martes, 27 de octubre de 2015

Un trago de naranja amarga.

Yo te tardo, ya sé. No soy una bloggera como los demás. Lo mío es el delay.
Es que como somos tantas en una sola, hasta que nos ponemos de acuerdo, nos toma un tiempo.
Ayer fuimos a votar. Cada una votó a un candidato diferente. Imaginate. Una a Stolbizer, la otra a Massa, la tercera a Macri, y la cuarta, te cortó boleta por Del Caño. Al compañero Scioli ni locas. Ni aunque hubiese sido la única lista. Cualquier cosa menos peronistas. Eso lo mamamos de chicas. Igual que no te pisamos Polonia, no te votamos un peronista ni en pedo.
Bueno...ni en pedo es un decir, porque salvo Margarita, los demás son ídem para los chanchos.
Y aquí estamos, agradecidas que no vamos a estar para el ballotage, porque ahí te queremos ver paisana!
Se nos acerca un viaje. El pre-50. Así como hay un sub-20, nosotras entramos en el pre-50.
Estamos en la recta final. Nos faltan 77 días. Te lo contamos como los chicos que esperan sus 18, pero con cero alegría. A los dieciocho tampoco teníamos alegría. Nosotras NUNCA fuimos alegres.
No conocemos esa palabra y menos ése sentimiento. Siempre fuimos amargas. Podés preguntarle a quién quieras.
A los 15 le andabamos diciendo a los chicos: "para hablar pelotudeces, preferimos quedarnos calladas". ¡Una pinturita éramos! Nuestras amigas, agradecidas. Jamás les sacamos un candidato.
Y es aquí donde encontramos el hilo conductor de esta entrada. Los candidatos. Son lo mismo los presidenciables que los que se nos acercaban en aquella y en todas las épocas. Inservibles.
Los servibles, obviamente, nunca fueron tomados en cuenta. Y así les fue...mucho mejor de lo que les podría haber ido con nosotras. Ellos son felices, nosotras no.
Y no lo decimos para que nos tengan lástima. Si hay algo que no merecemos es la lástima de nadie. Nos forjamos nuestro destino nosotras solas. Sin la ayuda de nadie. Bueno...un empujoncito de nuestros ex maridos y parejas, hubo. No vamos a quitarles mérito. Aparecen en los créditos de la película.
Pero como el país, nosotras tenemos lo que nos merecemos. O sea, un futuro de mierda. Y seguimos encontrando similitudes entre la jornada democrática de ayer y nuestra anarquía sentimental. Macri 1-Scioli 0, George Clooney 1- Elizabeth 0.
Era un dobles, como en el tenis. Hay uno que recibe todas las pelotas.Y no somos nosotras justamente.
Ahora andamos con la esperanza de que en nuestro próximo viaje, nos encontremos con Shorsh sin Almohadina. Si alguien sabe dónde vive en Ñuyork, que pase el dato. Yo y mis otros yo se lo agradeceremos con nuestro voto.
Próximamente, bitácora de viaje.





