domingo, 16 de marzo de 2014

Bondi woman vuelve a casa.

Bondi woman.
Los viajes tienen ése no sé qué, qué te hace hacer las cosas más impensadas. Festejé shabat por primera vez desde que salí de la escuela primaria, y no en cualquier lado. En una especie de templo casero, rodeada de ultrarecontrareligiosos ortodoxos.
El rabino muy piola, me preguntó qué opinaba de los cambios climáticos. No entendí porqué, hasta que me puse a hablar de que el mundo era cíclico, y estas cosas pasaron desde antes que se separaran los continentes. Me atajé a tiempo antes de decir, ¿o cómo creés que se extinguieron los dinosaurios? Un señor que estaba ahí, muy delicadamente se me acercó y me dijo al oído: ojo, que acá no son evolucionistas.
No, ya me dí cuenta, cuando me separaron a los hombres de las mujeres. Pero después todo bien. Sólo intentaron convencerme de que vuelva, con lo que lograron que definitivamente decida, que Miami no es mi lugar en el mundo.
Tras menuda experiencia mística, decidí que era hora de animarme a South Beach a codearme un poco con los goy y los gay. Esos son más mi mundo. Experta en colectivos extranjeros, enfilé para la parada. Dos dólares veinticinco y en Buenos Aires puteás porque Macri te lo llevó a cinco pesos.
Solita con mi alma en el bondi S, llegué hasta el paraíso perdido. Lincoln y Washington. Caminé, di vueltas, shopeé, porque si no no sería yo, hasta que me encontré con un grupete de caballeros, divine ellos, que me pidieron que les saque una foto. Obviamente accedí. Soy goy y gay friendly. Al terminar uno me dice en inglés: querés que te saque una foto? Si, le digo, pero con ustedes, porque yo ya estoy aburrida de mi. Así que me saqué fotos con mis nuevos amigos que no tengo ni idea de dónde son, como se llaman, ni donde viven. Pero uno estaba tan encantado conmigo, que dijo que quiere ser mi nuevo mejor amigo. Yo acepté.
Como se puede inferir, sólo existo para los gay, cosa que me encanta, pero también me gustaría tener una presencia física entre los hetero. No me vendría mal.
A la noche, me pasan a buscar Ivanna y Diego, con los cuatro niños. Vamos a comer sushi, sushi libre y después fuimos a pasear por Little Israel, o sea Aventura.
Mucho ruso moishe, mucho religioso, mucho brillo, mucho viejo, mucho de muchismo mismo.
Ya sé, casi todos vinieron a Miami alguna vez, y me creo que descubrí América. No, sólo que me impresionó el sentimiento judáico que me despertó esta experiencia miamesca. Me sentí como la vez que fui a Israel y no podía creer que el 98% de la población fuese judía y no tener que estar cuidándome del antisemitismo. Acá es lo mismo. Por lo menos en la zona de Aventura y Sunny Isles Beach.
Y ahora heme aquí, sentada en Estarbacs, haciendo tiempo para irme al aeropuerto, después que una amable cajera de Marshalls me taladrara la cabeza con las teorías de lo que había pasado con el vuelo de Malasyan Airlines.
Estoy pensando seriamente en quedarme como Tom Hanks en el aeropuerto, porque creo que los 20 Rivotril que me quedan, no me van a alcanzar para sacarme el julepe que tengo ahora.
Como diría Francisco I, recen por mí.
A tout a l'heure, see you later alligator, nos vemos cuando aterrice.


jueves, 13 de marzo de 2014

Aventura Mal

Mi-a-mi
No sé para qué me gasto intentando hablar en inglés, si el 95% acá habla español y el otro 5 se divide entre brasileros y rusos. Yanquis go home, esto es la madre patria.
Mis días en Mi Ami Bich transcurren plácidamente ente Epicure, donde desayuno, la playa y el Aventura Mall. No es que quiera, es que acá no hay mucho más para hacer. Todos me dirán, ¡cómo! No fuiste acá, o allá! No, no fui místeres, porque una cuadra mide tres kilómetros, y como no manejo, para todo me tengo que tomar taxi o bondi, y tengo pánico de perderme. Además vine a descansar y tomar sol. Para pasear me voy a Europa.
 Ok.Ya voy a ir. Hoy fue mi primera experiencia en colectivo, y aún tengo dolor de cuello por estar estirándome en cada cuadra para ver si habíamos llegado a la 172 y Collins.
Si yo sé contar, porque en el colegio me enseñaron, ¿decime por qué no confío en mi conocimiento matemático, y le pregunto a la vieja cubana de al lado, en cada cuadra: ¿después de la 184 me toca bajar? No, me dice la señora, ya mirándome con cara de esta mina es definitivamente una boluda. Después de la 184 viene la 182, usted se baja en la 172. Cuando vea el cartel de la 174, entonces ahí tire del cordel para que el chofer pare.
Mañana me animo a South Beach. Espero que esté doña Cuba libre para guiarme.
Shopping y más allá la inundación.
El Aventura Mall, es una ciudad. Es la Torre de Babel misma. Menos inglés, escuchas hablar en trescientos cuarenta y cinco idiomas.
Lo maravilloso de este estado de la Florida, es que mientras hacés la cola para pagar, la de adelante mantiene una conversación por teléfono que suena así: Yes, I told you que sí! If you are not going to escucharme, entonces I'm gonna hang the teléfono. Que no chico, I told you que no! How many times te lo tengo que decir?
Me hizo acordar a cuando era chica, que mi viejo nos hablaba un poco en yidish un poco en castellano. Al fin, que en todos lados me siento como en casa. Yo vendría a ser una especie de ente multicultural. Si ayer le entendí al tachero que debía ser africano, es porque entiendo cualquier idioma. El tipo me quería decir algo de que había hecho tres viajes a no sé dónde, y hablaba así: I tell you ma'am, if you wanna know, I guen twee times. ¡Hasta que entendí qué mierda quería decir guen twee!! Three!! Tres!! El resto del cuento me lo imaginé, porque Yogurtu hizo un monólogo sólo comprensible para él mismo. Soy políglota pero no tanto.
Thank you ma'am, Thank you sir, goodbye y si te he visto no me acuerdo.
El resort.
Mis amigos en el lugar son los trapitos del edificio, cubanos y peruanos, los playeros, cubanos y cubanos, y el arreglatutti uruguayo. Y Kamille, la recepcionista, jamaiquina. El resto deben ser argentinos disfrazados de norteamericanos.
Los huéspedes, brasileros, argies, más argies y rusos. Nadie te da bola.
Los argentinos hablan fuerte, los niños brasileños lloran, y las rusas prendidas al celular todo el día.
Las rusas.
No les entiendo un carajo cuando hablan, porque sólo lo hacen en ruso y yo llegué hasta spasiva nomás. Están todas hechas. Rubias, tetas de siliconas, labios Betty Boop, culo parado sin celulitis, pero no son perfectas. Tienen juanetes. ¡Tomá pa vos! ¡A mí me vas a querer hacer sentir deforme! Yo tendré el culo de una morsa, pero mis pies son desjuanetizados.
Los tacheros.
Nota para el alcalde de Miami: acá los tacheros tienen permitido hablar por celular y comer mientras manejan. Obligar a usar aromatizante de auto para eliminar el olor a fritura y chivo eau de toilette.
A diferencia de Buenos Aires, la mayoría de los taxistas no te hablan. Se hablan a sí mismos. Vos vas un poquito asustada, no sabiendo si están locos, si te están puteando en turkmenistaní, o directamente si vas a llegar a destino sana y salva.
Miamiland, es muy grande. Todo es enorme. Las autopistas, los shoppings, los supermercados, las zapaterías, los edificios, los ascensores, algunos culos, y muchas panzas.
En definitiva, por más hermoso que es el color del mar, EEUU no es mi lugar en el mundo, a menos que venga GC y me diga, nena quedate conmigo. Ahí sí, lo pienso.

domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo IV y último

Poseí-don.
Día seis.
Arriba del barco todo el día. ¿Qué hacés? Comés y pelotudeás. Imposible tirarte a tomar sol, porque la mala educación cunde como epidemia en el mundo entero. La gente se levanta a las cinco de la mañana y ocupa todas las reposeras con toallas. "Reservadas" te contestan cuando vos con ojos de cordero degollado, y transpirada como un chivo preguntás tímidamente si te podés sentar. Las únicas que quedan libres son en la sombra o con los viejos. Chau día de pileta, porque encima no sólo te olvidaste el libro en tu camarote, que está ocho pisos abajo y en la otra punta, sino que además te anotaste, en una subasta de arte, en la que no vas a comprar nada, y empieza cuando vos encontraste una bendita reposera, al lado de una brasileña que te mira con cara de asco. Ya sé, mis frases son muy largas. Como hablo, escribo.
No sé cómo carajo engordo acá adentro, si me la paso caminando de popa a proa todo el día. Desayuno lo mismo que en casa y los postres ni los pruebo porque son de plástico. Pero los pantalones me aprietan y las medias me dan calor, y ningún muchachito del barco, me tiene loca de amor. Bueno, uno solo, de la tripulación, al que no le puedo ni pronunciar el nombre de lo raro que es, Tjaart o algo así, que me mira asustado, yo prefiero pensar que turbado, pero calculo que cuando me ve, lo único que le pasa por la mente es: ¡Socorro, otra vez se me acerca la vieja a hablarme! Está buenísimo el pendejo, y tiene la obligación de hacerme sentir joven y hermosa, así que yo feliz.
Señoras/es, un crucero, definitivamente, es para venir en pareja, en familia,o con amigos, a menos que tengas más de 78 años, que ahí sí, te venís sola y la pasás bomba. Hasta podés llegar a encontrar marido. Es factible que el hombre ya esté más cerca del arpa que del violín, pero candidato al fin. Los únicos que me hablan y me tratan bárbaro son los de la tripulación, camareros y servicio de limpieza, que no es porque les caigo genial sino que están esperando propina. Se la tienen bien merecida. Siete meses arriba del barco sin ver a la familia, y te vienen Elizabeth y 2000 brasileños de pasajeros. ¡Cómo para no tenerte ganado el cielo! O el mar...qué se yo.
Eso, el mar. Decí que no sé nadar bien, que sino, me quedo a vivir under the sea.
Creo que es lo único que disfruto más que el chocolate. Mirar el mar azul. Eso de que salís a la cubierta y ves tiburones, delfines y sirenas, niente. Es mentira. Nemo no está y de la sirenita ni noticias. No me engañes más a los niños que después me crecen y se convierten en cruceristas.
La aventura llega a su fin, con cena de gala y langosta esta noche (si puedo subiré fotos al FB de los mamarrachos andantes), fiesta de blanco en la cuál no seré aceptada porque casi toda mi ropa es negra. El negro adelgaza, me decía el viejopelotudo de mi ex. ¡Sí, lo que me adelgazaría bien, es alguno de los negros que ví durante el viaje!
Día siete. Asisto a charla con Romero Britto. El tipo un divino. Amigos artistas, tomar nota. Hay que hacerse artista pop, tener un genio como marchand que te desarrolle un amplio merchandising, y así llegas a comprarte tres Ferraris.
De seguir en este camino, yo no alcanzo a comprarme el manubrio de un monopatín.
Mediodía. Voy de nuevo a la subasta de arte, sólo para ver si adiviné (uno de los tantos juegos de a bordo) cuánto costaba un Picasso que tenían ahí. ¡Oh surprise! Gané. La pifié por 500 dólares, y fui la que más se acercó de todo el barco, con lo cuál, no me gané el Picasso, pero sí tres cuadros de artistas que ni conozco, y que ahora tendré que explicarles a Kiciloff, Lorenzino, Capitanich y compañía, que no pagué un mango y que me los dejen sacar de aduana.
Mi experiencia Titanic llega a buen puerto. Ahora una semanita de playa en Miami, sin brasileros. ¡Esas van a ser vacaciones!
Los dejo, gente, ya tuvieron suficiente de mí por el momento.
Próxima entrada probablemente desde mi Buenos Aires querido.


