domingo, 15 de noviembre de 2015

Ñu Yor Ñuuu Yor

Jueves 12 de noviembre y diluvia en Buenos Aires. Arriba y abajo.
Nosotras tenemos un avión que tomar. Y si hay algo a lo que le tememos más que a volar, es a volar con tormenta. Rivotril 1.
Pasa Daniel a buscarnos. Como siempre.
Rivotril 2.
Una hora y media en la General Paz, que de paz no tiene nada, para llegar al reputísimo Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Rivotril sublingual 1.
Llueve también en Ezeiza, porque Ezeiza está en Buenos Aires y en Buenos Aires llueve en todos lados. Arriba, abajo, al centro y adentro.
Check in rápido. Primer whatsapp al psiquiatra. ¿Pablo, cuántos miligramos puedo tomar? Silencio en el celular. Va Rivotril sublingual 2, porque nosotras no te tenemos paciencia para esperar a que el psiquiatra termine de atender a otro loco.
Pre-embarco lleno de sospechosos. Porque con casi 2 miligramos de Rivotril y 0,50 de quetiapina todo el mundo parece sospechoso.
Segundo whatsapp al psiquiatra. Pablo, sigue lloviendo mucho.
Cuarenta minutos después cuando ya había parado, responde Pablo: subí, subí que no pasa nada. Te lo juro.
Yo: bueno, intentaré creerte. Rivotril sublingual 3.
Llegan Roxi, Humber y Jero. Jerónimo alucinado porque es la primera vez en su vida que ve a alguien tan drogado.
Subimos al avión. Pasamos por donde se sientan los ricos, y aunque ponemos cara de "tengo pánico y en cualquier momento te armo una escena de terror" no logramos que la azafata con cara de orto se apiade y nos dé un asiento en bussiness. Así que marchamos a nuestro mísero lugar de turista.
Va rezo del viajero, beso a la foto de papá, pedirle que nos cuide, y el último Rivotril de la noche.
Despegamos, o eso creo...bah, evidentemente en algún momento despegamos ,aunque yo no me acuerde. 
Nos despertamos al grito de ¿chicken or pasta? Que vendría a ser lo mismo que el famoso pasta o poio, pero en yanqui.
Pasta decimos. Comemos dos fideos inmundos, y agarramos el Bonobon que venía de postre. Ahí quedó. En nuestra mano, Sólo recordamos haberlo tomado entre los dedos, para evitar que la azafata nos lo sacara mientras dormíamos. Así que dormimos con un bombón en la mano, imágen patética si las hay. Y sí, las hay. Hay evidencias. Humberto tiene la foto.
Aterrizamos en New York. Otra hora de viaje en taxi los cuatro, pero esta vez sin putedas.
Día uno,  aquí estamos, en la Gran Manzana. Hotel en zona pipí cucú, con la única contra de que está demasiado cerca de Saks Fifth Avenue, una de las tiendas más caras. 
Ya te entramos en todos los negocios de la Quinta Avenida, y reforzamos la idea que sí o sí, es Shorsh el hombre que necesitamos. O cualquiera que tenga la misma cantidad de millones que Shorsh. Ahora ya no nos importa cómo se llame. Puede también llamarse Robert, Bradley, Brad, o Angelina. Lo que queremos es alguien que nos garpe un anillito de Tiffany´s. El amor va y viene, los brillantes son para siempre.
Día dos. Ya estamos re cancheras, y nos sentimos como en casa. Vamos y venimos caminando como si hubiésemos vivido acá toda la vida. Cabe aclarar que hay algo que nos facilita la existencia. Todo el mundo habla castellano, y el que no, habla un inglés peor que el nuestro. Acá no hay yanquis, acá somos todos extranjeros. El granero del mundo! Ah! No! Eso se supone que es Argentina.
En casa no te caminamos ni para ir a la verdulería de al lado. Acá, pateamos desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche. Si así no adelgazamos, y nos baja la glucosa, entonces mátenos con cupcakes.
En lo que va de la estadía, ya te comimos coliflor aunque lo detestamos, usamos el subte, nos cruzamos con homeless locos que gritan y putean,  escuchamos sirenas de bomberos cada dos minutos y medio y conocimos un amigo del Facebook que de casualidad encontramos en la calle. Como en las telenovelas ¿vió?
Mañana será otro día... otro día de seguir mirando tujes turgentes de hombres hermosos. Y como acá la gente anda como se le canta el culo, mañana salimos con un cartel colgando que diga: buscamos novio, millonario, en lo posible judío, y si no lo es, nos da lo mismo, mientras venga con el Tiffany´s debajo del brazo.




