lunes, 24 de agosto de 2015

Hecha percha

Domingo no es nuestro mejor día, pero nos levantamos temprano igual.
El humor es más variable que la humedad, y tras despertarnos puteando, a los diez minutos, ya estábamos mucho peor. 
Así y todo, teníamos mil cosas que hacer previa mudanza de bártulos a nuestra bienamada Avenida Juramento. Es como Avenida Brasil, el culebrón, pero en castellano. Hay mucho personaje metido en el medio, y se ve que eso nos impide a Shorsh a y mí, estar juntos.
Pero volvamos a los que nos compete. Ya sabemos que a ustedes no les compete, pero no nos importa mucho. Somos así cuando estamos de mal humor. Jodidas, pero buena gente.
Salimos de urgencia a comprar perchas para colgar la ropa que tenemos envalijada hace cuatro meses. Si no se desintegraron las cosas, ahí deben estar.
Llegamos a Easy, el hipermercado del paseador. Mucho paseador suelto, cosa que nos enerva más que escuchar a Arjona cantar "Apnea". Bueno...tampoco tenemos que exagerar tanto. Nada se compara a lo que le produce Arjona al inconsciente colectivo. Justamente a nosotras...que somos varias...tenemos mucho colectivo.
Retomemos, que nos vamos por las ramas. 
Los paseadores compulsivos domingueros. Deberían tener la entrada prohibida a los shoppings e hipermercados. Son molestos. No tienen nada que hacer, entonces te van a joder a vos, que estás comprando perchas para estrenar tu vestidor. Pero no, no hay ley que les prohiba pararse en el medio del pasillo, papando moscas, mientras nosotras hacemos malabares con el carrito del orto, un mamotreto pesado y con ruedas que no ruedan. Permiso, permiso por favor, vamos diciendo, mientras intentamos contenernos de pasarles por arriba con el carro o bien usarles la raya del tujes como estacionamiento del changuito. Y siguen ahí parados, mirando a la nada, como si la vida se les fuera en ello. Miran insistentemente al estante más alto, como si llegaran a ver algo. ¡Necesitás un largavistas hermano, para ver los numeritos a cinco metros de altura!¡Mové el orto de ahí! tenemos ganas de decirle, aún no habiendo perdido la compostura, pero nos mordemos la lengua. El odio contenido ante todo.
Pero son muchos culos para un solo chango. Entonces empezamos a empujar. Perrrmiso. Perrrrrrrrrmisooo por favorrrrrr, mascullamos entre dientes, con la vena del cuello a punto de explotarnos. Y ahí arremetemos, esquivando boludos, y cada tanto llevándonos alguno puesto.
Cuando logramos salir del laberinto de paseadores, llegamos a la caja, notando que en medio del fastidio, nos olvidamos de meter en el carro, más de una de las cosas que habíamos ido a comprar.
Má sí...que se nos caiga la ropa del placard, pero si volvemos a entrar, vamos a voltear gente como si fuesen palos de bowling. ¡Chuza! diría un taxista amigo...
Llegamos cargadas cuál camello en el desierto, para enterarnos que la persona que nos iba a ayudar a ordenar, nos cagó. No viene. O sea, nos meteremos las vergas (sinónimo de percha según Worldreference) en el orto.
Nota mental. Para la próxima, pedirle a Shorsh que me mande vergas desde Yanquilandia, o que me compre una casa con la ropa ya colgada.



martes, 18 de agosto de 2015

Hoy pintó el negro...