Bitácora III

St. Maarten. Día cinco.
Seis en punto arriba, parece que en vez de vacaciones, viniste a la colimba.
A las 8:15 tenés que encontrarte con los del pelotón rosa para ir a la playa.
Tu guía del día es Vilma, una negra enorme, que te grita: ¡fórmense de a dos y se quedan acá quietos! Te quedás parada ahí, durita. No te atrevés a desafiarla porque una mano de Vilma te vuela los dientes de un tortazo.
Prejuiciosa. Eso es lo que me digo, una vez que Vilma empieza a hablar. Una ídola total. Simpática, divertida, ingeniosa y sabía de historia local, no como Ramón.
Mientras nos conducen a la parte francesa de la isla, para ir a la playa, pienso, encontré mi lugar en el mundo. Hasta que la guía, te cuenta, que uno de los últimos huracanes, devastó el 95% de la isla. Chau St. Maarten, en otra vida será, todo lo bueno termina rápido.
En el camino a la playa, me fui haciendo amigos yanquis y canadienses que comparten conmigo, con otros 2500 turistas y 2468 tripulantes, su malestar por el comportamiento de los hermanos brasileros. N.de la R.: aquí se aplica la frase, uno no elige a los hermanos ni a los vecinos. Lo que te toca te toca y si no te gusta, jodete.
Llegamos al parador Kakao. ¡Dios! Podría quedarme toda la vida mirando el mar. Va del transparente al azul marino, pasando por toda la gama de turquesas habidos y por haber.  Esto es lo único que quiero en la vida. Sentarme en la playa a mirar el mar. ¡No quiero más cerámica, ni más exposiciones, ni parientes, ni amigos, amantes o cualquier cosa que se le parezca a un ser humano! ¡Quiero esta playa! Es más, ¡ya ni quiero a George Clooney! Con eso te digo todo. No me importan los huracanes, las iguanas inmundas, que no haya nada de nada, más que vendedores ambulantes que se te pegan como moscas, ni la cara de orto del mozo francés, cuando le pregunté si el pescado era fresco. ¡Mi reino por esta playa! (Eso sí, sacando a todos los turistas)
Quiero ser el pirata Morgan, o el Capitán Drake, o el ortudo que en una noche de suerte, le compró la isla a un choborra por 6000 dólares. ¡Siempre llego tarde! ¡Haber nacido en el 1400!
Ahora estoy en el barco de nuevo. Por supuesto el capitán noruego tiene un problema con su reloj. Atrasa unas horitas nomás. Ya deberíamos haber salido.
Esta noche firma autógrafos Romero Britto. El artista plástico pop de moda.
Obviamente para ser autografiada, tenés que comprar algo. Porque si en este barco hay algo que hacés, es comprar. Estás todo el día al pedo yirando, y consumís. De eso se nutren los royalcaribeños. Compro taza de cerámica ( no vaya a ser que me olvide de mis orígenes) y libro. Media hora de cola rodeada de brasileros. Socorro.Me llega el turno y lo primero que le digo a Romero es, sin repetir, sin soplar y sin respirar : mi nombre es Elizabeth, yo también soy artista plástica,  si no te molesta te dejo mi tarjeta por si tenés tiempo y te interesa ver lo que hago. Lo agarré desprevenido y le enchufé el libro para que firme, junto con mi tarjeta. Por supuesto dijo muy cordialmente que sí, pero yo supongo que esta noche mi 7x5 será usada no sé si como papel higiénico, pero probablemente como escarbadientes.
Cena sola, porque los recién casados me parece fueron abducidos por extraterrestres. No sé muy bien qué estoy comiendo, tiene pinta de carne con polenta, pero el gusto es a tierra.
Nota mental para futuros cruceros: meter en la valija varios choripanes envasados al vacío.
Fin del día cinco.

