porque estaba muy alta, y como es de público conocimiento, tenemos vértigo.
Como ya hemos dicho, Europa es un pañuelo, mas no podríamos decir lo mismo de las distancias a recorrer entre Girona y la Costa Brava. 
Resulta ser que si mirás en el mapa, todo queda acá nomás, pero a la hora de los bifes, no tenés un tren directo a ningún lado. Así fue que para ir a Cadaqués, nos tomamos un tren a Figueres y de ahí un bondi a 4000 metros sobre el nivel del mar, por camino de cornisa,  para bajar y encontrarnos con nuestro quincuagésimo quinto lugar en el mundo para vivir. 
Tras escalar la segunda montaña del día, llegamos a Portlligat, casa de Dalí y Gala. Sólo se accede a pie, y nos preguntamos dos cosas. Una ¿cómo hacía Dalí para llegar hasta ahí todos los santos días y trasladar los materiales al taller? Y dos ¿cuántos bofes vienen en el cuerpo humano, si los que creíamos tener los habíamos dejado ya en Carcassonne?
Un párrafo aparte merece la odisea en el Costera Criolla de Catalunya.
Resulta que así como los trenes y los buses suelen funcionar como relojería suiza, también está la excepción a la regla.
Y nos toca a nosotras.
Debíamos haber salido a las diez en punto hacia Cadaqués, pero hete aquí que el micro no llegaba. Después de quince minutos de retraso, y como a nadie se le ocurría preguntar qué pasaba, nos acercamos a averiguar. "Se ha averiado, pero llegará en quince minutos " nos responde la empleada.
Nuestro cuarto yo interior, nos decía "mmmm, averiado no es bueno..." Pero tres pensar que nuestro psiquiatra nos diría " subite y no jodas" esperamos treinta minutos más al bus arreglado. Finalmente apareció un bondisero recién levantado de la cama, a las puteadas limpias porque lo habían sacado de su casa en su día libre.
"Bueno" pensamos, "bondi nuevo anda bien. Subamos."
A las diez cuadras de haber arrancado, el tipo para. Se baja, y se escuchan golpes atrás. Sube. Dos cuadras y vuelve a parar. Se repiten los mismos ruidos y sube. Dos cuadras más y lo mismo. La mina que tenemos detrás empieza a los gritos, "qué pasa? Qué pasa? Que algo anda mal Dios mío! Que algo anda mal!" Nosotras queríamos responderle, "cállate, cállate que me desespeeeras", pero preferimos guardarnos el aire para lo que vendría después. El chofer se sube al micro diciendo "hoy me voy a infartar, hoy me voy a infartar". 
Las que casi nos infartamos fuimos nosotras, que al ver el camino de cornisa que teníamos por delante, con un autobús al que se le caían pedazos y un chofer al borde del síncope, le rezábamos a Krishnamurti, repitiéndonos el mantra "No debíamos haber venido. Jodemos demasiado con que nos vamos a morir jóvenes, y al final va a ser cierto "
Por fin llegamos, con el estómago revuelto de tanto zigzagueo en la ruta, pero sanas y salvas.
Vuelta a Girona para hacer las valijas y partimos en el AVE hacia Barcelona.
Con Freddy Mercuri y Monserrat Caballé, en la mente, cantando, vamos a ir dando por terminada esta semana.
España= 4, Francia=1