sábado, 7 de noviembre de 2015

Brodguei allá vamos

Jelou, jau ar iu? Empezamos a practicar nuestro inglés. Se viene una nueva aventura esta vez no en solitario.
Andamos llegando a la edad madura, y nos vamos de viaje de egresados. Estamos egresando de los 40. Se nos terminan. Todo lo bueno acaba pronto, dicen. No justamente para nosotras, que fue una etapa absolutamente olvidable. Nos dejaron, dejamos, nos dejaron, dejamos y así sucesivamente. Después nos convertimos en Soysola mucho gusto. Para qué andar desilusionando humanos, ¿no?
La gente te dice que los 40 son lo mejor, pero es mentira. ¡Tenés 40! ¡No tenés más 30! O sea, jamás puede ser lo mismo, y mucho menos puede ser mejor.
Pero ¿para qué hablar de los 40 si estamos a punto de entrar en los 50? La década dorada. ¿Dorada para quién? Para el Oscar nomás, que tiene mil años y sigue igual que cuando lo crearon.
Nosotras no estamos igual que cuando nos crearon. Tenemos cincuenta años más, la putamadrequeteremilparió. No es chiste. Son muchos.
Si antes nos costaba conseguir novio, imaginate ahora. Argentina elige, Soysola no tiene opción.
Hace unos años, mal que mal te la rebuscabas. Boliche, pub, playa. Ahora el recorrido de levante es geriátrico, plaza, cementerio.  Y te digo que así y todo está difícil. El que no está casado es gay, y el hetero que te queda, acaba de enviudar o tiene una colostomía.
Por eso ahora hemos decido ampliar horizontes. Vamos en busca de un "senior" yanqui. A lo mejor tenemos suerte. Esos están mejor cuidados. Nosotras no. En las puertas del medio siglo, el culo está más ancho, las tetas por el piso, y el botox está caro. Aunque bastante estóicas resistimos al paso del tiempo. Todavía tenemos todos los dientes.
También estamos abiertas a la posibilidad de que se nos cruce Shorsh en este viaje. Por si está leyéndonos, le avisamos: vamos a estar en Ñuyor y lo esperamos el domingo 15 a las 21 hs en el último piso del Empire States. ¡Ah, no! Esos eran Cary Grant y Débora Kerr y King Kong y Jessica Lange. Bueno, entonces en el subsuelo de Mc Donald´s de Broadway y la 50, cerca del baño porque estamos incontinentes.
E inevitablemente retornamos al número 50. Las bolas de oro. Perdón, bodas, bo-das.
Y bueno...es lo que hay...NADA. Es mejor la nada misma, que la misma nada.
Munidas de Rivotril, Alplax y Quetiazic les decimos: Hasta la vista baby!

martes, 27 de octubre de 2015

Un trago de naranja amarga.