Bitácora II

Parte II
Día cuatro.
5:30 a.m me despierto. No sabemos aún si por el fuerte movimiento del barco, o porque los del camarote de al lado le están dando a la matraca sin parar. Los puteo, de envidia nomás.
7 a.m ya estoy desayunando en el Windjammer, que vendría a ser el comedor popular. Para llegar ahí tengo que atravesar todo el barco por la cubierta, donde no me vuelo porque mis anclas son pesadas.
El sólo aroma de las salchichas a tan temprana hora, me descompone. Ahora entendemos porqué los yanquis son gordos. Le dan al embutido todo el día. Yo, gracias a los mareos producto del puto viento que hay que no hace zozobrar el barco de milagro, me como una tostada con queso blanco y un poco de fruta, agradeciendo a Poseidón que no me deje vomitar.
Hoy nos toca St. Thomas. Playa y shopping.
11 hs desembarcamos. Hasta el momento la temperatura más alta del Caribe ,25 grados. Bajamos. No quiero sonar a desagradecida a la vida, pero la verdad es que la isla se parece más a San Clemente del Tuyú que a las Islas Vírgenes que esperaba. Reservé un tour hablado en español, con lo cuál por primera vez en varios días tengo con quién hablar como Dios manda. Los tortolitos dominicanos me clavaron la segunda noche y no los vi más, por eso, argentinos, mexicanos, venezolanos y colombianos fueron más que bienvenidos, anque algún que otro amigo brasileiro.
St Thomas es conocida como la calle Libertad del Caribe Sur. Una joyería al lado de la otra.
Viene Ramón a buscarnos. Habla castellano de no sabemos dónde. Nos subimos al "micro" que era una catramina del año 12. Mil ochocientos doce. Ramón nos va haciendo de guía turística. A su derecha lo que ven es el agua. A su izquierda donde dice Post Office es el correo, y al lado hay un colegio. Bueno, allá arriba era el castillo del Capitán Drake, y lo que ven abajo, es una muralla. Como las islas son americanas, todos los que nacen acá son norteamericanos. Y ya llegamos a las joyerías, ahora bajen a comprar y en dos horas los vuelvo a ver.
A mi me gustó un anillito de 8600 u$s que me lo dejaban a 6800. Una bicoca. Le digo a la vendedora que intentaba convencerme de que vendiera mi departamento para comprarlo, esperá que consulto y vuelvo. ¿Consulto con quién? ¿Con mi otro yo? Dijo que no, obviously.,
Me voy sintiéndome una zaparrastrosa que no tiene 6800 dólares para gastarse en un anillo.
Volvemos al punto de encuentro donde nos enteramos que Ramón nos había abandonado. Nos subimos a otro "micro", con lugareño que no habla. Los pasajeros dudábamos de sí terminaríamos como en la isla de Lost. Pero el buen señor, nos llevó sanos y salvos hasta la playa de al lado. Bueno, playa, lo que se dice playa, no era. Era una playita. Muy pintoresca, agua transparente y calentita ahora sí, y recontra pobre. ¡Pero puedo decir que estuve en una playa del Caribe!
Lo interesante de la jornada fue descubrir que somos 8 argentinos en todo el barco. Y 2000 brasileros. Ya sé, ya lo conté, pero ¡vení y conviví 7 días con 2000 o mais grande do mundo, y después decime si no lo vas a repetir todos los días! Gracias al cielo los otros 7 compatriotas piensan como yo. Y confirmo mi teoría de que el atraso de 6 horas no fue por el bendito escáner de pasajeros sino por nuestros amados vecinos de la scola do samba.
Son las 5 p.m y ya tenemos que retornar a casa (casa=barco). Esta vez viene Ramón a buscarnos. De golpe para y pensamos ¡zas se rompió el micro! No. El hombre quería que apreciáramos la vista desde el basural arriba de la colina. Aroma a Cloaca eau de parfum by St.Thomas. ¡¡Pero no importa, lo banco a muerte a Ramón!!
Subimos al barco nuevamente y ¿a quién veo? A don egipcio con la jermu, o ex jermu, no sé, con una cara de embole total. Ni me saluda, obviously de nuevo.
Definitivamente, soy transparente, no existo.
Milagrosamente hablo con gente durante la noche y después participo en la fiesta de los 70's, bailando sola, como corresponde a un espectro.
Llega a su fin día cuatro, con un tono bordeaux en la parte trasera del cuerpo, y bronceado por delante. Soy lo que se llama la famosa Bic-Color. Me duele de sólo mirarme.
Mañana a St. Maarten.