lunes, 11 de septiembre de 2017

Con acento fgancés

Nous avons arrivé à Carcassonne, que como la etiqueta del vino, es bien añeja.
A esta altura del viaje, han vuelto los otros yo, que creíamos haber dejado en Buenos Aires . Sí, esos que no añorábamos dijeron presente. Una de nosotras  intenta hablar en francés, otra piensa en castellano y la última responde siempre en inglés, vaya a saber pourquoi. Creemos que es porque se vanaglorian de ser una ciudad multilingüe, en la que nadie habla un idioma correctamente. Por momentos nos daban ganas de decirles a los carcassonesses "sabés qué? Hablanos en druso que vamos a entenderlo mejor que a tu francoangloespañol". Pero nos abstuvimos y seguimos parlando un peux en todos los idiomas que nos acordábamos.
Se nos venían por delante tres noches en la Gran Manzana. Bien decimos, The Big Apple porque toda la ciudad amurallada, dentro de la que habíamos reservado hotel, ocupaba lo que nosotros conocemos como una vuelta manzana. Ahora entendemos porqué en la época medieval, resultaba tan fácil conquistar ciudades. ¡Andá a conquistar ahora sí te animás, eh!
La ciudad es hermosa, no podemos negarlo. El castillo es medio trucho, pero quienes somos nosotras para criticarlo. Bueno, somos turistas qué carajo! Tenemos derecho a criticar. El castillo fue restaurado a mitades del siglo XIX para fines turísticos. O sea, que lo que hay de original es poco y nada, y te cagamos la ilusión de la ciudad amurallada. ¿Recomendaríamos la Cité a los ilusos viajantes? Definitivamente sí. Una cosa no quita la otra y como somos muchas no nos importa que creas que somos incongruentes, porque lo somos.
Tres días es mucho para quedarse ahí, más si en tu hotel están registrados dos contingentes de Pami. Uno de Inglaterra y el otro de Nueva Zelanda. 
Así que habiendo recorrido toda la ciudad unas trescientas veces, decidimos ponernos a observar y pensar.
Y pensamos...boludeces generalmente. Una conclusión a la que llegamos, luego de tres días dedicadas a la observación de la fauna, es que nosotras no conseguimos novio no porque estemos gordas. Porque en estos lares evidentemente las gordas cotizan en bolsa. O sea, que descartamos el Soysolaygorda.  Habiendo tachado la doble, nos dijimos, "bueno, será que estamos grandes". Más no. Nos cruzamos con varias parejas estilo Macron y señora, pero en el caso de las esposas éstas, eran viejas y feas. Así que eliminamos el Soysolayvieja...O sea, que llegamos a la conclusión de que el problema somos nosotras y nuestro carácter de mierda. Soysolayloca vendría a ser....
Habiendo descubierto América y hartas de hablar en fracuñol, partimos hacia Andorra. "¡Por fin vamos a hablar castellano sólo!", pensamos. Otra vez no. En Andorra la Vella y sus alrededores, el idioma oficial es el catalán. Bueno, el catalán, el francés, el castellano, el inglés y el ruso. Pero, los vellos, creen que si vos hablás castellano, es porque obviamente parlas catalá. Lo que no comprendimos aún, es la raíz del idioma.  Sospechamos que es jeringozo y ellos no lo saben. Divinos los andorranos. Divina Andorra y 
los Pirineos. Decidimos que el día que aprendamos a esquiar y no nos caguemos de frío, nos mudamos para allá. Lo único que tenemos para criticarle es el morfi. Buey y pato no sería nuestro menú preferido.
Nos despedimos de nuestro futuro hogar enfilando para Girona.
Recomendación, no vengas a Girona desde Andorra porque Colón te sacaría ventaja con las carabelas.
Bilbao- San Sebastián-Andorra= 3, Biarritz- Toulouse-Carcassonne = 1



martes, 5 de septiembre de 2017

Europa siempre estuvo cerca 🎼

Llegamos a Toulouse después de un largo viaje con cambio de trenes incluídos, deseando que nos encantara, más no. No nos gustó tanto.
La ciudad entera estaba siendo refaccionada, como cuando a Larreta le agarra el baile san vito y sale a arreglarte todas las calles juntas.
Si habíamos pensado que en Toulouse íbamos a caminar a lo loco, no, nos equivocamos. Resulta que es cierto eso de que toda Francia cabe en la provincia de Buenos Aires. O sea, que Toulouse, entraría en Belgrano, por ejemplo. Ni te cuento Carcassonne, que vendría a ser tan grande como el living de mi casa.
Pero volvamos a Toulouse.
A decir verdad, si no estuviera media ciudad cortada, sería muy bonita. O sea, deberíamos volver cuando pase el furor larretista. Sus habitantes son bastante agradables. Quizás porque hay una mezcolanza de etnias importante y a nadie le importa un catzo lo que hace el otro. Fuimos bien recibidas hasta en las Galerías Lafayette a pesar de estar completamente chivadas, y disfrazadas de turistas. Nos dejaron probarnos todo.
Total, que entre nuestra baranda y la francesa, no hay mucha diferencia. El parfum de chèvre es de uso corriente por estos lares. No vamos a andar gastando nuestro Chanel nº5 al pedo.
En la cité hemos visto a las mujeres y hombres negros, más lindos del planeta. Y me permito decirles negros y no gente de color, porque son negros, negros. Nada de café con leche ni sus derivados. Son negros africanos posta. Y hermosos. Lástima que ninguno nos dió bola, que si no, chau Shorsh. Mr. Clooney, todavía seguís siendo nuestro preferido, don't worry.
La tendencia gay friendly, está haciendo estragos en nuestro cometido de conseguir novio en los viajes. O claudicamos, o nos lesbianizamos. Por ahora ni lo uno ni lo otro.
Digamos entonces, que esta ciudad bien podría ser citada en las canchas argentinas, con el famoso cántico : " ya todos saben que Toulouse está de luto, son todos negros, son todos pu..." . En fin...que por suerte nosotras no somos racistas ni nos gusta la cancha.
Lo bueno de los países europeos, es que Europa queda cerca. Si nosotras en Buenos Aires, no te tomamos un bondi para ir a Lanús y volver al día siguiente, acá nos tomamos trenes para ir a pueblitos que quedan a una hora y media de viaje. Y lo hacemos en el día. O sea, tres horas ida y vuelta, para recorrer media hora de pueblo. Sí, vos, amiga que vivís en provincia, podés putearnos tranquila, que tendrías toda la razón del mundo.
Así conocimos los Midi Pyrénées, que con el traductor de Google, significa los Doce en punto Pirineos, para los mapas franceses traducidos, Mediodía Pirineos y con nuestro poco cerebro, vendrían a ser los Pirineos Medios o Valles de los Pirineos.
Bellos pueblos. Realmente bellos. No tenemos nada sarcástico para decir. Snif.
Ahora estamos descansando en Carcassonne por tres noches y después descansaremos tres noches más en Andorra. Porque si hay algo en que la pifiamos esta vez, es con la longitud del viaje. Nos estarían sobrando dos noches en ciertos lugares. Por ejemplo en Biarritz, Carcassonne y Andorra.
Pero no se lo cuenten a mamá, que se nos andaba quejando de que la abandonábamos por tanto tiempo, y no es la idea ceder ante sus caprichos, y menos dar el brazo a torcer.
Próximo destino Andorra la Vella y su tax free.
España = 1, Francia =1/2