Yo te tardo, ya sé. No soy una bloggera como los demás. Lo mío es el delay.
Es que como somos tantas en una sola, hasta que nos ponemos de acuerdo, nos toma un tiempo.
Ayer fuimos a votar. Cada una votó a un candidato diferente. Imaginate. Una a Stolbizer, la otra a Massa, la tercera a Macri, y la cuarta, te cortó boleta por Del Caño. Al compañero Scioli ni locas. Ni aunque hubiese sido la única lista. Cualquier cosa menos peronistas. Eso lo mamamos de chicas. Igual que no te pisamos Polonia, no te votamos un peronista ni en pedo.
Bueno...ni en pedo es un decir, porque salvo Margarita, los demás son ídem para los chanchos.
Y aquí estamos, agradecidas que no vamos a estar para el ballotage, porque ahí te queremos ver paisana!
Se nos acerca un viaje. El pre-50. Así como hay un sub-20, nosotras entramos en el pre-50.
Estamos en la recta final. Nos faltan 77 días. Te lo contamos como los chicos que esperan sus 18, pero con cero alegría. A los dieciocho tampoco teníamos alegría. Nosotras NUNCA fuimos alegres.
No conocemos esa palabra y menos ése sentimiento. Siempre fuimos amargas. Podés preguntarle a quién quieras.
A los 15 le andabamos diciendo a los chicos: "para hablar pelotudeces, preferimos quedarnos calladas". ¡Una pinturita éramos! Nuestras amigas, agradecidas. Jamás les sacamos un candidato.
Y es aquí donde encontramos el hilo conductor de esta entrada. Los candidatos. Son lo mismo los presidenciables que los que se nos acercaban en aquella y en todas las épocas. Inservibles.
Los servibles, obviamente, nunca fueron tomados en cuenta. Y así les fue...mucho mejor de lo que les podría haber ido con nosotras. Ellos son felices, nosotras no.
Y no lo decimos para que nos tengan lástima. Si hay algo que no merecemos es la lástima de nadie. Nos forjamos nuestro destino nosotras solas. Sin la ayuda de nadie. Bueno...un empujoncito de nuestros ex maridos y parejas, hubo. No vamos a quitarles mérito. Aparecen en los créditos de la película.
Pero como el país, nosotras tenemos lo que nos merecemos. O sea, un futuro de mierda. Y seguimos encontrando similitudes entre la jornada democrática de ayer y nuestra anarquía sentimental. Macri 1-Scioli 0, George Clooney 1- Elizabeth 0.
Era un dobles, como en el tenis. Hay uno que recibe todas las pelotas.Y no somos nosotras justamente.
Ahora andamos con la esperanza de que en nuestro próximo viaje, nos encontremos con Shorsh sin Almohadina. Si alguien sabe dónde vive en Ñuyork, que pase el dato. Yo y mis otros yo se lo agradeceremos con nuestro voto.
Próximamente, bitácora de viaje.





domingo, 18 de octubre de 2015

Marche un baño de agua y sal

Esperá que me recupero y te cuento.
Muy a pesar de Máximo Ravenna entramos en el vestido de fiesta.
Estamos en la etapa en que se te casan los hijos de tus amigos, los de tus primos y en algún momento, los de tu familia directa. Ya hemos hablado de estos menesteres en estos dos últimos años, pero no está demás repetirlo, a ver si de una vez por todas a vos te entra en la cabeza, que nos estamos poniendo grandes.
De ser, hace no muchos años, parte de la juventud que ocupaba el centro de la pista, pasaste
 sin darte cuenta, a ser la generación que baila en el borde. O sea, la famosa bordeadorea. Sos parte de "los viejos". "Los viejos", sea porque sos la madre (o padre) de alguno de los novios, tía, prima o porque pertenecés a ése minúsculo 1% de invitados que los contrayentes ceden generosamente a sus padres, para que inviten al enlace.
(Mientras escuchamos de fondo a Lanata, entrevistando a un grupo de imberbes hablando de política, no podemos dejar de notar, que deben tener la misma edad que la juventud que anoche se ponía en pedo, bailaba y saltaba frenéticamente al son de Agapornis, y pensar ¡dios mío, estos son los gobernantes del futuro!)
Volvamos a la noche de anoche, valga la redundancia.
¿Cómo darte cuenta que estás mayor?
1) Las únicas personas más grandes que vos, son tu madre y los abuelos de los novios.
2) Durante la ceremonia, no parás de moquear y acordarte del novio cuando era chiquito.
3) El barman de la barra te dice: si quiere le hago un trago con menos alcohol.
4) Tu comida es sin sal.
5) Intentás acercarte a bailar con los novios el famoso Hava Naguila, y salís eyectada cuál cañita voladora, al chocar con una pared de treintañeros.
6) Los únicos sobrios son tus compañeros de mesa, mayores como vos, y los de las mesas de al lado de los parlantes, o sea, los ancianos de verdad.
7) Tenés faja debajo del vestido y miras con nostalgia, u odio, a las hermosas mujeres de veintipico, que usan transparencias y andan sin medias.
8) Te pasás toda la noche quejándote de la altura del taco de tus zapatos, y bailás cortito, sin saltar mucho, porque los pies te están matando.
9) El volumen de la música te resulta insoportable.
10) No reconoces ninguna de las canciones remixadas, y puteas al dj que no pone música de los 80.
11) Preguntas ¿Esos son los Agapornis? Ahhh, mira vos!
12) Al momento de retirarte, tipo siete de la mañana, estás pensando cómo carajo vas a hacer para recuperarte esta semana.
13) Tras semejante desgaste físico, igual te despertás a la hora de costumbre, añorando esas épocas en las que dormías como una marmota, doce horas seguidas.
Podríamos seguir enumerando, pero para qué seguir torturándonos. Bastante tenemos con que se acerca nuestro cumpleaños número cincuenta, y todavía andamos con el pescado sin vender.
En fin... a pesar de los síntomas del avance del tiempo, te sentís plena por haber podido disfrutar de una fiesta hermosa, y estás deseando en tu interior, que el próximo casorio sea al mediodía.