domingo, 18 de octubre de 2015

Marche un baño de agua y sal

Esperá que me recupero y te cuento.
Muy a pesar de Máximo Ravenna entramos en el vestido de fiesta.
Estamos en la etapa en que se te casan los hijos de tus amigos, los de tus primos y en algún momento, los de tu familia directa. Ya hemos hablado de estos menesteres en estos dos últimos años, pero no está demás repetirlo, a ver si de una vez por todas a vos te entra en la cabeza, que nos estamos poniendo grandes.
De ser, hace no muchos años, parte de la juventud que ocupaba el centro de la pista, pasaste
 sin darte cuenta, a ser la generación que baila en el borde. O sea, la famosa bordeadorea. Sos parte de "los viejos". "Los viejos", sea porque sos la madre (o padre) de alguno de los novios, tía, prima o porque pertenecés a ése minúsculo 1% de invitados que los contrayentes ceden generosamente a sus padres, para que inviten al enlace.
(Mientras escuchamos de fondo a Lanata, entrevistando a un grupo de imberbes hablando de política, no podemos dejar de notar, que deben tener la misma edad que la juventud que anoche se ponía en pedo, bailaba y saltaba frenéticamente al son de Agapornis, y pensar ¡dios mío, estos son los gobernantes del futuro!)
Volvamos a la noche de anoche, valga la redundancia.
¿Cómo darte cuenta que estás mayor?
1) Las únicas personas más grandes que vos, son tu madre y los abuelos de los novios.
2) Durante la ceremonia, no parás de moquear y acordarte del novio cuando era chiquito.
3) El barman de la barra te dice: si quiere le hago un trago con menos alcohol.
4) Tu comida es sin sal.
5) Intentás acercarte a bailar con los novios el famoso Hava Naguila, y salís eyectada cuál cañita voladora, al chocar con una pared de treintañeros.
6) Los únicos sobrios son tus compañeros de mesa, mayores como vos, y los de las mesas de al lado de los parlantes, o sea, los ancianos de verdad.
7) Tenés faja debajo del vestido y miras con nostalgia, u odio, a las hermosas mujeres de veintipico, que usan transparencias y andan sin medias.
8) Te pasás toda la noche quejándote de la altura del taco de tus zapatos, y bailás cortito, sin saltar mucho, porque los pies te están matando.
9) El volumen de la música te resulta insoportable.
10) No reconoces ninguna de las canciones remixadas, y puteas al dj que no pone música de los 80.
11) Preguntas ¿Esos son los Agapornis? Ahhh, mira vos!
12) Al momento de retirarte, tipo siete de la mañana, estás pensando cómo carajo vas a hacer para recuperarte esta semana.
13) Tras semejante desgaste físico, igual te despertás a la hora de costumbre, añorando esas épocas en las que dormías como una marmota, doce horas seguidas.
Podríamos seguir enumerando, pero para qué seguir torturándonos. Bastante tenemos con que se acerca nuestro cumpleaños número cincuenta, y todavía andamos con el pescado sin vender.
En fin... a pesar de los síntomas del avance del tiempo, te sentís plena por haber podido disfrutar de una fiesta hermosa, y estás deseando en tu interior, que el próximo casorio sea al mediodía.


martes, 6 de octubre de 2015

Quiero

Esto de no querer nada hace tanto tiempo, me recordó que si no pido no tengo. El no, ya está asegurado.
Quiero veinte años menos, para repetir durante veinte años más los mismo errores.
Quiero seiscientas sesenta y seis rosas rococó rosadas para armar una corona fúnebre en el cortejo de mi vida.
Quiero un tulipán abierto, y una abeja reina sentada en el centro.
Quiero un televisor de setenta y siete pulgadas, para ver la ceremonia del té de tilo en HD.
Quiero papar moscas como a los quince. A los cincuenta las moscas entran por la boca y ya no salen.
Quiero el peinado, las tetas y la voz de Dolly Parton. Por ahora sólo llegué a ser como Dolly, la oveja clonada.
Quiero un caballero andante, un perro andaluz y los molinos de viento. A Sancho ya lo tengo adentro.
Quiero la salud perdida. La encontrada no me gusta, y no aceptan devoluciones.
Quiero corto mano, corto fierro, para después poder amigarnos,  hacer las paces con palomas blancas, y que nos caguen en la cabeza. Es de buena suerte, dicen.
Quiero germinar un poroto, plantar tomates y cosechar tempestades.
Quiero sacarme un diez en el examen de ortografía, para escribir sin faltas, que me falta todo y me sobra un poco de amor.
Quiero todo tiempo pasado que fue mejor, al presente inhóspito y a un futuro incierto que no sabemos qué nos depara.
Quiero cien años de soledad, antes que uno más con el viejo choto.
Quiero no saber nada de nada, ni mucho de poco, ni todo de nadie. Prefiero seguir siendo una ignorante de las miserias ajenas.
Quiero un George, un De Niro, un Downey Jr, y a todo el Ocean Eleven. Incluido Elliot Gould, aunque preferiría a Elliot Ness. Pero no es judío.
Quiero ser un cuadro de Klimt, y no ser el cuadro inerte que yace en el fondo del barco hundido.
Quiero ser una barra espaciadora, a la tecla trabada de tu teclado obsoleto.
Quiero eaea pepe, un kilo y dos pancitos.