Bitácora I

Bitácora de navegación, parte I.
Día uno. Ha zarpado el Buquebús yanqui, con tres horas de atraso y no sabemos todavía quién fue el o los culpables de tamaño despropósito. Yo tengo mis sospechas, que develaré más adelante, en el día dos.
Retomemos. Día uno, totalmente perdido, porque entre que llegás, te ubicás para dónde carajo queda la popa y para dónde la proa, porque de eso depende tu vida, más el simulacro de evacuación no intestinal, se te fue la tarde. Sin contar, con esquivar los fotógrafos del barco que pretenden cobrarte veintiún dólares cada foto, además aprenderte cuáles son los restaurantes que tenés incluido en tu contrato e intentar no aparecer en la otra punta del barco cuando estas buscando tu camarote Deck 7 zona B 538, que no es lo mismo que Deck 7 zona A, que no estaba en la proa sino en la popa (ahí es donde se te va la vida).
Y cuando pensaste que estabas entre las más flacas del barco, te suben 2000 brasucas. O sea una ciudad entera. Imaginate. Mil tipos y sus mil minas con culo parado, sin celulitis y senda tanga Bum Bum metida en el orto. Que encima hacen quilombo y hablan todos juntos como si estuviesen en casa. Muchachos, me caen bárbaro, los quiero, somos vecinos, pero ¿no pueden ir a veranear a Alaska? Yo sé que la alegría es brasileña, ¿pero por qué no la llevan a otro lado que a mí me están taladrando los oídos?
Ya te toca la cena, cuando todavía tenés el pescado sin vender. 20:30 hs. Y como maldición mandada por mi amiga Lu M que me dijo, huí de los mieleros, en mi mesa, nada más ni nada menos, que una dulce parejita dominicana recién casada. Y yo. Porque a los royalcaribeños no se les ocurre que en una mesa de cuatro, pueden sentar a un señor más aunque no hable español. ¡Poneme un turco, un búlgaro, un chino, pero no me dejes sola con unos tortolitos engripados! Divinos los chicos, de verdad, si recordara sus nombres sería mucho mejor, porque hoy tengo que verlos de nuevo. Mientras cenamos, el Capitán le mete al acelerador, porque tenemos que llegar a Nassau a las 7 de la mañana, y por culpa de ya sabremos quién, estamos yendo a los pedos, con el consecuente mareo.
Se me va terminando el día uno porque hay que levantarse a las 6 a.m  para ir a la Blue Lagoon, en Bahamas, tomar sol y ver los delfines.
Día dos. Seis en punto arriba. ¿Milagro? No. Pagué un huevo y no pienso perdérmelo.
Desayuno. Me toca en el piso 16. ¡Eso se llama ganas de romper los quinotos! Te atragantás con la tostada, porque a las 7:30 tenés que ir a buscar al piso 15 un toallón, y a las 7:45 juntarte con los excursionistas en el muelle, para ir a la Laguna Azul. Finalmente salimos en barquito medio dudoso. Ahí te das cuenta que sos una primeriza pelotuda ,porque vas con un saquito en vez de campera, y te cagás de frío en el bote. Se te sienta al lado un señor de tu edad más o menos. Panzón, pelado, pinta de Hell Angels y lleno de tatuajes. Y te decís a vos misma, chorro no ha de ser, si se garpó un crucero al Caribe. Don't worry, be happy, no te asustes.
A la media hora, y con años de abstinencia, lo empezas a ver potable.
Llegamos a la laguna. Ni rastros de Christopher Atkins y Brooke Shields pero la playa hermosa, con arena hiper blanca tipo harina 0000 y el agua turquesa, verde esmeralda.
Me tiro en una reposera, dejo las cosas y ¿qué hago? Obviamente. Voy a meter las patas en el famoso Mar Caribe. ¡Un frío de cagarse! ¿Quién me mintió diciéndome que era calentito? A las 8:45 a.m ningún mar es calentito. Y a las 10:45 tampoco.
El señor de los tatuajes, se acuesta cerca. Ya que dicen que soy selectiva, demasiado pretensiosa y que me llevé Levante II previa, me digo: veamos qué pasa si lo miro y le sonrío.
Una vez, dos veces, a la tercera corroboro que soy un fantasma. Así que aprovecho y me voy a ver los delfines, que dicen, tienen una percepción extrasensorial, y a lo mejor notan mi presencia. Tampoco.
10:50 el gordo se levanta de su reposera, y me pregunta: they said we leave at eleven, no?
Yes, le digo yo, con mi mejor inglés. Y parece que ahí tomó carrera y se animó. Excuse me. Are you from Middle East?
¡¡Tiene un ojo el tipo!! No chabón, soy una negrita argentina!
Se terminó llamando Richard, nacido egipcio goy, nacionalizado canadiense goy, que viajaba junto con su ex mujer, porque a ninguno de los dos les gusta andar solo ( a mi me tocan todos).Muy agradable, charlamos todo el viaje de vuelta. Después de diez minutos de parloteo, ya te estás preguntando qué onda con el canadioegipcio. ¿Le darías? Y....qué se yo...a estas alturas....mientras tanto le pedís perdón a tu padre en el más allá, por tener pensamientos pecaminosos con el descendiente del faraón que nos echó de Egipto.
Chau Mr, un gusto conocerlo, pero dudo volver a encontrarlo en un barco con ocho mil personas.
Mediodía de spa, bien ganado y merecido, ya que supuestamente zarpábamos hacia St Thomas a las 13:30 en punto. O sea, me vine corriendo y no vi Nassau porque nos íbamos....pero no. Otra vez, misteriosamente, seguíamos en puerto.
Y puteás a dios,a María santísima, y al capitán no porque es el que maneja.
Tras un masaje de dos horas por una china divina, que me dijo que lo mío no es gordura sino retención de líquidos y terminó empomándome con todo un tratamiento para eliminar toxinas, que me salió un ojo de la cara, pero eso sí feliz porque la grasa de mi cuerpo sólo es agua, notás que el barco todavía no se movió ni un centímetro.
¿Qué mierda pasa? Justo te sale por todos lados la voz del Capitán Garfio pidiendo que se reporten al lobby, cuatrocientos treinta y cinco brasileros, para verificar que están a bordo.
¡Y la remilputaqueteparió Brasil, con todo el amor que te tengo! Quiero que Dilma me devuelva dos días enteros de crucero perdidos al cuete por sus compatriotas que se fueron de shopping y se recontracagaron en el resto de los pasajeros! ¡Esos eran los famosos atrasos! Son las 6 de la tarde y recién zarpamos! ¡Cinco horas y media donde podia haber paseado, comido pescado y comprado con tax free!!
Sí, no lo duden! Lo digo por las compras! ¡Me cago en el pescado, en las casitas de colores de Bahamas, y en la hostia!¡Yo quería comprar con tax free! Por una vez en mi vida quería que algo me saliera más barato. Pero no, la batucada no me dejó.
El Capitán para evitar un linchamiento masivo y una guerra norte-sur, le echó la culpa de la demora a desperfectos del escáner de pasajeros. ¡Minga! Todo el barco y la tripulación, sabemos la verdad, aunque todavía no tenemos los nombres. Cuando los consiga, los voy a buscar uno por uno. ¡Vendetta!
Ahora estoy nauseosa en el camarote, porque otra vez el fercho del barco tuvo que meter quinta para que lleguemos al puerto a horario.
Esto se mueve más que la balsa de Lito Nebbia.
Día tres. Navegación sin tocar tierra. Solárium toda la mañana y quedamos como los monos babuinos de culo colorado. Nota mental, protector factor 20, no va en el Caribe. El barco se mueve mucho y se suspende la búsqueda de candidato.
¡Dramamine a la derecha please!

viernes, 28 de febrero de 2014

E.T phone home, nueva aventura en solitario.