martes, 6 de octubre de 2015

Quiero

Esto de no querer nada hace tanto tiempo, me recordó que si no pido no tengo. El no, ya está asegurado.
Quiero veinte años menos, para repetir durante veinte años más los mismo errores.
Quiero seiscientas sesenta y seis rosas rococó rosadas para armar una corona fúnebre en el cortejo de mi vida.
Quiero un tulipán abierto, y una abeja reina sentada en el centro.
Quiero un televisor de setenta y siete pulgadas, para ver la ceremonia del té de tilo en HD.
Quiero papar moscas como a los quince. A los cincuenta las moscas entran por la boca y ya no salen.
Quiero el peinado, las tetas y la voz de Dolly Parton. Por ahora sólo llegué a ser como Dolly, la oveja clonada.
Quiero un caballero andante, un perro andaluz y los molinos de viento. A Sancho ya lo tengo adentro.
Quiero la salud perdida. La encontrada no me gusta, y no aceptan devoluciones.
Quiero corto mano, corto fierro, para después poder amigarnos,  hacer las paces con palomas blancas, y que nos caguen en la cabeza. Es de buena suerte, dicen.
Quiero germinar un poroto, plantar tomates y cosechar tempestades.
Quiero sacarme un diez en el examen de ortografía, para escribir sin faltas, que me falta todo y me sobra un poco de amor.
Quiero todo tiempo pasado que fue mejor, al presente inhóspito y a un futuro incierto que no sabemos qué nos depara.
Quiero cien años de soledad, antes que uno más con el viejo choto.
Quiero no saber nada de nada, ni mucho de poco, ni todo de nadie. Prefiero seguir siendo una ignorante de las miserias ajenas.
Quiero un George, un De Niro, un Downey Jr, y a todo el Ocean Eleven. Incluido Elliot Gould, aunque preferiría a Elliot Ness. Pero no es judío.
Quiero ser un cuadro de Klimt, y no ser el cuadro inerte que yace en el fondo del barco hundido.
Quiero ser una barra espaciadora, a la tecla trabada de tu teclado obsoleto.
Quiero eaea pepe, un kilo y dos pancitos.