domingo, 27 de septiembre de 2015

La Papamanía

Hace cuatro días que no hacemos otra cosa que ver al Papa Francisco en su gira por Cuba y Estados Unidos.
Nosotras, judías apoteóticas porteñas, estamos pegadas a la tele, escuchando cómo Fran les mete el dedo en el upite a los yanquis, les corta el rostro a Cristina y a Inmaduro, y cómo un buen estadista, puede convertirse en una especie de rock star.
Y nos preguntamos qué haríamos nosotras si tuviésemos tanto poder.
Cual Encíclica Papal o Tablas de Moisés, a saber (II):
Primero: Llamaríamos a los líderes espirituales de todas las religiones, incluido el Pastor Giménez, y les pediríamos colaboración para terminar con las estupideces esas de que todos somos hermanos. Si somos hermanos, tenemos la misma religión. Ni judíos, ni católicos, ni budistas, ni musulmanes, ni nada. Ergo, todos ateos. A lo sumo, todos Elizabethistas.
Segundo: Cambiaríamos el uniforme papal. El blanco engorda.
Tercero: Seríamos menos políticamemte correctas, y mandaríamos a Putin, Merkel y Obama al mismo lugar que a D´Elía, Cristina y Maduro. Todo para que no piensen después, que por ser argentinas tenemos favoritismos.
Cuarto: Distribuiríamos la riqueza del Banco del Vaticano entre los pobres y algunos parientes. Nosotras más no necesitaríamos porque ya nos garpan por rezar y pensar. Algo que hacemos habitualmente. Rezar para adelgazar y pensar al pedo. ¿Qué más se puede pedir?
Quinto: Sacaríamos quinientos cuarenta peldaños de la cúpula del Vaticano, porque, aunque necesitemos hacer ejercicio, subir todos los días 551 escalones para tomar el mate viendo el atardecer, es un poco mucho.
Sexto: Como Francisco, nosotras también nos conformamos con un Fiat 600. Pero hacénos un banquito en la papisamóvil, que andamos con problemas de ciático.
Séptimo: Cambiaríamos el horario de misa a las 11 y media de la mañana. No nos jodan con eso de levantarnos al alba. Al alba no hay nada que hacer. Sólo dormir.
Octavo: El rojo de los zapatos, sería usado solamente en los Louboutin. En la suela.
Noveno: Si Dios le da pan a quien no tiene dientes, mandaríamos entonces, un contenedor lleno de dentaduras postizas, para que puedan comer más saludablemente. El pan, también engorda.
Décimo y último: Obligaríamos a Shorsh a dejar a Almohadín,  tomar los hábitos (los hábitos de venir a la noche a vernos), y vivir en la habitación de al lado, jurándonos lealtad y amor eterno.
Como puede notarse, ninguna de nuestras prioridades es hacer el bien. ¿Para qué? Mirá como terminaron los que quisieron hacer el bien a la humanidad...Martin Luther King, asesinado. Gandhi, asesinado. John Lennon, asesinado. Gianni Versace, asesinado.
Nosotras nos queremos vivas y haciendo el mal, que al fin y al cabo el infierno es eterno y más divertido, dicen...
En resumidas cuentas, el mundo debería dar gracias que nacimos judías, poco creyentes y con un currículum extensísimo de puteadas y malas costumbres.
Non habemus Papa.