Cuando en el año, vas más a cementerios que a casamientos, empezá a preocuparte.
Si antes nos daba un poco de miedo el campo santo, hoy, hasta nos parece un lindo lugar. Vamos paseando entre las tumbas como Pancho por su casa, y miramos con cariño un lugarcito libre que queda debajo de un abedul, no vaya a ser que después de muertas, el sol nos arruine la piel.
Sabemos quién está enterrado al lado de quién. Vamos visitando conocidos, poniéndole flores y de paso, por las dudas, los saludamos, no sea cosa que el día de mañana nos hagan el vacío por no ser educadas.
De repente nos damos cuenta, que conocemos más difuntos que vivos, y entendemos el porqué de nuestra soltería. La ecuación es sencilla: nosotras cumplimos años + ellos también = más vale que nos apuremos.
Tenemos un amigo que dice que la diferencia de edad ideal entre un hombre y una mujer, es la mitad de los años del señor más siete. Entonces, según él, nosotras deberíamos estar buscando un novio de 84 ...O sea, estamos yendo al lugar correcto...La Tablada... Pero nos es difícil encontrar algo potable ahí...
Éste es el mismo amigo, que hace algunos años, quería presentarnos un paciente en coma, solamente porque todavía se le paraba a pesar de su estado. Para amigos así, quién necesita enemigos ¿no?
Igual le queremos, que al fin y al cabo, tiene buenas intenciones. No nos quiere ver solas.
Van pasando los años, se nos acerca la mitad de siglo, y justo encontramos una frase en las redes sociales, que nos identifica. "Dentro de toda persona mayor, hay una persona joven preguntándose qué carajo pasó". Y sí. Nos pasa seguido. Mirarnos en el espejo, y no reconocer nuestro reflejo. O peor. Mirar a nuestros pares, y pensar: está hecha/o mierda...¿le pasó un camión por encima? ¿Nos vemos así también?. Y llegamos a la conclusión que sí, que nos vemos igual o peor, pero antes muertas que aceptarlo! Y ahí es donde concatenamos con la parte del cementerio...y nuestros candidatos.
Pensandolo bien, todavía tenemos esperanzas con Shorsh...algún día vamos a estar en el mismo lugar.
Hablando del rey de Roma, el otro día lo vimos en una película, que dicho sea de paso, nos dejó bastante deprimidas. Estuvimos noventa minutos buscándole algún defecto, y no...nada che...
Según una amiga, no tiene labio superior, pero lo tiene. Más finito, pero está. Ojos, dos. Manos, dos. Pies, cuidados y sin hongos. Cabello, todo. Físico, entero...Elegancia, como Jean Cartier...Pero notamos una sola cosa...nunca, jamás, en ninguna película, vimos una escena romántica sensual, o sexual en la que el señor esté cuidadamente en bolas, o semi en bolas. Y ahí entendimos todo. ¿La tendrá corta? ¡Ma sí! ¡Por las dudas que se lo quede Almohadín!
Asunto liquidado. No más Shorshes, hasta que nos demuestre que estamos equivocadas.
Nota mental: para el año que viene, hacernos una escapada al Lago di Como, tocar la puerta en casa de G.C y pedirle si nos puede dar una canasta de huevos. A ver qué responde...

miércoles, 12 de agosto de 2015

Donde se come no se caga

Y llegó el día de mudarnos. Finalmente nos fuimos del hotel de lujo con vecinos chotos, para mudarnos al taller, en un edificio choto, con vecinos más chotos aún. Para la Tierra Prometida, o sea Juramento, todavía nos quedan unos días.
La mudanza fue en tandas, gracias a las sobrinas y novios, que con toda gentileza, ayudaron a la vieja chota (ya que estábamos hablando de chotez, para qué cambiar,¿no?) a trasladarse.
Tres valijas, cuatro bolsos, un changuito y miles de bolsitas cuál cartoneras vip. Nos faltaba el bombín y éramos Charles Chaplin en The Kid, propiamente....Seamos honestas, más bien, la Bruja del 71.
La cuestión es que pasamos a vivir en nuestro lugar de trabajo, cosa que para algunos puede ser maravilloso, pero para nosotras no. Si hasta hace unos días éramos un poco ermitañas, ahora somos como el Hombre de la Máscara de Hierro. Vivimos enclaustradas entre el horno cerámico, el compresor, la laminadora y la extrusora. Podríamos construirnos nuestra propia torre de Babel con los más de cien kilos de arcilla acopiada, y nadie, nadie nos echaría de menos. Vendríamos a ser un hornero, para ser más gráficas. Pero sin alas.
A pesar de lo que parece, estamos bastante cómodas. Dormimos en la sala de hornos, comemos en la mesa de trabajo, tratando de no intoxicarnos con los esmaltes, y nos duchamos, entre otras cosas, en nuestro nuevo baño blanco. Y es ahí donde está todo el problema. Por la ventilación oímos a todos los vecinos. Y los olemos también.
El consorcio habitacional se divide en doce departamentos, doce vecinos y quince perros. Mucho olor a meo. Mucho pelo por los pasillos.
No. Nosotras no tenemos animales de ningún tipo o factor. No sabemos cuidar ni una planta, ¡mirá si te vamos a cuidar un canino o un humano!
Y de repente, con tanto aroma a efluvios perrunos, nos vino como una oleada de nostalgia francesa. Oh Vallauris, Vallauris! Es como si estuviésemos ahí mismo, pero en el centro neurálgico del Barrio Chino.
Nos falta poco para volver a casa, nos repetimos diariamente. Eso nos salva de la locura...creíamos....hasta que escuchamos una cumbia chamamecera evangelista. ¡Tenemos al Pastor Giménez de vecino! Me cache en dié! ¡Médico psiquiatra a la izquierda, por favor!
Cada vez estamos más convencidas que deberíamos vivir en una isla desierta, o con Gilligan que es lo mismo que el desierto.
Y así estamos, sin televisor, sin pila, sin piedra y sin cable, como un Magiclick de 104 años, llenas de gas. A punto de reventar, rezando con el vecino, para llegar vivas a la siguiente mudanza.