domingo, 27 de septiembre de 2015

La Papamanía

Hace cuatro días que no hacemos otra cosa que ver al Papa Francisco en su gira por Cuba y Estados Unidos.
Nosotras, judías apoteóticas porteñas, estamos pegadas a la tele, escuchando cómo Fran les mete el dedo en el upite a los yanquis, les corta el rostro a Cristina y a Inmaduro, y cómo un buen estadista, puede convertirse en una especie de rock star.
Y nos preguntamos qué haríamos nosotras si tuviésemos tanto poder.
Cual Encíclica Papal o Tablas de Moisés, a saber (II):
Primero: Llamaríamos a los líderes espirituales de todas las religiones, incluido el Pastor Giménez, y les pediríamos colaboración para terminar con las estupideces esas de que todos somos hermanos. Si somos hermanos, tenemos la misma religión. Ni judíos, ni católicos, ni budistas, ni musulmanes, ni nada. Ergo, todos ateos. A lo sumo, todos Elizabethistas.
Segundo: Cambiaríamos el uniforme papal. El blanco engorda.
Tercero: Seríamos menos políticamemte correctas, y mandaríamos a Putin, Merkel y Obama al mismo lugar que a D´Elía, Cristina y Maduro. Todo para que no piensen después, que por ser argentinas tenemos favoritismos.
Cuarto: Distribuiríamos la riqueza del Banco del Vaticano entre los pobres y algunos parientes. Nosotras más no necesitaríamos porque ya nos garpan por rezar y pensar. Algo que hacemos habitualmente. Rezar para adelgazar y pensar al pedo. ¿Qué más se puede pedir?
Quinto: Sacaríamos quinientos cuarenta peldaños de la cúpula del Vaticano, porque, aunque necesitemos hacer ejercicio, subir todos los días 551 escalones para tomar el mate viendo el atardecer, es un poco mucho.
Sexto: Como Francisco, nosotras también nos conformamos con un Fiat 600. Pero hacénos un banquito en la papisamóvil, que andamos con problemas de ciático.
Séptimo: Cambiaríamos el horario de misa a las 11 y media de la mañana. No nos jodan con eso de levantarnos al alba. Al alba no hay nada que hacer. Sólo dormir.
Octavo: El rojo de los zapatos, sería usado solamente en los Louboutin. En la suela.
Noveno: Si Dios le da pan a quien no tiene dientes, mandaríamos entonces, un contenedor lleno de dentaduras postizas, para que puedan comer más saludablemente. El pan, también engorda.
Décimo y último: Obligaríamos a Shorsh a dejar a Almohadín,  tomar los hábitos (los hábitos de venir a la noche a vernos), y vivir en la habitación de al lado, jurándonos lealtad y amor eterno.
Como puede notarse, ninguna de nuestras prioridades es hacer el bien. ¿Para qué? Mirá como terminaron los que quisieron hacer el bien a la humanidad...Martin Luther King, asesinado. Gandhi, asesinado. John Lennon, asesinado. Gianni Versace, asesinado.
Nosotras nos queremos vivas y haciendo el mal, que al fin y al cabo el infierno es eterno y más divertido, dicen...
En resumidas cuentas, el mundo debería dar gracias que nacimos judías, poco creyentes y con un currículum extensísimo de puteadas y malas costumbres.
Non habemus Papa.