jueves, 17 de septiembre de 2015

Tarde de perros

De vez en cuando, el mal humor y la mala onda, se apoderan de nosotras. Digamos que más de una vez...o dos...o miles de veces por año. En esta oportunidad, vinieron para quedarse, como suegra insoportable. Ya hace una semana que convivimos en plena guerra, yo, y mis otros yo.
No me las banco más, y ellas a mí, menos que menos. No sabemos muy bien qué es lo que nos estamos recriminando unas a otras, pero la pelea es constante y la ligan los de afuera...como corresponde.
Nosotras no te somos Martín Fierro. No te somos unidas porque no somos hermanas. Ellas son okupas. Nadie las invitó a vivir conmigo, y sé que mi vieja no las conoce, porque dice que no las parió, cuando las mando a que conversen con ella.
Así que acá estamos, en una lucha constante por ver quién gana. No sabemos muy bien si conviene ganar o no, porque el trofeo está bastante averiado.
A saber qué nos pone de un humor de perros en estos días:
1) que nos despierten a las 8.30 de la mañana con whatsapp, llamados, mensajes, mails, y tocadas de timbre
2) el corte de pelo
3) los rollos de la panza
4) que el bar de a la vuelta del taller esté cerrado cuando queremos tomar un café
5) la gente que escupe en la calle (eso ya nos viene molestando desde el año pasado en el Palacio de     Versailles)
6) la gente que se para de sopetón, en el medio de la calle, cuando vos venís embalada caminando
7) el automovilista que pone su auto en la senda peatonal, no dejándote cruzar.
8) que los caramelos de eucaliptus que compraste, sean un asco.
9) que TODO lo que falta en tu casa llegue en octubre
10) el quilombo de cajas que hay en la casa.
11) la falta de muebles en la casa
12) la casa
13) que se te rompan las piezas en el taller
14) la falta de creatividad
15) la falta de tiempo
16) Movistar
17) nosotras
Esto, es una pequeña síntesis de los que nos enferma últimamente.
Más de un transeúnte se ha visto perjudicado por nuestro estado de ánimo, al mascullo de: la concha de tu abuela pendejo, dejame pasar o mové el culo antes de que te lo patee.
O algún un conductor de auto, que al cruzar la bocacalle, y nos tira el auto encima, y se morfa un: ¿sos forro/a?¿no ves que hay senda peatonal pelotudo/a? ¡Te voy a meter por el orto raya por raya, a ver si así aprendés!
Hasta nosotras mismas que vamos discutiendo en voz alta, una con la otra, al son de I used to love her, but I had to kill her...Sos una tarada, yo te lo dije. Es la última vez. No me agarran más. ¿Por qué no se van todos a la puta que los parió? Sí, incluida vos estúpida (a uno de mis otros yo, o mi otro yo a mí). Etc.
Ayer sin ir más lejos, tuvimos terapia, y al entrar, le dijimos a nuestro psiquiatra: Si vas a decir algo inconveniente, pensalo dos veces. Evidentemente no nos tiene miedo, y nos cagó a puteadas.
Y así estamos. Entre la furia irracional y la menopausia.
Confiamos en que algún día todo pasará, y volveremos a ser las mismas de antes, aunque no sabemos si es un augurio o un desatino.