Quiero un camión con acoplado, para trasladar dentro de mil valijas, las penas del alma.
Quiero cuarenta cajas de embalar, que contengan cuarenta kilos de ilusiones cada una, para saldar la deuda de amor.
Quiero un arco de salto en garrocha, para pasar de un solo envión del cielo al infierno.
Quiero el poder de síntesis que me fue negado mil veces de nacimiento.
Quiero una bachata rosa, un unicornio azul, pero no quiero la ola verde. Odio a Flavia Palmiero.
Quiero sacudirme el estrés, y bañarme con margaritas en el pelo.
Quiero no ser el sol que ilumina tus días, porque después me reprocharías los eclipses.
Quiero subir al Uritorco, bajarlo en ovni, y escuchar cómo hablan los duendes que lo habitan.
Quiero ser la marca de tu espalda, el abanico de tu techo, y la cálida sombra que te persigue en el otoño.
Y por último pero no menos, quiero mi casa, mi cama, mi mesa, mis sábanas blancas y a Shorsh en ellas. O a cualquiera a estas alturas.



domingo, 2 de agosto de 2015

Yogur, amar, rezar

Sí, así somos, tuvimos que hacer de nuestra dieta un tema internacional. Nosotras no te sabemos guardar discreción. Necesitamos compartir nuestra desgracia.
Nacimos normales, 2,980 kgs dijo la partera. Diez años más tarde nos convertimos en una torta marmolada. De ahí en más, te pasamos por todas las dietas habidas y por haber.
Creo que esto ya lo contamos en otra oportunidad.
La de Cormillot, Dieta Club, Dr. Sporn,  semillas en la oreja,  acupuntura en todo el cuerpo, Weight Watchers, Dr. Nacach, Dr. Ravenna, mi amiga la Lic. Angie, la de sopa de repollo, la protéica, la del pomelo, Citio, Adelgozar, , la del escarabajo, de la papa frita, hasta la del Kamasutra. Menos la de Scardale, hicimos todas.
Nada resultó. La única que nos hizo bajar mucho, fue la de la anorexia, que no se la recomendamos a nadie.
Tuvimos épocas de ir al gimnasio 5 veces por semana a caminar cuarenta minutos en la cinta, veinte de bicicleta fija y sesenta en el circuito de fierros. Hoy sólo te hacemos una vuelta a la rosca de Pascua o a lo sumo dos a la bola de fraile.
Ya desesperadas y ante la amenaza de nuestra sobrina diseñadora de modas, de que no nos va a agrandar el vestido para el casamiento de octubre, marchamos hacia nuestra última esperanza. De nuevo al odiado Dr. Ravenna.
Así como llegamos nos queríamos ir, pero nos dijimos: túnica Ma.Martha Serra Lima o muerte! Y ahí mismo pagamos por un mes de tratamiento. Psicóloga, médica y nutricionista y a cagarnos de hambre se ha dicho!
Primer día, se banca bastante bien, porque vinimos con mucha fe y dolor de bolsillo por lo que gatillamos. El segundo, le dimos al agua, al té y al café, tanto, pero tanto que casi dormimos con el inodoro puesto. Al tercero nos tocó la famosa reunión de grupo. Bueh...Entramos, nos sentamos al fondo y empieza la función, sin la presencia del King of the World Dr. Ravenna, que llegaría más tarde.
Las primeras palabras que salen de la boca de una psicóloga son: bueeenoo...ya termina julio...falta poco para las vacaciones...hay que arrancar ahora u olvidarte de la playa y la malla...mejor andá sacando pasaje para Noruega o Alaska...jaja....¿Ja ja, qué? tenemos ganas de gritarle. ¿Qué clase de psicóloga sos? ¡Una del orto obviamente! ¡Inadi! gritamos desde el fondo, ¡al Inadi te vamos a mandar forra!
Y de repente nos acordamos porqué nos fuimos la primera vez de esa clínica de mierda. Por esta pelotuda, egresada de la Universidad del Dr. Goebbels, que hace 10 años nos dijo, que nuestra antigua anorexia y fobia a la comida, era porque nosotras sabíamos que comer mataba. ¿Lo quéeeeéé? ¡Bestia!
Y nos marchamos jurando nunca más volver. Pero volvimos, porque nosotras no tenemos palabra.
Así nos recibe nuevamente el staff del doctor. Diciéndonos que los gordos no tienen derecho de ir a la playa.
Pero como diría mi finado padre, "ya pagaste, ahora hacéla". Así que homenajeando las sabias palabras de papá, decidimos quedarnos, y hacer de cuenta que escuchábamos lo que decían, mientras jugábamos al Candy Crush Soda Saga.
Por lo tanto nos quedan otros 26 días en los que buscaremos insertarnos en algún grupo de gordos con una coordinadora un poco más piola o intentaremos pasar el nivel 330.
Con hambre y mal humor, encaramos el fin de semana. Para otro día quedará el relato de la experiencia del taxi tomado el viernes a la noche.
Sábado y nuestro sentido del humor va desapareciendo al mismo ritmo que va aumentando el apetito. Llueve en Buenos Aires y nosotras ya no sólo puteamos a Ravenna sino también a Macri.
Vamos caminando, intentando evitar las baldosas flojas para no salpicarnos, eludiendo la caca de los perros de Belgrano y como un mantra repetimos: "Macri y la reconcha de tu abuela, andate a la putísima madre que te recontra mil parió vos y todos los ex intendentes de esta ciudad del orto." Y de golpe tuvimos una revelación. La culpa de no tener novio la tienen Ravenna y Macri. El primero porque nos quiere hacer creer que estando gordas nadie nos va a querer. El otro porque nos hace caminar mirando al piso, para no caernos o resbalarnos sobre los teresos de los canes, impidiendo darnos cuenta si algún masculino nos observa. Si adelgazar me va a hacer perder al hombre de mi vida, mejor gorda que mal adelgazada.¡¡Y ahí lo entendimos todo!!¡¡Nos debemos haber cruzado con Shorsh mil veces y no lo vimos por estar concentradas en los soretes!!
De hoy en adelante, caminaremos con la frente en alto y los zapatos llenos de mierda, pero mirando más allá del horizonte, esperando que no sea Osvaldo Laport quien se nos aparezca, sino nuestro bienamado Mr. Clooney.
Perdónalos Shorsh porque no saben lo que hacen...