jueves, 17 de septiembre de 2015

Tarde de perros

De vez en cuando, el mal humor y la mala onda, se apoderan de nosotras. Digamos que más de una vez...o dos...o miles de veces por año. En esta oportunidad, vinieron para quedarse, como suegra insoportable. Ya hace una semana que convivimos en plena guerra, yo, y mis otros yo.
No me las banco más, y ellas a mí, menos que menos. No sabemos muy bien qué es lo que nos estamos recriminando unas a otras, pero la pelea es constante y la ligan los de afuera...como corresponde.
Nosotras no te somos Martín Fierro. No te somos unidas porque no somos hermanas. Ellas son okupas. Nadie las invitó a vivir conmigo, y sé que mi vieja no las conoce, porque dice que no las parió, cuando las mando a que conversen con ella.
Así que acá estamos, en una lucha constante por ver quién gana. No sabemos muy bien si conviene ganar o no, porque el trofeo está bastante averiado.
A saber qué nos pone de un humor de perros en estos días:
1) que nos despierten a las 8.30 de la mañana con whatsapp, llamados, mensajes, mails, y tocadas de timbre
2) el corte de pelo
3) los rollos de la panza
4) que el bar de a la vuelta del taller esté cerrado cuando queremos tomar un café
5) la gente que escupe en la calle (eso ya nos viene molestando desde el año pasado en el Palacio de     Versailles)
6) la gente que se para de sopetón, en el medio de la calle, cuando vos venís embalada caminando
7) el automovilista que pone su auto en la senda peatonal, no dejándote cruzar.
8) que los caramelos de eucaliptus que compraste, sean un asco.
9) que TODO lo que falta en tu casa llegue en octubre
10) el quilombo de cajas que hay en la casa.
11) la falta de muebles en la casa
12) la casa
13) que se te rompan las piezas en el taller
14) la falta de creatividad
15) la falta de tiempo
16) Movistar
17) nosotras
Esto, es una pequeña síntesis de los que nos enferma últimamente.
Más de un transeúnte se ha visto perjudicado por nuestro estado de ánimo, al mascullo de: la concha de tu abuela pendejo, dejame pasar o mové el culo antes de que te lo patee.
O algún un conductor de auto, que al cruzar la bocacalle, y nos tira el auto encima, y se morfa un: ¿sos forro/a?¿no ves que hay senda peatonal pelotudo/a? ¡Te voy a meter por el orto raya por raya, a ver si así aprendés!
Hasta nosotras mismas que vamos discutiendo en voz alta, una con la otra, al son de I used to love her, but I had to kill her...Sos una tarada, yo te lo dije. Es la última vez. No me agarran más. ¿Por qué no se van todos a la puta que los parió? Sí, incluida vos estúpida (a uno de mis otros yo, o mi otro yo a mí). Etc.
Ayer sin ir más lejos, tuvimos terapia, y al entrar, le dijimos a nuestro psiquiatra: Si vas a decir algo inconveniente, pensalo dos veces. Evidentemente no nos tiene miedo, y nos cagó a puteadas.
Y así estamos. Entre la furia irracional y la menopausia.
Confiamos en que algún día todo pasará, y volveremos a ser las mismas de antes, aunque no sabemos si es un augurio o un desatino.





martes, 8 de septiembre de 2015

Dios le da Spa(n) a quién no tiene (preten)dientes

El cuerpo pedía a gritos dos días de vacaciones, así que ahí marchamos. A un spa.
Malla, zapatillas, libro, un jean y dos remeras.
Dispuesta a descansar, dejé a mis otros yo cuidando del departamento, y me fui por la Provincia de Buenos Aires, a relajarme.
Apenas llegada, me sentí  en otro país. Esto es vida, me dije, podría vivir acá eternamente. Sólo el sonido de los pajaritos, cuatro huéspedes más, y toda una inmensidad de verde y silencio para mí sola. Bueno, para las otras dos parejas también.
A la hora ya me quería ir. ¿Quién dijo que todo el mundo sabe disfrutar?
Hice tripa corazón, y decidí que fuera como fuese, iba a descansar. Me entregaron la llave de la habitación, y me tiré en la cama como una morsa. Perdón, morsa es Aníbal, así que cambiemos. Me metí como un marsupial. Ahí está mejor.
Tres horas de siesta. Como si no hubiese dormido en mi vida. Me levanté, me bañé, y bajé a cenar.
Dos mesas. Se ve que la otra pareja estaba haciendo lo que le correspondía hacer a una pareja que se va a un spa: descansar, pero de una manera más divertida que la mía. Y que la de la otra pareja, evidentemente.
Al día siguiente, me tocaba el tan esperado masaje descontracturante, una exfoliación corporal y el circuito de aguas, que no son las aguas danzantes de la fuente de Dubai. Hubiese preferido, pero no.
Me acuesto en la camilla, boca abajo, en bombacha (perdón por la imagen) y tapada con una toalla, cosa que te coloca en una situación de indefensión total. Estás entregada a quién sea, y a lo que sea.
Empieza la sesión, y siento un codo que se me clava entre la tercera y cuarta costilla. Noto que está muy contracturada, -me dice una voz femenina. Sí, le digo yo en un hilo de voz, intentando respirar, con el codo perforándome el pulmón derecho. No sé qué me duele más, si el cuello o lo que me estás haciendo, le digo. ¿Quiere que le haga un masaje relajante en vez de esto? No, contesto, yo pedí descontracturante, así que dale.
Una hora de tortura rusa. Me amasaron como si fuese una pella de barro para hacer un cacharro, y quedé muchísimo más dolorida que al principio. Tengo moretones por todo el cuerpo. Eso sí, mis fibras musculares, ahora son como chicle de blanditas que están.
Bueno, ahora, salgo un ratito, y usted póngase esta malla descartable,-me dice la masajista- que a mi regreso, empezamos con la exfoliación.
¿Genial? pensé. Y comenzó...Imagínense que son un pollo recién desplumado, al que untan con una capa de sal gruesa con algas, y dale que dale, te pasan de arriba para abajo ese mejunje que te raspa como si en vez de sacarte las células muertas, te fuesen a sacar directamente la piel. Sin olvidarte que antes de bajar, te afeitaste las piernas, por ende, la sal te quema como la remil putísima madre que lo parió, pero vos, ni mu. No vas a darle el gusto de decir, ¡arde la conchadetumadre! Bueno, eso es la exfoliación corporal. Nada agradable, pero el cuerpo te queda como culito de bebé. Hasta ahora íbamos, Spa 2- Elizabeth 0.
Y le toca el turno al circuito de aguas. La señorita te va mostrando los diferentes cubículos de sauna , duchas y piscinas, para finalmente decirte que tenés que terminar en las tumbonas.
Pan comido, me digo. Agua. ¿Cuánto mal te puede hacer? A lo sumo no tendré que bañarme esta noche.
Y comienzo, según las indicaciones de mi torturadora. Sauna I, Sauna II. Ahí te das cuenta, que los años de ceramista te sirven de mucho. El calor es totalmente soportable, porque peor la pasás cuando tenés que abrir el horno a 1280 grados.
Salís de ahí, y te toca una ducha. Agua fría y la puta madre que te parió! Traición! Eso no me lo avisaste! Y estás, media hora más, entrando y saliendo de una ducha helada a una caliente, y así sucesivamente, y por último entrás a una pileta de agua hirviendo, como un caldo de pollo (o sea, el pollo que eras más arriba) del que salen chorros tipo géiser , que te dan en la espalda, en las pantorrillas y te dejan más moretones de los que ya tenías.
¿Quién carajo puede disfrutar de un Spa? ¡Me quiero ir a Irak! Mándeme a la guerra del golfo, pero sáquenme de acá!
No, si evidentemente yo no fui hecha para pasarla bien.
Spa 3- Elizabeth 0