jueves, 31 de agosto de 2017

Cómo te extraño Punta, como te extraño, hic

Tras un muy buen viaje desde San Sebastián y un muy mal arribo, en el medio de la nada misma y con lluvia, llegamos a Biarritz. 
Ni un mísero taxi a la vista así que nos dirigimos a pie en medio de la torrencial llovizna, hasta el hotel. 
Llegamos puteando no tan bajito, largamos las valijas en la habitación y salimos a recorrer lo que el tiempo nos permitiera.
Como el clima decidió que no nos permitiría mucho, enfilamos a la pizzería de enfrente.
El mito popular dice que Biarritz es la ciudad de los millonarios...Bueno, algún día había que derribar el mito. No vimos ni uno. Más bien nos pareció Mar del Plata a principios del siglo XX. Todo igual al Hermitage original. Sí, muy lindo, sólo faltaban los señores con sombrero de copa, las señoras con miriñaque y Mirtha Legrand.
Entre la sudestada, o biarritzada (no sabemos cómo se llaman acá las tormentas), empezamos a sentirnos expulsadas del balneario.
Nos quedaban tres noches aún...S.O.S! 
Pero, como dice el refrán, al mal tiempo buena cara, decidimos que los días que nos quedaran, íbamos a pasarlos lo mejor posible. Otro refrán al tacho...
Salimos a pasear para intentar ver los lugares turísticos y enfilamos para la Roche de la Vierge y el puerto de pescadores. Contentas de no bajar el ritmo  maratónico que teníamos con Euge, nos dijimos, hasta no llegar a la roca de la virgen no paramos....a los diez minutos de haber arrancado, ya estábamos  convirtiéndonos al catolicismo paradas frente a la bendita vierge que se nos cagaba de risa.
Amigos, cuando lean un mapa europeo, no le den bola. Acá los kilómetros son más cortos. O son de Clarín, que ya sabemos, miente.
En Biarritz todo queda acá a la vuelta, menos el chemin saludable. Una bicisenda sólo para maratonista. Ocho de la matina y todos corren. Jóvenes y viejos. ¿A dónde quieren llegar me pregunto? Estás de vacaciones hermano! ¿Qué necesidad de sacar los bofes? Allá ellos...nosotras seguimos caminando que es más sano dice Cormillot.
Tras haber recorrido toda la ciudad en menos de una hora, nos queríamos suicidar cual Alfonsina Storni, pero a pesar de la lluvia, el mar había entrado en la famosa calma chicha.
Por suerte no todo era malo. Al ser fin de temporada, el 90% de los negocios estaban cerrado y el restante 10 tenía pura mierda, por lo tanto, ahorramos plata no comprando nada.
En fin, nuestros tres días de tormenta, se repartieron entre tomar café y jugar al Candy Crush en la habitación.
Conclusión, siempre, pero siempre, consulten a los que saben antes de hacerse su propio itinerario. Hoy a Toulouse.
Bilbao-San Sebastián = 1  Biarritz = 0