domingo, 26 de julio de 2015

Soysola pero no tanto

Al fin terminamos con esto del día del amigo. Invento argentino. No podía ser de otro modo. Nosotros, los sudacas te festejamos todo. El día del, niño, del padrino, de la secretaria, del periodista, del ceramista, del nieto, del abuelo, del dulce de leche, del mate con bizcochitos, del tatú carreta y del papi fútbol. Yo y mis otros yos queremos presentar en la Legislatura, un proyecto para que se apruebe el Día del Rivotril, y a empastarse todos y todas se ha dicho!!
Esto de festejar una semana entera el día del amigo, cuando nos llamamos Soysola, es una contradicción en sí misma. O en nosotras mismas. O en ustedes mismos. O en ellos mismos.
Yo, mi otro yo, y el yo de mi otro yo, que nos pasamos la vida espantando a cuanto humano se nos acerque, resultamos ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos. Bueno, ya está. Se acabó lo que se daba. Sépanlo, no somos amigables. En algún lugar de nuestro corazón, las/os queremos mucho, pero todo tiene un límite. No pueden pedirnos amabilidad, sonrisas y buena onda siete días de una semana. O sí pueden, pero es la única semana que les damos en el año!
Mientras escribimos esto, con la sensibilidad y delicadeza que nos caracteriza, tenemos a una joven madre primeriza, que no sabe dónde meter a su crío llorón, y lo saca a orear al pasillo, con el sólo propósito de jodernos la existencia. Decime vos tarúpida ¿por qué no te llevás a ventilar al nene a la terraza hasta que se calme en vez de joder a tus vecinos?
Deberían derogar una ley que limite la posibilidad de tener hijos o cocinar bifes en un monoambiente. O quizás lo que necesitamos es volver urgente a nuestra casa.
Entretanto, el bebé llora en el pasillo, los trapitos se pelean en nuestra ventana, el forro de la moto acelera con el caño de escape roto y el perro jadeador hace lo suyo, o sea, jadea. Bah, no descubrimos todavía si es un jadeo, o es su ladrido. Es de esos perros que parecen murciélagos bóxer enanos. O sea, podría tranquilamente ser un murci disfrazado de perro. Vaya uno a saber! En este edificio puede pasar de todo.
Ya más tranquilas porque nuestros otros yos, yoes, o como quieran llamarlos, han vuelto, nos dedicaremos a pedir lo que nunca nos será otorgado.
Quiero la distancia que hay entre la Tierra y la Luna, para recorrerla a la velocidad del sonido. Mientras no sea el sonido de Arjona, cualquiera será bienvenido.
Quiero el pecado pero no al pecador, así como no quiero al pecador si está libre de pecado.
Quiero la llama eterna del fuego que me consume, y consumirte de poquito a poco, hasta que el poco pierda sentido y ya no sea ni las cenizas de lo que fue.
Quiero margaritas para los chanchos, y un salame de campo para Margarita.
Quiero sentarme a meditar en la cima del Tupungato, y bajarlo deslizándome en culopatín.
Quiero ser Marguerite Duras y escribir : yo soy Soysola, no vale la pena decir nada más.
Quiero el pan de cada día, de salvado, diet y sin sal, aunque quisiera un croissant parisino, con mis mozos aduladores.
Quiero rojos de furia, a verdes de envidia.
Quiero menos vecinos, menos edificios y más espacios públicos sin público molesto.
Quiero a Don Gato y su pandilla, y no la banda de felinos que rondan la ciudad.
Quiero pintar un Rembrandt, esculpir un Miguel Ángel y ganarme el cielo de la Capilla Sixtina.
Y quiero que me devuelvan a George, que por equivocación y mucho vino, lo regalé en el día del amigo.