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Desagotando (versión corta)

Tras cuatro meses, la casa está en orden. Hemos vuelto y seremos millones. Ya que estamos, y somos varias, le damos una para cada bando. No nos vayan a tildar de partidistas.
Mudadas y semi acomodadas en Juramento, nos toca la ardua tarea de acostumbrarnos a los cambios.
Nuestro baño no está donde solía estar, por ejemplo. Ahora tenemos un lujoso dormitorio en suite con vestidor, en dónde antes había un pasillo que comunicaba con el lavadero, por lo tanto, estamos tratando de no mear en el parquet y no lavar la ropa en el inodoro. Sin mencionar, la pared que nos levantaron entre medio, cuál muro de Berlín, que al salir de la cama, medio boleadas por la mañana, nos llevamos puestas, con sendos chichones en la frente.
La primera noche en casa, acostumbradas a ser solas y pasearnos como dios nos trajo al mundo por la cocina, resultó convertirse en un espectáculo dantesco para los pobres vecinos del barrio. No habíamos notado que nuestro bellísimo nuevo lavadero, tenía unas bellísimas nuevas ventanas, de piso a techo, con vidrios transparentes que daban al edificio del costado. Y así nos vieron. Con las carnes colgando como los Jardines Colgantes de Babilonia. Un asco lo que se dice.
Pronta llamada a la arquitecta, y solucionado el asunto. Ploteo mediante, ahora sólo ven nuestras curvas, difusas, no solo por la opacidad del plotter, sino por la mismísima acepción de la palabra difusa/o: 1.adj. ancho, dilatado. 2.adj Excesivamente dilatado, superabundante en palabras.3.adj. Vago, impreciso.
A nosotras, nos quedó sólo la parte de "excesivamente dilatado y superabundante".
Nuestros amigos nos preguntan cuándo podrán venir a conocer el nuevo departamento...Nunca, gente. No sabemos si nunca, pero por los próximos dos años, no pensamos usar la cocina ni para hacer un café, cuestión que no nos ensucien tan bella decoración, y menos que nos toquen las paredes, que tan esmeradamente pintó Luis. Y guay al que se atreva a apoyarse en alguna, que le cortamos los dedos.
Y aquí estamos, en un departamento salido de la Architectural Digest , sin muebles aún, pero con el botinero repleto de zapatos. Drogadas por el olor a pintura, pero felices. Agotadas física y mentalmente, que ni fuerzas tenemos para preguntar por Shorsh.
Solas, nativas o por opción, escuchando a nuestro nuevo inodoro gotear, pero en casa.