martes, 8 de septiembre de 2015

Dios le da Spa(n) a quién no tiene (preten)dientes

El cuerpo pedía a gritos dos días de vacaciones, así que ahí marchamos. A un spa.
Malla, zapatillas, libro, un jean y dos remeras.
Dispuesta a descansar, dejé a mis otros yo cuidando del departamento, y me fui por la Provincia de Buenos Aires, a relajarme.
Apenas llegada, me sentí  en otro país. Esto es vida, me dije, podría vivir acá eternamente. Sólo el sonido de los pajaritos, cuatro huéspedes más, y toda una inmensidad de verde y silencio para mí sola. Bueno, para las otras dos parejas también.
A la hora ya me quería ir. ¿Quién dijo que todo el mundo sabe disfrutar?
Hice tripa corazón, y decidí que fuera como fuese, iba a descansar. Me entregaron la llave de la habitación, y me tiré en la cama como una morsa. Perdón, morsa es Aníbal, así que cambiemos. Me metí como un marsupial. Ahí está mejor.
Tres horas de siesta. Como si no hubiese dormido en mi vida. Me levanté, me bañé, y bajé a cenar.
Dos mesas. Se ve que la otra pareja estaba haciendo lo que le correspondía hacer a una pareja que se va a un spa: descansar, pero de una manera más divertida que la mía. Y que la de la otra pareja, evidentemente.
Al día siguiente, me tocaba el tan esperado masaje descontracturante, una exfoliación corporal y el circuito de aguas, que no son las aguas danzantes de la fuente de Dubai. Hubiese preferido, pero no.
Me acuesto en la camilla, boca abajo, en bombacha (perdón por la imagen) y tapada con una toalla, cosa que te coloca en una situación de indefensión total. Estás entregada a quién sea, y a lo que sea.
Empieza la sesión, y siento un codo que se me clava entre la tercera y cuarta costilla. Noto que está muy contracturada, -me dice una voz femenina. Sí, le digo yo en un hilo de voz, intentando respirar, con el codo perforándome el pulmón derecho. No sé qué me duele más, si el cuello o lo que me estás haciendo, le digo. ¿Quiere que le haga un masaje relajante en vez de esto? No, contesto, yo pedí descontracturante, así que dale.
Una hora de tortura rusa. Me amasaron como si fuese una pella de barro para hacer un cacharro, y quedé muchísimo más dolorida que al principio. Tengo moretones por todo el cuerpo. Eso sí, mis fibras musculares, ahora son como chicle de blanditas que están.
Bueno, ahora, salgo un ratito, y usted póngase esta malla descartable,-me dice la masajista- que a mi regreso, empezamos con la exfoliación.
¿Genial? pensé. Y comenzó...Imagínense que son un pollo recién desplumado, al que untan con una capa de sal gruesa con algas, y dale que dale, te pasan de arriba para abajo ese mejunje que te raspa como si en vez de sacarte las células muertas, te fuesen a sacar directamente la piel. Sin olvidarte que antes de bajar, te afeitaste las piernas, por ende, la sal te quema como la remil putísima madre que lo parió, pero vos, ni mu. No vas a darle el gusto de decir, ¡arde la conchadetumadre! Bueno, eso es la exfoliación corporal. Nada agradable, pero el cuerpo te queda como culito de bebé. Hasta ahora íbamos, Spa 2- Elizabeth 0.
Y le toca el turno al circuito de aguas. La señorita te va mostrando los diferentes cubículos de sauna , duchas y piscinas, para finalmente decirte que tenés que terminar en las tumbonas.
Pan comido, me digo. Agua. ¿Cuánto mal te puede hacer? A lo sumo no tendré que bañarme esta noche.
Y comienzo, según las indicaciones de mi torturadora. Sauna I, Sauna II. Ahí te das cuenta, que los años de ceramista te sirven de mucho. El calor es totalmente soportable, porque peor la pasás cuando tenés que abrir el horno a 1280 grados.
Salís de ahí, y te toca una ducha. Agua fría y la puta madre que te parió! Traición! Eso no me lo avisaste! Y estás, media hora más, entrando y saliendo de una ducha helada a una caliente, y así sucesivamente, y por último entrás a una pileta de agua hirviendo, como un caldo de pollo (o sea, el pollo que eras más arriba) del que salen chorros tipo géiser , que te dan en la espalda, en las pantorrillas y te dejan más moretones de los que ya tenías.
¿Quién carajo puede disfrutar de un Spa? ¡Me quiero ir a Irak! Mándeme a la guerra del golfo, pero sáquenme de acá!
No, si evidentemente yo no fui hecha para pasarla bien.
Spa 3- Elizabeth 0


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Desagotando (versión corta)