domingo, 19 de julio de 2015

Échale la culpa al taxi

Creo que el día que nací, el universo se confabuló para que de mayorcita, los Taxistas Unidos del Río de la Plata, se cruzaran todos en mi camino.
Los odio, pero los necesito. Bien diría mi madre, son un mal necesario.
Como he contado anteriormente, no soy afecta al bondi, subte o patas, por lo cuál, no me queda otra que tomar los black&yellow locales. No entendemos, ni mi psiquiatra ni yo, porqué en Europa o en USA, no te tomo un taxi ni por putas, y sólo me muevo en transporte público. ¿Será que ése público me es ajeno y el apretuje foráneo es más excitante? ¡Vaya a saber!
No, tampoco manejo. Sí, soy una boluda, como bien estás pensando y merezco la tortura tacheril.
Notarán que hoy no hablo de nosotras, sino de mí. No puedo echarles la culpa a mis otros yos, porque  este temita viene de chica, y ellas aparecieron tras mi anteúltima separación. La del señor Jovato Jodido Jodeputa.
Esta semana fue de antología.
Desde el campeón de bowling, el ex jugador de fútbol, el facho recalcitrante, el que fue al médico y cree que me importa, el que hizo un sit-up (imposible stand up adentro del taxi) y era inodoro friendly , al egresado de Jarvard,  todos, pero todos, inevitablemente me hablaron de política.
Y si hay algo que me enerva, es justamente hablar de política con gente que cree saber todo y tener la posta...porque el pasajero que subió antes, que trabaja de secretario del secretario del secretario del tesorero del gimnasio donde hace crossfit el nieto de la abuela del tío de la madrina del vice-candidato a cocinero de la intendencia de Villa Bosch, le dijo que si gana Macri va a privatizar todos los colegios del Estado, y si gana Scioli va a estatizar los Supermecados Disco. Pero que en cualquier caso, el país se va a la mierda.
¡Mirá loco, si nos vamo a la mierda pero me cambian la ley de licencias y el test psicológico para el otorgamiento de registros, que gane quien sea!
Mañana tengo un viaje largo por hacer. Ya estoy sufriendo de sólo pensar que hoy hubo elecciones y voy a tener que tolerar la futurología sobre si Larreta va a hacer la skate-senda en medio de Avenida del Libertador.
Y ya que hablamos del futuro, vamos a pedir algunas cosas para más adelante.
Quiero un taxista que sea mudo. Sordo y ciego no, por favor, que quiero llegar viva a destino.
Quiero taxis que vayan cambiando de color, según si están libres u ocupados. Fucsia sin pasajeros, naranja rabioso si están apurados.
Quiero unas elecciones sin candidatos, que cada uno se vote a sí mismo, o sea, una especie de anarquía, y ganar yo, para que todos hagan lo que yo digo.
Quiero un boca de urna que hable por sí sola, y no por encuestadoras pagas.
Quiero un ir y venir, con un devaneo sensual, producto de un intercambio de amor caribeño.
Quiero el mundo a mis pies, y en mi cabeza la corona de reina de la paciencia.
Quiero un Jackson Pollock para manchar mis paredes nuevas, y un papel secante para las lágrimas negras de Compay Segundo.
Quiero no saber nada, porque sabiendo mucho es poco lo que me queda por saber, y quisiera seguir sabiendo que no sé nada.
Quiero la eternidad en cuotas. Pocas, no muchas. Me canso de pagar, me quedo sin límite en la tarjeta, y todavía me faltan más cosas por comprar.
Y quiero a Henry Cavill , que es más nuevo en esta cosa de la popularidad y el acoso, porque Shorsh ya me hizo saber que sigue sin enterarse que está enamorado de mí.