lunes, 24 de agosto de 2015

Hecha percha

Domingo no es nuestro mejor día, pero nos levantamos temprano igual.
El humor es más variable que la humedad, y tras despertarnos puteando, a los diez minutos, ya estábamos mucho peor. 
Así y todo, teníamos mil cosas que hacer previa mudanza de bártulos a nuestra bienamada Avenida Juramento. Es como Avenida Brasil, el culebrón, pero en castellano. Hay mucho personaje metido en el medio, y se ve que eso nos impide a Shorsh a y mí, estar juntos.
Pero volvamos a los que nos compete. Ya sabemos que a ustedes no les compete, pero no nos importa mucho. Somos así cuando estamos de mal humor. Jodidas, pero buena gente.
Salimos de urgencia a comprar perchas para colgar la ropa que tenemos envalijada hace cuatro meses. Si no se desintegraron las cosas, ahí deben estar.
Llegamos a Easy, el hipermercado del paseador. Mucho paseador suelto, cosa que nos enerva más que escuchar a Arjona cantar "Apnea". Bueno...tampoco tenemos que exagerar tanto. Nada se compara a lo que le produce Arjona al inconsciente colectivo. Justamente a nosotras...que somos varias...tenemos mucho colectivo.
Retomemos, que nos vamos por las ramas. 
Los paseadores compulsivos domingueros. Deberían tener la entrada prohibida a los shoppings e hipermercados. Son molestos. No tienen nada que hacer, entonces te van a joder a vos, que estás comprando perchas para estrenar tu vestidor. Pero no, no hay ley que les prohiba pararse en el medio del pasillo, papando moscas, mientras nosotras hacemos malabares con el carrito del orto, un mamotreto pesado y con ruedas que no ruedan. Permiso, permiso por favor, vamos diciendo, mientras intentamos contenernos de pasarles por arriba con el carro o bien usarles la raya del tujes como estacionamiento del changuito. Y siguen ahí parados, mirando a la nada, como si la vida se les fuera en ello. Miran insistentemente al estante más alto, como si llegaran a ver algo. ¡Necesitás un largavistas hermano, para ver los numeritos a cinco metros de altura!¡Mové el orto de ahí! tenemos ganas de decirle, aún no habiendo perdido la compostura, pero nos mordemos la lengua. El odio contenido ante todo.
Pero son muchos culos para un solo chango. Entonces empezamos a empujar. Perrrmiso. Perrrrrrrrrmisooo por favorrrrrr, mascullamos entre dientes, con la vena del cuello a punto de explotarnos. Y ahí arremetemos, esquivando boludos, y cada tanto llevándonos alguno puesto.
Cuando logramos salir del laberinto de paseadores, llegamos a la caja, notando que en medio del fastidio, nos olvidamos de meter en el carro, más de una de las cosas que habíamos ido a comprar.
Má sí...que se nos caiga la ropa del placard, pero si volvemos a entrar, vamos a voltear gente como si fuesen palos de bowling. ¡Chuza! diría un taxista amigo...
Llegamos cargadas cuál camello en el desierto, para enterarnos que la persona que nos iba a ayudar a ordenar, nos cagó. No viene. O sea, nos meteremos las vergas (sinónimo de percha según Worldreference) en el orto.
Nota mental. Para la próxima, pedirle a Shorsh que me mande vergas desde Yanquilandia, o que me compre una casa con la ropa ya colgada.