27 de febrero
20 hs pasa Daniel a buscarme. Antes de cerrar la puerta de casa, va al buche el segundo Rivotril del día.
Daniel, está nublado otra vez!
No, sólo un poco, arriba el cielo está celeste.
Ok, vamos.
Av.General Paz, 20:40 hs, Daniel, eso es niebla?
No sé, si querés te digo que sí.
No, quiero que me digas que no se va a mover el avión.
21:30hs check in listo, por máquina inteligente y por gente estúpida.
21:54, whatsapp a psiquiatra.
Pablo, 23:10 embarco, a qué hora me tomó el Quetiazic? Y me puedo meter un sublingual?
21:55, otro whatsapp a psiquiatra. A las 8 tomé el otro Rivo.
Silencio en el whatsapp.
21:59, ya está, ya me metí un sublingual.
21:59:10 segundos, llamada entrante de psiquiatra. Elizabeth! (Riéndose) sos fatal, no me diste tiempo a responder! Escribílo en tu blog!
Sigo sentada en sala de preembarque con 350 gramos de droga en mi cuerpo, y ningún síntoma de psicodelia. Todo sigue tan gris como hasta entonces.
Llegan Mario Pergolini y familia. ¿Pensamiento repentino y absolutista de la mina? Si está Pergolini con la flia, el avión no se puede caer. No veo los titulares del diario diciendo: "Pergolini:Terrible drama. Cayó avión que iba hacia Miami y pereció toda la familia. El país llora la pérdida del tipo que cambió la manera de hacer radio"
Si estuviera solo, bue, a lo mejor tenemos la mala leche, ¿pero yendo en viaje familiar? Naaaaa, me quedo tranquila.
Llamada a nave 23:10 en punto. Eso tienen los yanquis, te son puntuales, puntuales.
Subimos. Primero entran los súper ricos con M.P a la cabeza, luego los ricos  después los de clase media, y al final nos toca a los pobres. Es una cagada. Te sentís como una rata miserable, y bajás la cabeza al pasar por primera, business,  economy superior hasta llegar a tu asientito de mierda, chiquito y apretado de tarifa barata.
¿Primer pensamiento de resentida? Si el avión se cae, ellos se mueren primero porque cae de punta. Que se jodan.
Me calzo almohadita, antifaz, tapones en los oídos y placa antibruxismo. Me doy cuenta que no recé la oración del viajero. Como no me la sé de memoria, la tengo que leer. Así que me saco antifaz y leo varias veces, por las dudas, no sea que justo Dios esté distraído y no me haya escuchado.
Me encomiendo a Buda y me tapo nuevamente los ojos. Empieza el carreteo por la pista. ¿Cuánto carajo puede tardar un avión para despegar? ¡No terminábamos nunca de pasear por Ezeiza!
Finalmente el avión empieza a subir y me digo: bueno, ya está. Si me muero, me muero. Y después no recuerdo nada, hasta las 3:30 a.m que me despierta un crío llorón, que no paró hasta que llegamos a Miami.
Mientras intentamos dormir, hay que buscar soluciones a este problema. ¿Única posible? Mandamos un avión paralelo con las criaturas y niñeras para todos, así a mi me dejan de joder.
No me volví a dormir y por si alguno no lo recuerda, tenía mucha pero mucha pasta encima. Aprovechemos el tiempo. Nota mental para Macri o la Presidenta. Desde Buenos Aires hasta Cuba, el camino estaba muy poceado. Mucho pavimento roto, mucho adoquín. Hagan algo muchachos, que éste es el vuelo que más toman los argentinos.
Desde Cuba hasta Miami, una seda, no se movió nada. No sé si es gestión de Obama o de Castro, ahora que se están acercando de a poquito. Van allanando el camino, capisce?
Lo bueno de estar tan empastillada, es que te chupa un huevo que el avión se mueva tanto y tenés el tercer ojo abierto a para pensar más boludeces.
Aterrizamos en el país de Danny de Vito, al que es más posible que conozca, que a George Clooney.
6:30 a.m.....¿¡ A quién se le ocurre!? Hay que hacer aduana. En eso somos iguales, una lentitud exasperante. Y te enterás además de las internas de los trabajadores del aeropuerto. No registrando en absoluto que el avión venía cargado de gente hispano parlante, un centroamericano le dice a otro, con respecto a compañeros aeroportuarios negros: les dan más trabajo, les pagan más y todavía se quejan!
O sea, en todos lados se cuecen habas.
Tomo shuttle ídem al francés, pero en vez de hindú, me viene portorriqueño. Desde qué pisé la tierra prometida, no hablé ni una palabra en inglés.
Pero antes, el camino del aeropuerto al hotel. ¡Quéjate de la Gral Paz o del puente Pueyrredon! Cinco millones de autos por centímetro cuadrado a las 7 de la mañana. ¿Para qué se levantan tan temprano? Me ponen nerviosa.
Mucho aire acondicionado en todos lados, a pesar de los 16 grados y un día asqueroso. Nacieron con el aire acondicionado debajo del brazo. Y bueno, algunos vienen con el pan, otros con el mate y estos con la calor.
¿Esto era Miaaami chico? Una porquería. Todo autopista con paredón y palmeras por detrás. ¡¡No hay villas!! O las que hay se parecen más al country Los Lagartos que a la 31. Nadie te salta al auto para limpiarte el vidrio y pedirte la monedita loco.
Lo que se dice toda una inmundicia de pulcritud. Es como Nordelta, pero más grande.
Conclusión, ya fui al shopping, perdí un pulóver, un pendejo israelí con tal de venderme cremas, me apoyaba (y yo me dejaba). El hombre más joven y buen mozo con el que hablé, se llama Charlie es haitiano y es el fercho del hotel. Todavía no vi ni la playa ni la parte "linda".Y me vine hasta tan lejos para todavía no haberme cruzado con un puto yanqui.
Próxima parada, el camarote del barco.