viernes, 10 de julio de 2015

Vení que te destapo, vení

Ya acabando el Día de la Independencia, y nosotras como cuando llegamos de España. Seguimos sin casa. O sea, seguimos dependiendo de la buena voluntad de quién nos acoge. Y no nos acoge mucha gente a menos que paguemos. Por ende, seguimos alquilando.
No, si es la única manera en que somos acogidas...!
Así que continuaremos quejándonos de los vecinos del condón. Perdón! Condominio. Corrector del orto!
Ayer, nos ofrecieron sus servicios de despertador, los co-habitantes masculinos del agujero de al lado. Como ya hemos comentado, las paredes son de papel crepé, en consecuencia, a las 8 a.m (muy de madrugada), comenzamos a percibir una especie de gorjeo, no exactamente de pájaros. No, no era Caetano Veloso cantando Cucurrucucú paloma. Más bien era como el ulular insoportable de las torcacitas en celo.
Ni cortas ni perezosas, nos levantamos de la cama, dispuestas a salir en camisón al pasillo a putear a los cuatro vientos, pero nos detuvo lo poco que nos quedaba de sentido común. No somos la mejor visión que puede tener cualquier ser humano a esas horas de la mañana. Y menos seres humanos del sexo opuesto. Las crenchas revueltas, lagañas en los ojos y ni que hablar de que al putear escupimos, porque usamos placa antibruxismo. Un Tiranosaurus Rex propiamente. Decidimos no salir.
Cual Super Agente 86 y la 99, agarramos un vaso y lo pusimos contra la pared, primero para escuchar de qué hablaban, y segundo para usarlo de amplificador de nuestros insultos.
A quienes ya están agarrando un vaso de vidrio para ver si oyen lo que dicen los vecinos, les decimos, NO FUNCIONA. Lo máximo (con perdón de la palabra) que van a oír, es blabbbfihsgudiiifiriiighhhgrttiiijajajaja.
Y así andamos, de un edificio al otro, insultando y recibiendo insultos. Sip. Nosotras también caímos en nuestra propia trampa. Hemos descubierto que somos las destinatarias de las puteadas de otros vecinos. Los de Juramento. Recibimos el llamado desesperado y amenazante de los tortolitos del C, acusándonos de haber convertido el Danubio Azul en el mismísimo Riachuelo de María Julia.
Salimos corriendo a toda velocidad...bueno...a la velocidad que nos permite nuestro tujes, que no es mucha...y efectivamente, cuando arribamos a palacio, descubrimos que en vez de nenúfares, flotaban soretes por todos lados. No nuestros, aclaremos. Ni tampoco de nuestros albañiles. Los obreros cagan rosas, como nosotras. Eran los sorongos de los 44 departamentos restantes. Se tapó la columna porque los muy asquerosos tiran pelos y cuanta porquería tengan a mano. Pero las que siempre sufrimos las consecuencias somos las pelotudas (nos) que vivimos en lo que se llama piso sándwich, o el famoso jamón del medio. Ya sé, no tenemos derecho a mezclar las palabras sandwich y jamón con sorete. Ahora tenemos hambre, carajo!
Llamada de urgencia al plomero, resuelto el tema, pasemos a lo que nos concierne. Y acá dejamos de ser muchas para ser una sola porque somos bastante egoístas.
Quiero vaselina para consorcios. Tanto para los caños como para los vecinos.
Quiero el Transiberiano, para pasear por las estepas abrigada con un tapado de armiño sintético, porque soy ecologista.
Quiero un televisor que sólo transmita buenas noticias. Para malas tenemos la tira de eslabones unidas entre sí.
Quiero no enredarme en mis propias palabras, y poder decir te amo sin temor a que se me entienda.
Quiero una guitarra eléctrica, un bombo legüero y un xilofón de plástico, para tocar la Novena Sinfonía de Beethoven, quedarme sorda con la última nota y que la reverberación del sonido quede atrapada en mi cabeza.
Quiero celeste para que me cueste. Lo fácil, fácil se va.
Quiero agua blanda y un naranjo en flor, para perfumar con azhares, los cajones de mi incómoda existencia.
Quiero parecerme a mi misma dentro de cuarenta años atrás. Dentro de cuarenta años adelante es probable que no me guste lo que vea.
Quiero la llave del candado donde encerraron mi inocencia. La he perdido y me gustaría recuperarla.
Quiero un abanico de ideas originales, porque las que me quedan están un poco vetustas.
Y como es costumbre, quiero a Shorsh, esta vez vestido con mameluco y sopapa en mano, para destaparme las cañerías.


domingo, 28 de junio de 2015

Sentime, vos, criatura...