Tras cuatro meses, la casa está en orden. Hemos vuelto y seremos millones. Ya que estamos, y somos varias, le damos una para cada bando. No nos vayan a tildar de partidistas.
Mudadas y semi acomodadas en Juramento, nos toca la ardua tarea de acostumbrarnos a los cambios.
Nuestro baño no está donde solía estar, por ejemplo. Ahora tenemos un lujoso dormitorio en suite con vestidor, en dónde antes había un pasillo que comunicaba con el lavadero, por lo tanto, estamos tratando de no mear en el parquet y no lavar la ropa en el inodoro. Sin mencionar, la pared que nos levantaron entre medio, cuál muro de Berlín, que al salir de la cama, medio boleadas por la mañana, nos llevamos puestas, con sendos chichones en la frente.
La primera noche en casa, acostumbradas a ser solas y pasearnos como dios nos trajo al mundo por la cocina, resultó convertirse en un espectáculo dantesco para los pobres vecinos del barrio. No habíamos notado que nuestro bellísimo nuevo lavadero, tenía unas bellísimas nuevas ventanas, de piso a techo, con vidrios transparentes que daban al edificio del costado. Y así nos vieron. Con las carnes colgando como los Jardines Colgantes de Babilonia. Un asco lo que se dice.
Pronta llamada a la arquitecta, y solucionado el asunto. Ploteo mediante, ahora sólo ven nuestras curvas, difusas, no solo por la opacidad del plotter, sino por la mismísima acepción de la palabra difusa/o: 1.adj. ancho, dilatado. 2.adj Excesivamente dilatado, superabundante en palabras.3.adj. Vago, impreciso.
A nosotras, nos quedó sólo la parte de "excesivamente dilatado y superabundante".
Nuestros amigos nos preguntan cuándo podrán venir a conocer el nuevo departamento...Nunca, gente. No sabemos si nunca, pero por los próximos dos años, no pensamos usar la cocina ni para hacer un café, cuestión que no nos ensucien tan bella decoración, y menos que nos toquen las paredes, que tan esmeradamente pintó Luis. Y guay al que se atreva a apoyarse en alguna, que le cortamos los dedos.
Y aquí estamos, en un departamento salido de la Architectural Digest , sin muebles aún, pero con el botinero repleto de zapatos. Drogadas por el olor a pintura, pero felices. Agotadas física y mentalmente, que ni fuerzas tenemos para preguntar por Shorsh.
Solas, nativas o por opción, escuchando a nuestro nuevo inodoro gotear, pero en casa.


lunes, 24 de agosto de 2015

Hecha percha

Domingo no es nuestro mejor día, pero nos levantamos temprano igual.
El humor es más variable que la humedad, y tras despertarnos puteando, a los diez minutos, ya estábamos mucho peor. 
Así y todo, teníamos mil cosas que hacer previa mudanza de bártulos a nuestra bienamada Avenida Juramento. Es como Avenida Brasil, el culebrón, pero en castellano. Hay mucho personaje metido en el medio, y se ve que eso nos impide a Shorsh a y mí, estar juntos.
Pero volvamos a los que nos compete. Ya sabemos que a ustedes no les compete, pero no nos importa mucho. Somos así cuando estamos de mal humor. Jodidas, pero buena gente.
Salimos de urgencia a comprar perchas para colgar la ropa que tenemos envalijada hace cuatro meses. Si no se desintegraron las cosas, ahí deben estar.
Llegamos a Easy, el hipermercado del paseador. Mucho paseador suelto, cosa que nos enerva más que escuchar a Arjona cantar "Apnea". Bueno...tampoco tenemos que exagerar tanto. Nada se compara a lo que le produce Arjona al inconsciente colectivo. Justamente a nosotras...que somos varias...tenemos mucho colectivo.
Retomemos, que nos vamos por las ramas. 
Los paseadores compulsivos domingueros. Deberían tener la entrada prohibida a los shoppings e hipermercados. Son molestos. No tienen nada que hacer, entonces te van a joder a vos, que estás comprando perchas para estrenar tu vestidor. Pero no, no hay ley que les prohiba pararse en el medio del pasillo, papando moscas, mientras nosotras hacemos malabares con el carrito del orto, un mamotreto pesado y con ruedas que no ruedan. Permiso, permiso por favor, vamos diciendo, mientras intentamos contenernos de pasarles por arriba con el carro o bien usarles la raya del tujes como estacionamiento del changuito. Y siguen ahí parados, mirando a la nada, como si la vida se les fuera en ello. Miran insistentemente al estante más alto, como si llegaran a ver algo. ¡Necesitás un largavistas hermano, para ver los numeritos a cinco metros de altura!¡Mové el orto de ahí! tenemos ganas de decirle, aún no habiendo perdido la compostura, pero nos mordemos la lengua. El odio contenido ante todo.
Pero son muchos culos para un solo chango. Entonces empezamos a empujar. Perrrmiso. Perrrrrrrrrmisooo por favorrrrrr, mascullamos entre dientes, con la vena del cuello a punto de explotarnos. Y ahí arremetemos, esquivando boludos, y cada tanto llevándonos alguno puesto.
Cuando logramos salir del laberinto de paseadores, llegamos a la caja, notando que en medio del fastidio, nos olvidamos de meter en el carro, más de una de las cosas que habíamos ido a comprar.
Má sí...que se nos caiga la ropa del placard, pero si volvemos a entrar, vamos a voltear gente como si fuesen palos de bowling. ¡Chuza! diría un taxista amigo...
Llegamos cargadas cuál camello en el desierto, para enterarnos que la persona que nos iba a ayudar a ordenar, nos cagó. No viene. O sea, nos meteremos las vergas (sinónimo de percha según Worldreference) en el orto.
Nota mental. Para la próxima, pedirle a Shorsh que me mande vergas desde Yanquilandia, o que me compre una casa con la ropa ya colgada.