lunes, 24 de febrero de 2014

Vamos a la playa oh, oh, oh, oh, oh

Valija, valijita, bolso, bolsito, palito, bombón, helado! Para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero, café, caféééééé!!
Esto de preparar valijas no es lo mío. Cada año me digo, esta vez llevo poco. Y como siempre ése poco, termina siendo ropa que seguramente jamás usaré.
¿Qué te llevás a un barco? Malla, ojotas, short, y un jean. Bueno, eso es lo que yo quería, hasta que me mandaron el código de vestimenta. Una noche de cena formal, una noche de cena semi-formal, y para los shows, parece que no te aceptan en tanga. Bue, tampoco es que la fuese a usar, pero se entiende lo que quiero decir. Ahora viajan conmigo un twin set con lentejuelas, un pantalón negro, un vestido, sandalias de taco alto, maquillaje y algo de bijouterie por las dudas. Por las dudas al pedo. Yo no tenía dudas. Las dudas vienen y se instalan en la cabeza y ahí se quedan. Seguramente esas mismas dudas se irán, cuando vea el estilo chic americano, y confirme que estaba bien el jean y la remera. Probablemente también, me pregunte porqué no uso bikini, si las morsas que me cruzaré en el crucero, valga la redundancia (o la abundancia), las usan.
Bueno, todo sea por el Arte de la Elegancia de Jean Cartier. Mientras el barco no sea el Titanic, me pongo lo que me pidan.
Obviamente antes de llegar al barco, tenemos el pequeño problema de pasar por el avión.
Ya estoy ansiando que llegue mañana para empezar con el Rivotril. Hace meses que no lo tomo y lo extraño. Es parte de la familia. La familia que conformamos yo y mi otro yo, junto con el pánico y las fobias. Familia tipo. O si prefieren, familia ensamblada. Para mí es mi familia, así que me da lo mismo el rótulo que quieran asignarle.
Mi familia no es un dibujo, pero sí tiene algo de imaginario. Yo soy yo, mi otro yo no sé si es femenino o masculino, no lo/a veo mucho, el pánico es el nene mayor, y la fobia la más chiquita. Y todos juntos conformamos la familia Gador Bagó.
Nos vamos a la Isla de la Fantasía, dónde espero que no nos reciba Tatoo, porque está muerto lo mismo que el Jefe, Jefe, el avión, alias Ricardo Montalbán o Mr. Roark, que de ser así, es más que seguro que me pegue un cagaso de aquellos. Además, llego en barco y no en avioneta.
Con todo ya listo y preparado para el Vapor de la Carrera, sólo falta hacer algunos pedidos.
Quiero que me reciban con los collares de flores hawaianos, aunque no voy a Hawaii. Quiero un pareo tahitiano, que esté pintado por Gauguin, por más que tampoco vaya a Tahití.
Quiero un viaje placentero, plantar la sombrilla en la playa y encontrar un tesoro oculto. Ya que voy a una isla, quiero un Johnny Deep, vestido como pirata ,o sin vestir también se acepta. Quiero un Bryan Adams que me cante Have you ever really loved a woman, mientras estoy tirada en la arena esperando a que venga George Clooney a buscarme. Sí, ya sé, puedo esperar sentada…
Quiero un caballito de mar, por las dudas que el barco encalle. El salvavidas me vino incorporado de nacimiento. Quiero no encontrarme con Emilio Disi ni Gino Renni como bañeros, porque la sola vista me arruinaría las vacaciones.
Quiero un títere con cabeza, porque sin cabeza tuve muchos, y dejé otros tantos en el camino.
Quiero ir y volver, volver e ir, y así eternamente hasta que no me den más las patas.
Quiero lo que quise siempre y nunca pude tener, y lo que pude tener y no tuve.
Quiero la mar en coche, y los cochecitos adyacentes, como quería la chancha y la máquina de hacer chorizos.
Y hasta acá llegamos con los pedidos, porque tengo que dejar algo para querer en el viaje, sino me voy a cagar de embole.





miércoles, 19 de febrero de 2014

Electroshock a la derecha por favor.