lunes, 28 de agosto de 2017

Eskerrik Asko o muchas gracias Euskadi

Salimos de Madrid, la niña y nosotras, después de haberla recorrido de arriba abajo, con todos los Zara's incluidos, en tren a Bilbao.
Habíamos sacado en primera clase, dado que eran tantas horas con el culo apoyado, los pies hinchados y un calor inhumano, además que queríamos mostrarle a la nena lo bien que se viajaba en los trenes españoles.
Apenas subidas al vagón, notamos que el aire acondicionado estaba un poco bajo. Nos sentamos suponiendo que al arrancar lo pondrían más alto...más no...el aire no funcionaba. El termómetro de la cabina marcaba 42º, y teníamos de compañeros a dos parejas de ancianos y un muchacho obeso.
Muertas de calor comenzamos a reclamarle al jefe del Alvia. Un tanto fastidiado al ver lo que se le venía, se atajó diciendo :" vale, vale, qué joder, que en algún momento se arreglará esto!" 
Bueno, " esto", se arregló más o menos a las tres horas de viaje. Estábamos nosotras solas en el vagón porque habían pasado a otros coches, y cito literalmente: "a los enfermos, a los ancianos, a los niños, a las embarazadas y por último a los normalitos". Nosotras, evidentemente no entrábamos ni siquiera en la categoría normalitos. Así y todo viajamos bastante cómodas. Al fin que arrancó el bendito aparato, volvieron los expatriados. Una sola pareja de ancianos y el muchacho excedido en kilos, al que llamaremos JG.
En este viaje, al estar con una pendex hermosa como es nuestra sobrina, todo el mundo nos hablaba. Y esta no fue la excepción.
JG: ¿Sois argentinas?
SyS (Soysola y sobrina): sí.
JG: ¿de Buenos Aires? (asentimos). Yo soy amigo de Andrés Calamaro. Cuando estuvimos en Buenos Aires tocando con El Cigala, en ese teatro hermoso ¿cómo se llama?...
SyS: ¿El Gran Rex?
JG: Sí, sí, ese. Pue bueno, como os decía, soy road manager, compositor, actor y gitano! Cuando estuvimos allí, conocí a Fito Páez, Diego Torres, que es así de pequeño (mientras bajaba su mano a la altura de sus pectorales), y como os decía, a Andrés Calamaro. ¿Conocéis a los Monty Python?
Por supuesto contestamos nosotras las Soysola, porque sobrina no tenía idea.
JG: bueno, ahora vengo de hacer una película con uno de ellos (y pela foto del celular)
Demás está decir dos cosas. Mientras él nos contaba todos esto, nosotras y sobrina, lo googleábamos y estalkeábamos por Facebook, amén de no haber reconocido al Monty Python de la fotografía, el pibe no aparecía ni por las tapas en ningún lado. Eso sí, JG estaba disfrazado de pirata en la foto.
Fue en ese instante que JG pasó a llamarse, el Gordo Jartero (* jartero: mentiroso en turco), invirtiendo sus iniciales.
Llegamos a Bilbao saludando a GJ prometiéndole comprar su disco apenas saliera.
Bilbao. Bilbao estaba de fiesta esa semana, por ende nadie laburaba, o eso sospechábamos porque a dónde fuésemos estaban todos chupando cerveza y vino, cantando y bailando en las calles. 
Maravilloso Bilbao y su Guggenheim. Hermosa ciudad y cálidos anfitriones los vascos. Caminamos cuatro días y comimos pintxos a reventar.
De allí partimos a San Sebastián en bondi, y llegamos sic, a la playa de la concha. Hermosa concha. Si en Bilbao habíamos comido rico, aquí nos pondríamos una cama en cualquier calle y nos quedaríamos a vivir. Ciento veinte restaurantes de tapas y pintxos en una ciudad de 186.064 habitantes. O sea, 1550 personas por restaurante más un Zara cada tres cuadras. O sea, la gloria misma.
Amamos Vascolandia , Vascolet y sus vasquitos. Amamos todo el País Vasco del lado de acá de los Pirineos. Aquí nos despedimos de la mejor compañera de viaje que hemos tenido. Nuestra hermosísima, buena, divertida y ocurrente Eugenie. Nuestra amada chinita. Te vamos a extrañar!
Para la próxima dejamos la llegada a les pays basques o Biarritz.
Agur y eskerrik asko!!