martes, 18 de agosto de 2015

Hoy pintó el negro...

Cuando en el año, vas más a cementerios que a casamientos, empezá a preocuparte.
Si antes nos daba un poco de miedo el campo santo, hoy, hasta nos parece un lindo lugar. Vamos paseando entre las tumbas como Pancho por su casa, y miramos con cariño un lugarcito libre que queda debajo de un abedul, no vaya a ser que después de muertas, el sol nos arruine la piel.
Sabemos quién está enterrado al lado de quién. Vamos visitando conocidos, poniéndole flores y de paso, por las dudas, los saludamos, no sea cosa que el día de mañana nos hagan el vacío por no ser educadas.
De repente nos damos cuenta, que conocemos más difuntos que vivos, y entendemos el porqué de nuestra soltería. La ecuación es sencilla: nosotras cumplimos años + ellos también = más vale que nos apuremos.
Tenemos un amigo que dice que la diferencia de edad ideal entre un hombre y una mujer, es la mitad de los años del señor más siete. Entonces, según él, nosotras deberíamos estar buscando un novio de 84 ...O sea, estamos yendo al lugar correcto...La Tablada... Pero nos es difícil encontrar algo potable ahí...
Éste es el mismo amigo, que hace algunos años, quería presentarnos un paciente en coma, solamente porque todavía se le paraba a pesar de su estado. Para amigos así, quién necesita enemigos ¿no?
Igual le queremos, que al fin y al cabo, tiene buenas intenciones. No nos quiere ver solas.
Van pasando los años, se nos acerca la mitad de siglo, y justo encontramos una frase en las redes sociales, que nos identifica. "Dentro de toda persona mayor, hay una persona joven preguntándose qué carajo pasó". Y sí. Nos pasa seguido. Mirarnos en el espejo, y no reconocer nuestro reflejo. O peor. Mirar a nuestros pares, y pensar: está hecha/o mierda...¿le pasó un camión por encima? ¿Nos vemos así también?. Y llegamos a la conclusión que sí, que nos vemos igual o peor, pero antes muertas que aceptarlo! Y ahí es donde concatenamos con la parte del cementerio...y nuestros candidatos.
Pensandolo bien, todavía tenemos esperanzas con Shorsh...algún día vamos a estar en el mismo lugar.
Hablando del rey de Roma, el otro día lo vimos en una película, que dicho sea de paso, nos dejó bastante deprimidas. Estuvimos noventa minutos buscándole algún defecto, y no...nada che...
Según una amiga, no tiene labio superior, pero lo tiene. Más finito, pero está. Ojos, dos. Manos, dos. Pies, cuidados y sin hongos. Cabello, todo. Físico, entero...Elegancia, como Jean Cartier...Pero notamos una sola cosa...nunca, jamás, en ninguna película, vimos una escena romántica sensual, o sexual en la que el señor esté cuidadamente en bolas, o semi en bolas. Y ahí entendimos todo. ¿La tendrá corta? ¡Ma sí! ¡Por las dudas que se lo quede Almohadín!
Asunto liquidado. No más Shorshes, hasta que nos demuestre que estamos equivocadas.
Nota mental: para el año que viene, hacernos una escapada al Lago di Como, tocar la puerta en casa de G.C y pedirle si nos puede dar una canasta de huevos. A ver qué responde...