Seguimos en refacciones habitacionales. Ya nos estamos acostumbrando a esto de estar repartidas en tres lugares diferentes. Los pies en Juramento, la cabeza en Olazábal  y el culo en Blanco Encalada. Bah, aunque a estas alturas, nuestro culo ocupa toda las Barrancas de Belgrano.
Para esto está bueno tener a mis otros yos. Una queda de campana en la obra, la otra trabaja, y yo me vuelvo loca con los vecinos de alquiler.
Porque si hay en algo en lo que nosotras no tenemos suerte, es con los vecinos.
Ya hemos descrito a los habitantes de nuestro piso, mas tenemos otras plantas con las que empezamos a llevarnos para el orto. Ellos no lo saben, pero se estarían llevando muy mal con mis otros yo y especialmente conmigo.
Tenemos aquellos que no te saludan, los que ensucian el ascensor con meo de perros, los que no limpian el filtro del lavarropas comunitario, y lo peor que me podría haber tocado: jóvenes que hacen la previa.
Es nuestro karma. A donde vamos, nos siguen los niños llorones o los adolescentes rompebolas.
Para aquellos que me están criticando, preguntándose ¿acaso vos no fuiste adolescente? Les digo, NO. Yo nací vieja. Siempre fui mala onda y jodida. Pueden preguntárselo a mis amigas. Les cagaba las salidas con los chicos, y aún así, hoy me siguen queriendo. Allá ellas.
Anoche, un grupete de jovenzuelas alcoholizadas, gritaron durante una hora treinta minutos, sobre mi cabeza. Le calculamos dos pisos más arriba, por el nivel de decibeles, apagado por dos lozas de cartón corrugado, porque de eso están hechos los edificios nuevos. No, si ya que vamos a criticar, critiquemos también al constructor.
La cuestión es que cuando empezamos a calentar la garganta para lanzar cuanta puteada saliese de nuestra gola, las niñas decidieron irse de parranda. Graciadió.
Ahora sólo nos lloriquea la beba de al lado. Mi sobrina decía, cuando era pequeña: "los chicos son lindos hasta los 6 años. Después hay que mandarlos lejos y traérlos de vuelta a casa a los 21."
En los tiempos que corren, y en mi situación, los traería después de los 45 y los volvería a mandar lejos a los 80.
Y sí! Qué le vas a hacer? Yo soy así, y me llaman la Pipistrella. Soy Tita Merello en sus peores épocas. Soy la bruja Cachavacha, el Doctor Neurus y Juana de Arco, todo en un sólo cuerpo.
Pero vayamos a lo que nos compete. Los pedidos.
Quiero paciencia. Siempre la ando queriendo, pero evidentemente no se me cumple el pedido. Creo que está viniendo desde Alaska y con este tema de la limitación en las importaciones, ya debe estar cubierto el cupo.
Quiero un portaligas en la pierna derecha y en la izquierda una media can-can. Quiero bailar en el Moulin Rouge con Josephine Baker y las bailarinas de Degas.
Quiero un sapo en la barriga y no convidados de piedra.
Quiero una casa en el Mediterráneo para sentarme a mirar el atardecer en mi vejez. Y en mi próxima niñez, quiero Disneylandia y el Italpark.
Quiero ser el Ave Fénix y renacer de mis cenizas, antes que reencarnar en un tatú carreta.
Quiero un pasaje a la Isla de la Fantasía, y hacer un nido en el campanario.
Quiero quinientos pares de pies, para seguir caminando el mundo, y ganar la Maratón de Manhattan.
Quiero el Muro de los Lamentos, un sueño imposible, la Garganta del Diablo y un día contigo. Sin tí ya llevo años.
Quiero ser y no ser, reír y llorar, amar y odiar, o quiero todo lo contrario que vendría a ser lo mismo.
Quiero encontrarte y perderme, perderte y encontrarme, hasta que me canse de buscar y te encuentre por ahí perdido en mis ojos.
Quiero lo que siempre quiero y lo que no quiero también.
Y obviamente, quiero a George.




jueves, 4 de junio de 2015

Marchando se hace la gente.

Y hoy me fui a la marcha #NiUnaMenos. Fui sola. Mis acompañantes de toda la vida decidieron no sumarse. Las muy hijas de puta, cuando tienen que apoyarme en algo, no aparecen. Sólo están para joderme. ¡Sí, a ustedes les hablo! A mi otro yo y al yo de mi otro yo. Dos turras. Si hubiesen estado el día que conocí a los que me mandaron al psiquiatra, quizás hoy no estaría escribiendo este blog.
Ahí estaba, solita con mi alma, en el medio de una multitud con mayoría de mujeres, escuchando historias de violencia. Y me pregunté porqué por tantos años, me costó aceptar que yo también fui víctima de la violencia. De esa que no deja heridas visibles. De esa que no te animarías jamás a denunciar, porque es poco posible de demostrar. La psicológica. Si bien no es una cicatriz palpable, no es imposible de ver. Si sos un poco avispado, y mirás bien, te vas a dar cuenta dónde están.
Pero bueno, volvamos a la marcha.
Mucha gente. Y cuando digo mucha, es MUCHA. No apto para claustrofóbicos, o con fobias sociales. Después de haber superado mi pánico a los aviones, esto me parecía pan comido. Pero no. De golpe me ví arrastrada por una turba impaciente por acercarse a vaya saber dónde, porque era imposible acercarse a ningún lado. Para donde miraras había gente. Gente grande, gente mediana, gente adolescente (que descubrí también es gente), y miniaturas de gente llamados niños. En el espacio que cabe una persona, estaban paradas tres. Te preguntarás cómo. Yo también. Aunque te puedo decir que a una la tenía parada sobre mis pies.
Y de estar ahí sola, pasé a estar acompañada, o mejor dicho encolumnada, detrás de los ferroviarios, después de los del MTP,  del STP, de los barrenderos municipales, de la Izquierda Unida, de los Boyescauts de Mataderos, del centro de estudiantes del colegio Municipal de Trinidad y Tobago, del Movimiento Evita, y del movilero de Infama.
Luego de varios intentos fallidos de aferrarme a un camión de TV para no seguir siendo arrastrada por la multitud, decidí dejarme llevar por la corriente y ver si me acercaban hacia alguna calle adyacente con menor tránsito de seres humanos. Tras 45 minutos de incertidumbre, logré escaparme por la calle Ayacucho, donde tomé un taxi y huí, por 145 pesos, a mi casa. Salen caras las manifestaciones. Tomo nota para la próxima.
Y acá estamos, de nuevo reunidas en casa, yo, mi otro yo, y el yo de mi otro yo, deseando que al gato de al lado se le pase el celo, o que su dueño decida castrarlo de una vez por todas y deje de andar haciendo la chanchada en mi balcón.
Quiero NiUnaMenos, pero también los quiero en cana a los causantes de que tengamos que exigir ni una menos.
Quiero un mundo de rosas sin espinas y un árbol de veinte asientos.
Quiero un cartel que diga #LaFelicidadExiste, y una marcha del amor.
Quiero un repasador para el olvido y una olla a presión que no chille.
Quiero una planta de naranja lima, y un limonero repleto de paltas sin carozo.
Quiero un noticiero de buenas noticias y un libro que cuente las horas, los minutos y segundos.
Quiero una mano amorosa, un lápiz afilado y una hoja en blanco, para escribir nuevos capítulos de mi vida.
Quiero mi vida, vivida casi de la misma manera ,pero con algunos cambios. Quiero poder decir, si me vas a querer de ése modo, mejor andate. Quiero querer otras cosas sin que me traten de idiota. Quiero perder el miedo a caminar por la calle y encontrarte.
Y por último, quiero. Porque siempre quiero. Porque no conozco otra manera de vivir, que vivir queriendo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Neiborjud o Buenos Vecinos.