Cuando mi psiquiatra me dice que se toma vacaciones, o que se va a un congreso, siempre le pregunto lo mismo: ¿Vos me pediste permiso? Él, obviamente se ríe. Yo no.
Hay profesiones que no deberían tener días libres, por ejemplo los médicos en toda su amplia gama de especialidades. Más específicamente, la psiquiatría.
Yo estoy loca los 365 días del año, no me tomo vacaciones como paciente. Me las hacen tomar de prepo. Ni siquiera estoy libre en Iom Kippur.
Si ellos están cansados, a embromarse queridos, ¡hubiesen elegido ser abogados que tienen todo el mes de enero de feria para rascarse! Y si no, llévense a sus pacientes con toda la familia, que a esta altura ya somos parte, ¡qué joder!
Tres semanas sin terapia es como un año canino para una persona como yo. Todo se magnifica por siete. Veintiún días sin contención y no darle de comer a los leones, vendría a ser lo mismo.
¿Cómo hacés para en cincuenta minutos, meter tres semanas de pánicos, angustias, pesadillas, depresiones, y fobias varias? Mínimo deberían darte una sesión de dos horas y media, no sea cuestión de ser demasiado pretensiosa.
Y ni con ése tiempo, te alcanza para describir tu primer quilombo de la semana.
Para honrar a la verdad, debo decir que el mío, en ausencias prolongadas, me ha hecho alguna que otra sesión vía Skype. Pero mis viajes no son de puro placer, son de mucho trabajo, el de turista, y para colmo sola, con lo que significa una loca suelta en Europa, que tiene miedo de perderse en el subte francés, y por eso se camina París de punta a punta, con los zapatitos de Pepinucho Coliflor (viejo cuento familiar que ya he relatado).
E imagínense, a la que escribe, sin hablar con nadie o casi nadie, durante dos meses y medio. Para aquellos que no me conocen personalmente, les cuento que soy de hablar un poco mucho. Mi excusa es que vivo sola, no tengo hijos, ni pareja, pocos amigos y casi no suena el teléfono en casa, con lo cuál cuando tengo oportunidad hablo. Y parece que MUCHO. Yo me doy cuenta, pero es cómo una adicción, no puedo parar. Y para colmo de males, tengo el sindrome Chiquita Legrand: interrumpo.
Ahora díganme: ¿necesito o no necesito un psiquiatra personal, como un personal trainer o lazarillo? Lo de acompañante terapéutico no me gusta, me suena a loca sin retorno. Yo todavía vuelvo.
En mi refugio de todas las mañanas, Sálvame María, siempre decimos con las camareras, que voy a terminar como otra clienta habitué, que se sienta, abre su pastillero, en donde hay grageas de cientos de colores, y se pone a llorar en la mesa. Abrimos las apuestas para ver cuándo la encontramos colgada en el baño. Gracias a Dios estos días la veo mejor. Ya tuvimos un muerto, Richard que en paz descanse, así que Sálvame se está convirtiendo en la remake de Sexto Sentido. Falta nomás que mañana, se me siente uno de los niños que pululan por ahí, y me diga I see dead people. Y cantamos bingo.
Ya llenamos la casa con los políticos que vienen los fines de semana a hablar de vaya a saber qué, y con lo que sólo por ser quién soy, no sé pero me opongo.
Pero me fui del tema y vamos a hacer un par de llamados a la solidaridad de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Primero: psiquiatras disfrazados de hombres solteros apetecibles, cosa que de entrada ya le estás contando del hijo de puta de tu ex marido y encima te suben la autoestima porque pensás que te lo levantaste. Dos: Acortar las vacaciones del staff argentino, a dos días por año. Navidad y Año Nuevo. El primero de enero ya tienen que estar atendiendo porque la tasa de suicidios sube, y además si hay algo que me pone loca, es que no encuentre un puto lugar para tomar un café.
Tres: un psiquiatra por habitante. Eso también amén de ayudar al paciente, contribuiría con éste gobierno y su economía con el alza del trabajo y bajaría la tasa de desempleo.
Y cuatro: una ley que obligue al psi a acompañar al loco (este caso la loca) al vuelo que se tiene que tomar la semana que viene.
Las pastillas ayudan. Tres Rivotril, una quetiapina y media, un pedacito de Alplax, tapones para los oídos, máscara para los ojos, frazada para taparte hasta la cabeza, rezarle a todos los dioses habidos y por haber ,leer cuatro veces el rezo del viajero para llegar sana y salva, pero no estaría de más la mano de tu psiquiatra amigo, para apretujar en el despegue.
Dicho todo esto, espero que mi terapeuta no lo lea, porque mañana retomamos sesión, y no quiero que me aumente los honorarios por estar más loca de lo que él había diagnosticado.

martes, 11 de febrero de 2014

Revuelto de quieros

Hace mucho que no quiero, y me parece que va siendo tiempo de empezar a desear nuevamente.
Como siempre me dijo mi madre, vos pedí, que el NO ya lo tenés asegurado. Esas palabras marcaron mi vida negativamente. Por eso pido y pido al pedo.
Hoy quiero la lista de deseos perdidos. Los que perdí allá lejos y hace tiempo, y los recientemente extraviados. Quiero el reloj de Armando Manzanero, que no marque las horas, porque voy a enloquecer. Sé que no es cosa de otro mundo, pero un poco más de locura y me internan de por vida. Y eso no queremos. A nosotras nos gusta andar locas pero libres.
Quiero un cuadrito de Picasso para colgar en el techo de mi dormitorio. Así cuando me voy a dormir, por las noches, le rezo para que me regale un poco de talento, y quizás por la mañana despierte contenta y pintando.
Quiero un necessaire con hilo, aguja, tijerita, botones, dedal, alicate, lima, peine y el espejo de la madrastra de Blanca Nieves, para que me diga que soy la más linda. Para lo contrario, ya tengo a la vida misma y un espejo en el baño.
Quiero un planeta de uso exclusivo para gente pava. Como Babia ya existe y está llena , éste se llamará Nabeando y sólo entrarán gente como Marley, Karina Jelinek, Barbie Simmons,  Mirtha Legrand, Ivo Cutzarida, Guido Kazcka, Luciana Salazar, Mariano Iúdica, Mauricio Macri, Axel Kicillof, Kunkel, Lilita,D´Elía, Chiche Gelblung, Moyano, Moreno y algunos pseudo filósofos contemporáneos y demás actores de la realidad económica y social.
Para ver el planeta hay que usar anteojos 3D, o en su defecto un casco de astronauta, para no afectar ni tu vista ni tu psiquis. Vendría a ser como un eclipse solar, mucho más dañino a la salud humana, de los humanos verdaderos. Los de Nabeando, han dejado de ser seres pensantes hace años.
Quiero un par nuevo de pies, porque los que tengo me duelen, aún con plantillas chinas. O mejor quiero ser un ciempiés, y de paso comprarme muchos zapatos.
Quiero el poder de Grayskull, no sé para qué, pero si He-Man lo quería, yo también. Porque yo quiero todo, y todo es mejor que nada. Si ya tengo el no, es que no tengo nada, así que vamos por todo que de golpe alguien se apiada y me dice que sí.
Quiero el raciocinio para diferenciar a los que me quieren bien de los que me quieren mal. Hasta el momento vamos 0 a 4 y me estoy empezando a enojar con mi raciocinio.
Quiero que mi vida sea interpretada por Clak Gable y Vivien Leigh, o mejor por George Clooney y por mí. También se aceptan para el casting a Richard Gere, Ralph Fiennes, Robert Redford así viejo, Paul Newman muerto, o Jeremy Irons.
Quiero mi cerebro intacto, mis neuronas vivas, mis arterias libres de colesterol, y mi ciático en estado.
Quiero volver a los treinta, cuando estoy pasando por los cuarenta y llegando a los cincuenta.
Alguien que amo me dijo una vez: el día que naciste, se escribió el día en que vas a morir.
Quiero la vida misma o la muerte misma, que de todas maneras, siguen siendo lo misma historia.