miércoles, 12 de agosto de 2015

Donde se come no se caga

Y llegó el día de mudarnos. Finalmente nos fuimos del hotel de lujo con vecinos chotos, para mudarnos al taller, en un edificio choto, con vecinos más chotos aún. Para la Tierra Prometida, o sea Juramento, todavía nos quedan unos días.
La mudanza fue en tandas, gracias a las sobrinas y novios, que con toda gentileza, ayudaron a la vieja chota (ya que estábamos hablando de chotez, para qué cambiar,¿no?) a trasladarse.
Tres valijas, cuatro bolsos, un changuito y miles de bolsitas cuál cartoneras vip. Nos faltaba el bombín y éramos Charles Chaplin en The Kid, propiamente....Seamos honestas, más bien, la Bruja del 71.
La cuestión es que pasamos a vivir en nuestro lugar de trabajo, cosa que para algunos puede ser maravilloso, pero para nosotras no. Si hasta hace unos días éramos un poco ermitañas, ahora somos como el Hombre de la Máscara de Hierro. Vivimos enclaustradas entre el horno cerámico, el compresor, la laminadora y la extrusora. Podríamos construirnos nuestra propia torre de Babel con los más de cien kilos de arcilla acopiada, y nadie, nadie nos echaría de menos. Vendríamos a ser un hornero, para ser más gráficas. Pero sin alas.
A pesar de lo que parece, estamos bastante cómodas. Dormimos en la sala de hornos, comemos en la mesa de trabajo, tratando de no intoxicarnos con los esmaltes, y nos duchamos, entre otras cosas, en nuestro nuevo baño blanco. Y es ahí donde está todo el problema. Por la ventilación oímos a todos los vecinos. Y los olemos también.
El consorcio habitacional se divide en doce departamentos, doce vecinos y quince perros. Mucho olor a meo. Mucho pelo por los pasillos.
No. Nosotras no tenemos animales de ningún tipo o factor. No sabemos cuidar ni una planta, ¡mirá si te vamos a cuidar un canino o un humano!
Y de repente, con tanto aroma a efluvios perrunos, nos vino como una oleada de nostalgia francesa. Oh Vallauris, Vallauris! Es como si estuviésemos ahí mismo, pero en el centro neurálgico del Barrio Chino.
Nos falta poco para volver a casa, nos repetimos diariamente. Eso nos salva de la locura...creíamos....hasta que escuchamos una cumbia chamamecera evangelista. ¡Tenemos al Pastor Giménez de vecino! Me cache en dié! ¡Médico psiquiatra a la izquierda, por favor!
Cada vez estamos más convencidas que deberíamos vivir en una isla desierta, o con Gilligan que es lo mismo que el desierto.
Y así estamos, sin televisor, sin pila, sin piedra y sin cable, como un Magiclick de 104 años, llenas de gas. A punto de reventar, rezando con el vecino, para llegar vivas a la siguiente mudanza.

Quiero un camión con acoplado, para trasladar dentro de mil valijas, las penas del alma.
Quiero cuarenta cajas de embalar, que contengan cuarenta kilos de ilusiones cada una, para saldar la deuda de amor.
Quiero un arco de salto en garrocha, para pasar de un solo envión del cielo al infierno.
Quiero el poder de síntesis que me fue negado mil veces de nacimiento.
Quiero una bachata rosa, un unicornio azul, pero no quiero la ola verde. Odio a Flavia Palmiero.
Quiero sacudirme el estrés, y bañarme con margaritas en el pelo.
Quiero no ser el sol que ilumina tus días, porque después me reprocharías los eclipses.
Quiero subir al Uritorco, bajarlo en ovni, y escuchar cómo hablan los duendes que lo habitan.
Quiero ser la marca de tu espalda, el abanico de tu techo, y la cálida sombra que te persigue en el otoño.
Y por último pero no menos, quiero mi casa, mi cama, mi mesa, mis sábanas blancas y a Shorsh en ellas. O a cualquiera a estas alturas.