Ellas me están abandonando gracias a Dios. Sólo estamos quedando yo y mis otros yos.
De a poco la cosa se va normalizando. Ha vuelto Soysola para quejarse.
Mi casa sigue tomada por dos albañiles que levantan paredes y paredes, y parecen no terminar nunca.
Mientras no la dejen sin puertas, está todo bien. Por algún lado vamos a necesitar escaparnos. Nosotras, y alguna que otra visita. Bah, a la visita lo más probable es que la echemos. Seamos sinceras. A estas alturas de la vida, no nos vamos a mentir...y tampoco nos vamos a creer.
Mientras de fondo suena la televisión argentina del siglo veintiuno, y mis putos vecinos gritan los goles de River, empiezo a querer lo que creí que ya no quería.
Quiero mi casa!! Sí. Esa que odié. Esa que puteé miles de veces. Extraño a mis compañeros de edificio. Aquellos que hacen fiestas de noche, a la vecina que camina con zuecos de madera a las tres de la madrugada, a la vieja chota del cuarto que deja el ascensor abierto. Esa es mi gente. Añoranzas que le dicen. ¿O es la maldición de los vecinos conservacionistas de los adoquines de Belgrano?
¿Quién soy sin ellos? Soy sólo la nueva del inquilinato moderno, llamado departamento con "amenities".
¿Qué amenities la conchaesumadre?¡A mi nadie me ameniza acá!
Pensé que los famosos servicios, eran mínimamente serviciales. Pero no. Yo toco el timbre que me regalaron (ring for sex), insisto, pero nada...
Además, estos también son insoportables como los de Juramento. La diferencia está, en que a los de allá les tengo cariño, y a los de acá ni los conozco y ya los odio.
Empecemos por decir que por piso hay treinta y ocho departamentos de un ambiente. O sea, tengo treinta y ocho rompepelotas de quienes quejarme. En realidad setenta y seis. Porque están los de mi piso y los de arriba.
Moran aquí a saber: el famoso quema-tostadas te abro la puerta del pasillo para ventilar, la pendeja que pone música alternativa a todo volumen, el desgraciado que a las once de la noche en punto le pega una patada al gato y lo hace chillar y la parejita de enfrente que tiene un perro jadeador, por nombrar algunos vecinos y el infaltable niño tira-cosas. El portero, ése no podía fallar, que te aspira la alfombra (sí, alfombra, como escuchaste, acá el pasillo tiene alfombra. Conchetez de la era moderna) a las ocho de la madrugada. Los okupas de lavadoras y secarropas comunitarios, que te hacen bajar cuatrocientas noventa y cinco mil veces cargada de bolsas y el Skip, y no son capaces de anotar un:" che, la próxima en lavar es la del 504", así no te sentís una sherpa yendo y viniendo.
Y no quiero olvidarme ni sacarle mérito a los putísimos camiones de basura, que paran exactamente debajo de mi ventana.
Juramento que el tiempo ha borrado, que juntos un día nos viste pasar...desde que me fui, triste vivo yo, Juramento amigo yo también me voy...
Quiero mi casa de vuelta, con paredes o sin ellas. Quiero el cemento alisado y la buclera. Quiero mi plancha de bifes y el rallador de queso.
Quiero los resortes gastados de mi cama, a los elásticos nuevos de las medias chinas.
Quiero las galletitas Boca de Dama con el té del recreo, al timbre moderno de los celulares.
Quiero una mesa, un sofá, un inodoro conocido a uno por conocer.
Quiero el maíz, el pochoclo y la pochoclera, como quiero la chancha, las veinte y la máquina de hacer chorizos.
Quiero querer por querer nomás, y no querer por no querer nomenos.
Quiero la presidencia de un hotel alojamiento, a la portería de la Rosada.
Quiero un lago lleno de nenúfares, un árbol de cerezo, y un jardín de infantes.
Y por último aunque cada día lo quiero menos, como no encontré a nadie más a quién querer, quiero a George con dientes de plástico y todo.